BOSQUEJO HISTÓRICO POR
DON FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA
Entre los muchos y graves compromisos que rodean por todas partes al
periodista, y al lado del riesgo de escribir, sin querer, lo que no
piensa, ó de no pensar bastantemente lo que escribe; á la par del
percance de ir mal expresadas, ó de ser mal entendidas é interpretadas
sus frases, de ser responsable de lo que otros escriben, y de verse
esclavo de la libertad de sus conciudadanos, que él mismo acaso fundara
y constituyera, pudiera campear como grande entre los mayores el
compromiso de haber de criticar imparcial y concienzudamente la obra
literaria de un ministro. No porque no pueda un ministro escribir
una obra buena, sino precisamente por lo mismo que puede escribirla;
el elogio que dirigido á un particular aparece imparcial y generoso
en la boca del crítico, encaminado á una excelencia toma para con la
opinión pública casi siempre el sabor de lisonja y adulación, por justo
y merecido que en el fondo sea. Es preciso, pues, que el periodista
tenga la grandeza de ánimo suficiente para arrostrar la tacha de
adulador, cuando quiere su mala suerte que se reúnan en un hombre solo
el poder y el mérito. Esto felizmente no sucede todos los días. Andarse
desenterrando por otra parte defectos, ó muy leves ó imaginados, sólo
para granjearse opinión de fuerte y de arriscado, sería una pequeñez
indigna de quien abrigase un corazón noble y generoso. Puestos
nosotros en tan duro trance, tomamos el único partido que parece
señalarnos nuestro carácter independiente; y nos limitamos á asegurar
con franqueza que si pudiera pesarnos alguna vez de que el señor don
Francisco Martínez de la Rosa ocupase el alto puesto en que le han
colocado las esperanzas de los españoles, sería en esta ocasión en que
quisiéramos tributar nuestra alabanza y respeto al hombre de letras con
toda independencia del hombre de estado.
Tiempo hacía ya que esperábamos algún fruto de la pluma del señor
Martínez de la Rosa los que de esperar vivimos, y los que ya hemos
tomado sabor á los partos de su buen ingenio. La obra que publica en
el día no es acaso la más importante que de él podíamos esperar; es un
simple bosquejo histórico de la vida de Hernán Pérez del Pulgar, uno de
los héroes con que se honra España, según la misma expresión del autor;
es empero en su género un apreciabilísimo trabajo. Gran servicio hace á
su patria indudablemente el hombre estudioso que desenterrando en las
antiguas crónicas y leyendas los grandes hechos con que la ilustraron
sus hijos, los ofrece como modelos á la generación presente y á las
venideras. Don Francisco Martínez de la Rosa, tan justamente aficionado
á las cosas de Granada, no podía menos de investigar con diligencia
los hechos de Pulgar, por su naturaleza enlazados con la historia de
aquella ciudad. La claridad, el orden y gradación de los hechos, la
narración sencilla, elegante, y no pocas veces florida, y aquellas
reflexiones políticas ó morales que suelen nacer tan naturalmente á
veces de la misma relación de los hechos bajo la pluma del historiador,
colocan este bosquejo histórico entre lo mejor que poseemos en este
género. No luce en él la enérgica concisión de Tácito, ni la profunda
filosofía de Plutarco; pero puede rivalizar su estilo con lo mejor de
nuestro siglo de oro. Tan cierta es esta proposición, que, al leer
_Hernán Pérez del Pulgar_, hemos creído más de una vez tener entre
manos un libro desenterrado de aquella época. No faltará quien tachará
este cuidado, esta esmerada imitación del lenguaje de Solís y de
Mariana, como una extremada afectación de purismo; no faltará quien
llame á la obra entera un arcaísmo; no faltará quien crea, acaso con
razón, que se descubre el artificio que en tan escrupuloso remedo ha
debido emplear su autor; nosotros nos contentaremos con indicar que, á
nuestro débil entender, las lenguas siguen la marcha de los progresos y
de las ideas; que pensar fijarlas en un punto dado á fuer de escribir
castizo, es intentar imposibles; que es imposible hablar en el día el
lenguaje de Cervantes, y que todo el trabajo que en tan laboriosa tarea
se invierta, sólo podrá perjudicar á la marcha y al efecto general de
la obra que se escriba.
De aquí nazca acaso que el señor Martínez, en quien por otros
escritos conocemos una alma inclinada de suyo al entusiasmo y una
imaginación poética, no se deja arrebatar de un arranque sólo de calor
y patriotismo, él tan ardiente y patriótico, al describir los hechos
grandiosos y hazañas singulares de su héroe: ni aquella misma Granada
de él tan querida y privilegiada, basta á inflamar su acompasado y
monótono estilo anticuado. La traba que en su manera de escribir se
había impuesto, ha sido ocasión tal vez de que se halla en la obra este
vicio. El bosquejo histórico parecerá en nuestra biblioteca moderna lo
que Pompeya y Herculano en la Italia del día.
Por lo demás échase bien de ver cuánta sea la erudición del señor
Martínez, al advertir que llenan dos terceras partes del tomo las notas
y apéndices con que ha creído deber autorizar las increíbles hazañas de
Pulgar.
En este punto fuerza es respetar la escrupulosa y exquisita erudición
de su excelencia. Nosotros no concluiremos este juicio crítico sin
envidiársela, y sin darle el parabién por su bosquejo histórico, que
alternará, en nuestro entender, dignamente con sus escritos anteriores.
_Aut agere scribenda, aut legenda scribere_, decía un célebre Romano:
_ó hacer cosas dignas de ser escritas, ó escribir cosas dignas de ser
leídas_. Ya que no podemos ser Hernando del Pulgar, quisiéramos ser su
historiador.
REPRESENTACIÓN DE
UN NOVIO PARA LA NIÑA
ó