FANTASIA CARNAVALESCA

Y cruzaban, y cruzaban sobre el lomo verdinegro

del antiguo Pasig[23], todas

las espléndidas y gráciles, las espléndidas pagodas

como notas fugitivas y triunfantes de un alegro,

fusionando con las odas, con los ecos de las odas

que exhalaban de sus labios,

parecidos a sublimes instrumentos

de invisibles gnomos sabios,

los espíritus acuáticos y las diosas de los vientos.

Y cruzaban las pagodas,

y cruzaban las pagodas cual visión de mil colores,

como regias invitadas a las bodas

de la luz de las estrellas y el aroma de las flores.

Y eran flores, flores bellas,

las que mórbidas, y esbeltas, y rientes,

arrastraban al claror de las estrellas

y al sollozo de las aguas somnolentes,

sus disfraces de princesas,

de princesas refulgentes

y de históricas marquesas,

con magníficas diademas y con túnicas crujientes.

[Nota 23: Río caudaloso que nace en la Laguna de Bay y cruza la

capital del Archipiélago, donde vierte al mar.]

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Ya arribaron todas, todas,

con sus pórticos y flámulas y sus globos de escarlata:

ya arribaron las pagodas...

Las pagodas han tocado la marmórea escalinata

del palacio del Gran Hombre

de mortífera sonrisa, y cuyo nombre

lo repiten la corriente de las aguas y los vientos en sus odas

y en los flébiles arpegios de su eterna serenata.

Ya están quietas las pagodas, ya están quietas

cual quelónidos fosfóricos

que han plegado sus aletas,

escindidas en las ramas de los bosques madrepóricos.

Ya las flores van brotando, flores bellas,

flores mórbidas, rientes,

que recogen, al claror de las estrellas

y al murmullo de las ondas balbucientes,

los cendales de sus pétalos divinos,

y las nieblas de sus túnicas crujientes

empapadas en la gama de color de los ardientes

paisajes filipinos.

Los voltáicos van vertiendo con sus ánforas de plata

raudales diamantinos,

y en la lámina del agua y en la breve escalinata,

la luz blanca va escribiendo mil ensueños peregrinos,

mil curiosas historietas

de mundanas e inocentes, de galanes y poetas,

y de flores, y de flores

que vibraron entre ráfagas inquietas

de los cierzos destructores,

y murieron en un vértigo de amores,

reposando todas, todas,

al igual de las gloriosas, las espléndidas pagodas,

que se aduermen, que están quietas

como saurios gigantescos, cual quelónidos fosfóricos

que han plegado sus aletas

desgarradas en las puntas de los bancos madrepóricos.

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Está lleno el gran palacio. En los fúlgidos salones

los disfraces van bailando

y ondulando,

al compás de locos valses y corteses rigodones.

Está lleno el gran palacio. Los voltaicos sinfonizan

un poema de alas blancas y eucarísticos jazmines,

mientras mugen los trombones,

mientras miman los violines

con sus mimos que electrizan,

y rotundos bordonean los pastosos violoncelos

unas músicas de ensueño que la mente narcotizan

como un opio de los cielos,

y derraman los oboes

la armonía voluptuosa del amor y del idilio

que recuerda bellas páginas del gran Longo y de Virgilio,

¡bellas páginas soñadas en la Hélade y el Lacio,

tierra azul de las ideas!

con sus Dafnis y sus Cloes,

con sus Títiros agrestes y sus lindas Galateas...

¡Está lleno el gran palacio!

Y se agitan los disfraces en tumulto pintoresco,

y fascinan con sus ropas,

con sus ropas policrómicas, con su rostro pierrotesco,

y entre rápidas volutas del furioso torbellino,

burbujea efervescente, hasta el borde de las copas

delicadas y sonoras, la alegría del buen vino.

Las parejas se entrelazan,

las parejas sudorosas se entrelazan en la fiesta,

como ramas de mil árboles que se funden y se abrazan;

y a los sones de la orquesta,

que acaricia con sus flautas, sus oboes y violines,

los sedeños zapatitos y los nítidos botines

van trazando nuevas vueltas y espirales,

nuevas curvas ideales

a la luz de los voltaicos semejantes a jazmines,

a jazmines de florestas siderales,

de corolas luminosas, de pistilos colosales,

mientras sobre el lomo ingente del gran Pasig verdinegro,

las pagodas todas, todas,

las hieráticas pagodas,

se fastidian y bostezan, envidiosas del alegro,

las fantásticas pagodas.

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Ya amanece. Ya el sol bello pontifica en el espacio,

en su altar de azul y grana y con su hostia de topacio.

¡Ya está mudo el gran palacio!

Diciembre, 1903.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 86 / 368 题