CAPÍTULO XIII.

_En que se da cuenta de lo que sucedió al rey Chico y a su gente

yendo a entrar en Jaén, y la gran traición que los Zegríes y Gomeles

levantaron a la reina mora y a los caballeros Abencerrajes, y muerte de

ellos._

El último y postrero día de las fiestas el rey comió con todos los

principales caballeros de su corte, y alzando las mesas habló a todos

de aquesta manera:

--Bien sé, leales vasallos y amigos míos, que ya os será odiosa la

vida pasada en tantas fiestas como habemos tenido, y que a voces os

llama el fiero Marte, en lo que os habéis ocupado siempre. Ahora, pues,

que Mahoma nos ha dejado ver las fiestas que le han hecho en nuestra

insigne ciudad, y los casamientos que se han efectuado en ella, será

justo que volvamos a la milicia contra los cristianos, pues que ellos

nos vienen a buscar hasta nuestros muros; y para esto ya sabéis, mis

buenos amigos, que los días pasados traje a la memoria a Reduán una

palabra que me dio de ganarme a Jaén en una noche, y ahora lo confirmó

de nuevo. Pidiome mil soldados, pero yo quiero que sean cinco mil, y

que me la cumpla; y para esto doy a mi hermano Muza cargo de juntar la

gente del número que he dicho, que son dos mil hombres de a caballo y

tres mil peones, y que sean todos expertos en armas, y que Reduán vaya

por general, y demos vista a Jaén, de quien tan grandes daños hemos

recibido y cada día recibimos; y si ganásemos la ciudad de Jaén, no

están seguras Úbeda, Baeza ni su redondez; y para esto quiero que me

digáis vuestro parecer.

Con esto cesó el rey, aguardando respuesta de sus varones.

Reduán se levantó y dijo, que él cumpliría su palabra. Muza dijo que

él daría en tres días puesta su gente en la Vega. Todos los demás

caballeros que allí estaban dijeron que hasta la muerte le servirían

con sus personas y hacienda. El rey agradeció mucho a todos su

ofrecimiento.

Los hermanos de Haja, con licencia de su rey, se fueron a Ronda, donde

fueron muy bien recibidos de sus padres, contentos con el casamiento de

su hija con Reduán, y por otra parte con mucho pesar y tristeza por la

muerte de sus dos hijos.

En este tiempo mandó el rey a Zulema Abencerraje que fuese a ser

alcaide de la fuerza de Moclín, el cual se fue luego con su esposa y

querida Daraja. El padre de Galiana se volvió a la ciudad de Almería,

dejando a la hermosa Celima en compañía de su hermana Galiana. Otros

muchos caballeros se fueron a sus alcaidías por mandado del rey,

encargándoseles la guarda y custodia de ellas.

Muza levantó cinco mil hombres de a pie y de a caballo, toda gente muy

belicosa, y en cuatro días los puso en la Vega; el rey mandó a Muza que

se hiciese reseña de la gente dentro de la ciudad, y así se hizo.

Y visto por el rey la braveza y bizarría de la gente que había

levantado Muza en tan breve tiempo, sin aguardar más quiso luego

partirse, dando a Reduán el cargo de capitán general de su ejército; de

lo cual se alegró Muza por la satisfacción que de Reduán tenía, e hizo

cuenta que él iba por capitán en el ejército; y así salieron por la

puerta Elvira con mucho concierto.

La gente de a caballo iba partida en cuatro partes con mucho orden, y

cada una tenía su estandarte diferente.

La una parte tenía Muza, y en su compañía iban ciento y cincuenta

caballeros Abencerrajes, y otros tantos Alabeces y Venegas; todos

caballeros de mucho esfuerzo. Su estandarte era de damasco rojo y

blanco, por divisa un salvaje en campo rojo, que desquijaraba un león,

y en el campo blanco otro salvaje que con un bastón deshacía un mundo,

y por letra: _Todo es poco_. Este bando de caballeros iba bien alistado

de armas y caballos, y todos vestían marlotas de escarlata y grana.

La segunda cuadrilla era de Zegríes, Gomeles y Mazas: esta iba de

batalla, no menos rica y pujante que la de Muza, la cual llevaba

vanguardia. El estandarte de los Zegríes era de damasco verde y morado,

y tenía por divisa una media luna de plata con esta letra: _Muy presto

se verá llena, sin que el sol pueda eclipsarla_. Era esta cuadrilla

de doscientos y ochenta caballeros, todos gallardos y bizarros, con

aljubas y marlotas de paño tunecí, la mitad verde, y la otra mitad de

grana.

La tercera cuadrilla llevaban los Aldoradines, caballeros muy

principales; con estos iban Gazules y Azarques; su estandarte leonado

y amarillo. Llevaban por divisa un dragón en campo verde, que con las

uñas despedazaba una corona de oro, con una letra que decía: _Jamás

hubo resistencia_. Esta cuadrilla iba muy gallarda, y aprestada de

armas y caballos; serían todos ciento y cuarenta.

La cuarta cuadrilla era de Almoradís, Marines y Almohades, caballeros

estimados: estos llevaban el real pendón de Granada, que era de

damasco pajizo y encarnado, con muchas bordaduras de oro por un lado

abiertas, y por la abertura parecían los granos rojos, que eran hechos

de finos rubíes; del pezón de la granada salían dos ramos bordados

de seda verde, con sus hojas, y una letra al pie que decía: _Con la

corona nací_. En esta cuadrilla iba el rey Chico con mucha compañía de

caballeros.

Eran muy de ver las galas, riquezas, penachos, adargas, lanzas,

caballos, yeguas y pendoncillos de colores en las lanzas.

Pues si la caballería salió tan bizarra y vistosa, no menos gallarda

y briosa salió la infantería, y muy bien armada, todos con arcos y

ballestas.

Con esta pujanza salió el rey Chico de Granada, y tomó la vía de Jaén,

mirándole todas las damas de Granada, y más la reina su madre, y su

mujer la reina con todas las damas que estaban en su compañía, desde

las torres de Alhambra.

Por esta jornada que hizo el rey Chico a Jaén se compuso aquel antiguo

romance, que dice como se sigue:

«Reduán, bien te acuerdas,

que me diste la palabra,

que me darías a Jaén

en una noche ganada.

Reduán, si tú lo cumples,

darete paga doblada,

y si tú no lo cumplieres,

desterrarte he de Granada:

Echarte he en una frontera,

donde no goces tu dama.»

Reduán le respondiera

sin demudarse la cara:

«Si lo dije, no me acuerdo,

mas cumpliré mi palabra.»

Reduán pide mil hombres,

el rey cinco mil le daba.

Por esa puerta de Elvira

sale muy gran cabalgada:

¡cuánto del hidalgo moro,

cuánto de la yegua baya.

Cuánta de la lanza en puño,

cuánta de la adarga blanca,

cuánta de marlota verde,

cuánta aljuba de escarlata,

Cuánta pluma y gentileza,

cuánto capellar de grana,

cuánto bayo borceguí,

cuánto raso que se esmalta,

Cuánto de espuela de oro,

cuánta estribera de plata!

Toda es gente valerosa,

y experta para batalla.

En medio de todos ellos

va el rey Chico de Granada,

mirando las damas moras

de las torres del Alhambra.

La reina mora su madre

de esta manera le habla:

«Alá te guarde, mi hijo,

Mahoma vaya en tu guarda,

Y te vuelva de Jaén

libre, sano y con ventaja,

y te dé paz con tu tío,

señor de Guadix y Baza.»

No fue tan secreta esta salida de Granada, que en Jaén no tuviesen

aviso de ella por las espías que tenía en aquella ciudad. Otros decían,

que fueron avisados por unos cautivos cristianos que se huyeron de

Granada. Otros dicen, que la dieron los Abencerrajes o Alabeces, y esto

entiendo que es lo más cierto, porque estos caballeros eran muy amigos

de los cristianos.

Sea como fuere, los de Jaén fueron avisados de la entrada de los

moros en su tierra, y así ellos dieron aviso a Baeza, Úbeda, Cazorla

y Quesada, y a los pueblos circunvecinos, los cuales se alistaron y

apercibieron para resistir a los enemigos de Granada.

Estos llegaron a la puerta de Arenas, donde hallaron gran número de

gente que defendía la entrada al enemigo; pero poco aprovechó la

defensa, porque habiendo corrido los moros todo el campo de Arenas,

entraron por su puerta a pesar de los que la guardaban, y corrieron

todo el campo de la Guardia y Pegalajara, hasta Jordán y Belmar.

Los caballeros de Jaén salieron a los enemigos, porque fueron avisados

que en la Puerta andaba el rebato. Salieron de Jaén cuatrocientos

hijosdalgo bien armados; de Úbeda y Baeza otros tantos, y hechos todos

un cuerpo de batalla, fueron en busca del enemigo que les corría la

tierra, llevando por caudillo y capitán al obispo D. Gonzalo, varón de

gran valor.

Juntáronse los dos campos de la otra parte del Riofrío, y aquí se

acometieron, haciendo una brava escaramuza: mas era el valor de los

cristianos tal y tan bueno, que les convino a los moros retirarse

hasta la puerta de Arenas, de la cual habían roto una cadena que la

atravesaba; y aquí fueran los moros vencidos, si no fuera por el valor

de los caballeros Abencerrajes y Alabeces, que pelearon valerosamente;

mas al fin hubo de quedar por los cristianos el campo.

Con todo eso los moros llevaron gran presa de ganados, así vacunos,

como cabríos, de modo que no se señaló de ninguna parte haber demasiada

ventaja.

El rey quedó admirado de ver la repentina prevención de los cristianos;

y preguntando a unos cautivos que allí traían, cuál había sido la causa

de haber juntado tanta gente en Jaén, le respondieron que habían sido

avisados días había, y así estaba toda la tierra en arma; lo que fue

bastante disculpa para Reduán sobre no cumplir la palabra dada al rey,

que procuró inquirir y saber quién había dado el aviso.

Reduán muy bien sabía que Jaén no se podía ganar tan fácilmente;

mas como era belicoso, tenía determinado de llegar a la ciudad y

embestirla; y si no hubiera la poderosa resistencia que les hicieron,

sin duda que la acometieran.

El rey y su ejército se volvieron a Granada, donde fueron recibidos con

grande alegría y gozo, y se hizo en toda la ciudad mucha fiesta por el

buen suceso.

Los de Jaén quedaron con grande triunfo por haber resistido a tanta

morisma, y muerto a muchos de ellos.

El rey Chico venía fatigado del camino, y para aliviarse, ordenó de

irse a una casa de placer, llamada los Alijares, y con él fueron los

Zegríes y Gomeles: ningún caballero Abencerraje ni Gazul fueron con él,

porque Muza los había llevado a un rebato causado de los cristianos que

habían entrado en la Vega.

Estando un día el rey en los Alijares holgándose, y habiendo acabado de

comer, comenzó a hablar de la jornada de Jaén y de los Abencerrajes; y

cómo por ellos y por los Alabeces habían ganado grandes despojos.

Un caballero Zegrí, que era el que tenía el cargo de armar traición a

la reina y a los Abencerrajes, dijo al rey:

--Si buenos son, señor, los caballeros Abencerrajes, mejores son los

caballeros de Jaén, pues nos quitaron gran parte de la presa, y nos

hicieron retirar por fuerza de armas.

Y era mucha verdad, que el esfuerzo y valor de la gente de Jaén fue muy

grande, y aquel día quedó con nombre perpetuo, y fama para siempre; y

en memoria de esta escaramuza se hizo el siguiente

Guerras civiles de Granada: Tomo I · 第 25 / 43 题