En 4 de setiembre de 1498 D. Fr. Francisco Gimenez de Cisneros (creado

cardenal en 1507) bautizó en la Seo y capilla del arzobispo D. Lope de

Luna al príncipe D. Miguel, hijo de D. Manuel rey de Portugal y de la

reina doña Isabel princesa de España y nieta de los Reyes Católicos.

Estos, que hasta tal punto habian engrandecido la ALJAFERIA no la

hubieran privado del honor de este bautismo, si en su pila hubiera sido

bautizada SANTA ISABEL. Esta es otra prueba de que la Santa fue

bautizada en la Seo y quizás en la misma capilla en que lo fué despues

el infante D. Miguel.[80]

Si se desea mayor convencimiento, se encontrará en las gestiones que

hizo el reino para fabricar, la capilla de SANTA ISABEL en la iglesia de

la Seo. En las actas del Ilustrísimo Cabildo resulta, que en el

celebrado en 10 de diciembre de 1677 se dió cuenta de que D. Manuel

Secanilla diputado del Reino, habia hablado al arcediano de Santa Maria

que era el presidente, manifestándole los deseos que los diputados

tenian de fabricar una capilla en el templo del Salvador bajo la

invocacion de SANTA ISABEL y llegándose ya al señalamiento depuesto, el

cabildo designó la capilla de San Pedro, colateral al altar mayor, dando

comision para tratar del asunto á los Sres. Arcediano de Aliaga y

Segovia. Estos comisionados no se descuidaron en agitar la materia, pues

en el cabildo del 17 del mismo mes ya hicieron relacion de que habian

conferenciado con los diputados; que estos pretendian la capilla, donde

está ahora la de San Benito, por su proximidad á la pila donde fue la

Santa bautizada, y que la fiesta se habia de hacer en la misma capilla;

que los diputados habian de estar con sillas y almohadas, y el cabildo

en el coro ó en bancos, como estaba en los aniversarios del arzobispo D.

Fernando. Los comisionados hicieron desde luego presente á los

diputados, que esto no era asequible, ni era decente que se hiciera la

fiesta fuera del altar mayor; con cuyo motivo desengañados de la

imposibilidad de que se admitiese esta propuesta, habian convenido en

que la fiesta se celebrase en el altar mayor, si el cabildo les permitia

sentarse en bancos teniendo almohadas de terciopelo carmesí, pero el

cabildo se negó tambien á esta propuesta, fundado en que la Iglesia de

la Seo era Capilla Real, y nadie sino los reyes podian usar en ella de

almohadas de seda de aquel color.[81] De aquí proviene que el Excmo.

Ayuntamiento de Zaragoza lleva siempre almohadas de terciopelo negro á

esta iglesia y la del Pilar, al paso que usa de las de carmesí en otros

templos como lo he observado siendo síndico. Estas gestiones hacen ver

la persuasion en que estaban los diputados del bautismo de SANTA ISABEL

en el templo de la Seo. Creo que este punto ha recibido el

correspondiente esclarecimiento.

CAPÍTULO ONCE.

Del establecimiento de la Inquisicion en la ALJAFERIA y de las

formalidades de los autos de fé.

No solamente es memorable la ALJAFERIA por el nacimiento de SANTA

ISABEL, sino tambien por haber estado primitivamente en aquel recinto la

Inquisicion, y por otros festines que ó se verificaban en aquel palacio,

ó principiaban cuando menos en el mismo. En 29 de noviembre de 1485,

segun el P. Murillo, se nombraron para Aragon los oficiales necesarios;

pues ya habian sido nombrados en el mayo del mismo año, inquisidores

apostólicos Fr. Gaspar Inglar Dominico, y Pedro Arbués de Epila canónigo

de Zaragoza, y se asentó el tribunal en unas casas que estaban entre la

iglesia mayor (la Seo) y las del arzobispo. A media noche del jueves 15

de Setiembre del mismo año 1485 fue herido mortalmente el inquisidor

Arbués. Sabida su muerte por los Reyes Católicos, nombraron nuevos

inquisidores, los cuales con provision real y por órden den del

inquisidor general asentaron el tribunal del Santo Oficio[82] en la

ALJAFERIA, y esto se hizo segun Zurita[83] como en señal de perpetua

salvaguarda real y fe pública, debajo de la cual el rey y sus

succesores debian amparar este ministerio que en aquella época se

apellidaba santo[84]. En 1706 por órden del rey D. Felipe 5.º se

trasladó á la plaza del Cármen[85] y casa de D. Miguel Sardania: en 1708

al Coso á la casa de los condes de Sástago: en 1710 á la calle de Santa

Cruz y casa de los Hospitales de Ntra. Sra. de Gracia y de Misericordia,

y últimamente en 18 de Junio de 1759 á la calle de Predicadores y casa

que fué de los duques de Villahermosa, en cuyo sitio se construyó un

magnífico palacio que recientemente ha sido destinado á cárcel.

De la ALJAFERIA salia toda la comitiva para los autos de fé, que se

celebraban en Zaragoza con la mayor solemnidad. La víspera del dia

destinado se enarbolaba el estandarte de la fé sobre la puerta del

Castillo, y permanecia hasta la tarde. Despues de vísperas acudian allí

todas las religiones á acompañar la procesion, en que se sacaba la cruz,

que era muy grande y de color verde, y se colocaba de antemano con la

mayor decencia en la iglesia de S. Martin. Cada religion entraba y

postrada delante de la cruz, cantaba devotamente una antífona á la

misma, y separada á un lado aguardaba la llegada de las demás, del

capítulo de S. Pablo y de la música de la Seo. Las religiones salian por

órden de antigüedad; entre la de Santo Domingo iban los familiares, y en

medio conducian el estandarte de la cofradia de S. Pedro Mártir que era

de ministros de la Inquisicion, y lo llevaba un ministro del Santa

Oficio siguiendo los comisarios, el fiscal, el alguacil, secretario y

demás ministros de la Inquisicion, con las cruces que les servian de

insignia en el pecho. Iba la procesion al Mercado: el que llevaba la

cruz subia al tablado donde habian de estar los penitentes, y la dejaba

sobre el altar, quedando por la noche bajo la custodia de los religiosos

de la Santísima Trinidad.

El dia del auto se reunian en la Inquisicion, y subian al aposento del

inquisidor mas antiguo para hacer el acompañamiento el regente la Real

Chancilleria, con los oidores de la Audiencia civil y criminal

acompañados de sus ministros: el Justicia de Aragon con sus

lugartenientes, ministros y oficiales: dos dignidades, dos canónigos de

la metropolitana, y en nombre de N. Sra. del Pilar el prior y dos

canónigos: el vicario general del arzobispado y por los obispos del

distrito un consultor canónigo de la Seo. Despues llegaban el Zalmedina

y jurados, que representaban la ciudad con sus maceros delante,

acompañándoles tambien muchos ciudadanos. En llegando los jurados al 2.º

patio, y antes que se apeasen, bajaban los inquisidores acompañados de

personas de calidad, y subiendo en sus mulas y los demas en sus

caballos, se ordenaba el acompañamiento, yendo delante de dos en dos los

que habian ido acompañando la ciudad, las Audiencias reales y la Corte

del Justicia de Aragon, y despues de estos el prior y canonigos del

Pilar, los prebendados de la Seo, los lugartenientes del Justicia de

Aragon, y luego los maceros de la ciudad, los del Zalmedina y los del

Justicia de Aragon; á seguida iba el estandarte de la fé que llevaba el

fiscal del Santo Oficio, teniendo los cordones dos caballeros de

título, ó el castellan de Amposta y Bailío de Caspe.

Despues seguia el inquisidor mayor acompañado del Justicia de Aragon,

que iba á la mano derecha con el jurado en cap á la izquierda: luego el

2.º inquisidor y el Zalmedina al lado derecho y el 2.º jurado á la

izquierda, el vicario general iba con el jurado 4.º á la derecha, y el

oidor mas antiguo á la izquierda: el que representaba á los obispos

llevaba al jurado 5.º á la derecha y el otro oidor de la Audiencia á la

izquierda: continuaban de dos en dos los oidores de las Audiencias y

terminaba el acompañamiento con seis familiares del Santo Oficio con

varias levantadas. Esta comitiva compuesta de mas de 500 personas se

dirigia al mercado donde se celebraba el auto de fé. Cuando despues de

la expulsion de los moriscos fue menor el número de los penitentes, se

celebraron en el 2.º patio de la ALJAFERIA haciéndose por los

inquisidores el recibimiento del regente, oidores, Justicia de Aragon y

jurados en la sala baja que llamaban de los mármoles. Al recordar estas

antigüedades ¿quién no se admirará de la diferencia de los tiempos?

¿Quién no traerá á la memoria estas escenas, al ver salir los brillantes

regimientos de la guarnicion del castillo de la ALJAFERIA, de donde

salian antes los penitentes, los religiosos de varias órdenes, y los

ministros de la inquisicion; instituciones que ya han desaparecido, y

que pertenecen á la historia? Situaciones tan diferentes; destinos tan

encontrados de un mismo edificio prestan materia al hombre reflexivo

para filosofar sobre la variedad tan pasmosa de las épocas, y para

lanzarse en un vasto océano de profundas meditaciones.

CAPÍTULO DOCE.

Fiestas que se celebraron en la ALJAFERIA con motivo de las coronaciones

de diversos reyes.

Siendo el alcázar de la ALJAFERIA la morada de nuestros reyes, y el

lugar donde mas ostentaban su magnificencia y su poder, era consiguiente

que su nombre sonára en la mayor parte de las fiestas, y que en él

ocurriesen succesos que ha debido recoger la historia.

No puede menos de sorprender al que lea la de nuestro pais la rapidez

con que se engrandecieron nuestros monarcas, y la importancia que

adquirieron á los pocos años de conquistada Zaragoza de los Sarracenos.

Aun no habia transcurrido un siglo desde este hecho glorioso, y ya vemos

á D. Pedro 2.º el Católico coronarse y ungirse con magnífico aparato en

3 de noviembre de 1204 en Roma, á donde pasó desde la Provenza con cinco

galeras y buena armada de navíos, llevando consigo mucha gente principal

de aragoneses, catalanes y provenzales. El Pontífice Inocencio 3.º

otorgó á este monarca privilegio, para que cada y cuando los reyes de

Aragon quisiesen coronarse, lo pudiesen hacer en la ciudad de Zaragoza,

por manos del metropolitano que entonces era el arzobispo de Tarragona,

y la misma gracia se hizo estensiva á las reinas, por la razon de que el

derecho civil dispone, que las mugeres se ilustren con los honores de

los maridos. Desde entonces vemos introducida en Aragon la coronacion y

uncion de los reyes, aunque no todos usaron esta ceremonia, como lo

comprueba, que el Sr. D. Jaime 1.º hijo del anterior no se coronó, bien

que en él principió otra costumbre, pues fué el primero á quien los

aragoneses en forma de Reino juraron. Nuestros anales refieren entre los

reyes ungidos y coronados á D. Pedro 3.º llamado el de los franceses,

nieto de D. Pedro el Católico, é hijo de D. Jaime el Conquistador: á D.

Alonso 3.º llamado el Franco: á D. Jaime 2.º el Justo, á D. Alonso 4.º

el Benigno, á D. Pedro 4.º el Ceremonioso, á D. Juan 1.º el Amador de la

gentileza, á D. Martin y á D. Fernando 1.º el Honesto: y las reinas que

gozaron el honor de la coronacion, fueron doña Constanza, doña Sibila,

doña Maria de Luna y doña Leonor, esposa la primera del rey D. Pedro el

de los franceses, la 2.ª de D. Pedro el Ceremonioso en cuartas y últimas

nupcias, la 3.ª de D. Martin, y la última de D. Fernando el Honesto.

Todas estas coronaciones se solemnizaban con una pompa tan magestuosa

que parece increible, atendidos los débiles principios de la monarquia

aragonesa; y como en todas ellas la ALJAFERIA, siendo mansion real,

brillaba con un lujo que aun ahora excita la admiracion, no parecerá

fuera de propósito que hagamos un resumen de estos festejos y

ceremonias. D. Pedro 3.º se coronó y ungió en la iglesia mayor (la de la

Seo) de Zaragoza á 16 de Noviembre de 1276, y tambien su esposa doña

Constanza hija del Rey Manfredo de Sicilia en el mismo dia: pero para

que recibiendo la corona de mano del arzobispo no pareciese que

tácitamente aprobaba el reconocimiento hecho por su abuelo, cuando hizo

tributario el reino á la Sede Apostólica, la víspera de su coronacion

formalizó una protesta ante varias personas principales, diciendo que no

entendia recibir la corona de mano del arzobispo en nombre de la iglesia

romana, ni por ella ni contra ella; protesta, que repitieron D. Alonso

3.º y D. Jaime 2.º: pero D. Alonso 4.º ya tomó del altar por si mismo la

corona, y D. Pedro 4.º el Ceremonioso refiere que, al ir á comenzar el

oficio el dia de su coronacion, se le llegó el arzobispo ya revestido y

le suplicó le diese lugar á que él delante de todo el pueblo le pusiese

en la cabeza la corona: que D. Ot de Moncada respondió por él diciendo,

que en ninguna manera se debia hacer aquello, por que era gran perjuicio

del rey, y que á éste le cuadró esta respuesta; pero que comunicándolo

despues con su consejo y prohombres de Zaragoza, viendo que todos eran

de contrario parecer, no sabiendo que decir, se resolvio á contestar que

él mismo se queria poner la corona; oido lo cual el arzobispo mostró

pesarle, y como el oficio iba pasando adelante, dice, que insistió en

que á lo menos diese lugar, que cuando estuviesen delante del altar

mayor en presencia de todo el pueblo, se la adobase (compusiese). D.

Pedro cuenta tambien que se vió confusísimo en su corta edad de 15 años,

y que por fin se determinó á decir al arzobispo que la aderezase, pero

apenas tomó la corona le advirtió que no se la aderezase, pues él se la

arreglaria.

La coronacion era una festividad que atraia un numeroso concurso, pues

con este motivo se celebraban cortes. Principiaba con un lucidísimo

acompañamiento que salia de la ALJAFERIA, dirigiéndose á la iglesia de

la Seo donde el rey velaba las armas, volviendo despues con la propia

solemnidad al mismo alcázar.

De la coronacion de D. Pedro 3.º no tenemos una relacion

circunstanciada, aunque varios historiadores dicen, que fué una de las

mayores que se habian celebrado en aquellos tiempos; tampoco hablan

minuciosamente los cronistas de la de D. Jaime 2.º y D. Alonso 3.º

llamado el Franco, quien por ausencia del arzobispo de Tarragona y

hallarse vacante la silla de Zaragoza, fué coronado por el obispo de

Huesca; pero de la de D. Alonso 4.º hijo del anterior, y llamado

generalmente el Benigno, tenemos particularísimas noticias, y podemos

decir que entonces el castillo de la ALJAFERIA, rebosó en magestad y vió

en su recinto la mas brillante concurrencia. Este príncipe quiso que su

advenimiento al trono, se solemnizase con mas aparato y pompa, que antes

se hubiese hecho. Desde Monblanc escribió á los estados de Aragon

convocándolos á cortes generales para la pascua de resureccion del año

1329. Segun nos refiere Zurita[86] concurrieron todos los prelados y

ricoshombres, y los embajadores de los reyes de Castilla, Navarra,

Bohemia, Granada y Tremecen, y hubo tambien varios señores estrangeros

en tan gran número, que se juzgó habia mas de 30,000 de acaballo. Zurita

nombra los principales personages que concurrieron, y entre los

aragoneses menciona á D. Lope de Luna hijo y heredero de D. Artal de

Luna, que tuvo en esta fiesta gran caballeria y estuvo, ricamente

apuesto, y tambien nombra á D. Pedro Fernandez de Bergua, uno de los

ascendientes de D. Martin de Lanuza comprendido en la proscripcion de

1591.[87]

Los seis síndicos de Valencia, segun escribe uno de ellos llamado

Montaner, trageron cincuenta de acaballo consigo y trompetas, atabales y

menestriles. El Rey entró el 1.º en Zaragoza en la semana de ramos,

acompañado de los oficiales de su casa y señores de su corte: llevaba

luto por su padre D. Jaime 2.º, pero ordenó, que el sábado santo despues

de gloria se lo quitasen todos, se afeitasen las barbas, y se arreglasen

muy de propósito para la fiesta. Cantada la aleluya comenzaron á salir

las galas, y Montaner refiere que los seis síndicos de Valencia dieron

principio, dirigiéndose desde su posada, que estaba inmediata á la Seo,

á la ALJAFERIA llevando delante de sí sus trompetas, atabales y

dulzainas. Aquella misma mañana concurrieron los demás al alcázar donde

comieron; y al toque de vísperas se encendieron los blandones, y en las

paredes de las calles por donde el Rey habia de pasar desde la

ALJAFERIA, estaba escrito y señalado á cada uno su puesto. Montaner

dice que solo de los de Valencia hubo 150 blandones de doce libras. Al

toque de oraciones salió el Rey de la ALJAFERIA; delante de él iban á

caballo todos los hijos de los que habian de ser armados caballeros

aquel dia, llevando sus espadas: detrás los que llevaban las espadas de

los ricoshombres á quienes el rey debia armar: á seguida iba D. Ramon

Cornel con la espada del monarca, y delante de este dos carros

triunfales del Rey, en que estaban ardiendo dos cirios de á diez

quintales cada uno.[88] Luego venia el Rey á caballo vestido un arnés

riquísimo y empos de él los ricoshombres que llevaban sus armas: despues

los ricoshombres que habia de armar caballeros, los infantes y otros

caballeros que habian de ser armados por los ricoshombres, y los que

llevaban las armas de todos ellos. La comitiva iba de dos en dos con

caballos muy bien enjaezados: de trecho á trecho iban las músicas, y

tambien iban muchos disfrazados en hábito de caballeros salvages,

gritando _Aragon, Aragon por el Rey D. Alonso nuestro Señor_. El Rey

llegó á la Seo pasada la media noche; se cantaron los maitines con

grande solemnidad, mientras que el pueblo se regocijaba por las calles.

El dia siguiente 1.º de pascua de Resurreccion 3 de abril, celebró de

pontifical D. Pedro Lope de Luna, 1.er arzobispo de esta iglesia, que

habia sido erigida en metrópoli el año 1318 por Juan 22. El Rey puso la

corona sobre el altar, se revistió el alba, se puso la estola y

manípulo, y sobre todo la dalmática real. Principiada la misa y dicha la

epístola, le calzó la espuela derecha su hermano el infante D. Pedro, y

la izquierda su otro hermano D. Ramon: se llegó al altar el Rey, tomó la

espada, y postrándose en tierra se puso en oracion pronunciando varias

sobre él el arzobispo: besó el Rey la cruz de la espada, se la ciñó, y

sacándola de la vaina la blandio tres veces: la envainó á seguida, y

cantado el evangelio se ofreció á sí y á su espada á Dios. El arzobispo

le ungió entonces en la espalda y en el brazo derecho, y prosiguió la

misa. Oyó el Rey despues la del infante D. Juan su hermano, que era

arzobispo de Toledo, y apenas la hubo comenzado tomó el Rey del altar la

corona, y se la puso en la cabeza por sí mismo, habiéndosela aderezado

el arzobispo de Toledo y sus dos otros hermanos los infantes D. Pedro y

D. Ramon. A seguida los obispos, abades, y demás eclesiáticos cantaron

el Te-Deum, y entretanto el Rey tomó el cetro y despues el pomo. Acabada

la misa se colocó en un sitial delante del altar mayor, y puesto el

cetro y pomo sobre él, hizo venir ante si los ricoshombres que habia de

armar caballeros de uno en uno, y siendo cada uno de ellos armado, se

retiraba á la capilla que tenia señalada, y armaba sus caballeros

noveles[89], y aquellos hacian otro tanto y á proporcion iban saliendo

de la Seo y se dirigian á la ALJAFERIA. Siendo todo esto cumplido salió

tambien el Rey con su corona, cetro y pomo, y montando sobre un caballo

ricamente enjaezado partió para su alcázar, y ya no iba á caballo

delante de él sino D. Ramon Cornel que llevaba la espada, y detrás

seguian los que traian sus armas. Llevaban las riendas del caballo del

Rey los infantes D. Pedro y D. Ramon Berenguer, y los ramales de otras

riendas mas largas (de 50 palmos) la traian ricoshombres, los síndicos

de Zaragoza, y otras ciudades principales, y algunos caballeros.

Refiérese que el cetro era de oro, de tres palmos de largo, y la corona

de un palmo de alta, de manera que el Rey se vió precisado á mudarla

apenas llegó á la ALJAFERIA, por otra de medio palmo de altura, y que

sin embargo estaba valuada en 25000 escudos.

El rey despues de un rato de descanso salió á la gran sala con sus

insignias reales, y principió la comida, sentándose á la mesa del

monarca los arzobispos de Toledo, Zaragoza, y Arborea, aunque á alguna

distancia; en otra pero mas baja los obispos, abades, y priores, y en

otra los ricoshombres que el Rey habia armado caballeros: despues los

nobles, y á seguida los ciudadanos y síndicos de las ciudades. Grande

debió ser aquella reunion, pues segun dicen las historias, el rey se

propuso armar 18 caballeros noveles, y otros los infantes D. Pedro y D.

Ramon, y el Vizconde D. Ramon Folch, y los armados por el rey y por

estos habian de armar á su vez otros, de modo que al todo eran mas de

250 caballeros noveles sin contar los ricos hombres.

El infante D. Pedro hizo de mayordomo, y por su órden el infante D.

Ramon sirvió al rey la tohalla y despues la copa, disponiendo que doce

ricoshombres sirviesen con él la mesa. El infante D. Pedro yendo asido

de dos ricos hombres entraba danzando y cantando una cancion[90] que

habia compuesto en obsequio del Rey, y los que traian los manjares le

respondian. Sentado el servicio y acabada la danza, se quitó el manto y

la ropa que llamaban cota, que era de paño de oro con armiños y perlas,

y se la dió á uno de los músicos que allí había que llamaban juglares, y

en las diez veces que se sirvió la mesa hizo otro tanto.

Levantadas las mesas se arregló un tablado, donde colocado el Rey con la

corona cetro y pomo, y sentados á su derredor ó en gradas mas ó menos

inferiores los concurrentes, principió el juglar Romasset á cantar una

villanesca, que el mismo infante D. Pedro habia compuesto, en la que

declaraba el significado de las insignias reales, y despues otra en

alabanza del Rey. Luego el juglar Novellet recitó mas de 700 versos,

compuestos tambien por el infante D. Pedro, que contenian avisos y

consejos útiles. Con estos entretenimientos era muy avanzada la noche

cuando el Rey se entró á su aposento, y los demás concurrentes se fueron

á sus posadas. El dia siguiente lunes el Rey tuvo tambien convite, y el

martes, miércoles y jueves los infantes convidaron á S. M. y toda la

corte en sus posadas. Todos estos dias fueron de regocijo y de fiesta, y

durante ellos muchos bordonadores tiraron á tablado, que era un juego de

lanzas arrojadizas; mas de cien caballeros del reino de Valencia y

Murcia jugaban á la gineta, y á un lado de la ALJAFERÍA se formó un

campo cerrado con tapias para toros, á donde cada parroquia envió el

suyo divisado con las armas reales. Hubo música y asistió un innumerable

concurso, siendo de notar que esta funcion no se celebraba como ahora,

sino que los toros eran alanceados por los monteros ámanera de una

monteria ó caza.

CORONACION DE D. PEDRO IV.

Tambien resonó la ALJAFERIA con las aclamaciones de la de D. Pedro 4.º

el Ceremonioso hijo de D. Alonso 4.º, la cual se celebró la Dominica in

albis del año 1336, habiendo sido ungido este Rey por el arzobispo de

Zaragoza D. Pedro Luna, asistiéndole los obispos de Huesca, Lérida y

Santa Justa del Reino de Cerdeña, y el Abad de Montearagon. Siendo este

Rey el que escribió el ordenamiento de lo que debia egecutarse en las

coronaciones de los reyes, no es de presumir omitiese ninguna

solemnidad. No nos detendrémos en ellas, toda vez que ya hemos hecho

mencion del incidente ocurrido con el arzobispo, y solo llamarémos la

atencion sobre un hecho, y es que segun el mismo escribe, fué

certificado del escribano de raciones y de otros oficiales, que el

primer dia solo habian comido en la ALJAFERIA, pasadas de diez mil

personas, argumento, como dicen nuestros escritores, de su abundancia,

liberalidad y magnificencia.

CORONACION DE D. MARTIN.

Descripcion é historia del castillo de la aljafería sito extramuros de la ciudad de Zaragoza · 第 4 / 9 段