Circular del mismo, de 8 de Mayo de 1898, estando bloqueada Manila.
AL PUEBLO FIEL.--Amaneció el día aciago para este país, amados hijos
míos, señoreando nuestra hermosa bahía la escuadra americana, que en
breves momentos, y á pesar del heroísmo de nuestros marinos, destruyó
nuestros barcos y logró clavar en una plaza nuestra, bendito suelo de la
Patria, la bandera enemiga. No ignoráis quién es ni qué pretende quien
con tanto orgullo y atropellando derechos así se nos impone. Es el
extranjero, que nos quiere sujetar á su dura coyunda. Es el hereje, que
quiere arrebatarnos la religión y arrancarnos del seno maternal de la
Iglesia católica. Es el negociante insaciable, que con las ruinas de
España y sus posesiones quiere dilatar su fortuna.
¡Pobre España, si el invasor lograra sus intentos! ¡Pobre Filipinas, el
día en que estableciese aquí el norteamericano un Gobierno estable!
¡Pobres indios, subyugados por un pueblo que no tiene de España la
católica fe, ni las maternales entrañas, ni la hidalga nobleza, ni la
comunidad de intereses y de historia desde más há de tres siglos, ni la
mezcla de sangre que circula por las venas de muchos, y que en cien
gloriosas hazañas han dado para su común defensa, hermanados en un solo
haz, los hijos de la metrópoli y de la colonia!
Muy pronto veríais establecida una valla insuperable entre vosotros y
vuestros soberbios amos. No habría ya para vosotros cargos, ni empleos,
ni participación alguna en el gobierno y administración de los pueblos.
Formaríais luego un estado civil aparte, envilecidos como parias,
explotados como miserables colonos, reducidos á la condición de
braceros, y aun de bestias ó de máquinas; alimentados con un puñado de
arroz ó de maíz, que os echaría al rostro vuestro señor como ración
diaria para no verse privado del producto de vuestros sudores, regalado
él como príncipe con los frutos y tesoros de una hacienda que vuestra es
y no suya. ¡Ah, no es esto todo y lo peor, sino que veríais pronto en
ruinas vuestros templos ó convertidos en capillas protestantes, donde no
tiene trono ¡oh dolor! el Dios de la Eucaristía, ni peana la imagen de
la Virgen María, nuestra dulcísima Madre!
Desaparecería la cruz de vuestros cementerios, el Crucifijo de vuestras
escuelas, los ministros del verdadero Dios, que os hicieron cristianos
en el bautismo, que tantas veces os absolvieron de vuestros pecados, que
os unieron en santo matrimonio, que os habían de administrar, consolar y
asistir en vuestra última hora, y aplicar después de muertos los
sufragios de la Santa Iglesia. Vosotros, tal vez con heroica fe y valor,
seguiríais dentro de vuestros corazones siendo católicos como antes:
¡quién sabe! ¿Pero qué sería de los pedazos de vuestras entrañas,
vuestros tiernecitos hijos sobre todo, después que les faltasen sus
padres, entre una nación protestante, legislación, culto, enseñanza y
costumbres protestantes, y libre exhibición y propaganda de todos los
vicios y errores? ¡Ah! ¡que puede que á la vuelta de medio siglo no
hubiera ya en todo el país prácticas ni creencias algunas cristianas, ni
quien hiciese sobre su frente la salvadora señal de la cruz! ¡Pobres
filipinos, desgraciados en esta vida y desgraciados en la eterna!
Por fortuna, querido pueblo filipino, al estampido del cañón enemigo y á
los gritos de alerta y de alarma de sus gobernantes, has conocido todo
el peligro que corres. Como un solo hombre te preparas á la defensa, y
como un solo corazón levantas al Cielo tus ardientes preces. Este, este
es ciertamente, el único recurso de salvación. _A las armas y á la
oración, todos á una._ A las armas, porque el pueblo español, aunque
extenuado, cuando es herido en su patriotismo y defiende su religión, es
capaz de las mayores hazañas. A la oración, porque la victoria es
siempre Dios quien la da, aun á los esforzados y á los que tienen en su
favor la justicia. Ni sólo la oración, ni sólo la lucha; el esfuerzo
militar y la virtud de Dios juntamente; Dios y sus ángeles y sus santos
con nosotros: que si así es, ¿quién contra nosotros?
Mas á fin de que la oración se haga más general, más concorde y más
eficaz, nos ha parecido inspiración de lo alto el pensamiento de
consagrar todo el archipiélago filipino al Sagrado Corazón de Jesús, y
ofrecerle para cuando nos veamos libres de las actuales angustias unos
cultos excepcionalmente devotos y lucidos el día en que celebra la
Iglesia aquella festividad, viernes inmediato á la octava del _Corpus_,
ú otro si tal vez esto no fuese posible ó se creyera más oportuno.
En ello, y aparte de la privada consagración que de estas islas hicimos
ya el primer viernes de este mes al ofrecer á Dios en la santa Misa el
Sagrado Cuerpo de Jesucristo, obramos no tan sólo en nombre propio y de
los demás Prelados diocesanos, sino también en el del Excmo. Sr.
Gobernador general, quien no menos ferviente cristiano que prudente
patricio y esforzado Jefe militar, de Dios espera y á Dios desde ahora
ofrece el triunfo por mediación del Corazón deífico; y asimismo,
interpretando los deseos de toda la masa de la población de estas islas,
que en todas partes le es tan devota é invocando la intercesión de todos
los santos Patronos de ellas, y principalmente de la Soberana Reina de
todos, la Virgen Santísima del Rosario.
En la arraigada esperanza de solemnizar muy pronto esta consagración,
ofrecimiento por ahora privado, os damos á todos, amados hijos, nuestra
bendición en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Manila 8 de Mayo de 1898.==Fray Bernardino, Arzobispo.