EN LA HAMACA

¿Qué se perdió en el seno del vacío?

¿que inquieren sus miradas?

¿mira, acaso, a las aves que se esconden

del calor en las ramas?

¿Por la escala de luz de un rayo de oro

retorna quizás su alma

al paraíso reluciente y bello,

su prístina morada?

La siesta asfixia. El son de los cañales

preludia a la tagala

esa canción de miel que ha desprendido

la ilusión del pentágrama.

Los insectos rebullen en las hojas

sobre el tapiz de grama,

y se duermen rendidos a los hálitos

de un ambiente de lavas.

El sopor se difunde, derramado

por estivales áuras,

y en el lejano término simulan

dorarse las montañas.

Hay vida y poesía en esas horas

en que el calor abrasa;

pera la vírgen tiene en el espacio

inmóvil la mirada.

Hija gentil de una región de fuego,

acaso vuela su alma

por el país de rosas del idilio

cuyo perfume embriaga.

Tal vez sueña en las dulces sampaguitas

cogidas de las ramas,

para ser el collar lleno de aromas

en la linda garganta.

La alegre sonatina de los besos

que da el viento a las palmas,

tal vez rima a sus oidos el _kundiman_

trovado en noche plácida.

Mas ¡quién sabe...! Deshácese la tromba

en aquellas montañas

y alguien atrae allí el corazón virgen

de la virgen tagala.

En el album rosado de la vida

también hay negras páginas,

donde se ocultan los ensueños místicos

bajo un velo de lágrimas.

Y mientras sueña en cuerpos que se caen,

se hieren, se desgarran,

en un campo sembrado de cadáveres

y de sangrientas charcas,

vibra la llama estuosa de la siesta,

pasa la brisa cálida,

y murmura en sus notas el prefacio

de algún idilio convertido en drama.

1900.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 194 / 368 题