NOTAS:

[1] Antes de ayer apareció en esta corte el número 14 del periódico

_El Siglo_ con varios artículos en blanco, cuyos epígrafes eran: _De

la amnistía; Política interior; carta de don Miguel y don Manuel María

Hazaña en defensa de su honor y patriotismo; sobre Cortés, y canción á

la muerte de don Joaquín de Pablo Chapalangarra._ Posteriormente hemos

sabido que se ha suprimido la publicación de este periódico.

VENTAJAS

DE LAS COSAS Á MEDIO HACER

Suele decirse que nadie tiene más edad que la que representa, y ésta

es una de las muchas mentiras que corren acreditadas y recibidas en el

mundo con cierto agradable barniz de verdad, y que entran en el círculo

de todo aquello que sin ser _vero_, es sin embargo _ben trovato_. Si

una mentira pudiese probar algo, ésta probaría una verdad, á saber,

que no hay nada positivo, que no hay nada tal cual es, sino tal cual

parece. Por el mismo estilo podría decirse que ciertos pueblos no

envejecen, porque para envejecer es preciso vivir. He aquí la razón

por qué siempre que yo me paro á mirar con reflexión nuestra España

(que Dios guarde de sí misma sobre todo) suelo dirigirle mentalmente

aquel cumplimiento tan usual entre gentes que se ven de tarde en tarde:

«¡Hombre, por usted no pasan días!» Por nuestra patria efectivamente

no pasan días; bien es verdad que por ella no pasa nada: ella es por

el contrario la que suele pasar por todo. Así es que después de sus

años mil, vésela de temporada en temporada aparecer joven y rozagante,

como quien empieza á vivir de nuevo. Si la hubiésemos de comparar con

algo, la compararíamos con esas viejas verdes que unos días se tiñen

las canas y otros no; ó con esos seres que pasan el invierno entre

dos piedras en una aparente muerte, y que necesitan todo el sol del

mes de julio para empezar á rebullirse; ó con la comparsa del célebre

Robinson, silbado años pasados en esta corte, que andaba dos pasos

adelante y uno atrás; ó con la casta Penélope, que deshacía de noche

la tela que tramaba por el día; ó con los galos en fin, de los cuales

se dice que tienen mil vidas; si bien con una notable diferencia:

éstos siempre caen de pie, y de la España no nos atreveríamos á decir

claramente cómo cae siempre. En una palabra, se la puede comparar con

todo y exactamente con nada.

No es esto que queramos hablar mal de España: mala ocasión

escogeríamos, sobre todo cuando está casualmente en el día en que

se tiñe las canas, en que se despereza y se rebulle, en que da el

paso adelante, en que teje la tela, y en que se levanta renqueando

de la última caída. Dios nos libre de semejante intención como de

un manifiesto; nuestro objeto es retratarla, y aun hacerla favor si

cabe. Es el mal que se escapa á la observación como el agua á la

presión: piensa usted cogerlo por un lado, deslízase por otro; como

esos calidoscopios fantasmagóricos que á cada movimiento presentan una

figura distinta á la vista divertida; así nuestra patria ofrece unas

veces encima unos colores y otras veces otros.

El año 8, según decía su gobierno, no podía ser feliz sino bajo la

ilustrada dominación del dispensador supremo de la dicha de los

pueblos. Poco después, toda su bienandanza debía consistir en manejarse

por sí sola, rechazando la citada ilustrada dominación. El año 14 era

indudable que sólo su legítimo rey y su legítima libertad la podían

conducir á la dicha estable y duradera. Á mitades del mismo año

pendía su salvación de su legítimo rey, pero sin auxilio ya de la tal

libertad, ni maldita la ayuda de vecino. Hecha ya la casa, abajo los

andamios. Hasta el año 19 inclusive, el orden y la paz, la gloria y la

ventura sólo podían apoyarse en la santa inquisición. El año 20 ya se

averiguó que aquella dicha de que había gozado por tan santo medio no

era la verdadera; la verdadera era la que iba á tener, fundada en la

igualdad y en la libertad: entonces se supo á ciencia cierta que iba á

ser venturosa. El año 23 sin embargo se vió felizmente restituida á la

felicidad verdadera; entonces sólo podía esperarla de aquellos mismos

franceses, los únicos que el año de 8 podían hacerla feliz, y que el

año 9 sólo podían hacerla desgraciada. En aquel año 23 recibió, pues,

su verdadera dicha del absolutismo, único gobierno capaz de llevar á

un pueblo á su esplendor con mano fuerte: entonces abrió los ojos por

cuarta vez, y vió palpablemente cómo había de ser feliz. Y por fin,

el año 34, abre los ojos por quinta vez, y se convence de una manera

irrecusable, como siempre, de que su felicidad sólo puede depender de

la representación nacional, y de que un gobierno absoluto no es la

piedra filosofal. Escarmentada como siempre de sus pasados errores, ya

no volverá á caer en el lazo que la tienden los malévolos y los ilusos,

y todos esos bribonazos que andan siempre engañando y extraviando

pueblos; en el año 34 se convence definitivamente de que la verdadera

felicidad es la de ahora; todas las demás han sido felicidades de poco

momento. Confesemos que esta su convicción de ahora es la más fuerte,

aunque no sea más que por haber estado ya otras veces convencida de lo

mismo.

Hay quien cree que la felicidad es una de las muchas mentiras _ben

trovatas_, como llevamos dicho, para nuestro consuelo: ya nos

guardaremos nosotros de creer esto: y si en ninguna parte la vemos

más que escrita, no será sin duda porque no exista, sino porque no

se ha sabido dar con ella hasta la presente. Siempre resulta de lo

dicho que por la España no pasan días: nuestra patria es siempre la

misma; siempre jugando á la gallina ciega con su felicidad: empeñada

en atraparla, por el estilo de aquel loco, maniático por atraparse con

la mano izquierda el dedo pulgar de la misma mano que tenía cogido

con la derecha; y siempre más convencido la última vez que todas las

anteriores.

Intrincado y oscuro laberinto le parecería á cualquiera nuestra

felicidad. Habrá quien diga que de no haber hecho nunca las cosas

claras y terminantes le viene el mal de haberse de contradecir... Pero

réstanos saber si es un mal el contradecirse; esto no está averiguado:

decir siempre la verdad nos obligaría á decir siempre una misma cosa;

esto sobre ser una pesadez insufrible nos conduciría á decirlo todo de

una vez. ¿Y después? No diríamos nada. Figúrese el lector qué vacío

en una larga existencia. Decimos por el contrario una cosa hoy y

otra mañana, ¡Figúrese el lector qué variedad! Hay tela cortada para

toda la vida. Igual consecuencia sacamos respecto á hacer las cosas

claras y terminantes. Nosotros estamos por las cosas oscuras: hablamos

seriamente. En primer lugar nadie nos negará una inmensa ventaja que

sobre las cosas claras llevan las oscuras, á saber, que éstas se pueden

aclarar. Hágalo usted todo de una vez; el día 1.º del año por ejemplo.

¿Y los 364 restantes qué hace usted? Holgar. Dios nos libre: la

ociosidad es madre de todos los vicios. Si éste es de todos los males

el peor, vale más hacer mal y deshacer bien, que no hacer nada.

Para concluir, figurémonos por un momento que lo que vamos á hacer el

año 34, porque yo creo que vamos á hacer algo, lo hubiéramos hecho de

primeras el año 9, ó el 14, ó el 20. ¿Qué haríamos el 34? ¿Ser felices?

¡Brava ocupación! Hubiéramos vivido de entonces acá, hubiéramos

envejecido en esta felicidad que vamos á atrapar precisamente ahora;

en una palabra hubieran pasado los días y las cosas por nosotros, en

vez de pasar nosotros por los días y las cosas, y no estaríamos, como

estamos, en los principios. ¡Espantosa perspectiva! Más sabios, por el

contrario, nosotros dejamos siempre algo que hacer, algo oscuro que

aclarar para mañana. ¡Ay de aquel día en que no haya nada que hacer, en

que no haya nada que aclarar!

Obras completas de Fígaro, Tomo 2 · 第 30 / 75 题