En la aurora de mi vida,
aún sin dolores aciagos,
te he visto, de azul vestida,
flotando en mis sueños vagos.
Despertaron mi dormida
pasión tus dulces halagos,
tornaste en arpa mi vida
y fuí cisne de tus lagos.
Y ahora qué en ellos me agito,
con una sed de infinito
y la visión de mi cruz
¿porque le niegas ¡oh gloria!
a mi breve trayectoria
tu eterna estela de luz?
1917.