"--Toma este oro--le digo al becerro--
y forja una hoz".
"--Yo no soy orfebre--me dice--
que herrero yo soy".
"--Forjarás la segur; los orfebres
no pondrían en mi oro un vigor.
Ellos saben de ajorcas y anillos;
de segures, no.
Yo no quiero mi oro para hacer joyeles
que tengan el brillo de una tentación;
yo no quiero mi oro para que me muerda
la interior serpiente que mordió a Shylock.
Resuélvete, herrero;
mientras en la altura nos sonríe el sol,
coge el oro mío con tus manos rudas
y forja una hoz."
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¡Cómo irradia la luz hecha de oro
y tiembla el metal,
con su luz de ideal novilunio
rielando en el mar!
En mis manos pone no sé qué virtudes
y en mi pecho enciende nueva claridad,
y en su empuñadura siento que palpita
el misterio fuerte de una inmensidad.