de Casalla y Alonso Hernández zapateros, á sacar el auto de la
Conversión de la Magdalena en el Corpus del mismo año de 1551 «con vn
castillo» que era del gremio, con cinco ó seis hombres y los que fueren
menester «para el dho. paso e obra» dándole vestidos de las mejores
ropas. Los zapateros se comprometían á facilitar ocho hombres que
llevasen el mencionado castillo y el Diego Paez á que los cantantes que
mostraría el tercer día de Pascua del Espíritu Santo «para la muestra
que tengo de hacer de dho. auto» fuesen los mismos que sacaría el día de
la Fiesta que iría con los recitantes en el castillo, saliendo asímismo
con ellos el tercer día de Pascua para el ensayo yendo el del Corpus á
los cantos, y en la procesión hasta que volviese esta á la Iglesia,
recibiendo seis ducados y medio de oro, 9 de Mayo de 1551[80].
Profesiones de Antaño
Tan radical ha sido la transformación experimentada en la vida pública ó
privada de los españoles durante el espacio de cuatro siglos, que,
cuesta hoy trabajo creer en la existencia de algunos. En aquellos días,
para nosotros inolvidables, en que registrábamos á nuestro sabor los
numerosos legajos de este Archivo general de Protocolos, ocupación
gratísima, de la cual nos hemos visto privados por la suprema voluntad
del actual Notario Archivista Don Antonio Lemus y Malo de Molina, que lo
estima como propiedad particular suya y no permite efectuar en él
investigaciones de interés histórico: ¡cuantas curiosísimas escrituras
pasaron ante nuestra vista, demostrativas del espíritu, de las
tendencias, de las preocupaciones de los hombres de antaño! De algunas
de ellas tomamos ligeras notas, las más, allí han quedado sepultadas,
bien hasta que otros mas afortunados consigan registrarlas, ó bien para
que la polilla dé cuenta de ellas destruyendo un tesoro histórico
insustituible.
Entre nuestros apuntes de entonces, hemos hallado uno que confirma el
cambio de que hablamos, experimentado en las costumbres; porque ¿quién
sospecharía que hasta los mancebos más pertinaces viciosos valíanse
entonces de las escrituras públicas para procurar la enmienda de sus
yerros? A este propósito bien merece consignarse la nota siguiente:
Diego de Jerez, hijo de Gonzalo González de Jerez, se obligó por
juramento que hizo en escritura pública, ante los escribanos de Sevilla,
á no jugar á los dados, ni entrar en casa donde supiese que jugaban, por
término de diez años, sopena de perjuro é infame, 16 de Enero de
1461[81].
No dudamos que al lector habrán de ocurrirse sabrosos comentarios, como
ocurrieron á nosotros, después de conocido el documento, pues, es de
tal naturaleza, que su lectura préstase á reflexiones de índole
distinta, por más de un concepto.
Como natural consecuencia de aquellas costumbres, se nos ofrece la
práctica de ciertas profesiones y oficios, que alcanzaron gran boga
entre nuestros antepasados.
Espectáculo, bien curioso, por cierto, sería para los que hoy vivimos,
el que diariamente ofrecían las Gradas de la Catedral y la plaza del
Salvador, sin contar otras calles y sitios concurridos de la ciudad,
donde se pregonaban las subastas y almonedas judiciales, como las
voluntarias, las cuales tenían lugar ante numeroso y abigarrado conjunto
de personas de todas clases sociales, que allí confundidas esperaban la
llegada del alguacil y del escribano, encargados de la venta de
infinitos heterogéneos objetos, dignos algunos del Jueves ó del Boquete,
y otros aplicables al atavio de las personas ó de las casas más
calificadas.
Voceaba el pregonero, lo mismo las prendas de uso más íntimo y personal,
como eran las camisas, calzas, jubones, sombreros y zapatos viejos, como
las más preciadas telas, las tapicerías ó «paños de rás,» guadameciles,
encajes, armas, vidrios, esmaltes y cuantos objetos de arte suntuario
empleaban nuestros magnates en sus personas ó viviendas, juntamente con
los utensilios y más insignificantes trebejos del menaje de una casa,
cuya enumeración es bastante para formar juicio exacto de la vida
privada y de la pública, de todas las clases sociales.
Todo era subastable entonces; baste decir, que, hasta los peines, bien
es verdad que aquellos sacados á pregón, no eran como los que
corrientemente usamos hoy, de despreciable pasta, caucho ó celuloide,
sino de marfil ó de plata artísticamente tallados, con finos y
elegantísimos adornos de renacimiento, ó con asuntos religiosos ó
profanos, por lo cual, no era extraño que tales verdaderas joyas, fuesen
adquiridas por sujetos muy calificados, así como las prendas de vestir,
tabardos y gregüescos, capas y manteos, calzas y jubones ricamente
bordados de oro, con pasamanos y encajes de subidísimo precio, sin
contar aquellos jaeces de caballos, cuya simple enumeración por boca del
pregonero, nos da á conocer su singular riqueza, tan singular, que hoy
no se concibe.
Pues, si estos actos atraían la atención ó interés de todas las clases,
volvamos la vista hacia el Arenal: allí presenciaríamos entre otros
animados y vistosos cuadros que tan frecuentemente se sucedían, los de
las públicas lecciones de esgrima, que ante numeroso concurso de la
soldadesca de mar y de tierra, de rufianes y bravos de profesión, de
moriscos y de indios, mulatos y negros, daba algún maestro de los muchos
que entonces bullían por la ciudad, demostrando las excelencias de la
espada blanca ó de la prieta, así como la bondad de las escuelas, de los
maestros Francisco Roman, Bernal de Heredia ó de los sucesores de éstos,
los famosos Carranza ó Pacheco de Narváez.
Tendía el maestro la amplia capa en el suelo, para que sobre ella
cayesen las blancas y maravedises con que el público lo socorría; y
trazada una gran circunferencia en la tierra con la punta de la espada,
y empuñándola arrogante, describía círculos rectos, tajos adelante y
atrás, revolvíase como energúmeno, saltaba agilísimo de un lado á otro,
acometía ó bien retrocediendo, simulaba parar los golpes de su imaginado
contrario, todo tal y tan verdaderamente, como nos lo pintó al vivo el
gran Quevedo, en su saladísima crítica de los que elevaban la esgrima á
la altura de la ciencia matemática, tan á maravilla ridiculizados en el
Buscon Don Pablos ...
Pero, no prosigamos por este camino, que habría materia para llenar un
volumen; y vengamos al tema de este articulejo, en el cual vamos á dar
á conocer algunas profesiones, que en los siglos pasados tuvieron gran
auge, y cuya existencia no nos explicamos ni acertamos á comprender hoy.
Creíase entonces por altos y bajos, chicos y grandes, como verdad
inconcusa, que habia sujetos dotados por la Divina Providencia de la
virtud de curar enfermedades, por medios sencillísimos: llamábanlos
«saludadores» y he aquí lo que de ellos nos dice el docto Covarrubias:
«Saludar en otra significación, vale curar con gracia «gratis data» y á
los que esta tienen llaman Saludadores, y, particularmente saludan el
ganado; pero, yo mas cierto tengo auerse dicho de saliua, saliuador, por
tener en ella la virtud de sanar, y assí los saludadores dan vnos
bocaditos de pan al ganado, catados por su boca, y mojados en su saliua
y de que esta tenga virtud para algunas enfermedades rabiosas ay lugar
de Plauto ... Escribe Plinio, libro 10, capit. 23. Al fin del auer
costumbre de escupir en la cara al que le toma el mal de gota coral por
remedio. Quienes tengan esta virtud ó no, aueriguenlo los ordinarios,
porque muchos de los que se dizen ser saludadores, son embaydores y
gente perdida».
Era profesión, que públicamente la practicaban no pocos embusteros, á
ciencia y paciencia de los médicos de entonces, que no se quejaron, que
sepamos, de sus trapacerías y engaños, las cuales pueden ponerse al
nivel de la buena ventura de nuestras gitanas. Pero, entonces no había
quien dudase ni por asomo, de la eficacia de aquellos privilegiados
seres, que vivían y holgaban á costa de los crédulos con su lucrativo
oficio, entre los cuales contábase nada menos, que con el Cabildo y
Regimiento sevillanos, como prueba el siguiente documento:
«Por carta de la çibdad firmada de juan fernández alcalde e de mendoça e
alonso fernández e alonso lopez escribano fecha 22 noviembre de 1441
años por la qual mando al dho. mayordomo que de ende luego a pero alonso
saludador o al que les oviere de aver por el quinientos mrs. que la
deha. çibdad le mandó dar por el afan e trauajo que a pasado e pasa en
curar de las personas que estauan dotadas de rauía en la dha. çibdad e
en su tierra los quales con la ayuda de dios todos guarecían de que se
sigue mucho prouecho e bien al comun de la dha. çibdad e que tome del su
carta de pago ... etc.[82].
¿Qué extraño es, pues, que si la Corporación municipal nada menos,
confiaba en la virtud de los saludadores, fuese ésta arraigada creencia
en las clases todas de la sociedad?
Pedro Martínez, saludador, dirigió una petición á la Ciudad, como consta
en una hoja suelta de Actas capitulares, que comprende el comienzo del
Cabildo de viernes 19 de Agosto de 1491.
Cómo esta preocupación permaneció viva en el siglo XVI, pruébanlo las
siguientes notas:
Bartolomé Porras, saludador, era vecino á la Puerta de Triana en 1534 y
se le halla citado en el Padrón vecinal de dho año lo mismo que á Anton
Sánchez, saludador, vecino de Alcala del Río, el cual obligóse á pagar á
Hernando Navarro, ropero, 48 rs. resto del importe de un manto que le
había comprado, 4 Marzo, 1560[83].
* * * * *
De saludador á curandero ó viceversa, no había más que un paso, y entre
los segundos también los hubo que gozaban de crédito en la república
hispalense, no siendo agenas á la profesión las mismas mujeres como p.
e. Antonia Martínez de Cervantes «física y cirujana,» la cual por
escritura pública ante Juan García á 11 de Diciembre de 1450, obligóse á
curar en doce días á Pedro de Ortuño de la finchazón que tiene en su
cuerpo e piernas e del figado e bazo e estómago ... etc.[84]
Asi, con esta seguridad nada menos, y por ante escribano, en público
documento, comprometíase la «física y cirujana,» á curar al desdichado
Pedro de Ortuño, cuyo cuerpo, bien podría compararse con la famosa caja
de Pandora, según los males que le aquejaban.
Igual reputación contaría en la villa de Lebrija Antonia Sánchez, mujer
de Juan Gutiérrez Hidalgo, la cual durante mucho tiempo dedicábase á la
especialidad de curar las quebraduras de brazos y de piernas con permiso
del Licenciado Loaysa, y no obstante aquel el Licenciado Roxas, Teniente
de Asistente, le prohibió que lo hiciese, por lo cual acudió al Cabildo,
á fin de que le ratificara el permiso obtenido. (Siglo XVI).
No es de extrañar que si las mujeres se obligaban á curar enfermos en
plazo fijo y por escritura, los hombres fuesen á la zaga y así veremos
que el curandero Antonio de Vargas obligóse en 1495, por carta ante
Francisco Segura, á curar de un lobanillo que tenía en el pescuezo á la
mujer del librero García Fernández, y en términos de tres meses (ni uno
más ni uno menos) por lo cual recibiría 5000 maravedises[85].
Maestros de curar lamparones y quebraduras fueron Carlos de Villafranca
y Pedro Rodríguez, los cuales obligáronse á curar á Francisca, criada de
Nicolás Durango, por escritura de Miércoles 12 de Agosto de 1489[86].
Ya que tratamos de la ciencia de curar, aunque practicada por
saludadores y curanderos, dedicaremos algunas líneas á la profesión de
la «flebotomia» que es ni más ni menos que la de los sangradores, y á la
cual, los poco escrupulosos amanuenses del siglo XVI, llamaban
flonotomia y de aqui flonotomianos. Estos, además, solían ser dentistas
y fabricantes de medicinas. Véase al propósito el siguiente documento:
«Sepan quantos esta carta vieren como yo maestre juan de peralta
cirujano vecino que so desta çibdad de seuilla en la collación de santa
maría digo que por quanto vos guillermo frances natural de badad tierra
de francia ha syete años que entraste conmigo a me servir para aprender
el oficio de sacar dientes e muelas que dizen notomia e a curas de
quebrados e potras e fazer bragueros e fazer poluos para lombrizes e
fazer aguardiente e otras ¿diversas? medecinas ... etc. dice: que en
virtud de haberle servido los dichos siete años y ser ya habil y
suficiente suplica á los protomedicos de Sus Majestades que lo
examinaran y diesen licencia para ejercer su oficio dándole carta de
exámen». 13 de Enero de 1524[87]. y que la profesión tenia ya de
antiguo, arraigo, pruébalo la petición que los flonotomianos (sic)
elevaron al Cabildo de la ciudad para que les guardasen sus privilegios,
en 11 de Septiembre de 1507[88]. Andaban, pues, entonces unidas las
profesiones, y así las hemos conocido todavia en nuestra juventud, de
barberos, sangradores y sacamuelas, aunque con respecto á los últimos
los hallamos citados como especialistas desde los albores del siglo XVI
(p. e.) Maestre Agostín que vivía en la «ysleta de calle de las
Sierpes» en 1500 y á Maestre Juan de Peralta vecino en la collación de
Sta María en 1541.
Citaremos por último á título de curiosidad, como médicos
«especialistas» para que se vea que no es nueva la distinción que
hacemos hoy de ellos, á Maestre Fernando cirujano de la Ciudad que
reclamaba en 1459 que le pagasen su salario por los servicios que
prestaba á la misma, entre ellos, el de ir á la guerra[89].
Maestre Sancho Vizcaino maestro de curar ojos, vecino de Bilbao,
hallándose en Sevilla apoderó á Pedro Ruiz para recibir ciertas cosas
contenidas en una caja que le remitian desde Lisboa, 26 Febrero
1504[90].
Bartolomé de Mesa, maestro de curar bubas, cobraba sueldo anual de la
ciudad en 11 de Octubre de 1511[91].
A Felipe Tovara «cirujano de la orina» le pagaba también salario el
Concejo, por mandato real en 8 de Julio de 1597 y en 10 de Mayo de
1602[92] y por último consta que Maestre Antonio Purga ó Parga cobraba
24 ducados por curar de quebraduras; en 21 de Agosto de 1602[93].
* * * * *
Don Diego Hurtado de Mendoza en su Lazarillo de Tormes, dice entre cosas
al hablar del pícaro ciego. «En su oficio era un aguila. Ciento y tantas
oraciones sabía de coro, un tono bajo, reposado, y muy sonable que hacía
resonar la Iglesia donde rezaba, un rostro humilde y devoto que con muy
buen continente ponía cuando rezaba sin hacer gestos ni visages con boca
ni ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenía otras mil formas
y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones para muchos y
diversos efectos ... pues en caso de medicina decía que Galeno no supo
la mitad qué él para muelas, desmayos y males de madre. Finalmente nadie
le decía padecer alguna pasión que luego no le decía, haced esto, haced
estotro, coced tal yerba, tomad tal raíz. Con esto andábase todo el
mundo tras él, especialmente las mujeres que cuanto les decía creían ...
También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa porque
me tenia mandado que en yéndose el que la mandaba rezar le tirase por
el cabo del capuz. Yo así lo hacía y luego él tornaba á dar voces
diciendo: ¿mandan rezar tal y tal oración? como suelen decir ...
Por esta acabada pintura viénese en conocimiento que los ciegos de
antaño serían en su mayoría redomados pícaros y avisados truhanes, que
vivían de la piedad de las gentes, lucrándose de su buena fe y
estimulando su devoción con el recitado de oraciones que tenían para
todos gustos; así se comprende que el «oficio de ciego» tuviese su
aprendizaje como los practicados por menestrales, y probablemente,
también, como acontecía con estes, serían sometidos á exámen, pues, como
adelante veremos, los desdichados ciegos parece que constituyeron
hermandad, ya que no gremio, como todos los oficios mecánicos.
En tal virtud creemos curioso el siguiente documento:
«Pone por aprentis leonor rodríguez, mujer de juan sobrino ollero,
vecino de triana guarda e collación de seuilla a lope su hijo ciego moço
de edad de doze años poco más ó menos que esta so su poderío e
administración con juan de villalobos ciego vezino desta dha. çibdad en
la collación de santa Maria magdalena questa presente desde oy día
fasta quatro años primeros para que en este dho. tiempo el dicho su fijo
le sirua en el dho. su oficio de rezar e le acompañar en todas las otras
cosas que le dixere e mandase fazer ... etc. El maestro le daria al
aprendiz de comer, beber, vestir, casa y lecho, enseñándole á rezar y á
decir oraciones bien y cumplidamente. Lunes 14 Septbre. 1495[94].
El formulario natural empleado en este contrato es exactamente igual al
de cualquier carta de aprendizaje celebrada entre pintores, escultores,
plateros ú otro oficio, por tanto, no cabe duda, que entonces se
consideraba como verdadera profesión la de los ciegos rezadores.
Y que estos estaban también agremiados, parece probarlo el siguiente
documento que extractamos: Juan de la Redondela ciego ...» otorgo e
conozco a vos luis fernández cabron ciego vecino de la dha cibdad en la
collación de señor sant viceynte «depositario de los privilegios de los
ciegos» desta dha cibdad e de su arçobispado questades presente que por
quanto vos ... me days los preuilegios de los dhos ciegos porque goce
dellos segúnd que los otros ciegos gozan «e me recibis por hermano en
la hermandad de los dhos. ciegos,» por ende otorgo de dar e pagar á los
dhos. ciegos e a vos el dicho luis fernandez en su nombre 24 mrs. de
cada un año que será la primera paga para el día de casimodo de cada año
... etc. 5 Abril 1526[95].
Todavía entrado el siglo XVII, además de los particulares, el mismo
Concejo sevillano costeaba «oficialmente» un rezador, el cual no consta
que fuese ciego, más para el caso no es esencial la diferencia.
Por acuerdo capitular de 20 de Febrero de 1636, fue nombrado el hermano
Pedro Diaz de Villamayor «para que encomiende las benditas ánimas del
purgatorio todas las noches á las horas acostumbradas repartiéndose por
todo el lugar desde la oración del ave maria hasta que hayan tocado
conforme á la costumbre y gane lo que han llevado «sus antecesores» y
este nombramiento hace la ciudad por el tiempo que sea «su
voluntad»[96]. La frase subrayada indica que era vieja la costumbre de
que la ciudad pagase rezadores.
Vamos á pasar ahora «de lo religioso á lo profano.»
* * * * *
Durante el siglo XV fué también oficio socorrido el de juglar, los
cuales ocupábanse en divertir á magnates y pecheros, recitando poesías y
cantando al par que tañían sus instrumentos, todo esto mediante
remuneración.
La casualidad ha hecho llegar hasta nosotros la noticia de la existencia
de algunos juglares sevillanos, entre los cuales debió de gozar de gran
prestigio, un tal Guillen, que fué vecino de la collación de San
Esteban, y como tal se le cita en el Libro del Mayordomazgo mayor de
esta ciudad del año 1407, consignando que era «franco por privilegio del
Rey.»
Este privilegio nos inclina á creer que acaso sirvió al mismo Enrique
III, al cual debería la exención de todo pecho y tributo, más bien que
al niño Don Juan II proclamado en 1406.
Posible es que este juglar fuera uno de aquéllos á quienes se refiere el
siguiente título que va á la cabeza de unas cantigas citadas en el
Cancionero de Baena.
«Esta cantiga fizo el dicho Alfonso Aluarez por alabança e loores de la
rredundable cibdat de seuilla e presentola en el cabildo e fizogela
cantar con juglares delante los offiçiales e ellos mandáronle dar en
aginaldo cient doblas de oro por esta cantiga e dende enadelante de cada
año por cada cantiga otros ciento» y cuya primera estrofa dice:
ffuente de grand marauilla
jardyn de dulce olor
morada de Enperador
ríca fermosa baxilla
digan esto por seuilla
trobadores e poetas
pues que synos e planetas
lo sostienen sin mansilla
Síguen otras tres cantigas que de igual modo que esta, cantaron juglares
ante el Concejo en los días de Navidad de tres años siguientes, por las
cuales recibió el poeta sendas cien doblas.
En 1442 moraba en la collación de San Miguel el juglar pedro Rodríguez,
según consta del Padrón de Contias de los vecinos de dho. barrio del año
1442 y por último en otro Padrón, también del siglo XV, de la collación
de Santiago se cita á Pedro Alonso, juglar pobre y por último no
olvidaremos á Juan Canario, que con un compañero suyo fué en la
procesión del Corpus del año 1454, imitando ó entonando coplas
probablemente el canto de los pájaros[97].
* * * * *
Siendo el ejercicio de las armas en los pasados siglos el más noble, la
profesión de casi todos los españoles, por decirlo así, dominando en las
clases sociales el espíritu caballeresco, no es extraño que á la
enseñanza del manejo de las armas se hubieran dedicado muchas personas.
De los esgrimidores que vivieron en los siglos XV y XVI apenas si se nos
han transmitido noticias, y de estos, precisamente, hemos reunido una
porción de curiosos documentos, que nos proponemos dar en breve, á la
estampa en libro aparte. Sin embargo, para demostrar el auge en que
estuvo esta afición, hoy tan en desuso, nos concretamos á consignar
ahora los nombres de los Maestros esgrimidores sevillanos de que tenemos
noticia:
Maestre Rodrigo 1498
Maestre Anton Zapata 1500
Alonso de Vargas 1515
Maestre Andrés Carbonero }
Maestre Francisco Román } 1523
Cristóbal Martínez }
Diego Bernal de Heredia 1526
Maestre Fernando de Algarbe }
Gabriel de Contreras }
Maestre Juan de Milla } 1528
Maestre Pedro Sigüenza }
Maestre Tomás }
Maestre Fernando }
Juan de Pérez } 1529
Juan de Triana }
Juan de la Cámara 1533
Juan de Carmona }
Maestre Cristóbal[98] } 1534
Romanes }
Antón Ruiz Zapata[99] }
Benito de Zafra 1548
Maese Andrés de Espinosa 1553
Maestre Alonso 1555
Maese Vella 1556
Cristóbal Hernández 1563
Martin de Castro 1569
Juan Dominguez 1639
Diego Raio 1669
Baltasar de los Reyes 1675
Juan de Roxas } 1677
Blas de Navarrete }
D. Manuel Sánchez de Morante} 1683
Juan Caro de Montenegro }
* * * * *
Ya impresas las noticias referentes á curanderas, hemos hallado el
memorial que en 1550 dirigió á la Ciudad la curandera Antonia Sánchez
de que hacemos cuenta en la página 135, que dice así:
«muy illustre señores: Antonia Sánchez mujer de Juan Gutiérrez Hidalgo
vecina de la villa de Lebrixa beso las manos de vra. señoría y digo que
a mucho tiempo que en la dicha villa e curado y curo de quebraduras de
braço y piernas y el ldo. lvayza ynformado desto me mandó que curase y
abrá mes y medio que el ldo. Rojas teniente del señor asistente en la
tierra de vra. señoría me mandó que no curase diciendo que no estaba
desaminada y sobre ello me prendió y á ruego de ciertas personas me
soltó a vra. señoría suplico me haga merced de ¿mandar? que de aquí
adelante ningunas ¿justiçias? pueda pedirme cosa alguna y me dexe
libremente hazer mi ofiçio porque sí de otra manera ¿pasa? no lo vzar
mas.[100]
LA CASA SEVILLANA
EN LOS SIGLOS XIV, XV Y XVI
Conjunto tan bello como genuino de elementos artísticos, que á pesar de
sus diversos orígenes, fueron peregrina y hábilmente combinados por el
talento de nuestros obreros mudéjares y cristianos de pasadas
centurias, elocuente expresión del refinado gusto de peritísimos
artífices, fehacientes testimonios de la cultura general alcanzada que
llegó á resplandecer en todas las esferas, produciendo originales
construcciones ataviadas con el más depurado gusto decorativo, tales
fueron las suntuosas moradas que edificaron los magnates y favoritos de
la fortuna, en aquellos dias gloriosos, en que pudieron decir algunos de
nuestros monarcas, que en sus dominios no se ponía el sol.
Imposible es, atendidas las formas mezquinas y vulgares que desde hace
más de un siglo se emplean en las casas sevillanas por los constructores
contemporáneos (con rarísimas excepciones) formar concepto aproximado de
lo que fueron aquellas grandiosas viviendas, que ya en los puntos más
céntricos, como en los más apartados de la ciudad, alzábanse para
atestiguar la esplendidez de sus dueños, los cuales hicieron de Sevilla
una de las mas famosas ciudades del mundo; y apenas, si juzgando, en
vista de los pocos testimonios que al presente se conservan, podemos
formar acabado concepto del carácter artístico que en ellas dominaba, de
los diversos ornatos que las embellecían, de los mil objetos que
atesoraban, constituyendo cada una de ellas inapreciable Museo, en que
lo mismo las Bellas Artes, que las obras artístico-industriales lucían
en toda su plenitud.