¡Va el corcel de mis versos...! Da a los aires sus crines
de metáforas nuevas y de símbolos bellos;
sus relinchos rimbomban como fieros clarines
y sus cascos galopan despidiendo destellos.
El corcel de mis versos es rebelde a los frenos
porque sabe que ahogan como en flor su carrera;
y en su fuga brillante por los cielos serenos,
no es Pegaso con alas, sino roja bandera...
¡Va el corcel de mis versos! En sus lomos cabalgo,
y enristrando el acero de mi acrática pluma,
con su hierro alanceo, como el clásico Hidalgo,
los fantasmas y duendes de la clásica bruma.
Mi corcel es el libre morador de los campos
donde se alzan en triunfo los ensueños del arte,
donde vierten de lleno sus magníficos lampos
las pupilas de Erato y el escudo de Marte.
Corre, corre a lo lejos, ¡oh corcel de mis versos!
y en los aires restallen tus indómitas crines,
que allí hay flores más regias y celajes más tersos,
y a tus nuevos escapes más abiertos confines...
¡Va el corcel de mis versos! Y azotando sus ancas
con la tralla flamígera de mi audaz fantasía,
llego, al fin, a unas tierras ideales y blancas;
llego, y beso entre auroras a la musa del día...
Abril, 1921.