XV

Escribo estas Memorias en Europa, lo que quiere decir que obtuve

la plenipotencia malamente ambicionada por Vázquez. Pero no fué

sin sufrimientos. Apenas se comenzó á hablar de mi candidatura, un

periodicucho efímero, de ésos que suelen publicar los muchachos

en los momentos de agitación, _El Chispero_, emprendió una feroz

campaña contra mí, como si yo fuese el representante de toda una

época de corrupción. No le hice caso. No le hice caso hasta que

habló malévolamente de la muerte de Camino, insinuando las peores

suposiciones. Y aun así, no di importancia á aquellos dicterios,

teniendo como tenía mi nombramiento en el bolsillo y mi paz perpetua

asegurada, hasta el instante en que, al pie de uno de esos artículos vi

esta firma desconcertante: «Mauricio Rivas».

«Mauricio Rivas».

--¡Mauricio Rivas! ¿Qué quiere decir esto?

Llamé á de la Espada.

--¿Quién es este Rivas, este Mauricio Rivas que escribe en _El

Chispero_?--pregunté.

--Debe ser un jovencito que empieza. Yo nunca he oído hablar de él.

--Hay que averiguar--dije aparentando indiferencia.

Y luego:

--Hay que averiguar hoy mismo. Me interesa.

--Lo haré.

Me interesaba el artículo por dos razones: porque era una violenta

diatriba contra mí, para denigrarme como ministro diplomático ante una

corte europea, y porque estaba firmado con un nombre... con el nombre

del hijo de Teresa.

El farsante ése que, conociendo mi vida juvenil, me jugaba aquella

pesada broma, iba á pasarlo mal. No es Mauricio Gómez Herrera de los

que se dejan tocar impunemente las narices. Y, sobre todo, no me

gustaba ese símbolo, traído de los cabellos, de la juventud consciente

y sabia que pasa por encima de las ideas de los padres, para ir á la

conquista de un porvenir románticamente soñado.

Busqué entre mis amigos y mis enemigos quién podía ser el autor de

aquel artículo garboso, y se lo atribuí á Vázquez. Pero Vázquez estaba

en Los Sunchos, con su María, como arrendatario de una estanzuela que

había ido convirtiendo en granja, ó si se quiere chacra, y me escribía

de vez en cuando cartas llenas de amistad, seguramente á escondidas de

su mujer.

--No es Vázquez. ¡Pero qué canalla!--exclamé, volviendo á empezar el

artículo para darme cuenta exacta de sus detalles.

No. No podía ser un contemporáneo, porque sintetizaba demasiado. Uno

de mis camaradas hubiera entrado en mayores detalles, no hubiera visto

las cosas á bulto, hubiera cometido menos errores. Vean ustedes: aquí

tengo el recorte, con su título y todo:

Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira · 第 51 / 53 题