franquee la puerta! ¡Por el alma de aquella santa! ¡Señor, que soy
Artemisa!
_Las pisadas que vienen y van dejan de oírse y la puerta se abre con
estrépito. En el umbral, sobre el fondo oscuro de la alcoba, aparece la
figura de Don Juan Manuel Montenegro. Tiene un fulgor de cólera en las
pupilas, en las manos de marfil añoso la escopeta, y su barba se
derrama sobre el pecho, trémula y blanca_.
EL CABALLERO
¡Será preciso que mate a uno! ¡No me dejaréis morir en paz!...
¡Malditos todos, que llegáis a esta puerta y no respetáis mi dolor! ¡Yo
también seré maldito, porque vosotros no me dejáis morir arrepentido!
¡Mis horas están contadas!... ¡Tengo ya la sepultura abierta! ¡Dejadme!
¡Toda la noche han aullado los perros!... ¡Cierro los ojos para morir,
y vuestras voces me despiertan!... ¡Sois como las hienas, que
desentierran a los cadáveres!... ¡Tendré que mataros!... ¡Dejadme,
hienas y lobos y escorpiones!... ¡Dejadme que muera y que la tierra
caiga a puñados sobre mis ojos!...
_El viejo linajudo atraviesa la antesala y huye por el largo corredor
lleno de resonancias. Todos se miran en silencio, con ojos de susto, y
se acercan, uno a uno, al umbral de la alcoba que hiede a muerte. Allí
agrupados dudan de entrar, como si continuasen oyendo aquellos pasos
obsesos y viesen la sombra, en la sombra ir y venir_.
ARTEMISA
¡Espanto en el alma me pusieron sus palabras!
DOÑA MONCHA
¡Son bien de espantar!
LA RECOGIDA
¡Quiere morir!
ANDREÍÑA
¡Y buscará la muerte!
ARTEMISA
¡Y condenará su alma!
LA RECOGIDA
¡Adonde irá!
DON GALÁN
¡Si no le temiere, iría tras él!
El CAPELLÁN
¡No acosemos al león!... Si nuestros ojos no pueden seguirle, que le
sigan nuestras oraciones.
_El capellán pasea la estancia de uno a otro testero, con un murmullo
de rezo, y los criados, reunidos a la redonda de la cesta colmada de
mazorcas, hablan en voz baja. De pronto se oyen pisadas de caballos
refrenados ante el portón_.
DOÑA MONCHA
¿Qué será en tal hora?
EL CAPELLÁN
Los lobos que bajan del monte. ¿Quiénes pueden ser sino los hijos?....
DON GALÁN
Llegan para repartirse la herencia.
ARTEMISA
¡Pronto tuvieron noticia!....
DON GALÁN
¡Alguna bruja!....
ANDREÍÑA
¡De hoy son nuestros amos.
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA TERCERA
_Don Juan Manuel Montenegro cruza una y otra calle, calles angostas
asombradas por altas tapias, sobre las cuales ya se derrama una
higuera, ya descuella un ciprés. ¡Viejas calles de una vieja villa
feudal, con iglesias, con caserones, con huertos conventuales! De los
negruzcos aleros gotea la lluvia, y en las angostas ventanas que se
abren debajo asoma el contorno de un gato, alguna rara vez_.
EL CABALLERO
¿Dónde esperar la muerte sin que me acosen con sus voces?... ¿En qué
oscura cueva de lobo o de león iré a esconderme?... ¡No hallo paz en la
vida!¡Fui pastor de lobos y ahora mis ganados me comen ¡Engendré
monstruos y estoy maldito! ¿Por qué de aquel vientre de mujer santa
salieron demonios en vez de ángeles con alas? ¡Estaba maldito el
sembrador! ¡Estaba maldita la simiente! ¡Muerte, no tardes! ¡Sácame de
este pozo de sierpes y dame a tus gusanos!... ¡Que me coman tus hijos,
pero no los míos! ¡Muerte, no tardes! ¡Dios, si por mis pecados no me
quieres, deja que me arrebate Satanás!
_El Caballero cruza ante dos mujeres que se asustan del encuentro.
Pasa sin verlas y solamente se detiene cuando le llaman con plañideros
gritos. Entonces reconoce a la vieja criada y a Sabelita_.
LA ROJA
¡Señor mi amo, adónde camina en esta hora?
SABELITA
¡Don Juan Manuel! ¡Madre de Dios!
LA ROJA
¡Señor, adónde camina con la blanca cabeza descubierta a la lluvia?
EL CABALLERO
¿De qué infierno habéis salido? ¿Por qué me detenéis? ¿Por qué me
habláis cuando huyo de vuestras voces?... ¡Isabel, qué me quieres? ¡Me
abandonaste un día y ahora vuelves a mí, acompañada de una bruja! ¿De
qué infierno sales, Isabel? ¿Cuál es tu nombre ahora?
SABELITA
¡Soy Isabel, señor!....
EL CABALLERO
¡El demonio no te llama Isabel!... ¡El demonio te llama voz de mentira,
cuervo de ingratitud, sierpe de hipocresía, brasa de lujuria!¡Sólo la
santa de quien fuimos verdugos te llama Isabel! ¡Ay, para ella todos
éramos sus hijos!... ¡Pero Satanás no tiene en los labios el amor de
aquella boca ya muda!... ¡Isabel, tú para mi te llamas remordimiento, y
esa bruja, bruja!
_Desaparece el Caballero en la sombra. Las dos mujeres, asustadas, no
se atreven a seguirle. Por algunos momentos se oyeron pasos en la
soledad de la calle. ¡Huecos y resonantes pasos! El Caballero baja a la
playa. El viento bordonea en el mar_.
EL CABALLERO
¡Mar, tus olas no se abrieron para tragarme!... ¡Quisiste aquellas
vidas y no quisiste la mía!¡Si me tragases, mar, y no arrojases mi
cuerpo a ninguna playa!¡Si me sepultases en tu fondo y me guardases
para ti!... ¡No me quisiste aquella noche, y soy más náufrago que esos
cuerpos desnudos que bailan en tus olas!... ¡Tengo la pobreza y la
desnudez y el frío de un náufrago! ¡No sé adonde ir!... ¡Si la muerte
tarda, pediré limosna por los caminos!... ¡Y el mar, aquella noche,
pudo caer sobre mi cuerpo, como la tierra de la sepultura, y no me
quiso!... ¡Ya soy pobre! ¡Todo lo he dado a los monstruos! ¡Mi alma en
otra vida, aquella vida de que huyo, también fué un mar, y tuvo
tempestades, y noches negras, y monstruos que habían nacido de mí! ¡Ya
no soy más que un mendigo viejo y miserable! ¡Todo lo he repartido
entre mis hijos, y mientras ellos se calientan ante el fuego encendido
por mí, yo voy por los caminos del mundo, y un día, si tú no me
quieres, mar, moriré de frío al pie de un árbol tan viejo como yo! ¡Las
encinas que plantó mi mano no me negarán su sombra, como me niegan su
amor los monstruos de mi sangre!....
_A lo largo de la playa bajan tres negras figuras. Sobre sus hombros
se alarga un palo, que allá en su extremo parece levantar hacia la luna
en dos cuernos, la dentadura de una vieja. Las tres figuras negras van
delante del Caballero. De tiempo en tiempo se detienen, y sobre las
olas crestadas de espuma alargan sus varales, y los dientes de bruja
que se abren al extremo desaparecen sepultos en el mar. El Caballero
pasa por entre aquellas figuras que, asombradas, le reconocen. Son tres
mendigos que en las noches de resaca catean por la playa buscando los
tesoros de un naufragio. El viejo linajudo también reconoce aquellas
sombras. El Morcego, la coima, y un loco que se llama Fuso Negro_.
EL CABALLERO
¿Qué trasgo o qué bruja os ha convocado aquí?
FUSO NEGRO
La luna....
LA MUJER DEL MORCEGO
Buscamos los tesoros de una gran nave que venía no se sabe de dónde....
EL MORCEGO
Un gran bergantín, que naufragó en la mar de Corrubedo.
LA MUJER DEL MORCEGO
Pudiera suceder que las olas tuviesen más caridad que algunos
corazones, y esta noche nos arrojasen alguna cosa, remedio de nuestra
pobreza.
EL CABALLERO
¡Las olas no tienen caridad!
LA MUJER DEL MORCEGO
Para muchos la tuvieron....
EL MORCEGO
Y no hay otra playa como esta, adonde salgan tantas tablas de navíos.
LA MUJER DEL MORCEGO
Y por veces cosas de gran riqueza....
FUSO NEGRO
Plata fina, y joyas....
EL CABALLERO
¡Y también algún ahogado comido de los peces!
FUSO NEGRO
Hace años salió el cuerpo de un rey con su corona de oro y pedrería...
Traíala tan bien puesta, que no se le pudo arrancar y fué menester
cortarle la cabeza....
EL CABALLERO
¡Con cuántos náufragos no habrá hecho lo mismo vuestra codicia!
FUSO NEGRO
Aquel era un rey de morería. La sangre que le manaba del cuello era
negra.
EL CABALLERO
Si yo hubiera naufragado aquella noche, vosotros también habríais
segado mi cabeza, aun cuando no llevase una corona. Se la venderíais a
mis hijos y os la pagarían bien.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡No diga, tal señor!
FUSO NEGRO
Se la presentaríamos en una fuente de plata cuando estuviesen sentados
a la mesa.
EL CABALLERO
Y se la comerían como un rico manjar.
FUSO NEGRO
Don Pedrito diría: ¡Yo quiero la lengua! Don Gonzalito diría: ¡Yo
quiero los ojos! ¡Y cómo le habían de chascar bajo los dientes!
EL CABALLERO
¡Y se matarían disputándoselos!
FUSO NEGRO
Los huesos serían para los canes.
EL CABALLERO
Los canes no comen a los amos.
LA MUJER DEL MORCEGO
¿Y pueden los hijos comer a los padres, mi señor?
EL CABALLERO
¡A mí me comieron el corazón!
FUSO NEGRO
Aun cuando lo arrancaren del pecho con los dientes, vuelve otro a
nacer. Retoña como un verde laurel... ¡No hay que tener miedo!
LA MUJER DEL MORCEGO
Sólo lo come de raíz, el verme de la muerte. En tanto dure la vida, es
como una fontela donde todos acuden a beber y nadie la seca.
EL MORCEGO
Una fontela tiene agua para todas las sedes.
EL CABALLERO
¿Y no habéis visto fuentes secas?
EL MORCEGO
En tiempo de calores.
LA MUJER DEL MORCEGO
Mas aquéllas habíalas secado el sol, y no la boca de un sediento.
FUSO NEGRO
Los lobos que quieren beberse toda el agua de las fuentes, mueren como
odres reventadas.
EL CABALLERO
¿Por qué habéis dicho que el corazón es como una fuente? En las fuentes
se envenenan las aguas y mueren los que beben de ellas....
EL MORCEGO
¡También el corazón tiene su ponzoña!
EL CABALLERO
Pero no la vierte en las bocas que le muerden, sino que las recibe de
ellas.
FUSO NEGRO
El corazón es como la niña del ojo. Adonde mira aquello tiene en el
fondo. Unas veces fuente, y otras roquedo... Unas veces los dientes
arregañados de un lobo, y otras un resplandor.
EL CABALLERO
¿Por qué dirán que estás loco, Fuso Negro?
LA MUJER DEL MORCEGO
Dícelo él, por no trabajar.
FUSO NEGRO
Lo dicen los rapaces por poder tirarme piedras. En todas las villas
tiene de haber un loco y un mayorazgo.
EL MORCEGO
Ya baja la marea. Hoy las ondas no quisieron hacer nuestra suerte.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Si la hace con una limosna el señor mayorazgo!...
EL CABALLERO
He llegado a ser tan pobre como vosotros. Si no tuviese abierta la
sepultura, tendría que ir en vuestra caravana por los caminos,
mendigando el pan. La muerte ya marcó mis horas, y para poder morir en
paz, he abandonado a mis hijos todo cuanto tenía.
LA MUJER DEL MORCEGO
¿Y adónde va en esta noche?
EL CABALLERO
Ya os dije que voy a morir.
LA MUJER DEL MORCEGO
La muerte viene sin que la llamen. ¡No la busque que es muy grande
pecado, señor!
EL CABALLERO
No la busco... ¡La espero porque me fué anunciada!... Un gran cirio,
todo de luz, se ha encendido dentro de mi y me guía y me alumbra. He
visto en abismos donde sólo se ve cuando se tiene cavada la fosa. He
aprendido, al final de mis días, que todos debemos traer por lecho de
muerte un muladar, y voy a él. La tierra ha de dármelo, mucho antes que
el mar, a vosotros, esos tesoros de naufragios que buscáis....
_El Caballero se aleja lentamente. Los tres mendigos le miran
desvanecerse entre los roquedos de la playa. La Luna parece agigantar
la figura del viejo hidalgo y poner un nimbo en su cabeza blanca y
desnuda_.
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA CUARTA
_Una costa brava ante un mar verdoso y temeroso. Lomas de arena, con
pinares desmedrados en lo alto, y en la bajada un charcal salobre,
donde blanquean los huesos de una vaca. Larga bandada de cuervos
revolotea sobre aquella carroña, bajo un cielo gris de amanecer. En el
fondo de una caverna socavada por el mar, el viejo linajudo espera la
muerte como un viejo león. Ante sus ojos nublados ve aparecer la sombra
de Fuso Negro_.
FUSO NEGRO
Tou! ¡Tou! ¡Tou!... Ya somos dos.
EL CABALLERO
¡Tampoco aquí podré estar sólo para morir en paz!...
FUSO NEGRO
El señor mayorazgo tiene sus palacios y su cama con dosel... Aquí
haránsele llagas las costas....Para el cuerpo de los señores es muy
duro el cocho de Fuso Negro.
EL CABALLERO
¿Duermes en esta cueva?
FUSO NEGRO
Unas veces duermo y otras veces velo.
EL CABALLERO
¡Yo te pido que me dejes morir aquí!
FUSO NEGRO
¿Quiere hacerse ermitaño el señor mayorazgo? Iráse el loco a reinar en
sus palacios. Tendrá su manto de una sábana blanca y su corona
ribeteada de papel. Tendrá su mesa con pan de trigo y cuatro odres
haciendo una cruz. El uno de vino del Rivero, el otro de vino de la
Ramallosa, el otro de vino blanco Alvariño y el otro del buen vino que
beben los abades en la misa, y si parida, el ama en la cama. ¡Iráse el
loco a los palacios del señor mayorazgo!
EL CABALLERO
Ya no tengo palacios. Todo lo he repartido entre mis hijos para que no
acabasen en la horca y fuesen deshonra de mi linaje. ¡Todo lo di!
FUSO NEGRO
¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!... ¡Ya somos hermanos!
EL CABALLERO
Un ángel y un demonio me están abriendo la sepultura, a la luz de un
cirio. El ángel cava, el demonio cava... Uno a la cabecera, otro a los
pies... El demonio con una guadaña, el ángel con una concha de oro. ¿No
los ves, hermano Fuso Negro? El ángel cava, el demonio cava....Uno a la
cabecera, otro a los pies....
FUSO NEGRO
El ángel cava, el demonio cava....¡Bien que los veo! El demonio agora
enciende un cigarro con un tizón que saca del rabo.
EL CABALLERO
¿Tú los ves, Fuso Negro?
FUSO NEGRO
¡Si que los veo!
EL CABALLERO
¿Estás seguro?
FUSO NEGRO
¡Sí que los veo!
EL CABALLERO
Yo dudaba que fuese delirio de mis sentidos.... Apenas distingo tu
sombra en esta cueva. He venido aquí para morir....Fuí toda mi vida un
lobo rabioso, y como lobo rabioso quiero perecer de hambre en esta
cueva....Hermano Fuso Negro, me cortarás la cabeza y se la llevarás a
mis hijos. Verás cómo te visten de seda esos monstruos nacidos de mi
sangre.
FUSO NEGRO
¿Cuántos son?
EL CABALLERO
Cinco.
FUSO NEGRO
¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!
EL CABALLERO
¡Demonios son!
FUSO NEGRO
Hijos del Demonio Mayor, que cinco veces estuvo en la cama con aquella
que ya dejó el mundo.
EL CABALLERO
¡No la nombres, boca miserable! ¡Boca de escorpión! ¡Boca de serpiente!
FUSO NEGRO
¿Ya no somos hermanos?....¡Y todo porque le cuento las burlerías del
Demonio Mayor! Los cinco mancebos son hijos de su ciencia condenada.
¡Arreniégola! ¡Arreniégola!....De la su mano derecha a cada cual dióle
un dedo con su uña, para que rabuñasen en el corazón de mi hermano el
señor mayorazgo. Hermano de este día, por parte de los caminos, y de
pedir por las puertas, y de la cueva para morir....Hermano de este
día....¡Tou! ¡Tou!....Van por un camino toda la vida los hermanos y no
se reconocen....Van por un camino. ¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!
EL CABALLERO
¡Hermanos todos, todos hijos de Satanás! ¡Y no se reconocen!...
FUSO NEGRO
También hay los hijos de Dios Nuestro Señor....
EL CABALLERO
Todos hermanos por parte de la tierra, que es nuestra madre. ¿Tú dices
que mis hijos tienen un dedo de Satanás? Todos los tenemos para robar,
para matar, para hacer una higa....
FUSO NEGRO
Los cinco mancebos son hijos del Demonio Mayor. A cada uno le hizo un
sábado, filo de media noche, que es cuando se calienta con las brujas,
y todo rijoso, aullando como un can, va por los tejados quebrando las
tejas, y métese por las chimeneas abajo para montar a las mujeres y
empreñarlas con una trampa que sabe....Sin esa trampa, que el loco
también sabe, no puede tener hijos....Y las mujeres conocen que tienen
encima al enemigo, porque la flor de su sangre es fría. El Demonio
Mayor anda por las ferias y las vendimias, y las procesiones, con la
apariencia de una moza garrida, tentando a los hombres. Frailes y
vinculeros son los más tentados. ¡Ay, hermano, cuántas veces habremos
estado con una moza bajo las viñas sin cuidar que era el Demonio Mayor
de los Infiernos! El gran ladrón se hace moza para que le demos nuestra
sangre encendida de lujuria, y luego, dejándonos dormidos, vuela por
los aires....Con la misma apariencia del marido se presenta a la mujer
y se acuesta con ella. ¡Cata la trampa, porque entonces tiene la calor
del hombre la flor de su sangre y puede empreñar! Al señor mayorazgo
gustábanle las mozas, y por aquel gusto el Diablo hacíale cabrón y se
acostaba con Dama María.
EL CABALLERO
Yo no soy cabrón.
FUSO NEGRO
El Diablo púsole sus cuernos.
EL CABALLERO
Tendrían que ser cabrones todos los hombres para que lo fuese Don Juan
Manuel Montenegro.
FUSO NEGRO
¡Todos lo son, y por eso está lleno el mundo de hijos de Satanás!
_Aquí Fuso Negro saca un mendrugo de entre la camisa y comienza a
roerlo, con la mirada adusta y obstinada. El Caballero cierra los ojos
y se recuesta sobre las algas que sirven al loco de camada. Se oye el
bordón del viento y el tumbo de las olas en la playa. El Caballero
suspira sin abrir los ojos_.
EL CABALLERO
¿Tienes hambre, hermano Fuso Negro?
FUSO NEGRO
Los vinculeros y los abades siéntanse a una mesa con siete manteles, y
llenan la andorga de pan trigo y chicharrones. Luego a dormir y que
amanezca. ¡Jureles asados!....¡Sartenes sin rabos!....¡Una vieja con
los ojos encarnados!... El loco tiene siempre hambre!....
EL CABALLERO
¡La furia de tus dientes me desvela!
FUSO NEGRO
¡Es duro como un hueso este rebojo!
EL CABALLERO
¡Yo hace dos días que no como, y toda el hambre dormida se despierta
oyéndote roer!....
FUSO NEGRO
¡Parezco un can!
EL CABALLERO
¿Es el mar o son tus dientes en el mendrugo?
FUSO NEGRO
¡Cómo broa el mar!
EL CABALLERO
¡No sé si el mar, si tus dientes, hacen ese gran ruido que no me deja
descansar y se agranda dentro de mí!
FUSO NEGRO
¡Es la voz de la cueva!
_El Caballero se tiende sobre las algas que sirven de camada a Fuso
Negro. En la concavidad del escabón parece aletear un gran pájaro
invisible que acordase su vuelo con la voz del viento y el tumbo de las
olas. La cortina cenicienta de la lluvia ondula en el claro de luz que
recorta la boca de la cueva. Algunas sombras llegan a cobijarse y se
agrupan en el umbral, alentando afanosas de la carrera. Aquellas
figuras que huyen del nublado se destacan por oscuro sobre el fondo del
mar tendido de espuma. Son cuatro niños descalzos, con los pelos
crespos y una mujer de luto_.
LA MUJER
¡Tiempo de aguas!....¡Tiempo de tormentas!.... ¡Tiempo
maldito!....¡Miseria para los pobres!....¡Lutos y hambres!....¡Cúbrese
el sol!....¡Sentarvos en la tierra a descansar, mis hijos!...¡Aún hemos
de ir mucho por este arenal!...¡Vos dolerán los pies si no
descansáis!... ¡Repartirvos ese pan!....¡Tiempo de
tormentas!....¡Tiempo de dolor!...
FUSO NEGRO
Si tuviésemos un amparo de leña encenderíamos una hoguera.
LA MUJER
No se distingue en esta oscuridad ... ¿Eres tú, Fuso Negro? Si bajaste
por este arenal de lobos, acaso sabrás en qué playa echaron las olas el
cuerpo de un ahogado. A la media noche llegaron a decírmelo. Batieron
en la ventana. No conocí quién era.
FUSO NEGRO
¿Inda la mar no quiso darte el cuerpo de Venturoso?
LA MUJER
Dijo la voz que en la playa de Campelos....Allá voy por ver si le
reconozco. Las cuatro criaturas despertáronse llorando al oír petar en
la ventana.... ¡Creían que era el ánima de su padre! Esta mañana,
rayando el día, fuí a la casa grande por tener un socorro para este
camino tan largo. ¡Echáronme los canes!....¡Malditos sean todos los
ricos!
FUSO NEGRO
Largo camino haces para las criaturas. Si les atares una cuerda, podías
descansadamente llevarlas por la mar y tú ir por la tierra.
LA MUJER
...¡Y tenían dicho que darían socorro a las viudas y a los huérfanos!
¡El mayorazgo huyóse para no cumplirnos la manda! ¡Cinco lobos dejó
alrededor de su silla vacía! ¡Ay, Montenegro, negro de corazón! ¡Por tu
imperio se hicieron aquellos pobres a la mar, en una noche tan fiera!
¡Cuando seáis mozos, reclamarle cuentas, mis hijos, que él os dejó sin
padre! ¡Mal can le arranque el corazón y lo lleve por este arenal! ¡Mal
cuervo le coma los ojos! ¡Malas ortigas le broten en el pecho! ¡Mal
avispero le nazca en la lengua!
EL CABALLERO
¡Calla, mujer, que tus maldiciones ya se cumplen!
_El Caballero se incorpora en el lecho de algas, y la viuda y los
cuatro niños tiemblan al reconocerle. En la oscuridad de la cueva
apenas se distingue la sombra del viejo linajudo, y su voz tiene una
resonancia oscura de caos y tinieblas como si saliese de la oquedad del
roquedo_.
LA MUJER
¡Tanta es la dolor de mi alma, que hablo sin sentido!... ¡Por estas
cuatro criaturas, no me haga mal, señor Vinculero!
EL CABALLERO
¡Fuiste a mi casa y encontraste cerrada la puerta!
LA MUJER
¡Me echaron los canes!....¡Pedía un bien de caridad para abrir una
cueva!....
FUSO NEGRO
¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!
EL CABALLERO
¡Yo cavaré la cueva para tu marido! Si faltase azada, la cavaré con mis
manos....Para la mortaja iré a pedir una limosna en la casa que fue
mía, y si hallo la puerta cerrada la derribaré para que entres tú con
tus hijos....
FUSO NEGRO
¡Y el loco también!
EL CABALLERO
¡Haré respetar mi voluntad! Los muertos serán sepultos y amparados los
vivos. Se cumplirán todas las mandas que ordené. Venid conmigo, y en el
umbral de mi Casa me veréis pedir una limosna para vosotros. Después,
cúmplanse tus maldiciones, y lleven los perros por este arenal mi
corazón desesperado.
_El Caballero sale de la cueva. La lluvia moja su cabeza blanca y su
barba patriarcal que aborrasca el viento, llevándola de uno al otro
hombro. La viuda, el loco y los niños le siguen como sombras de su
delirio. Van los niños atenazados a la falda de la madre, y llorando de
miedo. Todos parecen perdidos en la vastedad del páramo_.
EL CABALLERO
¡Desfallezco de hambre!....¡No veo!...¡Apenas puedo andar!... Esos
niños que me den un poco de su pan.
LA MUJER
¡Ya nada les queda, señor!
EL CABALLERO
¡Dios haga que no caiga muerto en medio del camino! ¡Vamos!
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA QUINTA
_La hueste de mendigos descansa al sol ante el portal de la casona y
se tiende por la orilla del camino aldeano. Sobre la veleta del hórreo,
el gallo clarinea, en el sol, dorado y soberbio_.
DOMINGA DE GÓMEZ
¡De toda la vida lo recuerdo! Al son de las doce repartíase el pan y
las berzas a los pobres que acudíamos a este portal. Era una caridad de
fundación. Venía desde los difuntos señores que levantaron la casona.
EL MANCO DE GONDAR
¡Y esta puerta, que siempre estuvo franca para los desvalidos, ciérrase
agora!
EL MANCO LEONES
¡No heredaron los hijos la honrada ley de los padres!
LA MUJER DEL MORCEGO
Catailos los amos. Murió la madre, y el padre fuese por el mundo,
dejándolo todo. En la ribera del mar lo topamos que iba con la cabeza
descubierta a la lluvia.
EL MORCEGO
¡Clamaba por la muerte!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Todo lo dejó para ser pobre como nosotros y tener su silla de oro en el
Cielo.
EL MANCO LEONÉS
Los herederos la tendrán de espinas en el Infierno.
DOMINGA DE GÓMEZ
Cierran su puerta a los pobres, que son hijos de Dios Nuestro Señor.
ADEGA LA INOCENTE
El Divino Jesús también anduvo pidiendo por los caminos del mundo con
unas alforjinas a cuestas que le bordara la Virgen Madre.
EL MANCO LEONÉS
¿Y adónde se habrá retirado el noble Caballero?
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Y quién lo sabe!
DOMINGA DE GÓMEZ
Para hacer penitencia iríase al monte, donde tiene un gran pazo.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Allí guarda cinco mozas, y no iría si está talmente arrepentido.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Escuchad la voz de los hijos en la casona!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Vanse a matar!
EL MORCEGO
¡Pelean haciendo las participaciones!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡En la gran Jerusalén, hace cientos de años, oyéronse estas mismas
voces, que las daban los judíos, repartiéndose la túnica de Nuestro
Señor Jesucristo!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Talmente son judíos!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Como tales judíos obran, cerrando su puerta a los pobres y echándolos
al camino! ¡Las migajas de su mesa se las dan a los canes!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡La suerte de un pobre es más triste que la de un can!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Porque un pobre sabe resignarse, y un can rabia!
_Se abre un postigo en el gran portón de la casona, y uno a uno van
saliendo los criados:--La Roja, Don Galán, La Recogida.--Tras ellos, el
postigo vuelve a cerrarse_.
LA ROJA
¡Bien mala cosa es la vejez!
DON GALÁN
¡Un hueso que nadie lo quiere roer, si no es la muerte!
LA RECOGIDA
¿Adonde iremos, señora Micaela?
LA ROJA
Tú eres moza, y en cualquier banda hallarás acomodo.... ¡Pero yo,
triste de mí, con tantos años a cuestas, que voy a cumplir el
ciento!... ¿Adonde iré, despedida de esta casa, donde gané el pan toda
mi vida?... ¡Bien se me alcanza que no podía ya ganarlo!... ¡Y una
boca, aun cuando no tenga dientes, es una carga muy grande!... ¡Y lo
mucho es poco, cuando se reparte! ¡Y si los reinos se deshacen, qué no
será las casas!... ¡Esta casa fué muy grande, mas agora repartida no
será nada!... ¡Por eso, si culpo, es a la muerte que tanto me tarda!
LA RECOGIDA
Solamente tuvo suerte la señora Andreíña.
DON GALÁN