II

Señor: Pues esta niña estaba abandonada

Por el rajhá, ocupado en combates sin fin,

Y como ya muriera su madre, infortunada,

Ahora buscaba amor y aroma en el jardín.

Pero las flores, muchísimo menos amorosas

Que esas santas llamadas las madres de los hombres,

De la gentil chiquilla y su beldad celosas

Acordaron matarla, señor, aunque te asombres.

Que a veces la flor mata, como matan las leyes,

Así sean las víctimas diosas o hijas de reyes,

Así el verdugo luego grite arrepentimiento.

Y el acuerdo de todas las flores vengativas,

Desde las sampaguitas hasta las siemprevivas,

Quedó temblando a modo de una hoz sobre el viento.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 21 / 368 题