IV

Ya están en mis manos las dos sacras hoces

que el herrero anónimo para mí forjó:

la de hierro duro, que es mi fortaleza,

y la de oro fino, que es mi ensoñación.

La segur más grácil, para cuando quiera

cercenar un lauro o una flor de amor,

para el santo muérdago de la vida íntima

y para el ensueño de mi corazón;

y la más robusta, para las podridas

ramas que del árbol la ignominia son;

para las raíces de la mala yerba

que la gloria roban de la mies en flor,

y para los cuellos del halcón y el lobo

y el áspid traidor.

Mayo, 1914.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 108 / 368 题