ROMANCE.

Por la plaza de Sanlúcar

galán paseando viene

el animoso Gazul

de blanco, morado y verde.

Quiérese partir el moro

a jugar cañas a Gelves,

que hace fiestas su alcaide

por las paces de los reyes.

Adora una Abencerraje,

reliquia de los valientes

que mataron en Granada

los Zegríes y Gomeles.

Por despedirse y hablarla,

vuelve y revuelve mil veces,

penetrando con los ojos

las venturosas paredes.

Al cabo una hora de noche,

de esperanzas impacientes,

viola venir al balcón,

haciendo los años breves.

Arremetió su caballo,

viendo aquel sol que amanece,

haciendo que se arrodille,

y el suelo en su nombre bese.

Con voz turbada la dice:

«No es posible sucederme

cosa triste en esta empresa,

habiéndote visto alegre.

Allá me llevan sin alma

obligación y parientes;

volverame mi cuidado,

por ver si de mí le tienes.

Dame una empresa o memoria,

y no para que me acuerde,

sino para que me adorne,

guarde, acompañe y esfuerce.»

Celosa está Lindaraja,

que de celos grandes muere

de Zaida, la de Jerez,

porque su Gazul la quiere;

Y de esto la han informado,

que por ella ardiendo muere;

y así a Gazul le responde:

«Si en la guerra te sucede,

Como mi alma desea,

y el tuyo falso merece,

no volverás a Sanlúcar,

tan ufano como sueles,

a los ojos que te adoran,

y a los que más te aborrecen.

Y plegue Alá que en las cañas

los enemigos que tienes,

te tiren secretas lanzas,

porque mueras como mientes.

Y que traigan fuertes jacos

debajo los alquiceles,

porque si quieres vengarte,

acabes, y no te vengues.

Tus amigos no te ayuden,

tus contrarios te atropellen,

y que en hombros de ellos salgas,

cuando a servir damas entres;

Y que en lugar de llorarte

las que engañas y entretienes,

con maldiciones te ayuden,

y de tu muerte se alegren.»

Piensa Gazul que se burla,

que es propio del inocente;

y alzándose en los estribos,

tomarla la mano quiere.

«Miente, la dice, señora,

el moro que me revuelve,

a quien estas maldiciones

le vengan, porque me vengue.

Mi alma aborrece a Zaida;

de que la amé se arrepiente:

malditos sean los años

que la serví por mi suerte.

Dejome a mí por un moro

más rico de pobres bienes.»

Esto que oye Lindaraja,

aquí la paciencia pierde.

A este tiempo pasó un paje

con sus caballos jinetes,

que los llevaba gallardos

de plumas y de jaeces.

La lanza con que ha de entrar

la tomó, y fuerte arremete,

haciéndola mil pedazos

contra las mismas paredes.

Y manda que sus caballos,

jaeces y plumas truequen,

los verdes en leonados,

para entrar leonado en Gelves.

Ya contamos como habiendo pasado aquestas palabras entre Lindaraja

y Gazul, ella se quitó del balcón muy enojada y confusa, y dio

con su mano a las puertas de la ventana, y con mucho furor la

cerró inconsideradamente: mas después siendo de ello arrepentida,

como aquella que amaba de todo corazón a Gazul, y sabiendo como

desesperadamente había trocado sus aderezos verdes, azules y blancos,

en leonados, y roto la lanza con enojo en la pared, como atrás se dijo;

enviándole a llamar, que le esperaba en su jardín, trató con él muy

largas cosas, y entre los dos se casaron, y ella le dio para irse al

dicho juego de cañas a Gelves ricas preseas por su memoria.

Y de esto se hizo este romance, que dice así:

Adornado de preseas

de la bella Lindaraja,

se parte el fuerte Gazul

a Gelves a jugar cañas.

Cuatro caballos jinetes

lleva cubiertos de galas,

con mil cifras de oro fino,

que dicen: _Abencerraja_.

Cada librea de Gazul

era azul, blanca y morada,

los penachos de lo mismo

con una pluma encarnada.

De costosa argentería,

de fino oro, y fina plata,

pone el oro en lo morado,

la plata en lo rojo esmalta.

Un salvaje por divisa

lleva enmedio de la adarga,

que desquijara un león,

divisa hermosa y usada

De nobles Abencerrajes,

que fueron flor de Granada;

de todos bien conocida,

y de muchos estimada.

Llevaba el fuerte Gazul,

por respeto de su dama,

que era de Abencerrajes,

a quien por extremo amaba,

Una letra en lengua mora

que dice: _Nadie la iguala._

De aquesta suerte Gazul

de Gelves entró en la plaza

Con treinta de su cuadrilla,

que así concertado estaba,

de una librea vestidos,

que admira a quien los miraba;

Y una divisa sacaron

que ninguno discrepaba,

si no fue solo Gazul

en las cifras que llevaba.

Al son de los añafiles

el juego se comenzaba,

tan trabado y tan revuelto,

que parece una batalla.

Mas el bando de Gazul

en todo lleva ventaja:

el moro caña no tira

que no aportille una adarga.

Míranlo mil damas moras

de balcones y ventanas,

también lo estaba mirando

la hermosa mora Zaida;

La cual dicen de Jerez

que en las fiestas se hallara:

vestida va de leonado

por el luto que llevaba

Por su esposo tan querido,

que el bravo Gazul matara.

Zaida bien le reconoce

en el tirar de la caña:

Acuérdase en su memoria

de aquellas cosas pasadas,

cuando Gazul la servía

y ella le fue tan ingrata.

Muy mal pagó sus servicios,

y lo mucho que él la amaba:

siente tanto dolor de esto,

que allí cayó desmayada;

Y al cabo que volvió en sí,

su criada la hablara:

«¿Qué es esto, señora mía?

¿Por qué causa te desmayas?»

Zaida respondiera así,

con voz muy baja y turbada:

«Advierte bien aquel moro

que arrojó ahora la caña:

Aquel se llama Gazul,

cuya fama es bien nombrada;

seis años fui de él servida,

sin de mí alcanzar nada.

Aquel mató a mi marido,

y de ello yo fui la causa;

y con todo esto le quiero,

y le tengo acá en el alma.

Holgara que me quisiera,

pero no me estima en nada;

adora una Abencerraje,

por quien vivo desmayada.»

En esto se acabó el juego,

y la fiesta aquí se acaba:

Gazul se parte a Sanlúcar

con mucha honra ganada.

Muy maravillados quedaron en Gelves de la bondad y fortaleza de Gazul,

y cuán bien lo había hecho en el juego de cañas; y de su valor quedaron

muchas damas amarteladas, y se holgaron de ser amadas de tan buen

caballero.

Llegado Gazul a Sanlúcar, luego fue a ver a su dama Lindaraja, la cual

no se holgó poco de su venida, y preguntándole muy por extenso todo lo

que en Gelves había pasado, el enamorado Gazul la satisfizo de todo con

mucha alegría, contándola cuán bien le había ido en aquel viaje; y por

esto se hizo el siguiente

Guerras civiles de Granada: Tomo I · 第 38 / 43 题