"El Vicario General de Francia al Vicario General de España; Salud
y la bendición de Cristo.
Respetable hermano: Conviene a los intereses de nuestra Orden que a
la mayor brevedad enviéis informes completos acerca de la vida de
don Ricardo Avellaneda, y una relación detallada de todos los
bienes que posee en España, en concepto de administrador legítimo
de su hija María, único fruto de su difunta esposa.
El señor Avellaneda fué de los españoles que en 1808 se unieron a
Napoleón y su hermano José Bonaparte y a quienes el pueblo llamaba
"afrancesados". Desempeñó altos cargos en la corte del rey intruso,
y cuando éste tuvo que huir a Francia, él siguió a su soberano, y
desde entonces vive en París, no queriendo volver a España, a pesar
de las amnistías, por miedo a los insultos de liberales y
reaccionarios.
Su mujer fué patriota y se separó de él por no seguirle en la
traición. Como los cuantiosos bienes eran de esta señora, que hizo
bastantes donativos para el sostenimiento de las tropas españolas,
las llamadas Cortes de Cádiz respetaron su fortuna y no la
confiscaron como hicieron con otras familias afrancesadas.
Dichos bienes ascienden a unos quince millones de francos, según
nuestros informes.
Enteraos vos por ahí para ver si estamos engañados, y decidnos el
resultado de vuestras gestiones.
El asunto es de gran interés para nuestra Orden, pues se trata de
que los quince millones ingresen en nuestro tesoro.
Tan gran fortuna sólo tiene derecho a percibirla una niña, que en
la actualidad cuenta ocho años de edad y que nació aquí cuando la
esposa del señor Avellaneda se decidió a hacer las paces con su
marido y vivir con él en París.
La señora de Avellaneda murió hace un año; su esposo está algo
resentido en su parte moral, y al paso que va pronto caerá en
completa imbecilidad. En cuanto a la niña, tiene aficiones a la
vida monástica, que nosotros nos encargaremos de fomentar. Hemos
conseguido introducir en la casa a uno de nuestros hermanos, que es
español, el cual ejerce gran influencia sobre la hija, y es
probable que también logre conquistar al señor Avellaneda.
El día en que la joven sea mayor de edad y pueda disponer, con
arreglo a las leyes, de su colosal fortuna, estará ya en un
convento, y entonces la Compañía será su heredera, pues María, al
abrazar la vida monástica, renunciará antes sus bienes terrenales
en favor nuestro.
Vuelvo a recomendaros la urgencia en los informes que os pedimos,
pues ya veis que el asunto es de importancia.
Que el corazón de Jesús sea con vos y os conceda largos años de
vida.