este alcázar, la relacion que hace Blancas de la manera con que se
adornó en la coronacion del Rey D. Martin,[20] verificada el domingo 13
de abril de 1399, refiriéndose á otra que hizo Carbonell, y que segun
expresa, se conserva en el archivo de Barcelona. «Cuanto á lo primero,
dice, el real palacio de la ALJAFERÍA, que era donde el rey posaba,
parece ser estuvo aderezado de esta suerte. El patio mayor estaba todo
entapizado por las paredes de muy ricos paños de raz, y por sobrecielo á
manera de pabellon para defenderse del calor, se pusieron unas grandes
velas de amarillo y colorado á tiras, con las armas reales de Aragon.
Por el suelo del patio se pusieron dos órdenes de mesas, la una debajo
de los corredores entre los pilares que los sustentan y las paredes, y
la otra por de fuera, y al un cabo en lo que cae hácia la capilla de S.
Jorge, que es hácia la parte de mediodia, se puso un tablado de madera,
al cual se subía por cuatro gradas, donde se puso la mesa para el rey,
debajo de un rico dosel de terciopelo carmesí bordado de oro, con una
muy rica silla que de todas partes se podia ver. En medio del patio, en
lo descubierto, en frente de esto, habia un grande aparador de plata,
con muy ricos vasos de todas maneras para el servicio de la mesa del
rey. Delante de este aparador se hizo un surtidor muy lindo con tres
caños, que echaban de sí, el uno vino blanco, el otro clarete y el otro
agua. Sin este aparador habia en el mismo patio otros sendos aparadores,
á cada lado el suyo, con gran cantidad de bagilla de plata para el
servicio de las otras mesas. En el otro patio que está mas adelante, al
entrar del aposento que llaman de los mármoles,[21] habia por sobrecielo
para defenderse tambien del calor, unas velas grandes blancas y azules á
tiras; y tambien estaba todo este patio entapizado de otros paños de raz
muy ricos, y habia puestas por su órden otras mesas.»
«Otro aposento mas adentro, que llamaban el de la chimenea,[22] estaba
tambien todo colgado de tapicería mas fina, y allí habia un rico dosel,
y este aposento sirvió para que la reina comiese los dias que duró la
fiesta de la coronacion del rey. La sala grande que llaman de los
mármoles, estaba de la misma manera entapizada con paños de raz de mas
linda estofa, y en medio estaba puesto un dosel mas rico que los demas,
y una muy rica silla debajo de él. Dentro de esta sala habia la cuadra
que llamaban de los _paramentos_, y[23] en ella estaba la cama del rey,
que tenía las cortinas de terciopelo carmesí con bordadura de oro y con
las armas reales, y estaba toda esta pieza con colgadura de tela de oro
y de brocado.»
Todavía se encuentran mas pormenores á cerca de la extension del patio,
en la relacion que hizo Alvar Garcia de Santamaria, testigo presencial
(copiada por el mismo Blancas) de la coronacion de D. Fernando I,[24] en
cuya relacion se ven noticias muy curiosas. «En ésta, (la ALJAFERÍA)
habia un corral que había en luengo 54 pasos é ancho 40 pasos, el cual
corral fizo el dicho señor rey cubrir de madera de pino blanco, con teja
vana, sin tierra, con sus lumbreras que estaba muy claro, é con este fué
fecha una gran sala á maravilla, é estaban todas las paredes cubiertas
de paños franceses broflados con oro é sin oro, é asentamientos de
muchas mesas, é un asentamiento sobre gradas real, dó comió el rey, dia
de su coronacion, segun que adelante oirédes; esta sala estaba el cielo
cubierto de piezas de paños de lana, una pieza bermeja, é otra amarilla,
é decian que habia en el cielo de la sala mas de setenta piezas de paño,
é despues de puestas parecia[25] el cielo armas reales de Aragon.»
Tambien advertimos en la relacion que el mismo Alvar Garcia hace de la
coronacion de Fernando I, que se hace mencion del palacio de las
Jarras.[26]
Observamos por los trozos que he transcrito de estas relaciones, que
habia patios como los hay ahora en la ALJAFERÍA, pero á pesar de todo,
¿cómo es posible saber con puntualidad su antiguo estado? Ni memoria se
conserva de la capilla de S. Jorge, ni podemos atinar sino por
congeturas donde estaba la sala de los mármoles, é ignoramos de todo
punto á donde caía el palacio de las Jarras. Tambien Blancas[27] dice
que el rey D. Martin fué el lunes á oir misa á la capilla que decian de
Santa Maria, la que no podemos adivinar donde existía.
Debemos deplorar que en tiempo de los Reyes Católicos cuando se reparó
este edificio, y en las renovaciones posteriores, no se sacase un plano
de su situacion y de sus antiguas estancias, ó que á lo menos no se
hiciese una descripcion exacta.[28]
Es tanto mas estraño este descuido, cuanto que la fama de este alcázar
se halla comprobada con las traducciones de las crónicas caballerescas.
En él se supone que estaba encerrada la célebre Melisendra, y por eso
Cervantes en la segunda parte del Quijote,[29] pone en boca del muchacho
del titerero una historia que, segun decia, era sacada de las crónicas
francesas y romances españoles, que andaban en boca de las gentes y
muchachos por las calles; _la libertad que dió el señor D. Gaiferos á su
esposa Melisendra, que estaba cautiva en España en poder de moros, en la
ciudad de Sansueña_, (que así dice Cervantes se llamaba entonces
Zaragoza):[30] y mas adelante continúa el jóven titerero, «vuelvan
vuesas mercedes los ojos á aquella torre que allí parece, que se
presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora
llaman la Aljafería, y aquella dama que en aquel balcon parece vestida á
lo moro, es la sin par Melisendra.»
CAPÍTULO SEXTO.
De la época en que se construyó la ALJAFERIA: por quite, y destino que
le dieron los moros.
Es un hecho constante que no se puede poner en duda, que el alcázar de
la ALJAFERIA fue construido por los moros, los cuales ocuparon á
Zaragoza el año 714,[31] segun nuestras crónicas, que no me parece que
van desacertadas en este punto. Hasta los escritores árabes suponen, que
á Muzaben Noseir que tuvo el mando de los muslimes en Africa, se le
hicieron invitaciones por algunos cristianos de la Península para pasar
á España. Es notable que los que aconsejaban esta entrada, decian entre
otras cosas, como refiere Conde[32], que las amenidades de España no las
puede igualar ni espresar el mas elegante discurso; ni en la carrera de
sus excelencias hay quien se adelante; que en esta competencia aventaja
á todas las regiones de Oriente y Occidente; que España es Siria en
bondad de cielo y tierra, Yemen ó feliz Arabia en su temperamento; India
en sus aromas y flores; Hegiaz en sus frutos y producciones; Catay ó
China en sus preciosas y abundantes minas; Adena en las utilidades de
sus costas; que en ella hay ciudades y magníficos monumentos de sus
antiguos reyes y de los Jonios, que fueron siempre pueblo sabio, y que
todavía se conservaban restos de ellos en España, como de Hércules el
grande en la estatua de Gecira, y el ídolo de Galicia, y las grandes
ruinas de Mérida y Tarracona, que no se habia visto cosa semejante.
Con el ansia de esta conquista pasó Taric-ben-Zen-yad, é hizo un
reconocimiento en el julio de 710: en su 2.ª espedicion desembarcó en
Gecira--Alhadra (isla verde), y se fortificó en la punta de Gecira, que
en honor suyo se llamó Gebal-Taric ó monte de Taric, ó monte de la
Victoria ó entrada; cuyos hechos de armas se refieren al año 711. Poco
despues ocurrió la batalla de Guadalete, durando ocho dias segun
nuestros historiadores, y segun los árabes tres, el combate mas
encarnizado. El egército de los sarracenos aumentado con los refuerzos
del Wali ó gobernador Muza se estendió como un rio que sale de madre
sobre la desventurada España, porque aunque Taric tenia órden de
detenerse hasta que el Wali se juntase con él; consultados sus
capitanes dividió el egército en tres cuerpos: el 1.º confió á Mugueiz:
el 2.º encargó á Zayde ben Kesadi el Seksek para que caminase á tierra
de Málaga; y el 3.º acaudillado por el mismo partió á lo interior del
reino por tierra de Jaen á Toledo. En este punto se juntaron Taric y el
Wali Muza destituyendo este á aquel, y encargando el mando de sus tropas
á Mugueiz. Taric, que fué por órden del califa restituido despues en él,
puso cerco á Zaragoza, á donde siguiendo la corriente del Ebro llegó
tambien Muza con su egército. En esta ciudad, dicen las crónicas árabes,
se habia reunido mucha gente de España: el riguroso cerco y los combates
la tenian ya muy apurada y cuando llegó Muza decayeron de todo punto de
ánimo los cristianos, y luego salieron á proponer su entrega con buenas
condiciones. Muza sabía, que allí estaban depositadas muchas riquezas de
todos los pueblos de España oriental, y no ignorando el triste estado en
que se hallaban por falta de provisiones, les impuso sobre las
condiciones ordinarias una muy grave exaccion, que debian pagar el dia
de la entrada en la ciudad: ésta era la contribucion de sangre, porque
con ella se redimian de las violencias de la espada del vencedor. La
necesidad los forzó á todo, y allegaron y recogieron todas las alhajas
de los vecinos poderosos y de los templos, para cumplir la gran cuantía
que pidió Muza ben Noseir: asimismo tomó rehenes á su contento de la
juventud noble de esta ciudad: puso en ella un buen presidio con
escogida gente, dando el gobierno á Hanax ben Abdala Asenani, que poco
despues edificó allí una mezquita y una principal aljama. Nuestros
escritores van acordes con lo que refiere Conde, diciendo además que
Muza llegó á Zaragoza despues de haber hecho un grande estrago por su
resistencia en Catalayud, llamada entonces Bílbilis. El Maestro Diego
Espés en su historia manuscrita, que se encuentra en el archivo del
Metropolitano templo del Salvador de esta capital y que hé registrado
con este motivo[33], pretende asimismo, que Muza y Tarif iban con
egército separado, y que se reunieron en Zaragoza, de cuya opinion es
tambien Zurita, y que esta ciudad capituló con condiciones honrosas,
siendo una de ellas la de dejarla vivir en su ley. Este escritor
sostiene que Zaragoza fué ganada el año 714 y no el 716, como dice
Rasis, fundándose para combatir el error de este último, en que un año
antes del 716, el general Tarif, y el gobernador Muza habian vuelto de
la Francia gótica á Córdoba, refiriendo en su apoyo una carta que supone
escrita por D. Pelayo á Tarif en la era 753 ó año de J. C. 715.
Entregada (continúa Espés) la ciudad de Zaragoza á su enemigo con el
mejor concierto que pudieron, dejaron aquellos generales de los árabes
por gobernador y alcaide de esta provincia á un capitan llamado por
nombre Ismad Abenhut,[34] hombre de mucho esfuerzo y valor, natural de
la Arabia.
En España quedó mandando Muza, á quien Vlith encargó su gobierno, y por
su muerte se confirió el mando á Abdulaziz, su hijo que es de quien se
cuenta haber enviado á Abdemelec Abencat, á que persiguiese á los
cristianos hasta el monte Vruel inmediato á Jaca. Por muerte de
Abdulaziz se dividieron los árabes de España, y se separaron de la
obediencia del califa Vlith, á quien la habian prestado durante largo
tiempo despues de la conquista. Temiendo la venida de Carlo-Magno,
crearon para su defensa un rey que residia en Córdoba, pero aumentadas
las discordias, los gobernadores de las ciudades se alzaron con su mando
como régulos[35]. Zaragoza corrió la suerte de las demas ciudades
populosas, y tuvo tambien su rey.
Apoderados los moros de ella, egecutaron las obras necesarias para su
defensa y recreo, y además del palacio de la Azuda, que se supone
exsistia donde ahora está S. Juan de los Panetes, y en el que se hospedó
el rey D. Alonso el batallador á su entrada en Zaragoza, construyeron el
de la ALJAFERÍA que estaba próximo al 2.º muro de la ciudad. Esta era
mucho mas reducida que lo que es ahora, cuando fué conquistada por los
moros. Augusto César que la reedificó, construyó con la piedra picada
que hizo traer con barcas de las ruinas de Julia Celsa, (que unos
pretenden ser Gelsa y otros Velilla)[36], un muro que principiaba en el
sitio que ocupaba el monasterio del Sepulcro, que continuaba hasta el
Pilar, y cruzando por el local en que está la capilla de S.
Agustin,[37] corria derecho á S. Juan de los Panetes, y de allí seguia
por la izquierda de la Albardería y Coso,[38] hasta juntarse con el
castillo de D. Teobaldo, que estaba en el Sepúlcro. Frente de este muro
se hallaba el foso, que despues ha dado el nombre de Coso á esa calle
magnífica. A mas de este muro habia otro no tan fuerte, apartado por
unas partes mil pasos y por otras menos, el cual ya databa del tiempo de
los godos, pues en 544 hallándose sitiada Zaragoza por el Rey
Childeberto (sitio que se levantó mediante la cesion de la túnica de S.
Vicente) se hizo una procesion con grandes lamentos entre los dos muros.
Que el segundo llegaba hasta el sitio que ocupa hoy la puerta del
Portillo, lo demuestra el intentado asalto de los moros por aquella
parte, poco despues que fué reconquistada Zaragoza, y cuya derrota dió
lugar á la ereccion del templo de Ntra. Sra. titulada del Portillo. Este
muro se estendia desde la Azuda al Portillo; desde este punto hasta el
Carmen (cuya puerta se llamaba entonces Baltax) y seguia por la torre
de Zaporta, Sta. Engracia, Sta. Catalina, Puerta Quemada, S. Agustin y
de allí corria hasta la puerta de Sancho[39].
Se ha hecho esta descripcion de la antigua topografia de la Ciudad, para
que se vea que el castillo de la ALJAFARIA no se hallaba tan distante,
como se supondria en otro caso, y que al mismo tiempo que era un sitio
de recreo de los reyes moros, era un punto de defensa en aquella época
en que no se conocia la artillería. Bajo este doble concepto fue
construido sin duda por los moros. Así es que en este alcázar se
hospedó, segun refiere Conde, Abderrahman Anasir Rei de Córdoba cuando
por los años 917 vino á Zaragoza. Esta obra se atribuye á Abenalfage,
que si creemos á nuestros historiadores reinó desde 864 hasta 889. No
puedo pasar por alto, que el nombre de este monarca no resulta en el
catálogo de los reyes moros que pone Conde en su historia, ni tampoco en
el que trae el erudito D. Juan Francisco Masdeu en el tomo 15 que trata
de la España Arabe: pero este no es un motivo[40] para que nosotros
reputemos fabuloso este personage, cuya memoria se conserva desde la mas
remota antigüedad en un edificio que lleva su nombre.[41] Así es que
Bartolomé Leonardo de Argensola[42] dice que los moros lo llamaron
ALFAJERIA y no ALJAFERÍA como ahora; de cuya rectificacion, hecha por un
hombre tan instruido en nuestras antigüedades, se deriva otro
comprobante de quien es el verdadero autor de este alcázar.[43] El
erúdito Luis Lopez en su obra titulada, _Trofeos y antigüedades de
Zaragoza_, página 345 dice: que habiendose alzado el capitan Abdila con
la corona de Zaragoza por la ausencia de Aben-Lope, que fué á
establecerse en Toledo, los historiadores no hacen mencion de otro hasta
el año 864, en que hablan de Abenalfage que segun refieren, entrando en
Zaragoza se tituló rey, mostrandose magnánimo y generoso, perpetuando su
memoria en edificios públicos, y que Blancas en sus comentarios le
atribuye el de la ALJAFERÍA que fué palacio de los reyes moros.[44] El
mismo Lopez dice que tambien se le atribuye á Abenalfage la construccion
de la mezquita mayor, hoy la Seo ó Metropolitana, y se funda en que
siendo obra de moros á ninguno puede aplicarse con mas propiedad,
porque habiendo construido un palacio para sí, no es regular que lo
dejase de construir para las ceremonias de su secta. Fundado igualmente
en el celo de Abenalfage por el islamismo pretende, que para poder
hallarse con mas comodidad y sin publicidad en la mezquita, hízo hacer
una via subterránea desde la ALJAFERÍA hasta la mezquita mayor, que
atravesaba á lo largo la mayor parte de la ciudad, sobre lo cual se
refiere vagamente á los escritores que tocaron este punto, y á los
diversos vestigios que se hallan en los subterráneos de algunas casas de
la calle de la Cuchillería. Blancas tambien hace esta indicacion en sus
comentarios, diciendo que no se atrevería á aseverarlo, sino se
encontrasen varios subterráneos en muchas partes de la ciudad. Deseoso
de informarme de esta particularidad, he tratado de hacer
averiguaciones, y mi estimable compañero el letrado D. Manuel Villava me
ha manifestado, que al reedificar su casa que se halla frente al arco de
S. Roque, encontró un subterráneo ó bóveda; y el archivero del
metropolitano templo de la Seo D. Pedro Dusen me refirió así mismo, que
desde dicho templo, si quiere, desde la capilla de nuestra Señora de las
Nieves, que es la contigua á la de S. Valero, entrando por la puerta del
Santo Cristo, corría una bóveda subterránea bastante espaciosa y honda
de mampostería, que se dirigia hácia la plaza de Santa Marta, sin que
haya encontrado hasta ahora, segun me aseguró, documento ninguno que
hablase de esta obra. Con estas noticias coinciden las que da el P.
Zaragoza,[45] el cual dice, «existen vestigios de ocho calles
subterráneas descubiertas en varios tiempos, unas cavadas en la tierra,
otras formadas de piedra y cal, algunas con arcos y bóvedas, y una
sostenida de columnas parecidas á las que se ven en la iglesia
subterránea de Santa Engracia, de cuyas calles hay tres que paran en el
cementerio, y otras tres cuyas minas terminaban en la capilla del
Pilar», lo que tambien supone de las otras cuya direccion no pudo
averiguarse. El P. Zaragoza atribuye estos subterráneos á los cristianos
de los primeros siglos, y cree que los construyeron para asistir á los
templos sin incurrir en las penas que se fulminaban por los emperadores;
pero no hay ningun inconveniente tampoco para suponer, que de ellos
pudieron aprovecharse los moros y mejorarlos para formar un camino
cubierto que dirigiese á la mezquita.
A algunos parecerán quizás sueños estas indicaciones, pero no lo creerá
así el que haya visto el subterráneo, que se encuentra en la casa número
91 del Coso frente á la parte posterior del Seminario Conciliar, cuya
casa es propiedad de la familia de Asensio. Llevado de la curiosidad
bajé tambien un dia, y en una estension de trece pasos regulares de
longitud con diez de ancho conté diez columnas, que formaban como un
templete rectangular. Cuatro hay á cada lado y una en cada uno de los
centros de las cabeceras del cuadrilatero. Las seis columnas son
redondas y las de los cuatro ángulos son cuadradas aparentando estar
formadas del agrupamiento de cuatro. Su altura desde el suelo viene á
ser de unos nueve palmos y medio. El capitel de las columnas es muy
brusco y no tiene adorno ninguno, y sino fuese porque en la parte
superior termina en cuadro, se podria considerar como un codo truncado.
A las inmediaciones del templete hay unos claustrillos de poca anchura,
que tienen en la parte superior arcos de ladrillo, que se cruzan y
forman la misma montea que los de las Iglesias. Se advierte en un
cuarto, que se halla á la derecha, la continuacion de los arcos, y uno
muy grande que está tapiado. Tambien ví una columna casi destruida por
la humedad. Al entrar en este subterráneo se nota á la izquierda una
comunicacion interceptada. Es imposible decir cual seria el objeto de
este edificio, pero atendido el remate de las columnas, no es aventurado
atribuir esta obra á los moros segun el estilo, que se observa en las
que ejecutaron.
CAPÍTULO SÉPTIMO.
Del Castillo de la Aljafería despues de la conquista de Zaragoza por D.
Alonso el Batallador: establecimiento de su capilla y dotacion de sus
capellanes.
Otra época no menos memorable para este castillo principia desde la
reconquista. Ocupada Huesca en 1096 por el ejército de D. Pedro I, á
consecuencia de la victoria que pocos dias antes habia obtenido en el
Alcoraz, llanura poco distante de aquella plaza, en cuya sangrienta
batalla rompió el ejército del rey moro de Zaragoza, á quien nuestros
escritores llaman Almozaben, esta última ciudad se vió amenazada ya de
su ruina, mayormente habiéndose establecido á cinco leguas de distancia
la gran fortaleza del Castellar, que parece estaba construida el año
1098, desde la cual ponian cada dia nuestros ricoshombres en
perturbacion á Zaragoza. Habiendo muerto D. Pedro I en 28 de Setiembre
de 1104, le succedió su hermano D. Alonso Sanchez, llamado el
batallador, que estuvo casado con Doña Urraca de Castilla, el cual puso
el primer sitio á Zaragoza en 1107, cuyo sitio tuvo que levantar por la
llegada del rey de Marruecos Jucef, que habia tomado á Cuenca, y que
apretaba á Toledo. D. Alonso le siguió hasta Andalucia por socorrer á su
tio, y desde entonces ya principió á pensar seriamente en la conquista
de Zaragoza; bien que el cerco no se puso con estrechez hasta principios
de 1114. A los de 1118 se dió un asalto; pero lo que decidió de la
conquista fué la célebre batalla de Cutanda en la que murió Abu-Bekir
ben Alari, y perecieron 20,000 moros[46], con cuyo motivo Zaragoza le
abrió sus puertas en 18 de Diciembre de 1118 según nuestros
historiadores, ó de 1115 como opina Blancas[47], aunque los árabes
pretenden que esta batalla fué posterior á la conquista de Zaragoza. No
podemos resistir al deseo de copiar de Conde lo que dice relacion á la
entrada en esta capital. «Cuando esto vió (dicen los manuscritos árabes)
Aben-Radmir (así llamaban á D. Alonso) despreció los conciertos que
tenia con Amad-Dola, y le pidió que le dejase la ciudad de Zaragoza. El
rey Amad-Dola se vió cojido en las redes que él mismo había ayudado á
tender, y no sabia que partido tomar: y sin responder al rey Radmir
cuidó de fortificar la ciudad cuanto le fué posible, y proveerla para el
cerco que esperaba. No se descuidó Aben-Radmir en buscar gentes de los
montes de Afranc,[48] y con infinita chusma que parecian hormigueros, ó
tropas de langosta, vinieron á cercar la ciudad de Zaragoza; y ordenaron
sus combates y labraron torres de madera que conducian con bueyes, las
acercaban á los muros y ponian sobre ellas truenos y otras veinte
máquinas, y tenian esperanza cierta de tomarla, y así apretaron el
cerco, y la pusieron en tanto estrecho que perecia de hambre la mayor
parte de la gente, pues como la ciudad era muy poblada y de mucha gente,
no bastaron las provisiones que se habían podido llevar antes del cerco:
y así enviaron á tratar de avenencia con el rey Radmir, que ya no
esperaban socorro sino del cielo. El rey Radmir les ofreció seguridad en
las vidas y haciendas, y que fuesen libres en morar en aquella ciudad, ó
retirarse á otra parte: y con esto se entregó la ciudad, y muchos
nobles Muzlimes pasaron á Valencia á Murcia: esto pasó el año quinientos
doce: el rey Amad-Dola se retiró con toda su familia á la fortaleza de
Rot-Alyehud. Pocos dias despues de entregada la ciudad de Zaragoza,
llegaron 10,000 caballos que enviaba de Africa el rey Ali, y como
entendiesen que ya la ciudad estaba en poder de los cristianos, se
detuvieron antes de llegar.»
Luego que entró D. Alonso en Zaragoza se alojó en el palacio de la
Azuda,[49] junto á la puerta de Toledo, cuya construccion se atribuye á
Aben-Aya ó Aben-Aire, y de quien se supone tomó nombre la calle de
Bonaire. A seguida cumplió este rey con los deberes de la religion, y
entre otros varios actos de munificencia piadosa, se cuenta la donacion
de la ALJAFERÍA á la Religion de S. Bernardo,[50] á devocion de este
Santo Patriarca que florecia entonces en santidad y letras, cuya
donacion dice Luis Lopez que no se sabe si tuvo efecto, pero por los
documentos de que haré mérito á seguida, se evidencia, que se atendieron
los derechos del monasterio para que por uno de sus monges se sirviese
la capilla[51].
En la obra manuscrita del maestro Espés[52] se dice que en la era de
1156 que corresponde al año 1118[53] el postrero de julio confirmó el
obispo D. Pedro Librana la donacion que el rey D. Alonso hizo de la
JAFERÍA á Berengario Abad Crasense[54] y sus monges, y les dió licencia
de edificar allí iglesia en honra de Dios, y de Santa Maria, y de San
Martin y de San Nicolas, y de que pudiesen tener pila de _bautizar_,
_cimenterio_, _y dar misa nupcial con los demas derechos parroquiales_,
y por valerme de las palabras del instrumento, _omnem christianitatem,
sicut parochialibus ecclesiis in episcopatu mos est_. Concede asimismo á
dicha iglesia las décimas y primicias de todas sus labores y
heredamientos, y dice en el propio acto que lo hizo con consejo y
voluntad de todos sus hermanos los clérigos de su iglesia, salvo la
reverencia y obediencia episcopal, y nombra los clérigos que
intervinieron en esta donacion en el mismo acto de esta manera: Galindo
Arcediano, Guillermo Sacristan, Pedro Cabeza de Escuela, Sancho
canónigos: Arsino escribano, Martin Viejo capiscol, Guillermo Capellan,
y Hugo con otros, y añade Espés, que ésta fué la primera donacion que
hizo este santo obispo.
Para que se tenga una historia completa de estas donaciones me parece
del caso decir, que el papa Urbano II á 16 de las calendas de mayo, año
de la encarnacion 1095, concedió al rey D. Pedro, el conquistador de
Huesca, y á sus sucesores las décimas y primicias de todas las tierras
que ganáran de los moros. Este rey murió á 28 de Setiembre de 1104 y le
succedió su hermano D. Alonso, porque un hijo que tenia aquel del mismo
nombre falleció pocos dias antes. Este rey conocido con el nombre de
batallador donó al obispo de Zaragoza D. Pedro Librana las décimas y
primicias de todas las iglesias de su obispada, y el 4.º y derecho
episcopal de todas las que estuviesen en los términos de su obispado[55]
y finalmente todas las heredades de las mezquitas, cuya donacion lleva
la fecha de la era de 1156, equivalente al año de Cristo 1118.
El Emperador D Alonso 7.º de Castilla, hijo de Doña Urraca muger de D.
Alonso el batallador en la era de 1172, año de 1134, (que es cabalmente
en el que murió cerca de Fraga el rey de Aragon su padrastro) confirmó
las donaciones que los señores reyes D. Alonso y D. Ramiro hicieron á la
Iglesia de Zaragoza.