Dulzuras destella
tu luz de topacio,
luminosa estrella
del celeste espacio.
Y viendo que de ella
yo nunca me sacio,
me sonríes bella,
desde tu palacio.
Tus fulgores dame,
que amante los guardo
en mi ánima opresa,
y deja que te ame
nostálgico el bardo,
¡divina princesa!
1917.