La de D. Juan 1.º se hizo sin aparato y sin pompa en 1388: pero en

cambio su hermano D. Martin en 1399 quiso celebrar la suya con

esplendor, siendo tal su empeño, que envió por la espada de Constantino

que suponia estar en Palermo, reuniendo además grandes joyas y preséas.

En el capítulo 5.º ya hemos referido el adorno de los patios de la

ALJAFERIA. De ésta, salió con direccion á la Seo con el acompañamiento

acostumbrado precedido del estandarte real y del de S. Jorge; se

computan en 10,000 solo las hachas que ardieron en aquel viage, que duró

hasta las dos de la noche, á cuya hora entró en la iglesia. La ceremonia

no ofrece nada de particular, para que repitamos una relacion semejante

á la que se ha hecho, y solo además de haberse armado muchos caballeros

como en todas, recibió la investidura de Duque de Gandia D. Alonso de

Aragon, marqués de Villena, poniéndole el rey en las manos la bandera,

en la cabeza el birretillo con el chapeo, dándole el beso de paz. Entre

las cosas particulares de esta fiesta se refiere, que á su regreso en la

calle de Predicadores, la Aljama de los judíos le aguardaba con un

riquísimo tabernáculo, en el cual habia tres graciosas torres, diversos

sacerdotes y músicas, y que por hacerles merced el Rey, se detuvo un

rato. Despues de haber descansado en su aposento en la ALJAFERIA, salió

vestido de brocado verde, con ropa rozagante, forrada de armiños. Las

mesas, como se ha dicho en el capítulo 5.º, se pusieron en el patio, y

en su servicio se emplearon invenciones que no deben pasarse en olvido.

Hácia la parte de la sala de los mármoles,[91] en la techumbre se habia

hecho una invencion de grande espectáculo á manera de cielo estrellado,

que tenia diversas gradas, y en ellas habia diversos bultos de Santos

con palmas en las manos, y en lo alto estaba pintado Dios Padre en medio

de gran muchedumbre de serafines, y oíanse voces muy buenas, que con

diversos instrumentos de música, entonaban muchos villancicos y

canciones en honra y alabanza de aquella fiesta. De este cielo bajaba un

bulto grande á manera de nube, que venia á caer encima del aparador del

Rey. Dentro de esta nube bajó uno vestido de ángel cantando

maravillosamente, y subiendo y bajando diversas veces, dejábase caer por

todas partes muchas letrillas y coplas escritas, unas en papel colorado,

otras en amarillo, y otras en papel azul, con tintas diferentes, todas

al propósito de la solemnidad y fiesta que allí se hacía. Hecho esto,

vuelto á subir el ángel á la nube, de allí á poco bajó otra vez con unas

fuentes doradas, muy lindas, para dar agua manos al rey, entregándolas á

otros dos que estaban vestidos tambien de ángeles á los lados del

aparador, los cuales las tomaron, y luego las dieron á los caballeros

que habian de servir el aguamanos al Rey. Servida la tohalla, que así

llamaban, al servir estas fuentes, y ascendiendo este ángel á su nube,

de allí á poco volvió á bajar un plato de la fruta que habia de comer

el Rey, y sirvióse de la misma manera. Últimamente bajó el mismo ángel

la copa en que habia de beber el Rey.

El duque de Gandia desempeñó el oficio de mayordomo en el convite, y

guiaba los servicios. A uno de ellos precedió gran número de trompetas,

y detras venia una águila artificial grandísima, toda dorada, con igual

acompañamiento de trompetas y atabales, y una culebra extraordinaria

arrojando llamas por la boca, y á su derredor multitud de hombres

armados que aparentaban quererla matar: al otro servicio precedió una

roca de la que salieron liebres, perdices y conejos, y como en la

cúspide habia una figura de leona parda, que tenia una grande abertura

como de herida en la espalda, se aproximaron los que habian remedado dar

muerte á la culebra, y se disponian á subir á la roca, cuando salieron

una porcion de salvages que les impidieron la subida, y combatieron

todos quedando vencidos los hombres de armas, y victoriosos los

salvages. Por la herida de la leona salió un niño muy hermoso vestido de

armas reales, con una corona en la cabeza, y una espada desnuda en la

mano derecha en señal de victoria. Aquella noche, y el dia y noche

siguiente del lunes hubo sarao y baile, siendo de notar que la tarde de

este dia subió el rey á su aposento, para ver una justa muy solemne que

se hizo en la plaza de la ALJAFERIA.

CORONACION DE D. FERNANDO 1.º

La de D. Fernando 1.º conocido en Aragon con el sobrenombre de Honesto,

y en Castilla con el de infante de Antequera, y que fué elegido por S.

Vicente Ferrer, su hermano, y otros compromisarios de los Reinos en

Caspe, se hizo si cabe con mayor solemnidad, y la ALJAFERIA no brilló

menos que en las anteriores. El Rey vino á Zaragoza en 15 de Enero de

1414. Alvar García de Santamaria nos hizo una descripcion minuciosa, de

la que solo tomarémos lo mas importante. En el capitulo 5.º ya hemos

referido cómo estaba adornado el patio formando una sala, de cuyo cielo

colgaban 16 candeleros con cuatro hachas cada uno. Nueve dias antes de

la coronacion principiaron las fiestas, que realzó la concurrencia de

muchos personages de Castilla y de Navarra. «La ciudad de Zaragoza, dice

este escritor, fizo poner dos tablas para justar, una en la plaza, á la

puerta que dicen de Toledo, é otra á la ALJAFERIA, é el rey fizo poner

otra de paño vermejo é amarillo, é há de costumbre en tales coronaciones

la ciudad de Zaragoza de poner sus mantenedores, é pusieron por tal á D.

Juan de Luna, é él se fué á la tabla de la ALJAFERIA, é con él otros

tres que eran cuatro justadores, é aí justaron estos con otros

caballeros de los que habian venido á fiesta, é otros con otros, en

manera que todos los dias que fueron de fiestas, los mas dellos justaron

muy bien á maravilla, é allí viérades quebrar varas en muchas piezas é

caballeros ser descompuestos de la misma silla, é otros caer de los

caballos, que era gran solaz á los que miraban de lo ver.»

«Los oficiales de la ciudad cada uno con su oficio apartado venian con

muchos juglares de cuerda, é trompetas, é órganos de manos danzando, é

bailando, y otros tañendo, mostrando cada uno las mayores alegrias que

podian, y ansí entraron en los palacios del dicho Sr. Rey é facían su

solaz; é despues volvieron á la ciudad é ansí volvian á facer reverencia

al Rey todos los dias que duró la dicha coronacion. E otrosí los judios

vestidos como cristianos danzando, é bailando con cintas de plata

ceñidos, é sus juglares delante dellos, é ansí todos los dias de la

dicha fiesta venian a por las calles faciendo sus alegrias, fasta entrar

en los palacios del dicho Señor Rey.»

«E el jueves que se contaron ocho dias de febrero, estando justando

delante de la ALJAFERIA los señores Infantes, todos cinco fijos

legítimos del dicho Señor Rey, é con ellos muchos caballeros, é

escuderos castellanos, é catalanes, é aragoneses, é moros, que habian

venido al dicho Señor Rey por embajadores de su rey moro de Granada,

todos vestidos con alborzones, é capuces, é ajuvas moriscas, é espadas

ginetas de plata, é sus adargas en las manos, é cañas en las otras, é

muchas trompetas delante de ellos faciendo muy grande alborozo ante las

puertas de la dicha ALJAFERIA jugando unos con otros á las cañas, é tan

grande fué el juego que ende ficieron, que pareciera pelea, é las gentes

de Aragon como lo tenian por estraño, como estaban mirando la justa, que

por esto no cesaba, no sabian á que parte mirar: en manera que muchos

dejaban la justa por mirar el juego, é aí viérardes ir ginetes nuevos

descalabrados, é otros cayendo de los justadores, é asi ficieron su

solaz aquel dia, fasta que la escuridad de la noche los partió unos de

otros, é los fijos del Rey vinieron al Rey con grande alegria.»[92]

Despues el Rey deseando dar muestras de su largueza, abrió las arcas de

su cámara y regaló a los que concurrieron á su fiesta, y hasta á los

criados de la Reina; alhajas, ropas ó dinero.

El jueves, viernes y sábado anteriores á su coronacion se encerró en su

cámara D. Fernando, y no se dejó ver sino de sus donceles ayunando el

viernes; y el sábado despues de mediodia se reunieron todos los

personages que vinieron á la festividad. El Rey entonces para emprender

su expedicion se desnudó de las ropas que llevaba, y se puso entre otros

adornos una capa cumplida de color de carmesí forrada en armiños, salió

á la sala de los mármoles donde le aguardaban los concurrentes, se sentó

en su silla en el palacio de las Jarras, y en medio del sonido de los

instrumentos armó á varios caballeros, y cerca de las cuatro montó sobre

un caballo blanco, y sus hijos D. Alonso y D. Juan iban vestidos tambien

de damasco blanco. Al salir de la ALJAFERÍA algunos que estaban armados

para el torneo en un barbecho, principiaron á luchar quebrándose las

lanzas y dándose tales golpes, que el Rey les mandó despartir. La

comitiva iba por el órden que en las anteriores coronaciones, llevando

desplegadas las banderas de Aragon y de Sicilia. A la entrada de la

ciudad habia un castillo en el que se veian cinco torres, y en cada una

de ellas un cirio: juntos pesaban 120 arrobas, y ardieron toda la noche

en la iglesia y hasta la misa de su coronacion. Desde la puerta del

Portillo hasta la iglesia, la ciudad hizo poner 4000 cirios en dos

hileras, y delante del Rey iban cien hachas encendidas. En el tablado

que se levantó en la iglesia de la Seo había mas lujo que en las

anteriores coronaciones: la imágen del rey de oro aumentaba el aparato.

Apenas llegó el rey hizo colacion de confites y vino con los infantes,

prelados y grandes señores. Pasma la riqueza de las vestiduras con que

se adornó: la corona elaborada en Barcelona pesaba 16 marcos 3 onzas de

oro, y en ella habia un rubí, 110 balajes de todos tamaños, sesenta y

seis zafies, y 499 granos de aljófar claros, blancos y gruesos como

avellanas. Durante el canto del Te Deum adornó con las insignias de

príncipe de Gerona á su primogénito, y armó caballeros á varios

personages. Concluida la festividad, esperó en la capilla del arzobispo

D. Lope de Luna,[93] que se desnudasen los prelados que le fueron á

buscar, y montando todos sobre sus caballos, se dirigió el Rey con su

acompañamiento á la ALJAFERIA, encontrando en el camino invenciones

graciosas, entre ellas un remedo muy á lo vivo de una ciudad sitiada y

combatida por la artillería, que representaba la toma de Balangner por

el mismo D. Fernando. En esta coronacion advertimos ya, que doce

ciudadanos llevaban un palio sobre el Rey, el cual llegó á las cuatro á

la ALJAFERÍA. La comida fué suntuosa, y delante de cada servicio venia

un juego ingenioso, refiriéndonos Alvar Garcia tan solo el 1.º que

consistia en un grifo dorado tan grande, segun dice, como un rocin que

traia una corona de oro al pescuezo, é iba todavia echando fuego y

haciendo lugar entre las gentes. El lunes y martes continuaron las

fiestas, siendo memorable la justa á que concurrió el 1.º de estos dias

el Conde de Cortés hijo del Rey de Navarra, con nueve caballeros

armados; con sobrevistas y cimeras azules, y soles muy ricamente

dorados, llevando todos una misma librea, y haciéndose admirar por su

destreza.

La grandeza á que se habia elevado la monarquía aragonesa con las

gloriosas conquistas de Sicilia y Cerdeña, contribuyó á que esta

coronacion fuese mas lucida que las que precedieron, y no influyó poco

así mismo el haber reglamentado estas ceremonias el Sr. D. Pedro 4.º[94]

que por esto se llamó el Ceremonioso, el cual escribió puntualísimamente

todo cuanto debia egecutarse en las coronaciones de los reyes y de las

reinas, descendiendo hasta los pormenores mas insignificantes[95], como

que llega á marcar los adornos de cada sala, y como se había de servir

la colacion de vino y confites segun puede verse en estas ordinaciones

que traen el P. Murillo y Blancas.

En todas las ceremonias de la coronacion se vé el entusiasmo por la

caballería, por que habia cundido como un axioma el principio que ya

sentó el Rey D. Alonso el Sabio en una de sus leyes[96] en la que dice:

_é tanto encarecieron los antiguos la órden de caballería, que tuvieron

que los emperadores e los reyes non deben ser consagrados ni coronados

fasta que caballeros fuesen_. Por eso D. Fernando 1.º el dia de su

coronacion se dió un golpe en la mejilla, y todos nuestros monarcas en

esta ceremonia blandían la espada. Podrán ridiculizarse estas prácticas,

pero van acompañadas de heroismo y de virtud,[97] y no hemos querido

dejar de recordar estos rasgos de antigüedad gloriosa, que pueden servir

para esplicar las costumbres de aquellos tiempos, y el respeto de que se

rodeaba á la magestad, poniéndola bajo el amparo de la religion.

Aun en épocas posteriores el Alcázar de la ALJAFERIA se consideraba como

Palacio Real, pues en el acuerdo ó instruccion para la coronacion del

Sr. D. Carlos 2.º en 1667, que se encuentra en las ceremonias políticas

de esta ciudad, recopiladas por D. Lamberto Vidal secretario de la

misma[98], se nota, que cuando llegaba S. M. á Muel, salian los síndicos

de Zaragoza y besaban su mano: que S. M. se apeaba en el palacio de la

ALJAFERIA, y recibia los puestos segun su precedencia, y hecho esto S.

M. entraba á caballo y andaba en medio del jurado en cap y el Gobernador

que iban cubiertos; el jurado en cap iba deteniendo el caballo para que

el de S. M. llevase de distancia la cabeza. Luego que llegaba S. M. á la

puerta del Portillo, entraba bajo el palio á caballo, y se apeaban los

jurados, Gobernador y Zalmedina. Todos iban con ropas de damasco

carmesí, aforradas las mangas de las de los jurados y Zalmedina de tela

de plata, y las de los ciudadanos, que llevaban las 12 varas del palio,

de raso blanco. Los jurados segundo y restates echaban unos cordones por

encima del cuello del caballo de S. M. y los asian, excepto el jurado en

cap que iba al estrivo derecho del Rey, y el Gobernador al izquierdo. En

esta forma caminaba la comitiva á la Seo, y concluida la ceremonia

volvia S. M. bajo el palio á palacio.

Cuando habia jura de Gobernador, se señalaba por este dia para hacer su

entrada y juramento, y el jurado que lo habia visitado con este objeto

lo comunicaba á la ciudad. Sabido el dia de la jura del nuevo Virrey,

iba S. E. al castillo de la ALJAFERIA, y saliendo los jurados primero,

segundo y Zalmedina de las casas de la ciudad marchaban á dicho

castillo.

CAPÍTULO TRECE.

De las fiestas que se celebraron en la ALJAFERÍA con motivo de las

coronaciones de las Reinas.

Tambien las Reinas podian aspirar en nuestro reino al honor de la

coronacion, pero segun advirtió D. Pedro 4.º en sus ordinaciones, debian

recibir la corona de mano de sus maridos, y no de ninguna otra, y no

podian tomarla tampoco del altar. La 1.ª reina que se coronó en Aragon

fué Doña Constanza hija de Manfredo Rey de Sicilia y muger del Rey D.

Pedro 3.º el de los franceses, el mismo dia que este, esto es, el 16 de

Noviembre de 1276.

Doña Sibila muger de D. Pedro 4.º el Ceremonioso se coronó en 1380. Nada

sabemos de los festejos que se hicieron en su coronacion, pero no es de

presumir que su esposo tan exacto en la etiqueta, omitiese ninguna de

las formalidades que prescribió. Estas las refieren practicadas nuestros

cronistas en la coronación de Doña Maria de Luna, hija del Conde de

Luna, esposa de D. Martin, el cual se coronó el 13 de Abril de 1399, y

el martes de la semana siguiente principiaron las fiestas de la

coronacion de la Reina, concurriendo á la ALJAFERIA los mismos que

habian asistido á la coronacion de su marido, é iguálmente varias nobles

dueñas y doncellas de la ciudad en gran número, como dice Carbonel. Al

toque de vísperas salió la Reina á la sala de los mármoles ricamente

vestida; se sentó en una silla, y se pusieron á danzar la reina de

Nápoles, la infanta Doña Isabel, y algunas otras damas. Cuando fué sazon

salió á la puerta de la ALJAFERIA, y subió sobre un hermoso caballo

blanco. Rompían la marcha los oficios de la ciudad; seguiam 24

bordonadores; luego los prelados mas principales y algunos personages y

ricoshombres: venia á continuacion la música de menestriles y trompetas:

un castillo con 4 cirios de cera blanca; despues doce caballeros con

hachas que acompañaban á pie á la Reina, y detrás de esta la de Nápoles,

la infanta Doña Isabel y otras damas de palacio y de la ciudad en muy

gentiles palafrenes. La Reina fué recibida por el arzobispo en la puerta

de la Seo, y habiendo descansado por la noche en un retrete que se le

preparó, fué coronada al dia siguiente con casi las mismas ceremonias

que su esposo, de quien recibió la diadema puesta de rodillas ante él,

notándose á la vuelta la diferencia, de que nadie sino la Reina fué á

caballo, pues hasta la de Nápoles volvió á pie. Hubo banquete y bayle en

la ALJAFERIA, y al dia siguiente iguales funciones en este alcázar.

La 4.ª y última Reina que se coronó, fué Doña Leonor esposa de D.

Fernando 1.º el Honesto, dos dias despues que éste, á saber, el

miércoles 14 de febrero de 1414. El acompañamiento fué lucidísimo á la

ida y á la vuelta, sin que ocurra otra particularidad digna de notarse,

que a que refiere Alvar García, cuyas palabras copiaremos: «Dichas las

bendiciones, segun dijeron al Rey, tornaron á la Sra. Reina, los

prelados en procesion llevándola los infantes como la trugeron,

llevándole las infantas (Doña Maria y Doña Leonor) la corona é la

manzana é cetro é dejáronla en la capilla dó habia salido[99] é los

obispos tornaron á decir su misa, é el Rey quedó en su silla; á poco de

hora tornaron los infantes, é los prelados en procesion, é trugeron á la

Reina ante el altar, é estuvo un poco, é llevaronla ante el Rey, que

estaba en su silla, é fincó de hinojos ante él, é púsole la corona, la

que la Reina de Castilla envió al Rey, que era mui fermosa é rica de

piedras preciosas con aljófar mui grueso, é púsole el cetro en la mano

derecha é la manzana en la izquierda, é sacó el Rey una sortija de su

mano, é púsole en el su dedo de la Reina, é quísole dar paz en la boca,

é queriéndola dar paz, oviérale de caer la corona al Rey de la cabeza, é

eso mismo á la Reina é ovieron de tener cada uno su corona, é con

fermoso continente embermejados de vergüenza se ajuntaron á besar, é las

gentes mucho mirando, porque era cirimonia natural muy apacible á todos

de lo mirar, cuanto mas á los catalanes que lo han por costumbre, é gran

deleite en ella. Ansi como fué coronada lleváronla á la otra silla de la

otra parte del altar, dó habia de ser despues de coronada, é ansí como

el Rey ovo dado paz á la Reina, llegaron á la Reina los infantes, é

besáronle la mano, é ella los besaba en la boca, é esto mesmo fizieron

D. Enrique de Villena é Doña Leonor su hermana.

E acabada de coronar la dicha Reina mui afrentada de vergüenza, el Rey

por le hacer solemnidad, armó caballeros á Pedro Garcia de Medina su

escribano de cámara &c.»

Al regreso de la Reina á la ALJAFERÍA hubo los festejos que en la

coronacion de su esposo; pero en la comida que se tuvo no se mencionan

las invenciones que se emplearon en el banquete del Rey. El viernes 16

de febrero se celebró un torneo de 150 caballeros en el campo del toro

(no habiendo concurrido 50 caballeros mas por falta de caballos). Los

reyes fueron á verlo desde una de las torres del adarve de la ciudad, y

tan recios golpes se daban los combatientes, que eran caballeros

fijos-dalgo de Castilla y de los Reinos de Aragon, que D. Alonso

Enriquez almirante mayor de Castilla, tio del Rey y de Rui Lopez de

Avalos condestable de Castilla, á quienes S. M. habia encomendado

despartirlos cuando porfiasen en el torneo, tuvieron mucha dificultad

para conseguirlo.

Hubo tambien en el mismo sitio una justa de quince telas, que el

Príncipe y Duque dispusieron para honrar la fiesta de su madre. De una

tela á otra habia diez pasos: la una, como dice Alvar Garcia, era

baldía, en la que miraban los caballeros; y la otra servia para justar,

siendo ocho las en que se verificaba este egercicio. Todos los

justadores iban á herir en el adarve en que estaban el Rey y la Reina.

El mismo escritor nos refiere: «que de cada parte de estas telas,

estaban puestos sus paramentos de cendal verde sobre su casa de madera,

é en cada canto habia un estandarte, é una lanza de cendal verde, y de

cada parte habia ocho varas en canto de las dichas ocho telas cerca de

los paramentos, de manera que habia diez y seis casas con sus

paramentos, y los mantenedores estaban de parte del adarve en que se

hallaba colocado el Rey.» Los infantes encomendaron el cargo de

mantenedores de las telas á Diego Lopez de Sandoval adelantado de

Castilla, á D. Fernando de Villena, á Mosen Bernal Centellas, á Luis de

la Cerda, á Mosen Francisco Maza y otros, que tenian tambien otras

personas que les auxiliasen. Se cuenta que fueron muchos aventureros con

los yelmos puestos, y justaban rompiendo en varias piezas las varas, y

que encubiertos se presentaron tambien los hijos del Rey armados de

torneo, y con ellos siete ú ocho mas que entraron en las telas, que

estaban debajo del punto del adarve que ocupaban sus padres. Aquella

noche hubo baile en la ALJAFERIA, y se desposó Doña Leonor de Villena

con D. Anton de Cardona, hermano del Conde de este título. Así mismo se

celebró la fiesta del casamiento de Doña Leonor hermana de Garcia

Fernandez Manrique con el conde de Quírra.

Así terminaron las fiestas de esta coronacion la última que presenciaron

los aragoneses: pero todavia continuó la ALJAFERIA siendo el teatro de

otras solemnidades. En ella á 7 de octubre de 1498, á donde se

trasladaron los Reyes Católicos despues de la muerte de la princesa Doña

Isabel, que falleció en el palacio del arzobispo, se solemnizó el

matrimonio de D. Pedro de Navarra mariscal de aquel reino y de Doña

Mayor de la Cueva, dama de la Reina hija de D. Beltran de la Cueva duque

de Alburquerque y de la Duquesa Doña Mencía de Mendoza su muger que eran

difuntos.[100]

CAPÍTULO CATORCE.

De las personas que estuvieron presas en la ALJAFERÍA, y succesos

lamentables que ocurrieron dentro de este alcázar.

Pero si el alcázar de la ALJAFERIA es memorable por las brillantes

solemnidades que se celebraron en su recinto, tambien lo es por los

personajes que estuvieron presos en él, y acontecimientos funestos que

recuerda.

En este castillo encontró un pronto asilo el Rey D. Pedro el

Ceremonioso, cuando alterado el reino con la Union, celebrando córtes en

el convento de Santo Domingo de Zaragoza, llamó en ellas traidor al

infante D. Jaime su hermano, é impuso silencio á D. Juan Gimenez de

Urrea Sr. de Viota, que quiso salir á la defensa del infante, lo que dió

lugar á que un criado de éste abriese las puertas y entrase la multitud

enfurecida, con cuyo motivo sacaron el Rey y los de su acompañamiento

las espadas. Calmado algun tanto el alboroto, se retiró D. Pedro á la

ALJAFERIA.

Nuestros historiadores hablan de otra escena lamentable ocurrida en

1429, en el reinado de D. Alonso el Magnánimo, que fue la muerte del

arzobispo de Zaragoza D. Fr. Alonso de Argüello. Suponen algunos que

como castellano de orígen, mantenia correspondencia con el Condestable

D. Alvaro de Luna, y que á esto debió su desgracia: pero en las memorias

manuscritas de D. Fernando de Aragon (tambien arzobispo de

Zaragoza[101]), se asigna muy diferente causa á esta catástrofe,

diciendo que dando este prelado el brazo un dia á la Reina en

demostracion de obsequio y respeto, se desmandó con temeraria ligereza á

decirla alguna palabra no decente, y aunque la Reina que fué egemplo de

honor y honestidad, no mostró haber oido ó atendido, fué el arzobispo

aquella noche arrebatado al palacio de la ALJAFERIA, y luego arrojado al

Ebro.

En este mismo castillo[102] fué puesto en prision el príncipe D. Carlos

llamado vulgarmente de Viana, por el Rey D. Juan 2.º su padre en 1461,

desde donde fué trasladado á Miravet, y despues á Morella[103].

El dia 24 de Mayo de 1591 fueron conducidos Antonio Perez y su compañero

Mayorini en un coche, desde la cárcel de manifestados á la ALJAFERIA,

por el fiscal y ocho familiares de la Inquisicion, mediante mandato que

llevó un portero de maza del Consejo del Justicia de Aragon al alcaide,

para que entregase el preso dentro de tres horas. Esta entrega se habia

verificado bajo la amenaza de excomunion y multa de 3000 ducados á cada

uno de los lugartenientes del Justicia: pero á pesar de que esta

diligencia se practicó con misterio, se divulgó pronto por la

ciudad[104] la noticia, y los principales miembros de la nobleza, y

entre ellos D. Juan de Luna baron de Purroy, y D. Martin de Lanuza

fueron á la cárcel de manifestados, afearon al alcaide la entrega, se

trasladaron al palacio del Justicia D. Juan Lanuza, le acusaron de

violar los fueros, y observando D. Martin de Lanuza la inutilidad de

estas gestiones, en union de otros nobles dió el terrible grito de

_Contrafuero, Ayuda á la libertad_: y una porcion de los amotinados se

dirigió al castillo de la ALJAFERIA, de donde á pesar de la resistencia

de algunos inquisidores, con la mediacion del Arzobispo de Zaragoza

Bobadilla, y de los Condes de Aranda, y de Morate, fueron puestos en

manos de estos y del Virrey, Perez y Mayorini á cosa de las cinco de la

tarde, y volvieron á la cárcel de los manifestados.[105]

Descripcion é historia del castillo de la aljafería sito extramuros de la ciudad de Zaragoza · 第 5 / 9 段