De honor y trofeos lleno,
más que el gran Marte lo ha sido,
el valeroso Gazul
de Gelves había venido.
Vínose para Sanlúcar,
donde fue bien recibido
de su dama Lindaraja,
de la cual es muy querido.
Estando ambos a dos
en un jardín muy florido,
con amorosos regalos
siendo cada cual servido,
Lindaraja aficionada,
una guirnalda ha tejido
de clavellinas y rosas,
y de un alhelí escogido.
Cercada de violetas,
flor que de amantes ha sido,
se la puso en la cabeza
a Gazul, y así le ha dicho:
«Nunca fuera Ganimedes
de rostro tan escogido:
si el gran Júpiter te viera,
él te llevara consigo.»
El fuerte Gazul la abraza,
diciéndola con un riso:
«No pudo ser tan hermosa
la que el Troyano ha escogido;
Por la cual se perdió Troya,
y en fuego se había encendido,
como tú, señora mía,
vencedora de Cupido.»
«Si hermosa te parezco,
Gazul, cásate conmigo,
pues que me diste la fe
que serías mi marido:»
«Pláceme, dice Gazul,
pues yo gano en tal partido.»
Estas y otras amorosas palabras pasaron entre Lindaraja y su amante
Gazul; y así ordenaron de casarse, y Gazul se la pidió a su tío, en
cuyo poder estaba Lindaraja.
El tío se holgó mucho, por ser Gazul principal y valiente; y así se
celebraron las bodas, y fueron muy costosas, y se hallaron en ellas
muchos caballeros cristianos y moros; porque vinieron de Granada los
cristianos Gazules, Abencerrajes y Venegas.
También vino Daraja, hermana de Lindaraja, y su marido Zulema, que eran
ya cristianos y muy queridos del rey Católico, y hubo toros, cañas y
sortija.
Duraron estas fiestas dos meses, al cabo de los cuales todos los
caballeros que habían venido de Granada se volvieron, llevando consigo
a los desposados, los cuales en llegando fueron a besar las manos a los
reyes Católicos, de lo que holgaron mucho en verlos, y mandaron que
todos los bienes del padre de Lindaraja se los entregasen a Gazul y su
esposa.
Tornose cristiana Lindaraja, y llamose Doña Juana; él se llamó D. Pedro
Gazul cuando le bautizaron.
En esta historia de Gazul se quedó por poner otro romance que era
primero que el de Sanlúcar; mas por no estar bueno, y no haberle
entendido el autor que le hizo, se puso al principio, porque no causara
confusión; y porque no quede con aquella ignorancia, diremos la verdad
del caso.
El romance que digo, es aquel que dice: _Sale la estrella de Venus_,
y el que le compuso no entendió la historia, porque no tuvo razón de
decir que se casaba Zaida, hija del alcaide de Jerez, con el alcaide de
Sevilla y su fuerza, porque el Gazul que mató al desposado de Zaida,
no fue en tiempo que Jerez ni Sevilla eran de moros, sino en tiempo
de los reyes Católicos, como se prueba por aquel verso del romance de
Sanlúcar, cuando dice: _Reliquia de los valientes_; pues en este tiempo
ya habían ganado los cristianos a Sevilla y Jerez. Mas hase de entender
de esta manera el romance y su historia.
Zaida la de Jerez era nieta o biznieta de los alcaides de allí, siendo
Jerez tomada de cristianos, y quedando los moros en pleitesía, gozando
de sus libertades, lengua y hábito, y viviendo en su secta; siendo los
cristianos señores de la ciudad y fortaleza.
Lo mismo fue en Sevilla, que aquel moro rico que dice el romance que
se casaba con Zaida, por ser alcaide en Sevilla; no porque lo era él,
sino su abuelo, y el moro vivía en Sevilla con los demás que en ella
quedaron, y entre todos se trató el casamiento que dice el romance.
Pues viniendo al caso, Gazul servía a Zaida en tiempo que se trató el
casamiento con el moro de Sevilla, y nunca pudo alcanzar Gazul lo que
pretendía, porque sabía Zaida que sus padres no querían casarla con él,
sino con el sevillano, por tener algún deudo con él, y por ser más rico
que Gazul; y por eso no le favorecía, aunque le amaba de secreto, y no
lo manifestaba por no dar disgusto a sus padres.
Pues estando ya tratado el casamiento, una noche en cierta zambra que
se hacía en la casa de Zaida se halló Gazul; porque entonces había
licencia para entrar de paz los moros en las tierras de los cristianos
a tratar o a hablar con los demás moros que estaban en ellas.
Pues como se halló allí, danzó la zambra con Zaida; y estando danzando
asidos de las manos, como es costumbre en aquel baile, no pudo
refrenarse Gazul tanto con el demasiado amor que a Zaida tenía, que al
tiempo que acabó de danzar, no la abrazase estrechamente; lo cual visto
por el moro sevillano, así como un león, lleno y ciego de cólera, puso
mano a su alfanje y fue a herir a Gazul, el cual se puso en defensa, y
aun hubiera ofendido muy mal al desposado, si no fuera por la gente que
se puso de por medio.
Alborotada la sala de Zaida por esta ocasión, sus padres de ella se
enojaron mucho con Gazul, y le dijeron que se fuese a su casa.
Gazul sin replicar en cosa alguna se salió muy enojado de allí, y juró
de matar al desposado, y para ello aguardó tiempo y lugar oportuno;
y sabiendo cuando se desposaba Zaida, ya que era hora, se aderezó
muy bien, y subió en un muy buen caballo, y partió de Medina-Sidonia
para Jerez, y entró al anochecer cuando salían Zaida y su desposado,
acompañados de muchos caballeros, así cristianos como moros, de su
casa, para ir a otra donde se habían de celebrar las bodas; lo cual
visto por Gazul, rabioso de celos y de cólera, echó mano a un estoque
y embistió con el desposado y le dio una estocada, de la cual quedó
muerto.
Admirados los circunstantes de la tal hazaña, no sabían qué hacer,
ni qué decir, salvo los parientes del muerto y los de Zaida, que
acometieron a Gazul para matarle, diciendo: «Muera el traidor»; pero el
valiente Gazul se defendió de todos, hiriendo a algunos de ellos, sin
que a él le ofendiesen; y así escapó de todos juntos.
Por la muerte de Zaide, y por este hecho se dijo este romance que
sigue, el cual se había de poner primero que los ya dichos de Gazul;
mas pues se ha declarado la causa, no importa que se ponga aquí,
diciendo de esta manera:
Sale la estrella de Venus
al tiempo que el sol se pone,
y la enemiga del día
su negro manto descoge.
Y con ella un fuerte moro,
semejante a Rodamonte,
sale de Sidonia armado;
de Jerez la Vega corre,
Por do entra Guadalete
al mar de España, y por donde
Santa María del Puerto
recibe famoso nombre.
Desesperado camina,
que aunque es de linaje noble,
le deja su dama ingrata,
porque se suena que es pobre;
Y aquella noche se casa
con un moro, feo y torpe,
porque es alcaide en Sevilla
del Alcázar y la Torre.
Quejábase grandemente
de un agravio tan enorme,
y a sus palabras la Vega
con el eco le responde:
«Zaida, dice, más airada
que el mar que las nubes sorbe;
más dura e inexorable,
que las entrañas de un monte:
¿Cómo permites, cruel,
después de tantos favores,
que de prendas que son mías
ajena mano se adorne?
¿Es posible que te abrazas
a las cortezas de un roble,
y dejas el árbol tuyo
desnudo de fruto y flores?
¡Dejas a un pobre muy rico,
y un rico muy pobre escoges,
y las riquezas del cuerpo
a las del alma antepones!
¡Dejas al noble Gazul,
dejas seis años de amores,
das la mano a Alabenzaide,
que aun apenas le conoces!
Alá permita, enemiga,
que te aborrezca y le adores,
que por celos de él suspires,
y por ausencia le llores;
Y en la cama le fastidies,
y que en la mesa le enojes;
y que de noche no duermas,
y de día no reposes;
Ni en las zambras, ni en las fiestas
no se vista tus colores,
ni el almaizar que le labres,
ni la manga que le bordes;
Y se ponga el de su amiga
con la cifra de su nombre,
y para verle en las cañas
no consienta que te asomes
A la puerta, ni ventana,
para que más te alborotes;
y si le has de aborrecer,
que largos años le goces;
Y si mucho le quisieres
de verle muerto te asombres,
que es la mayor maldición,
que te pueden dar los hombres.
Y plegue Alá que te enfade
cuando la mano le tomes»:
con esto llegó a Jerez
a la mitad de la noche;
Halló el palacio cubierto
de luminarias y voces;
y los moros fronterizos
que por todas partes corren
Con mil hachas encendidas,
y sus libreas conformes:
delante del desposado
en los estribos se ponen;
Que también anda a caballo
por honra de aquella noche.
Arrojándole una lanza,
de parte a parte pasole;
Alborotose la plaza;
desnuda el moro su estoque,
y por enmedio de todos
para Medina volviose.
No hay cosa tan rabiosa como es el mal de celos; y así están las
escrituras llenas de casos acontecidos y desastrados por los celos;
y con verdad dicen los que de ellos tienen experiencia, que es cruel
mal de rabia: esto nace de los amantes que son mal considerados, sino
mírese por Zaida la de Jerez, que después de seis años de amores, y
de otros dares y tomares que tuvo con Gazul, inconsideradamente le
olvidó, y se casó con Zaide de Sevilla, por ser rico, y que Gazul no
lo era tanto, no mirando el valor de las personas que eran diversas;
porque Gazul, aunque no era rico, era noble de linaje, muy valiente y
gentil hombre, como ya se ha dicho; y no era tan pobre, que no tuviese
hacienda que valía más de treinta mil doblas; y muy emparentado en
Granada, y todos los de su linaje eran muy ricos y estimados; mas
porque el moro Zaide era de mayor riqueza, le escogió por su marido.
Mal haya la riqueza, pues que muchas veces por ella pierden muchas
personas nobles muy buenas ocasiones por no ser ricos, como ahora
tenemos ejemplo en Gazul que le desecharon, porque decían que no era
tan rico como Zaide, según parece por el romance; pero a mi parecer
no se puede creer que Zaida olvidase a Gazul por ser pobre, al cabo
de seis años de amores, en el cual tiempo no podría ignorar Zaida su
necesidad; y no podía ser perfecto amor, si fuera fundado en interés,
porque por eso pintan a Cupido desnudo, que se entiende que los amantes
han de estar desnudos de todo punto de materia de interés, porque si
allí, como entre verdaderos amantes, de dos voluntades y de dos almas
hacen una por la obediencia que el uno al otro se tienen, es fuerza que
en lo menos, que es la hacienda, haya de haber la misma conformidad; y
así digo, que no es posible sino que por causa de sus padres o deudos
dejó Zaida a Gazul; y así parece por aquel romance que trata del juego
de cañas de Gelves, donde ella confesó a su criada querer a Gazul; por
donde se colige que la casaron contra su voluntad.
Este romance dicho, y su principio va fuera del blanco de la historia,
y ahora, salvo paz de su autor, va enmendado, declarando fielmente la
historia; porque verdaderamente fueron los amores de Gazul en tiempo de
los reyes Católicos, y Sevilla y Jerez ya eran de cristianos; Sevilla
ganada por el rey D. Fernando el III, y Jerez por el rey D. Alonso XI;
y así no faltó otro poeta que compusiese otro romance por el mismo
tema, y no tan intrincado como el pasado, el cual dice así:
No de tal braveza lleno
Rodamonte el africano,
que llamaron rey de Argel,
y de Zarza intitulado,
Salió por su Doralice
contra el fuerte Mandricardo,
como salió el buen Gazul
de Sidonia aderezado
Para emprender un hecho,
tal, que nunca se ha intentado;
y para aquesto se adorna
de jacerina y de jaco,
Y al lado puesto un estoque
que de Fez le fue enviado,
muy fino y de duro temple,
que le forjara un cristiano
Que allá estaba en Fez cautivo,
porque del rey era esclavo:
más le estimaba Gazul
que a Granada y su reinado.
Sobre las armas se pone
un alquicel leonado:
lanza no quiere llevar
por ir más disimulado.
Pártese para Jerez,
do lleva puesto el cuidado;
toda la Vega atropella,
corriendo con su caballo.
Vadeando pasó el río,
que Guadalete es llamado,
el que da famoso nombre
al Puerto antiguo nombrado,
Que dicen Santa María
de este nuestro mar hispano.
Así como pasó el río,
más aprieta a su caballo
Para llegar a Jerez,
ni muy tarde ni temprano;
porque se casa su Zaida
con un moro sevillano,
Por ser rico y poderoso,
y en Sevilla emparentado;
y biznieto de un alcaide
que fue en Sevilla nombrado
Del Alcázar y la Torre;
moro valiente, esforzado.
Pues de casarla con este
a su Zaida habían tratado;
Mas aqueste casamiento
caro al moro le ha costado,
porque el valiente Gazul
a Jerez había llegado.
A dos horas de la noche,
que así lo tiene acordado,
junto a la casa de Zaida
se puso disimulado.
Pensando está qué haría
en un caso tan pesado;
determina entrar adentro
por matar al desposado.
Ya que a esto estaba resuelto,
vido salir muy despacio
mucha caterva de gente
con mil hachas alumbrando.
Su Zaida venía en medio
con su esposo de la mano,
que los llevan los padrinos
a desposar a otro cabo.
El buen Gazul que los vido,
con ánimo alborotado,
como si fuera un león
se había encolerizado.
Mas refrenando la ira
se acercó con su caballo,
por acertar en su intento,
y en nada salir errado;
Y aguarda llegue la gente
donde él estaba parado;
y como llegaron junto,
a su estoque puso mano,
Y en alta voz que le oyeran,
de esta manera ha hablado:
«No pienses gozar de Zaida,
moro bajo, vil, villano:
No me tengas por traidor,
pues que te aviso y te hablo;
pon mano a tu cimitarra,
si presumes de esforzado.»
Estas palabras diciendo,
un golpe le había tirado
de una estocada cruel,
que le pasó al otro lado.
Muerto cayó el triste moro
de aquel golpe desastrado:
todos dicen: _muera, muera_
_hombre que ha hecho tal daño._
El buen Gazul se defiende,
nadie se llega a enojarlo;
de esta manera Gazul
se escapa con su caballo.
Admirados quedaron todos los que iban acompañando a los desposados de
lo que Gazul hizo, y algunos heridos, porque pretendieron vengar la
muerte del desposado; y visto que no podían ofender a Gazul por ir a
caballo, y por ser valiente, alzaron el cuerpo del moro ya difunto, y
le volvieron a casa de Zaida haciendo grandes llantos sus parientes y
ella; la cual toda aquella noche no cesó de llorar a su amado esposo,
y no le quedó de sus llantos otro consuelo, sino que sería posible que
el enamorado Gazul tornaría a servirla como solía, y que se casaría con
ella; lo cual sucedió muy diferentemente.
La mañana venidera fue enterrado el difunto con mucha pompa, no sin
faltar llanto de una parte y de otra. Los parientes del muerto se
conjuraron de seguir a Gazul hasta la muerte por vía de justicia,
porque de otra suerte no tenían remedio.
Pues volviendo a Gazul, así como vio cumplido el fin de su deseo y
juramento, como desesperado se fue a Granada donde tenía su hacienda y
parientes; mas a pocos días llegado, le fue puesta acusación criminal
delante del rey sobre la muerte del sevillano moro, que también se
llamaba Zaide.
Mucho le pesó al rey de la acusación, porque amaba mucho a Gazul por su
valor; mas vista y entendida la causa, no pudo menos de dar contento
a los acusadores. Finalmente el mismo rey puso la mano en este caso,
y con él otros caballeros de los más principales de Granada; y tanto
hicieron en ello, que condenaron a Gazul en dos mil doblas para las
partes, y así fue libre de este negocio.
En este tiempo Gazul puso los ojos en Lindaraja, y se dio a servirla,
como ya hemos dicho, y ella le quiso bien; y acerca de ella Gazul y
Reduán tuvieron aquella batalla que se ha contado.
Finalmente, por respeto de Muza Reduán se apartó de sus amores con
Lindaraja, y quedó por Gazul, el cual la sirvió hasta que sucedió la
muerte de los Abencerrajes, donde fue muerto el padre de Lindaraja; y
por esto ella se salió de Granada como desterrada, y se fue a Sanlúcar,
y con ella Gazul y otros amigos suyos.
Estando en Sanlúcar estos dos amantes, se hablaban y visitaban con gran
contento.
Después como el rey D. Fernando cercó a Granada, fue Gazul llamado de
sus parientes para que se hallase con ellos en el trato que se había de
hacer con el rey de Granada para que al rey cristiano se le entregase
la ciudad.
Gazul se partió a Granada, y no faltó quien dijo a Lindaraja los amores
de Gazul y Zaida, y la muerte que le dio a su esposo; y aun la dijeron
que Gazul estaba en aquella sazón en Jerez, y no en Granada, de lo cual
Lindaraja recibió mucha pena y mortales celos en su ánima; y fue la
causa principal que Lindaraja se mostró cruel a Gazul cuando volvió de
Granada a Sanlúcar.
Pues como vio tanta mudanza en Lindaraja, estaba muy confuso, por
no saber la causa de aquellos desdenes, y pretendió hablarla para
satisfacerla; pero ella no quiso escucharle, mostrándose cruel.
A esta sazón se ordenaba en Gelves aquel juego de cañas: fue enviado a
él Gazul, para lo cual se puso tan galán, como habemos dicho. Antes de
ir a Gelves quiso verla y hablarla; hablándola pasó lo atrás referido,
y como dijimos fueron a Granada.
Zaida se halló burlada, porque siempre entendió que Gazul volvería a
pretenderla; y cuando supo que se había casado, le aborrecía; y dicen
que se casó Zaida con un primo hermano de Gazul, que era muy rico y
estimado, y vivía en Granada, y mediante esto cesó el rencor.
Pues dejándolo a un lado, y volviendo a nuestra historia, que todavía
hay que decir, a pocos días se rebelaron los lugares de la Alpujarra;
por lo cual convino que el rey D. Fernando mandase juntar a todos sus
capitanes, y estando juntos les dijo:
--Bien sabéis como Dios nuestro Señor ha sido servido de ponernos en
posesión de Granada y su reino, con tanta costa y trabajo nuestro.
Ahora parece que no temiendo nuestro castigo se han rebelado los
lugares de la Sierra, y es menester irlos a conquistar de nuevo. Por
tanto, ¿cuál se determina a ir a emprender esta hazaña, y poner mis
reales pendones encima de las Alpujarras, que yo lo tendré a gran
servicio, y aumentará la honra?
Con esto dio fin a sus razones el rey, aguardando respuesta de algunos
de los capitanes: todos los cuales se miraban unos a otros, sin aceptar
ninguno la oferta del rey, porque era una conquista muy dificultosa.
Y visto por el capitán D. Alonso de Aguilar que todos estaban suspensos
y nadie respondía, se levantó haciendo la reverencia debida, y dijo:
--Esa empresa, Católica majestad, confirmada está para mí, porque la
reina me la tiene prometida.
Admirados quedaron todos los demás caballeros de la aceptación de D.
Alonso, con la cual el rey también se holgó mucho.
Luego a otro día mandó que se le diesen a D. Alonso mil infantes, todos
escogidos, y quinientos hombres de a caballo. Entendió el rey y los de
su consejo, que con aquella gente habría harto para tornar a apaciguar
aquellos pueblos levantados y rebeldes.
D. Alonso de Aguilar acompañado de muchos caballeros, deudos y amigos
suyos que en aquella jornada le quisieron acompañar, se partió de
Granada y comenzó a subir la sierra.
Los moros así que supieron la venida de los cristianos, con presteza se
apercibieron para defenderse, y tomaron todos los pasos más estrechos y
angostos del camino, para impedir a los cristianos la subida: después
marchando D. Alonso con su escuadrón y metidos por los caminos más
estrechos, los moros con grandes alaridos acometieron a los cristianos,
arrojando gran muchedumbre de peñascos las cuestas abajo, con lo que
hacían muy notable daño en la cristiana gente, y tanto, que mataban a
muchos.
La gente de a caballo fue desbaratada de todo punto, y se hubo de
retirar atrás por no poder hacer ningún efecto; y allí murieron muchos
de ellos.
Visto por D. Alonso el poco provecho de sus caballos, y la destrucción
total de los infantes, a grandes voces animaba su gente subiendo
todavía; pero ningún provecho se les seguía de esto, porque sin pelear
los moros mataban muchos soldados con las peñas que arrojaban.
Fue tal la matanza, que cuando D. Alonso llegó a lo alto no tenía
quien le ayudase, porque los que subieron con él eran pocos y mal
heridos; y en la cumbre de la sierra, en un llano que había, determinó
de pelear con los moros, y cargaron tantos, que en breve tiempo mataron
a los cansados cristianos; y el último fue D. Alonso, habiendo mostrado
el valor de su animoso corazón, pues cuando él murió había muerto más
de treinta moros.
Algunos se escaparon y dieron la nueva al rey D. Fernando de la pérdida
de D. Alonso de Aguilar y su gente; lo cual fue muy sentido en toda la
corte, y por este suceso se hizo el siguiente