LA ROJA
Moriré en un camino, al pie de un bardal.
LA RECOGIDA
¡Juntas nos atrapó la tormenta, señora Micaela!
DON GALÁN
Iremónos los tres por luengas tierras pidiendo una limosna. A mí
llevaréisme en un carretón.
LA ROJA
¡Pudiera yo como tú trabajar!
DON GALÁN
Pero no tengo voluntad.
LA ROJA
¡Se me parte el corazón al separarme de estas piedras!... ¡Pierdo a mis
amos, piérdolos para siempre, yo que los vi nacer!....
DON GALÁN
¡Nosotros somos ovejas y ellos son lobos que nos enseñan los dientes!
LA ROJA
¡Son leones y de mucha nobleza!
_Don Juan Manuel llega por aquel camino aldeano, de verdes orillas. El
loco, la viuda y los huérfanos le acompañan. El Caballero camina entre
ellos como un viejo patriarca entre su prole: Dolor, Miseria y Locura_.
DON GALÁN
¡Catay, el amo que torna!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Vuelve a su silla el rey de Castilla!
EL MANCO LEONÉS
¡Vuelven los desvalidos a tener padre!
LA ROJA
¡Con cuánta dolor camina!
LA RECOGIDA
¡Nos topábamos como ovejas sin pastor, y cuidad que llega!
DON GALÁN
¡No es el pastor, sino el mastín! ¡Veredes qué dientes le muestra a los
lobos!
_El Caballero, con el andar desfallecido, llega a la puerta y pulsa.
Apoyado en la jamba, espera. Los mendigos y los criados se agrupan
detrás, todos en un gran silencio. El Caballero vuelve a pulsar en la
puerta, y acompaña con grandes voces los golpes de su puño cerrado_.
EL CABALLERO
¡Abrid, hijos de Satanás! ¡Abrid estas puertas que cierra vuestra
codicia! ¡Abridlas de par en par, como tenéis abiertas las del
Infierno! ¡Abridlas para que entren los que nunca tuvieron casa! ¡Soy
yo quien después de habéroslo dado todo, llego a pediros una limosna
para ellos! ¡Soy yo, quien pobre y miserable, golpea esta puerta
cerrada! ¡Hijos de Satanás, no hagáis que mi cólera la derribe y entre
por ella, como quien es, Don Juan Manuel Montenegro! ¡Abrid, hijos de
Satanás!
_Resuenan en el ancho zaguán los golpes del Caballero. Ante la puerta
hostil y cerrada se levanta, como un oleaje, el vocerío de la hueste
mendicante y los viejos criados despedidos de la casona_.
LA VOZ DE TODOS
¡Abran a su padre! ¡Abran a su padre!
EL CABALLERO
¡Derribad la puerta! ¡Mis verdaderos hijos sois vosotros!
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan caridad para su padre! ¡Caridad y respeto! ¡Caridad y respeto!
EL CABALLERO
¡Eso lo da sólo el amor!
_Por las mejillas del viejo linajudo ruedan dos lágrimas que se
pierden en la nieve de su barba. Los mendigos y los criados se arrojan
sobre la puerta_.
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan ley de Dios!
EL CABALLERO
¡Dadme un hacha!
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan ley de Dios!
EL CABALLERO
¡Poned fuego a la casa por sus cuatro esquinas! ¡Perezcan entre llamas
los hijos del Infierno!
LA VOZ DE TODOS
¡No hay ley de Dios! ¡No hay ley de Dios!
_De pronto cesa el clamor. Espantados de sus voces, mendigos y criados
oyen en un gran silencio descorrer los cerrojos de la puerta: Se abre
rechinando, y sobre el umbral, como una sombra de malas artes, aparece
Andreíña. Al mismo tiempo, asoman con bárbara violencia los cuatro
segundones en aquel balcón de piedra que remata con el escudo de armas:
¡Águilas y Lobos! Todos hablan en un son_.
DON MAURO
¡Ya tenéis franca la puerta!
DON ROSENDO
¡Entrad, si os atrevéis!
DON MAURO
¡El que cruce esos umbrales no vuelve a salir!
DON GONZALITO
¡Atreveos, miserables!
DON FARRUQUIÑO
¡Ya no gritáis, mal nacidos!
EL CABALLERO
¡Entrad conmigo todos! ¡Mis verdaderos hijos sois vosotros! ¡Ayudadme
para que pueda saciar vuestra hambre de pan y vuestra sed de justicia!
¡Ayudadme como hijos! ¡Ayudadme como animales hambrientos, como
arcángeles o como demonios! ¡Rabiad, ovejas!
_Todos permanecen ante la puerta cobardes, mudos y quietos. El
Caballero entra solo, y sus voces bajo la bóveda del zaguán, se alejan
y se pierden. Los cuatro mancebos se retiran del balcón, unánimes en el
impulso violento y fiero. Andreiña empuja la puerta para cerrarla, y en
aquel momento adelántase la Figura gigante del pobre lazarado, derriba
por tierra a la bruja y penetra en el zaguán clamando, y todos le
siguen repitiendo sus voces_.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Es nuestro padre! ¡Es nuestro padre!
LA VOZ DE TODOS
¡Es nuestro padre!
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA FINAL
_La cocina de la casona. En el hogar arde una gran fogata y las
lenguas de la llama ponen reflejos de sangre en los rostros. Los cuatro
segundones aparecen sobre el fondo oscuro de una puerta, cuando la
cocina es invadida por la hueste clamorosa que sigue al Caballero_.
EL CABALLERO
¡Soy un muerto que deja la sepultura para maldeciros!
DON FARRUQUIÑO
¡Padre, tengamos paz!
DON ROSENDO
¡Fuera de aquí toda esa gente!
EL CABALLERO
¡Son mis verdaderos hijos! ¡Para ellos os pedí una limosna y hallé
cerrada la puerta!
DON MAURO
¡Ya la tiene franca!
EL CABALLERO
¡Llego para hacer una gran justicia, porque vosotros no sois mis
hijos!... ¡Sois hijos de Satanás!
DON FARRUQUIÑO
Entonces somos bien hijos de Don Juan Manuel Montenegro.
EL CABALLERO
¡Ay, yo he sido un gran pecador, y mi vida una noche negra de rayos y
de truenos!... ¡Por eso a mi vejez me veo tan castigado!... ¡Dios, para
humillar mi soberbia, quiso que en aquel vientre de mujer santa
engendrase monstruos Satanás!... ¡Siento que mis horas están contadas;
pero aún tendré tiempo para hacer una gran justicia. Vuelvo aquí para
despojaros, como a ladrones, de los bienes que disfrutáis por mí! ¡Dios
me alarga la vida para que pueda arrancarlos de vuestras manos infames
y repartirlos entre mis verdaderos hijos! ¡Salid de esta casa, hijos de
Satanás!
_A las palabras del viejo linajudo, los cuatro segundones responden
con una carcajada, y la hueste que le sigue calla suspensa y religiosa.
El Caballero adelanta algunos pasos, y los cuatro mancebos le rodean
con bárbaro y cruel vocerío, y le cubren de lodo con sus mofas_.
DON MAURO
¡Hay que dormirla, Señor Don Juan Manuel!
DON ROSENDO
¿Dónde la hemos cogido, padre?
DON GONZALITO
¡Buen sermón para Cuaresma!
DON FARRUQUIÑO
¡No mezclemos en estas burlas las cosas sagradas!
DON ROSENDO
¿Dónde hay una cama?
DON MAURO
Vosotros, los verdaderos hijos, salid, si no queréis que os eche los
perros. ¡Pronto! ¡Fuera de aquí! ¡A pedir por los caminos! ¡A robar en
las cercas! ¡A espiojarse al sol!
_El segundón atropella por los mendigos y los estruja contra la puerta
con un impulso violento y fiero, que acompañan voces de gigante. La
hueste se arrecauda con una queja humilde: Pegada a los quicios inicia
la retirada, se dispersa con un murmullo de cobardes oraciones. El
Caballero interpone su figura resplandeciente de nobleza: Los ojos
llenos de furias y demencias, y en el rostro la altivez de un rey y la
palidez de un Cristo. Su mano abofetea la faz del segundón. Las llamas
del hogar ponen su reflejo sangriento, y el segundón, con un aullido,
hunde la maza de su puño sobre la frente del viejo vinculero, que cae
con el rostro contra la tierra. La hueste de siervos se yergue con
un gemido y con él se abate, mientras los ojos se hacen más sombríos en
el grupo pálido de los mancebos. Y de pronto se ve crecer la sombra del
leproso, poner sus manos sobre la garganta del segundón, luchar
abrazados, y los albos dientes de lobo y la boca llagada, morderse, y
escupirse. Abrazados caen entre las llamas del hogar. Transfigurado,
envuelto en ellas, hermoso como un haz de fuego, se levanta el Pobre de
San Lázaro_.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Era nuestro padre!
LA VOZ DE TODOS
¡Era nuestro padre! ¡Era nuestro padre!....
LA VOZ DE LOS HIJOS
¡Malditos estamos! ¡Y metidos en un pleito para veinte años!
[Ilustración]
AGELUS VIBANCO
ORNAVIT
ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
EN LA IMPRENTA DE SÁEZ HERMANOS
EN MADRID A XII DÍAS
DEL MES DE ABRIL
DE MCMXXII
AÑOS