cambio su hermano D. Martin en 1399 quiso celebrar la suya con
esplendor, siendo tal su empeño, que envió por la espada de Constantino
que suponia estar en Palermo, reuniendo además grandes joyas y preséas.
En el capítulo 5.º ya hemos referido el adorno de los patios de la
ALJAFERIA. De ésta, salió con direccion á la Seo con el acompañamiento
acostumbrado precedido del estandarte real y del de S. Jorge; se
computan en 10,000 solo las hachas que ardieron en aquel viage, que duró
hasta las dos de la noche, á cuya hora entró en la iglesia. La ceremonia
no ofrece nada de particular, para que repitamos una relacion semejante
á la que se ha hecho, y solo además de haberse armado muchos caballeros
como en todas, recibió la investidura de Duque de Gandia D. Alonso de
Aragon, marqués de Villena, poniéndole el rey en las manos la bandera,
en la cabeza el birretillo con el chapeo, dándole el beso de paz. Entre
las cosas particulares de esta fiesta se refiere, que á su regreso en la
calle de Predicadores, la Aljama de los judíos le aguardaba con un
riquísimo tabernáculo, en el cual habia tres graciosas torres, diversos
sacerdotes y músicas, y que por hacerles merced el Rey, se detuvo un
rato. Despues de haber descansado en su aposento en la ALJAFERIA, salió
vestido de brocado verde, con ropa rozagante, forrada de armiños. Las
mesas, como se ha dicho en el capítulo 5.º, se pusieron en el patio, y
en su servicio se emplearon invenciones que no deben pasarse en olvido.
Hácia la parte de la sala de los mármoles,[91] en la techumbre se habia
hecho una invencion de grande espectáculo á manera de cielo estrellado,
que tenia diversas gradas, y en ellas habia diversos bultos de Santos
con palmas en las manos, y en lo alto estaba pintado Dios Padre en medio
de gran muchedumbre de serafines, y oíanse voces muy buenas, que con
diversos instrumentos de música, entonaban muchos villancicos y
canciones en honra y alabanza de aquella fiesta. De este cielo bajaba un
bulto grande á manera de nube, que venia á caer encima del aparador del
Rey. Dentro de esta nube bajó uno vestido de ángel cantando
maravillosamente, y subiendo y bajando diversas veces, dejábase caer por
todas partes muchas letrillas y coplas escritas, unas en papel colorado,
otras en amarillo, y otras en papel azul, con tintas diferentes, todas
al propósito de la solemnidad y fiesta que allí se hacía. Hecho esto,
vuelto á subir el ángel á la nube, de allí á poco bajó otra vez con unas
fuentes doradas, muy lindas, para dar agua manos al rey, entregándolas á
otros dos que estaban vestidos tambien de ángeles á los lados del
aparador, los cuales las tomaron, y luego las dieron á los caballeros
que habian de servir el aguamanos al Rey. Servida la tohalla, que así
llamaban, al servir estas fuentes, y ascendiendo este ángel á su nube,
de allí á poco volvió á bajar un plato de la fruta que habia de comer
el Rey, y sirvióse de la misma manera. Últimamente bajó el mismo ángel
la copa en que habia de beber el Rey.
El duque de Gandia desempeñó el oficio de mayordomo en el convite, y
guiaba los servicios. A uno de ellos precedió gran número de trompetas,
y detras venia una águila artificial grandísima, toda dorada, con igual
acompañamiento de trompetas y atabales, y una culebra extraordinaria
arrojando llamas por la boca, y á su derredor multitud de hombres
armados que aparentaban quererla matar: al otro servicio precedió una
roca de la que salieron liebres, perdices y conejos, y como en la
cúspide habia una figura de leona parda, que tenia una grande abertura
como de herida en la espalda, se aproximaron los que habian remedado dar
muerte á la culebra, y se disponian á subir á la roca, cuando salieron
una porcion de salvages que les impidieron la subida, y combatieron
todos quedando vencidos los hombres de armas, y victoriosos los
salvages. Por la herida de la leona salió un niño muy hermoso vestido de
armas reales, con una corona en la cabeza, y una espada desnuda en la
mano derecha en señal de victoria. Aquella noche, y el dia y noche
siguiente del lunes hubo sarao y baile, siendo de notar que la tarde de
este dia subió el rey á su aposento, para ver una justa muy solemne que
se hizo en la plaza de la ALJAFERIA.
CORONACION DE D. FERNANDO 1.º
La de D. Fernando 1.º conocido en Aragon con el sobrenombre de Honesto,
y en Castilla con el de infante de Antequera, y que fué elegido por S.
Vicente Ferrer, su hermano, y otros compromisarios de los Reinos en
Caspe, se hizo si cabe con mayor solemnidad, y la ALJAFERIA no brilló
menos que en las anteriores. El Rey vino á Zaragoza en 15 de Enero de
1414. Alvar García de Santamaria nos hizo una descripcion minuciosa, de
la que solo tomarémos lo mas importante. En el capitulo 5.º ya hemos
referido cómo estaba adornado el patio formando una sala, de cuyo cielo
colgaban 16 candeleros con cuatro hachas cada uno. Nueve dias antes de
la coronacion principiaron las fiestas, que realzó la concurrencia de
muchos personages de Castilla y de Navarra. «La ciudad de Zaragoza, dice
este escritor, fizo poner dos tablas para justar, una en la plaza, á la
puerta que dicen de Toledo, é otra á la ALJAFERIA, é el rey fizo poner
otra de paño vermejo é amarillo, é há de costumbre en tales coronaciones
la ciudad de Zaragoza de poner sus mantenedores, é pusieron por tal á D.
Juan de Luna, é él se fué á la tabla de la ALJAFERIA, é con él otros
tres que eran cuatro justadores, é aí justaron estos con otros
caballeros de los que habian venido á fiesta, é otros con otros, en
manera que todos los dias que fueron de fiestas, los mas dellos justaron
muy bien á maravilla, é allí viérades quebrar varas en muchas piezas é
caballeros ser descompuestos de la misma silla, é otros caer de los
caballos, que era gran solaz á los que miraban de lo ver.»
«Los oficiales de la ciudad cada uno con su oficio apartado venian con
muchos juglares de cuerda, é trompetas, é órganos de manos danzando, é
bailando, y otros tañendo, mostrando cada uno las mayores alegrias que
podian, y ansí entraron en los palacios del dicho Sr. Rey é facían su
solaz; é despues volvieron á la ciudad é ansí volvian á facer reverencia
al Rey todos los dias que duró la dicha coronacion. E otrosí los judios
vestidos como cristianos danzando, é bailando con cintas de plata
ceñidos, é sus juglares delante dellos, é ansí todos los dias de la
dicha fiesta venian a por las calles faciendo sus alegrias, fasta entrar
en los palacios del dicho Señor Rey.»
«E el jueves que se contaron ocho dias de febrero, estando justando
delante de la ALJAFERIA los señores Infantes, todos cinco fijos
legítimos del dicho Señor Rey, é con ellos muchos caballeros, é
escuderos castellanos, é catalanes, é aragoneses, é moros, que habian
venido al dicho Señor Rey por embajadores de su rey moro de Granada,
todos vestidos con alborzones, é capuces, é ajuvas moriscas, é espadas
ginetas de plata, é sus adargas en las manos, é cañas en las otras, é
muchas trompetas delante de ellos faciendo muy grande alborozo ante las
puertas de la dicha ALJAFERIA jugando unos con otros á las cañas, é tan
grande fué el juego que ende ficieron, que pareciera pelea, é las gentes
de Aragon como lo tenian por estraño, como estaban mirando la justa, que
por esto no cesaba, no sabian á que parte mirar: en manera que muchos
dejaban la justa por mirar el juego, é aí viérardes ir ginetes nuevos
descalabrados, é otros cayendo de los justadores, é asi ficieron su
solaz aquel dia, fasta que la escuridad de la noche los partió unos de
otros, é los fijos del Rey vinieron al Rey con grande alegria.»[92]
Despues el Rey deseando dar muestras de su largueza, abrió las arcas de
su cámara y regaló a los que concurrieron á su fiesta, y hasta á los
criados de la Reina; alhajas, ropas ó dinero.
El jueves, viernes y sábado anteriores á su coronacion se encerró en su
cámara D. Fernando, y no se dejó ver sino de sus donceles ayunando el
viernes; y el sábado despues de mediodia se reunieron todos los
personages que vinieron á la festividad. El Rey entonces para emprender
su expedicion se desnudó de las ropas que llevaba, y se puso entre otros
adornos una capa cumplida de color de carmesí forrada en armiños, salió
á la sala de los mármoles donde le aguardaban los concurrentes, se sentó
en su silla en el palacio de las Jarras, y en medio del sonido de los
instrumentos armó á varios caballeros, y cerca de las cuatro montó sobre
un caballo blanco, y sus hijos D. Alonso y D. Juan iban vestidos tambien
de damasco blanco. Al salir de la ALJAFERÍA algunos que estaban armados
para el torneo en un barbecho, principiaron á luchar quebrándose las
lanzas y dándose tales golpes, que el Rey les mandó despartir. La
comitiva iba por el órden que en las anteriores coronaciones, llevando
desplegadas las banderas de Aragon y de Sicilia. A la entrada de la
ciudad habia un castillo en el que se veian cinco torres, y en cada una
de ellas un cirio: juntos pesaban 120 arrobas, y ardieron toda la noche
en la iglesia y hasta la misa de su coronacion. Desde la puerta del
Portillo hasta la iglesia, la ciudad hizo poner 4000 cirios en dos
hileras, y delante del Rey iban cien hachas encendidas. En el tablado
que se levantó en la iglesia de la Seo había mas lujo que en las
anteriores coronaciones: la imágen del rey de oro aumentaba el aparato.
Apenas llegó el rey hizo colacion de confites y vino con los infantes,
prelados y grandes señores. Pasma la riqueza de las vestiduras con que
se adornó: la corona elaborada en Barcelona pesaba 16 marcos 3 onzas de
oro, y en ella habia un rubí, 110 balajes de todos tamaños, sesenta y
seis zafies, y 499 granos de aljófar claros, blancos y gruesos como
avellanas. Durante el canto del Te Deum adornó con las insignias de
príncipe de Gerona á su primogénito, y armó caballeros á varios
personages. Concluida la festividad, esperó en la capilla del arzobispo
D. Lope de Luna,[93] que se desnudasen los prelados que le fueron á
buscar, y montando todos sobre sus caballos, se dirigió el Rey con su
acompañamiento á la ALJAFERIA, encontrando en el camino invenciones
graciosas, entre ellas un remedo muy á lo vivo de una ciudad sitiada y
combatida por la artillería, que representaba la toma de Balangner por
el mismo D. Fernando. En esta coronacion advertimos ya, que doce
ciudadanos llevaban un palio sobre el Rey, el cual llegó á las cuatro á
la ALJAFERÍA. La comida fué suntuosa, y delante de cada servicio venia
un juego ingenioso, refiriéndonos Alvar Garcia tan solo el 1.º que
consistia en un grifo dorado tan grande, segun dice, como un rocin que
traia una corona de oro al pescuezo, é iba todavia echando fuego y
haciendo lugar entre las gentes. El lunes y martes continuaron las
fiestas, siendo memorable la justa á que concurrió el 1.º de estos dias
el Conde de Cortés hijo del Rey de Navarra, con nueve caballeros
armados; con sobrevistas y cimeras azules, y soles muy ricamente
dorados, llevando todos una misma librea, y haciéndose admirar por su
destreza.
La grandeza á que se habia elevado la monarquía aragonesa con las
gloriosas conquistas de Sicilia y Cerdeña, contribuyó á que esta
coronacion fuese mas lucida que las que precedieron, y no influyó poco
así mismo el haber reglamentado estas ceremonias el Sr. D. Pedro 4.º[94]
que por esto se llamó el Ceremonioso, el cual escribió puntualísimamente
todo cuanto debia egecutarse en las coronaciones de los reyes y de las
reinas, descendiendo hasta los pormenores mas insignificantes[95], como
que llega á marcar los adornos de cada sala, y como se había de servir
la colacion de vino y confites segun puede verse en estas ordinaciones
que traen el P. Murillo y Blancas.
En todas las ceremonias de la coronacion se vé el entusiasmo por la
caballería, por que habia cundido como un axioma el principio que ya
sentó el Rey D. Alonso el Sabio en una de sus leyes[96] en la que dice:
_é tanto encarecieron los antiguos la órden de caballería, que tuvieron
que los emperadores e los reyes non deben ser consagrados ni coronados
fasta que caballeros fuesen_. Por eso D. Fernando 1.º el dia de su
coronacion se dió un golpe en la mejilla, y todos nuestros monarcas en
esta ceremonia blandían la espada. Podrán ridiculizarse estas prácticas,
pero van acompañadas de heroismo y de virtud,[97] y no hemos querido
dejar de recordar estos rasgos de antigüedad gloriosa, que pueden servir
para esplicar las costumbres de aquellos tiempos, y el respeto de que se
rodeaba á la magestad, poniéndola bajo el amparo de la religion.
Aun en épocas posteriores el Alcázar de la ALJAFERIA se consideraba como
Palacio Real, pues en el acuerdo ó instruccion para la coronacion del
Sr. D. Carlos 2.º en 1667, que se encuentra en las ceremonias políticas
de esta ciudad, recopiladas por D. Lamberto Vidal secretario de la
misma[98], se nota, que cuando llegaba S. M. á Muel, salian los síndicos
de Zaragoza y besaban su mano: que S. M. se apeaba en el palacio de la
ALJAFERIA, y recibia los puestos segun su precedencia, y hecho esto S.
M. entraba á caballo y andaba en medio del jurado en cap y el Gobernador
que iban cubiertos; el jurado en cap iba deteniendo el caballo para que
el de S. M. llevase de distancia la cabeza. Luego que llegaba S. M. á la
puerta del Portillo, entraba bajo el palio á caballo, y se apeaban los
jurados, Gobernador y Zalmedina. Todos iban con ropas de damasco
carmesí, aforradas las mangas de las de los jurados y Zalmedina de tela
de plata, y las de los ciudadanos, que llevaban las 12 varas del palio,
de raso blanco. Los jurados segundo y restates echaban unos cordones por
encima del cuello del caballo de S. M. y los asian, excepto el jurado en
cap que iba al estrivo derecho del Rey, y el Gobernador al izquierdo. En
esta forma caminaba la comitiva á la Seo, y concluida la ceremonia
volvia S. M. bajo el palio á palacio.
Cuando habia jura de Gobernador, se señalaba por este dia para hacer su
entrada y juramento, y el jurado que lo habia visitado con este objeto
lo comunicaba á la ciudad. Sabido el dia de la jura del nuevo Virrey,
iba S. E. al castillo de la ALJAFERIA, y saliendo los jurados primero,
segundo y Zalmedina de las casas de la ciudad marchaban á dicho
castillo.
CAPÍTULO TRECE.
De las fiestas que se celebraron en la ALJAFERÍA con motivo de las
coronaciones de las Reinas.
Tambien las Reinas podian aspirar en nuestro reino al honor de la
coronacion, pero segun advirtió D. Pedro 4.º en sus ordinaciones, debian
recibir la corona de mano de sus maridos, y no de ninguna otra, y no
podian tomarla tampoco del altar. La 1.ª reina que se coronó en Aragon
fué Doña Constanza hija de Manfredo Rey de Sicilia y muger del Rey D.
Pedro 3.º el de los franceses, el mismo dia que este, esto es, el 16 de
Noviembre de 1276.
Doña Sibila muger de D. Pedro 4.º el Ceremonioso se coronó en 1380. Nada
sabemos de los festejos que se hicieron en su coronacion, pero no es de
presumir que su esposo tan exacto en la etiqueta, omitiese ninguna de
las formalidades que prescribió. Estas las refieren practicadas nuestros
cronistas en la coronación de Doña Maria de Luna, hija del Conde de
Luna, esposa de D. Martin, el cual se coronó el 13 de Abril de 1399, y
el martes de la semana siguiente principiaron las fiestas de la
coronacion de la Reina, concurriendo á la ALJAFERIA los mismos que
habian asistido á la coronacion de su marido, é iguálmente varias nobles
dueñas y doncellas de la ciudad en gran número, como dice Carbonel. Al
toque de vísperas salió la Reina á la sala de los mármoles ricamente
vestida; se sentó en una silla, y se pusieron á danzar la reina de
Nápoles, la infanta Doña Isabel, y algunas otras damas. Cuando fué sazon
salió á la puerta de la ALJAFERIA, y subió sobre un hermoso caballo
blanco. Rompían la marcha los oficios de la ciudad; seguiam 24
bordonadores; luego los prelados mas principales y algunos personages y
ricoshombres: venia á continuacion la música de menestriles y trompetas:
un castillo con 4 cirios de cera blanca; despues doce caballeros con
hachas que acompañaban á pie á la Reina, y detrás de esta la de Nápoles,
la infanta Doña Isabel y otras damas de palacio y de la ciudad en muy
gentiles palafrenes. La Reina fué recibida por el arzobispo en la puerta
de la Seo, y habiendo descansado por la noche en un retrete que se le
preparó, fué coronada al dia siguiente con casi las mismas ceremonias
que su esposo, de quien recibió la diadema puesta de rodillas ante él,
notándose á la vuelta la diferencia, de que nadie sino la Reina fué á
caballo, pues hasta la de Nápoles volvió á pie. Hubo banquete y bayle en
la ALJAFERIA, y al dia siguiente iguales funciones en este alcázar.
La 4.ª y última Reina que se coronó, fué Doña Leonor esposa de D.
Fernando 1.º el Honesto, dos dias despues que éste, á saber, el
miércoles 14 de febrero de 1414. El acompañamiento fué lucidísimo á la
ida y á la vuelta, sin que ocurra otra particularidad digna de notarse,
que a que refiere Alvar García, cuyas palabras copiaremos: «Dichas las
bendiciones, segun dijeron al Rey, tornaron á la Sra. Reina, los
prelados en procesion llevándola los infantes como la trugeron,
llevándole las infantas (Doña Maria y Doña Leonor) la corona é la
manzana é cetro é dejáronla en la capilla dó habia salido[99] é los
obispos tornaron á decir su misa, é el Rey quedó en su silla; á poco de
hora tornaron los infantes, é los prelados en procesion, é trugeron á la
Reina ante el altar, é estuvo un poco, é llevaronla ante el Rey, que
estaba en su silla, é fincó de hinojos ante él, é púsole la corona, la
que la Reina de Castilla envió al Rey, que era mui fermosa é rica de
piedras preciosas con aljófar mui grueso, é púsole el cetro en la mano
derecha é la manzana en la izquierda, é sacó el Rey una sortija de su
mano, é púsole en el su dedo de la Reina, é quísole dar paz en la boca,
é queriéndola dar paz, oviérale de caer la corona al Rey de la cabeza, é
eso mismo á la Reina é ovieron de tener cada uno su corona, é con
fermoso continente embermejados de vergüenza se ajuntaron á besar, é las
gentes mucho mirando, porque era cirimonia natural muy apacible á todos
de lo mirar, cuanto mas á los catalanes que lo han por costumbre, é gran
deleite en ella. Ansi como fué coronada lleváronla á la otra silla de la
otra parte del altar, dó habia de ser despues de coronada, é ansí como
el Rey ovo dado paz á la Reina, llegaron á la Reina los infantes, é
besáronle la mano, é ella los besaba en la boca, é esto mesmo fizieron
D. Enrique de Villena é Doña Leonor su hermana.
E acabada de coronar la dicha Reina mui afrentada de vergüenza, el Rey
por le hacer solemnidad, armó caballeros á Pedro Garcia de Medina su
escribano de cámara &c.»
Al regreso de la Reina á la ALJAFERÍA hubo los festejos que en la
coronacion de su esposo; pero en la comida que se tuvo no se mencionan
las invenciones que se emplearon en el banquete del Rey. El viernes 16
de febrero se celebró un torneo de 150 caballeros en el campo del toro
(no habiendo concurrido 50 caballeros mas por falta de caballos). Los
reyes fueron á verlo desde una de las torres del adarve de la ciudad, y
tan recios golpes se daban los combatientes, que eran caballeros
fijos-dalgo de Castilla y de los Reinos de Aragon, que D. Alonso
Enriquez almirante mayor de Castilla, tio del Rey y de Rui Lopez de
Avalos condestable de Castilla, á quienes S. M. habia encomendado
despartirlos cuando porfiasen en el torneo, tuvieron mucha dificultad
para conseguirlo.
Hubo tambien en el mismo sitio una justa de quince telas, que el
Príncipe y Duque dispusieron para honrar la fiesta de su madre. De una
tela á otra habia diez pasos: la una, como dice Alvar Garcia, era
baldía, en la que miraban los caballeros; y la otra servia para justar,
siendo ocho las en que se verificaba este egercicio. Todos los
justadores iban á herir en el adarve en que estaban el Rey y la Reina.
El mismo escritor nos refiere: «que de cada parte de estas telas,
estaban puestos sus paramentos de cendal verde sobre su casa de madera,
é en cada canto habia un estandarte, é una lanza de cendal verde, y de
cada parte habia ocho varas en canto de las dichas ocho telas cerca de
los paramentos, de manera que habia diez y seis casas con sus
paramentos, y los mantenedores estaban de parte del adarve en que se
hallaba colocado el Rey.» Los infantes encomendaron el cargo de
mantenedores de las telas á Diego Lopez de Sandoval adelantado de
Castilla, á D. Fernando de Villena, á Mosen Bernal Centellas, á Luis de
la Cerda, á Mosen Francisco Maza y otros, que tenian tambien otras
personas que les auxiliasen. Se cuenta que fueron muchos aventureros con
los yelmos puestos, y justaban rompiendo en varias piezas las varas, y
que encubiertos se presentaron tambien los hijos del Rey armados de
torneo, y con ellos siete ú ocho mas que entraron en las telas, que
estaban debajo del punto del adarve que ocupaban sus padres. Aquella
noche hubo baile en la ALJAFERIA, y se desposó Doña Leonor de Villena
con D. Anton de Cardona, hermano del Conde de este título. Así mismo se
celebró la fiesta del casamiento de Doña Leonor hermana de Garcia
Fernandez Manrique con el conde de Quírra.
Así terminaron las fiestas de esta coronacion la última que presenciaron
los aragoneses: pero todavia continuó la ALJAFERIA siendo el teatro de
otras solemnidades. En ella á 7 de octubre de 1498, á donde se
trasladaron los Reyes Católicos despues de la muerte de la princesa Doña
Isabel, que falleció en el palacio del arzobispo, se solemnizó el
matrimonio de D. Pedro de Navarra mariscal de aquel reino y de Doña
Mayor de la Cueva, dama de la Reina hija de D. Beltran de la Cueva duque
de Alburquerque y de la Duquesa Doña Mencía de Mendoza su muger que eran
difuntos.[100]
CAPÍTULO CATORCE.
De las personas que estuvieron presas en la ALJAFERÍA, y succesos
lamentables que ocurrieron dentro de este alcázar.
Pero si el alcázar de la ALJAFERIA es memorable por las brillantes
solemnidades que se celebraron en su recinto, tambien lo es por los
personajes que estuvieron presos en él, y acontecimientos funestos que
recuerda.
En este castillo encontró un pronto asilo el Rey D. Pedro el
Ceremonioso, cuando alterado el reino con la Union, celebrando córtes en
el convento de Santo Domingo de Zaragoza, llamó en ellas traidor al
infante D. Jaime su hermano, é impuso silencio á D. Juan Gimenez de
Urrea Sr. de Viota, que quiso salir á la defensa del infante, lo que dió
lugar á que un criado de éste abriese las puertas y entrase la multitud
enfurecida, con cuyo motivo sacaron el Rey y los de su acompañamiento
las espadas. Calmado algun tanto el alboroto, se retiró D. Pedro á la
ALJAFERIA.
Nuestros historiadores hablan de otra escena lamentable ocurrida en
1429, en el reinado de D. Alonso el Magnánimo, que fue la muerte del
arzobispo de Zaragoza D. Fr. Alonso de Argüello. Suponen algunos que
como castellano de orígen, mantenia correspondencia con el Condestable
D. Alvaro de Luna, y que á esto debió su desgracia: pero en las memorias
manuscritas de D. Fernando de Aragon (tambien arzobispo de
Zaragoza[101]), se asigna muy diferente causa á esta catástrofe,
diciendo que dando este prelado el brazo un dia á la Reina en
demostracion de obsequio y respeto, se desmandó con temeraria ligereza á
decirla alguna palabra no decente, y aunque la Reina que fué egemplo de
honor y honestidad, no mostró haber oido ó atendido, fué el arzobispo
aquella noche arrebatado al palacio de la ALJAFERIA, y luego arrojado al
Ebro.
En este mismo castillo[102] fué puesto en prision el príncipe D. Carlos
llamado vulgarmente de Viana, por el Rey D. Juan 2.º su padre en 1461,
desde donde fué trasladado á Miravet, y despues á Morella[103].
El dia 24 de Mayo de 1591 fueron conducidos Antonio Perez y su compañero
Mayorini en un coche, desde la cárcel de manifestados á la ALJAFERIA,
por el fiscal y ocho familiares de la Inquisicion, mediante mandato que
llevó un portero de maza del Consejo del Justicia de Aragon al alcaide,
para que entregase el preso dentro de tres horas. Esta entrega se habia
verificado bajo la amenaza de excomunion y multa de 3000 ducados á cada
uno de los lugartenientes del Justicia: pero á pesar de que esta
diligencia se practicó con misterio, se divulgó pronto por la
ciudad[104] la noticia, y los principales miembros de la nobleza, y
entre ellos D. Juan de Luna baron de Purroy, y D. Martin de Lanuza
fueron á la cárcel de manifestados, afearon al alcaide la entrega, se
trasladaron al palacio del Justicia D. Juan Lanuza, le acusaron de
violar los fueros, y observando D. Martin de Lanuza la inutilidad de
estas gestiones, en union de otros nobles dió el terrible grito de
_Contrafuero, Ayuda á la libertad_: y una porcion de los amotinados se
dirigió al castillo de la ALJAFERIA, de donde á pesar de la resistencia
de algunos inquisidores, con la mediacion del Arzobispo de Zaragoza
Bobadilla, y de los Condes de Aranda, y de Morate, fueron puestos en
manos de estos y del Virrey, Perez y Mayorini á cosa de las cinco de la
tarde, y volvieron á la cárcel de los manifestados.[105]