Y aquí viene lo triste, señor, de todo esto;
Porque una tarde Flora cortó y cortó más flores,
Y luego de apiñarlas en su tagalo cesto,
Se fué a su lecho para contarlas sus amores.
Y se quedó dormida con ellas, y con ellas,
Que se reían bajo la luz de las estrellas,--
Lámparas de oro puestas en el celaje cónico,--
Flora, a la luz del alba amaneció abrasada,
Completa y dulcemente, de muerte perfumada.
¡Las flores la mataron con su ácido carbónico!
1910.