¡Alma de Diciembre, perfume de Pascua,
que impregnas la arcilla de mi corazón,
y en lo frío pones de mi vida un ascua
de alegría ingenua y otra de ilusión...!
Sonajas y parches alzarán en coro
frente a los belenes pastoril canción,
y sobre el establo, una estrella de oro
marcará la senda de la adoración.
Son trozos de espejo los azules lagos,
algodón las nubes, lo demás cartón;
cruzarán un puente los tres Reyes Magos
y ordenará Herodes la degollación...
¡Ah! sí, muy dichosos los que todavía
no han roto los velos de la encantación,
y sueñan de noche, y también de día,
en que son las nubes copos de algodón.
¡Dichosas las manos de los pequeñuelos
que aun aroma el óleo de la tradición,
y dejan zapatos como barquichuelos
en espera de algo, sobre algún balcón...!
Si ellas no tocaran jamás una herida
ni tocaran nunca la humana ficción,
fueran inocentes por toda la vida
y en Belén durmiera toda su ilusión.
Pero se harán grandes, palparán desdenes,
tomarán un cetro: el de la Razón,
y ya no habrá el goce de erigir belenes
ni soñar en Reyes Magos de cartón...
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¡Alma de Diciembre, beso de la Pascua
que aromas la arcilla de mi corazón!
¿Por qué en nuestras vidas no pones un ascua
de candor eterno y eterna ilusión?