cardenal en 1507) bautizó en la Seo y capilla del arzobispo D. Lope de
Luna al príncipe D. Miguel, hijo de D. Manuel rey de Portugal y de la
reina doña Isabel princesa de España y nieta de los Reyes Católicos.
Estos, que hasta tal punto habian engrandecido la ALJAFERIA no la
hubieran privado del honor de este bautismo, si en su pila hubiera sido
bautizada SANTA ISABEL. Esta es otra prueba de que la Santa fue
bautizada en la Seo y quizás en la misma capilla en que lo fué despues
el infante D. Miguel.[80]
Si se desea mayor convencimiento, se encontrará en las gestiones que
hizo el reino para fabricar, la capilla de SANTA ISABEL en la iglesia de
la Seo. En las actas del Ilustrísimo Cabildo resulta, que en el
celebrado en 10 de diciembre de 1677 se dió cuenta de que D. Manuel
Secanilla diputado del Reino, habia hablado al arcediano de Santa Maria
que era el presidente, manifestándole los deseos que los diputados
tenian de fabricar una capilla en el templo del Salvador bajo la
invocacion de SANTA ISABEL y llegándose ya al señalamiento depuesto, el
cabildo designó la capilla de San Pedro, colateral al altar mayor, dando
comision para tratar del asunto á los Sres. Arcediano de Aliaga y
Segovia. Estos comisionados no se descuidaron en agitar la materia, pues
en el cabildo del 17 del mismo mes ya hicieron relacion de que habian
conferenciado con los diputados; que estos pretendian la capilla, donde
está ahora la de San Benito, por su proximidad á la pila donde fue la
Santa bautizada, y que la fiesta se habia de hacer en la misma capilla;
que los diputados habian de estar con sillas y almohadas, y el cabildo
en el coro ó en bancos, como estaba en los aniversarios del arzobispo D.
Fernando. Los comisionados hicieron desde luego presente á los
diputados, que esto no era asequible, ni era decente que se hiciera la
fiesta fuera del altar mayor; con cuyo motivo desengañados de la
imposibilidad de que se admitiese esta propuesta, habian convenido en
que la fiesta se celebrase en el altar mayor, si el cabildo les permitia
sentarse en bancos teniendo almohadas de terciopelo carmesí, pero el
cabildo se negó tambien á esta propuesta, fundado en que la Iglesia de
la Seo era Capilla Real, y nadie sino los reyes podian usar en ella de
almohadas de seda de aquel color.[81] De aquí proviene que el Excmo.
Ayuntamiento de Zaragoza lleva siempre almohadas de terciopelo negro á
esta iglesia y la del Pilar, al paso que usa de las de carmesí en otros
templos como lo he observado siendo síndico. Estas gestiones hacen ver
la persuasion en que estaban los diputados del bautismo de SANTA ISABEL
en el templo de la Seo. Creo que este punto ha recibido el
correspondiente esclarecimiento.
CAPÍTULO ONCE.
Del establecimiento de la Inquisicion en la ALJAFERIA y de las
formalidades de los autos de fé.
No solamente es memorable la ALJAFERIA por el nacimiento de SANTA
ISABEL, sino tambien por haber estado primitivamente en aquel recinto la
Inquisicion, y por otros festines que ó se verificaban en aquel palacio,
ó principiaban cuando menos en el mismo. En 29 de noviembre de 1485,
segun el P. Murillo, se nombraron para Aragon los oficiales necesarios;
pues ya habian sido nombrados en el mayo del mismo año, inquisidores
apostólicos Fr. Gaspar Inglar Dominico, y Pedro Arbués de Epila canónigo
de Zaragoza, y se asentó el tribunal en unas casas que estaban entre la
iglesia mayor (la Seo) y las del arzobispo. A media noche del jueves 15
de Setiembre del mismo año 1485 fue herido mortalmente el inquisidor
Arbués. Sabida su muerte por los Reyes Católicos, nombraron nuevos
inquisidores, los cuales con provision real y por órden den del
inquisidor general asentaron el tribunal del Santo Oficio[82] en la
ALJAFERIA, y esto se hizo segun Zurita[83] como en señal de perpetua
salvaguarda real y fe pública, debajo de la cual el rey y sus
succesores debian amparar este ministerio que en aquella época se
apellidaba santo[84]. En 1706 por órden del rey D. Felipe 5.º se
trasladó á la plaza del Cármen[85] y casa de D. Miguel Sardania: en 1708
al Coso á la casa de los condes de Sástago: en 1710 á la calle de Santa
Cruz y casa de los Hospitales de Ntra. Sra. de Gracia y de Misericordia,
y últimamente en 18 de Junio de 1759 á la calle de Predicadores y casa
que fué de los duques de Villahermosa, en cuyo sitio se construyó un
magnífico palacio que recientemente ha sido destinado á cárcel.
De la ALJAFERIA salia toda la comitiva para los autos de fé, que se
celebraban en Zaragoza con la mayor solemnidad. La víspera del dia
destinado se enarbolaba el estandarte de la fé sobre la puerta del
Castillo, y permanecia hasta la tarde. Despues de vísperas acudian allí
todas las religiones á acompañar la procesion, en que se sacaba la cruz,
que era muy grande y de color verde, y se colocaba de antemano con la
mayor decencia en la iglesia de S. Martin. Cada religion entraba y
postrada delante de la cruz, cantaba devotamente una antífona á la
misma, y separada á un lado aguardaba la llegada de las demás, del
capítulo de S. Pablo y de la música de la Seo. Las religiones salian por
órden de antigüedad; entre la de Santo Domingo iban los familiares, y en
medio conducian el estandarte de la cofradia de S. Pedro Mártir que era
de ministros de la Inquisicion, y lo llevaba un ministro del Santa
Oficio siguiendo los comisarios, el fiscal, el alguacil, secretario y
demás ministros de la Inquisicion, con las cruces que les servian de
insignia en el pecho. Iba la procesion al Mercado: el que llevaba la
cruz subia al tablado donde habian de estar los penitentes, y la dejaba
sobre el altar, quedando por la noche bajo la custodia de los religiosos
de la Santísima Trinidad.
El dia del auto se reunian en la Inquisicion, y subian al aposento del
inquisidor mas antiguo para hacer el acompañamiento el regente la Real
Chancilleria, con los oidores de la Audiencia civil y criminal
acompañados de sus ministros: el Justicia de Aragon con sus
lugartenientes, ministros y oficiales: dos dignidades, dos canónigos de
la metropolitana, y en nombre de N. Sra. del Pilar el prior y dos
canónigos: el vicario general del arzobispado y por los obispos del
distrito un consultor canónigo de la Seo. Despues llegaban el Zalmedina
y jurados, que representaban la ciudad con sus maceros delante,
acompañándoles tambien muchos ciudadanos. En llegando los jurados al 2.º
patio, y antes que se apeasen, bajaban los inquisidores acompañados de
personas de calidad, y subiendo en sus mulas y los demas en sus
caballos, se ordenaba el acompañamiento, yendo delante de dos en dos los
que habian ido acompañando la ciudad, las Audiencias reales y la Corte
del Justicia de Aragon, y despues de estos el prior y canonigos del
Pilar, los prebendados de la Seo, los lugartenientes del Justicia de
Aragon, y luego los maceros de la ciudad, los del Zalmedina y los del
Justicia de Aragon; á seguida iba el estandarte de la fé que llevaba el
fiscal del Santo Oficio, teniendo los cordones dos caballeros de
título, ó el castellan de Amposta y Bailío de Caspe.
Despues seguia el inquisidor mayor acompañado del Justicia de Aragon,
que iba á la mano derecha con el jurado en cap á la izquierda: luego el
2.º inquisidor y el Zalmedina al lado derecho y el 2.º jurado á la
izquierda, el vicario general iba con el jurado 4.º á la derecha, y el
oidor mas antiguo á la izquierda: el que representaba á los obispos
llevaba al jurado 5.º á la derecha y el otro oidor de la Audiencia á la
izquierda: continuaban de dos en dos los oidores de las Audiencias y
terminaba el acompañamiento con seis familiares del Santo Oficio con
varias levantadas. Esta comitiva compuesta de mas de 500 personas se
dirigia al mercado donde se celebraba el auto de fé. Cuando despues de
la expulsion de los moriscos fue menor el número de los penitentes, se
celebraron en el 2.º patio de la ALJAFERIA haciéndose por los
inquisidores el recibimiento del regente, oidores, Justicia de Aragon y
jurados en la sala baja que llamaban de los mármoles. Al recordar estas
antigüedades ¿quién no se admirará de la diferencia de los tiempos?
¿Quién no traerá á la memoria estas escenas, al ver salir los brillantes
regimientos de la guarnicion del castillo de la ALJAFERIA, de donde
salian antes los penitentes, los religiosos de varias órdenes, y los
ministros de la inquisicion; instituciones que ya han desaparecido, y
que pertenecen á la historia? Situaciones tan diferentes; destinos tan
encontrados de un mismo edificio prestan materia al hombre reflexivo
para filosofar sobre la variedad tan pasmosa de las épocas, y para
lanzarse en un vasto océano de profundas meditaciones.
CAPÍTULO DOCE.
Fiestas que se celebraron en la ALJAFERIA con motivo de las coronaciones
de diversos reyes.
Siendo el alcázar de la ALJAFERIA la morada de nuestros reyes, y el
lugar donde mas ostentaban su magnificencia y su poder, era consiguiente
que su nombre sonára en la mayor parte de las fiestas, y que en él
ocurriesen succesos que ha debido recoger la historia.
No puede menos de sorprender al que lea la de nuestro pais la rapidez
con que se engrandecieron nuestros monarcas, y la importancia que
adquirieron á los pocos años de conquistada Zaragoza de los Sarracenos.
Aun no habia transcurrido un siglo desde este hecho glorioso, y ya vemos
á D. Pedro 2.º el Católico coronarse y ungirse con magnífico aparato en
3 de noviembre de 1204 en Roma, á donde pasó desde la Provenza con cinco
galeras y buena armada de navíos, llevando consigo mucha gente principal
de aragoneses, catalanes y provenzales. El Pontífice Inocencio 3.º
otorgó á este monarca privilegio, para que cada y cuando los reyes de
Aragon quisiesen coronarse, lo pudiesen hacer en la ciudad de Zaragoza,
por manos del metropolitano que entonces era el arzobispo de Tarragona,
y la misma gracia se hizo estensiva á las reinas, por la razon de que el
derecho civil dispone, que las mugeres se ilustren con los honores de
los maridos. Desde entonces vemos introducida en Aragon la coronacion y
uncion de los reyes, aunque no todos usaron esta ceremonia, como lo
comprueba, que el Sr. D. Jaime 1.º hijo del anterior no se coronó, bien
que en él principió otra costumbre, pues fué el primero á quien los
aragoneses en forma de Reino juraron. Nuestros anales refieren entre los
reyes ungidos y coronados á D. Pedro 3.º llamado el de los franceses,
nieto de D. Pedro el Católico, é hijo de D. Jaime el Conquistador: á D.
Alonso 3.º llamado el Franco: á D. Jaime 2.º el Justo, á D. Alonso 4.º
el Benigno, á D. Pedro 4.º el Ceremonioso, á D. Juan 1.º el Amador de la
gentileza, á D. Martin y á D. Fernando 1.º el Honesto: y las reinas que
gozaron el honor de la coronacion, fueron doña Constanza, doña Sibila,
doña Maria de Luna y doña Leonor, esposa la primera del rey D. Pedro el
de los franceses, la 2.ª de D. Pedro el Ceremonioso en cuartas y últimas
nupcias, la 3.ª de D. Martin, y la última de D. Fernando el Honesto.
Todas estas coronaciones se solemnizaban con una pompa tan magestuosa
que parece increible, atendidos los débiles principios de la monarquia
aragonesa; y como en todas ellas la ALJAFERIA, siendo mansion real,
brillaba con un lujo que aun ahora excita la admiracion, no parecerá
fuera de propósito que hagamos un resumen de estos festejos y
ceremonias. D. Pedro 3.º se coronó y ungió en la iglesia mayor (la de la
Seo) de Zaragoza á 16 de Noviembre de 1276, y tambien su esposa doña
Constanza hija del Rey Manfredo de Sicilia en el mismo dia: pero para
que recibiendo la corona de mano del arzobispo no pareciese que
tácitamente aprobaba el reconocimiento hecho por su abuelo, cuando hizo
tributario el reino á la Sede Apostólica, la víspera de su coronacion
formalizó una protesta ante varias personas principales, diciendo que no
entendia recibir la corona de mano del arzobispo en nombre de la iglesia
romana, ni por ella ni contra ella; protesta, que repitieron D. Alonso
3.º y D. Jaime 2.º: pero D. Alonso 4.º ya tomó del altar por si mismo la
corona, y D. Pedro 4.º el Ceremonioso refiere que, al ir á comenzar el
oficio el dia de su coronacion, se le llegó el arzobispo ya revestido y
le suplicó le diese lugar á que él delante de todo el pueblo le pusiese
en la cabeza la corona: que D. Ot de Moncada respondió por él diciendo,
que en ninguna manera se debia hacer aquello, por que era gran perjuicio
del rey, y que á éste le cuadró esta respuesta; pero que comunicándolo
despues con su consejo y prohombres de Zaragoza, viendo que todos eran
de contrario parecer, no sabiendo que decir, se resolvio á contestar que
él mismo se queria poner la corona; oido lo cual el arzobispo mostró
pesarle, y como el oficio iba pasando adelante, dice, que insistió en
que á lo menos diese lugar, que cuando estuviesen delante del altar
mayor en presencia de todo el pueblo, se la adobase (compusiese). D.
Pedro cuenta tambien que se vió confusísimo en su corta edad de 15 años,
y que por fin se determinó á decir al arzobispo que la aderezase, pero
apenas tomó la corona le advirtió que no se la aderezase, pues él se la
arreglaria.
La coronacion era una festividad que atraia un numeroso concurso, pues
con este motivo se celebraban cortes. Principiaba con un lucidísimo
acompañamiento que salia de la ALJAFERIA, dirigiéndose á la iglesia de
la Seo donde el rey velaba las armas, volviendo despues con la propia
solemnidad al mismo alcázar.
De la coronacion de D. Pedro 3.º no tenemos una relacion
circunstanciada, aunque varios historiadores dicen, que fué una de las
mayores que se habian celebrado en aquellos tiempos; tampoco hablan
minuciosamente los cronistas de la de D. Jaime 2.º y D. Alonso 3.º
llamado el Franco, quien por ausencia del arzobispo de Tarragona y
hallarse vacante la silla de Zaragoza, fué coronado por el obispo de
Huesca; pero de la de D. Alonso 4.º hijo del anterior, y llamado
generalmente el Benigno, tenemos particularísimas noticias, y podemos
decir que entonces el castillo de la ALJAFERIA, rebosó en magestad y vió
en su recinto la mas brillante concurrencia. Este príncipe quiso que su
advenimiento al trono, se solemnizase con mas aparato y pompa, que antes
se hubiese hecho. Desde Monblanc escribió á los estados de Aragon
convocándolos á cortes generales para la pascua de resureccion del año
1329. Segun nos refiere Zurita[86] concurrieron todos los prelados y
ricoshombres, y los embajadores de los reyes de Castilla, Navarra,
Bohemia, Granada y Tremecen, y hubo tambien varios señores estrangeros
en tan gran número, que se juzgó habia mas de 30,000 de acaballo. Zurita
nombra los principales personages que concurrieron, y entre los
aragoneses menciona á D. Lope de Luna hijo y heredero de D. Artal de
Luna, que tuvo en esta fiesta gran caballeria y estuvo, ricamente
apuesto, y tambien nombra á D. Pedro Fernandez de Bergua, uno de los
ascendientes de D. Martin de Lanuza comprendido en la proscripcion de
1591.[87]
Los seis síndicos de Valencia, segun escribe uno de ellos llamado
Montaner, trageron cincuenta de acaballo consigo y trompetas, atabales y
menestriles. El Rey entró el 1.º en Zaragoza en la semana de ramos,
acompañado de los oficiales de su casa y señores de su corte: llevaba
luto por su padre D. Jaime 2.º, pero ordenó, que el sábado santo despues
de gloria se lo quitasen todos, se afeitasen las barbas, y se arreglasen
muy de propósito para la fiesta. Cantada la aleluya comenzaron á salir
las galas, y Montaner refiere que los seis síndicos de Valencia dieron
principio, dirigiéndose desde su posada, que estaba inmediata á la Seo,
á la ALJAFERIA llevando delante de sí sus trompetas, atabales y
dulzainas. Aquella misma mañana concurrieron los demás al alcázar donde
comieron; y al toque de vísperas se encendieron los blandones, y en las
paredes de las calles por donde el Rey habia de pasar desde la
ALJAFERIA, estaba escrito y señalado á cada uno su puesto. Montaner
dice que solo de los de Valencia hubo 150 blandones de doce libras. Al
toque de oraciones salió el Rey de la ALJAFERIA; delante de él iban á
caballo todos los hijos de los que habian de ser armados caballeros
aquel dia, llevando sus espadas: detrás los que llevaban las espadas de
los ricoshombres á quienes el rey debia armar: á seguida iba D. Ramon
Cornel con la espada del monarca, y delante de este dos carros
triunfales del Rey, en que estaban ardiendo dos cirios de á diez
quintales cada uno.[88] Luego venia el Rey á caballo vestido un arnés
riquísimo y empos de él los ricoshombres que llevaban sus armas: despues
los ricoshombres que habia de armar caballeros, los infantes y otros
caballeros que habian de ser armados por los ricoshombres, y los que
llevaban las armas de todos ellos. La comitiva iba de dos en dos con
caballos muy bien enjaezados: de trecho á trecho iban las músicas, y
tambien iban muchos disfrazados en hábito de caballeros salvages,
gritando _Aragon, Aragon por el Rey D. Alonso nuestro Señor_. El Rey
llegó á la Seo pasada la media noche; se cantaron los maitines con
grande solemnidad, mientras que el pueblo se regocijaba por las calles.
El dia siguiente 1.º de pascua de Resurreccion 3 de abril, celebró de
pontifical D. Pedro Lope de Luna, 1.er arzobispo de esta iglesia, que
habia sido erigida en metrópoli el año 1318 por Juan 22. El Rey puso la
corona sobre el altar, se revistió el alba, se puso la estola y
manípulo, y sobre todo la dalmática real. Principiada la misa y dicha la
epístola, le calzó la espuela derecha su hermano el infante D. Pedro, y
la izquierda su otro hermano D. Ramon: se llegó al altar el Rey, tomó la
espada, y postrándose en tierra se puso en oracion pronunciando varias
sobre él el arzobispo: besó el Rey la cruz de la espada, se la ciñó, y
sacándola de la vaina la blandio tres veces: la envainó á seguida, y
cantado el evangelio se ofreció á sí y á su espada á Dios. El arzobispo
le ungió entonces en la espalda y en el brazo derecho, y prosiguió la
misa. Oyó el Rey despues la del infante D. Juan su hermano, que era
arzobispo de Toledo, y apenas la hubo comenzado tomó el Rey del altar la
corona, y se la puso en la cabeza por sí mismo, habiéndosela aderezado
el arzobispo de Toledo y sus dos otros hermanos los infantes D. Pedro y
D. Ramon. A seguida los obispos, abades, y demás eclesiáticos cantaron
el Te-Deum, y entretanto el Rey tomó el cetro y despues el pomo. Acabada
la misa se colocó en un sitial delante del altar mayor, y puesto el
cetro y pomo sobre él, hizo venir ante si los ricoshombres que habia de
armar caballeros de uno en uno, y siendo cada uno de ellos armado, se
retiraba á la capilla que tenia señalada, y armaba sus caballeros
noveles[89], y aquellos hacian otro tanto y á proporcion iban saliendo
de la Seo y se dirigian á la ALJAFERIA. Siendo todo esto cumplido salió
tambien el Rey con su corona, cetro y pomo, y montando sobre un caballo
ricamente enjaezado partió para su alcázar, y ya no iba á caballo
delante de él sino D. Ramon Cornel que llevaba la espada, y detrás
seguian los que traian sus armas. Llevaban las riendas del caballo del
Rey los infantes D. Pedro y D. Ramon Berenguer, y los ramales de otras
riendas mas largas (de 50 palmos) la traian ricoshombres, los síndicos
de Zaragoza, y otras ciudades principales, y algunos caballeros.
Refiérese que el cetro era de oro, de tres palmos de largo, y la corona
de un palmo de alta, de manera que el Rey se vió precisado á mudarla
apenas llegó á la ALJAFERIA, por otra de medio palmo de altura, y que
sin embargo estaba valuada en 25000 escudos.
El rey despues de un rato de descanso salió á la gran sala con sus
insignias reales, y principió la comida, sentándose á la mesa del
monarca los arzobispos de Toledo, Zaragoza, y Arborea, aunque á alguna
distancia; en otra pero mas baja los obispos, abades, y priores, y en
otra los ricoshombres que el Rey habia armado caballeros: despues los
nobles, y á seguida los ciudadanos y síndicos de las ciudades. Grande
debió ser aquella reunion, pues segun dicen las historias, el rey se
propuso armar 18 caballeros noveles, y otros los infantes D. Pedro y D.
Ramon, y el Vizconde D. Ramon Folch, y los armados por el rey y por
estos habian de armar á su vez otros, de modo que al todo eran mas de
250 caballeros noveles sin contar los ricos hombres.
El infante D. Pedro hizo de mayordomo, y por su órden el infante D.
Ramon sirvió al rey la tohalla y despues la copa, disponiendo que doce
ricoshombres sirviesen con él la mesa. El infante D. Pedro yendo asido
de dos ricos hombres entraba danzando y cantando una cancion[90] que
habia compuesto en obsequio del Rey, y los que traian los manjares le
respondian. Sentado el servicio y acabada la danza, se quitó el manto y
la ropa que llamaban cota, que era de paño de oro con armiños y perlas,
y se la dió á uno de los músicos que allí había que llamaban juglares, y
en las diez veces que se sirvió la mesa hizo otro tanto.
Levantadas las mesas se arregló un tablado, donde colocado el Rey con la
corona cetro y pomo, y sentados á su derredor ó en gradas mas ó menos
inferiores los concurrentes, principió el juglar Romasset á cantar una
villanesca, que el mismo infante D. Pedro habia compuesto, en la que
declaraba el significado de las insignias reales, y despues otra en
alabanza del Rey. Luego el juglar Novellet recitó mas de 700 versos,
compuestos tambien por el infante D. Pedro, que contenian avisos y
consejos útiles. Con estos entretenimientos era muy avanzada la noche
cuando el Rey se entró á su aposento, y los demás concurrentes se fueron
á sus posadas. El dia siguiente lunes el Rey tuvo tambien convite, y el
martes, miércoles y jueves los infantes convidaron á S. M. y toda la
corte en sus posadas. Todos estos dias fueron de regocijo y de fiesta, y
durante ellos muchos bordonadores tiraron á tablado, que era un juego de
lanzas arrojadizas; mas de cien caballeros del reino de Valencia y
Murcia jugaban á la gineta, y á un lado de la ALJAFERÍA se formó un
campo cerrado con tapias para toros, á donde cada parroquia envió el
suyo divisado con las armas reales. Hubo música y asistió un innumerable
concurso, siendo de notar que esta funcion no se celebraba como ahora,
sino que los toros eran alanceados por los monteros ámanera de una
monteria ó caza.
CORONACION DE D. PEDRO IV.
Tambien resonó la ALJAFERIA con las aclamaciones de la de D. Pedro 4.º
el Ceremonioso hijo de D. Alonso 4.º, la cual se celebró la Dominica in
albis del año 1336, habiendo sido ungido este Rey por el arzobispo de
Zaragoza D. Pedro Luna, asistiéndole los obispos de Huesca, Lérida y
Santa Justa del Reino de Cerdeña, y el Abad de Montearagon. Siendo este
Rey el que escribió el ordenamiento de lo que debia egecutarse en las
coronaciones de los reyes, no es de presumir omitiese ninguna
solemnidad. No nos detendrémos en ellas, toda vez que ya hemos hecho
mencion del incidente ocurrido con el arzobispo, y solo llamarémos la
atencion sobre un hecho, y es que segun el mismo escribe, fué
certificado del escribano de raciones y de otros oficiales, que el
primer dia solo habian comido en la ALJAFERIA, pasadas de diez mil
personas, argumento, como dicen nuestros escritores, de su abundancia,
liberalidad y magnificencia.
CORONACION DE D. MARTIN.