EL FANTASMA DE MARÍA CLARA[27]

[Nota 27: Heroina de _Noli me tangere_.]

El epílogo triste de tu vida

se prolonga cubriendo con su gloria

el silencio expresivo de la historia.

Fingiéndote dormida,

cual sonámbula audaz, en la alta noche,

caminas abordando los abismos,

y eres el albo escudo,

protector de sagrados misticismos,

y eres dorado broche

del rosario oloroso de sampagas,

emblema de virtudes femeninas,

que adoran las _dalagas_ [28]

nuestras dulces mujeres filipinas.

[Nota 28: Muchacha, doncella.]

Allá en la negra noche,

rasgada por relámpagos inquietos

y llorada por negros nubarrones,

hiciste de tus lágrimas derroche,

para llorar tus retos

en un ¡ay! de deshechas ilusiones.

Muerta, más no vencida,

tu alma extenuada y fría

comprendió la grandeza del dolor;

del dolor que afrontó con heroismo,

para hacer de la vida

una trágica negra poesía;

para hacer del amor

un sublime grandioso fanatismo.

Creyéronte fantasma, y sí lo eras;

de pié, sobre un tejado

batido por la lluvia huracanada,

no eras masa de carne que gemía,

eras la encarnación de algo soñado,

un aliento que vive de quimeras,

el último estertor de una agonía,

aquella sombra tierna y desgraciada

que con su cuerpo proyectó Rizal

sobre el sol de una creencia,

salvando su existencia

con las luces espléndidas

de su genio inmortal.

¿No te acuerdas ya más, María Clara?

La noche saturada de negrores.

Sobre la ingente ara

de la naturaleza embravecida

sacrificaste todos tus amores,

diste toda tu vida.

La noche se prolonga y hay quien llora.

Entre muros que llaman Democracia

la mujer filipina

siente el zarpazo de un progreso falso,

y se busca tu fuerza de aquella hora,

tu alma llena de gracia,

para huir de un cadalso

lento y espiritual, mas no por eso

menos tirano que el que mata al preso.

Tu eres chispa nacida

del cerebro de un mártir de la Idea,

en el choque aquel seco del amor

(a la patria adorada)

contra alguna injusticia maldecida.

No murió tu esplendor,

y en la noche del hoy aún eres tea

que camina en la nada

del misterio del alma femenina,

un fantasma esparcido

en su psicología tenue y fina,

aroma desprendido

del dolor de un poeta,

que te dejó al morir,

para que en la carrera

empuñases muy alto su bandera

y llegases por él hasta la meta

antes de sucumbir.

Por eso en la presente obscuridad

escuchamos el ritmo de tus pasos,

porque en aquella noche de orfandad

dilataste tu espíritu

hasta romper los lazos

del abrazo fugaz de lo mortal.

Y por eso,

fantasma azul del alma femenina

que soñara Rizal,

prolongación del beso

de su obsesión divina,

vibrante poesía

que el poeta cantara,

eres, clara María,

¡Nuestra María Clara!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 121 / 368 题