Fabián Renard (S. J.)"

Cuando el padre Claudio hubo terminado la lectura de la carta, quedóse

pensativo y murmuró:

--No es mal golpe el que preparan nuestros hermanos de París. Quince

millones de pesetas son un bocado que aquí en España sólo muy de tarde

en tarde se ofrece a nuestra voracidad.

El jesuíta dió después la carta a su secretario para que a su vez la

leyera, y cuando hubo terminado le dijo:

--Buscarás mañana mismo esos informes que se nos piden de París.

--No es tarea fácil, reverendo padre. En nuestro archivo sólo hay notas

muy incompletas sobre el señor Avellaneda, pues éste figuró en España

cuando nuestra Orden estaba expulsada, y marchó al extranjero antes de

nuestra restauración.

--Irás mañana, en nombre mío, al ministerio de Hacienda, y el señor

López Ballesteros nos proporcionará los datos que deseamos acerca del

valor y calidad de los bienes de Avellaneda. En cuanto a la carta del

vicario de Francia, debes unirla a la nota del señor Avellaneda, pues

tal vez algún día tengamos los jesuítas de España relaciones íntimas con

dicho señor. Si los sesenta millones de reales llegan a escaparse en

Francia de nuestras garras, aquí los buscaremos hasta apoderarnos de

ellos.

El secretario se levantó para buscar en el archivo; pero en el mismo

instante volvió a sonar la campanilla de antes, sólo que ahora dió cinco

toques con diferentes intervalos. Aquello era una especie de telegrafía

acústica que comprendieron perfectamente los dos jesuítas.

--Es una visita--murmuró el padre Claudio--. ¿Quién podrá ser a estas

horas? Hermano Antonio, sal a recibir al que llega. Debe de ser un

amigo, ya que lo deja pasar nuestro portero.

La araña negra, t. 1/9 · 第 27 / 35 题