Finalmente, por otra escritura, obligáronse Diego Paez sastre con Alonso

de Casalla y Alonso Hernández zapateros, á sacar el auto de la

Conversión de la Magdalena en el Corpus del mismo año de 1551 «con vn

castillo» que era del gremio, con cinco ó seis hombres y los que fueren

menester «para el dho. paso e obra» dándole vestidos de las mejores

ropas. Los zapateros se comprometían á facilitar ocho hombres que

llevasen el mencionado castillo y el Diego Paez á que los cantantes que

mostraría el tercer día de Pascua del Espíritu Santo «para la muestra

que tengo de hacer de dho. auto» fuesen los mismos que sacaría el día de

la Fiesta que iría con los recitantes en el castillo, saliendo asímismo

con ellos el tercer día de Pascua para el ensayo yendo el del Corpus á

los cantos, y en la procesión hasta que volviese esta á la Iglesia,

recibiendo seis ducados y medio de oro, 9 de Mayo de 1551[80].

Profesiones de Antaño

Tan radical ha sido la transformación experimentada en la vida pública ó

privada de los españoles durante el espacio de cuatro siglos, que,

cuesta hoy trabajo creer en la existencia de algunos. En aquellos días,

para nosotros inolvidables, en que registrábamos á nuestro sabor los

numerosos legajos de este Archivo general de Protocolos, ocupación

gratísima, de la cual nos hemos visto privados por la suprema voluntad

del actual Notario Archivista Don Antonio Lemus y Malo de Molina, que lo

estima como propiedad particular suya y no permite efectuar en él

investigaciones de interés histórico: ¡cuantas curiosísimas escrituras

pasaron ante nuestra vista, demostrativas del espíritu, de las

tendencias, de las preocupaciones de los hombres de antaño! De algunas

de ellas tomamos ligeras notas, las más, allí han quedado sepultadas,

bien hasta que otros mas afortunados consigan registrarlas, ó bien para

que la polilla dé cuenta de ellas destruyendo un tesoro histórico

insustituible.

Entre nuestros apuntes de entonces, hemos hallado uno que confirma el

cambio de que hablamos, experimentado en las costumbres; porque ¿quién

sospecharía que hasta los mancebos más pertinaces viciosos valíanse

entonces de las escrituras públicas para procurar la enmienda de sus

yerros? A este propósito bien merece consignarse la nota siguiente:

Diego de Jerez, hijo de Gonzalo González de Jerez, se obligó por

juramento que hizo en escritura pública, ante los escribanos de Sevilla,

á no jugar á los dados, ni entrar en casa donde supiese que jugaban, por

término de diez años, sopena de perjuro é infame, 16 de Enero de

1461[81].

No dudamos que al lector habrán de ocurrirse sabrosos comentarios, como

ocurrieron á nosotros, después de conocido el documento, pues, es de

tal naturaleza, que su lectura préstase á reflexiones de índole

distinta, por más de un concepto.

Como natural consecuencia de aquellas costumbres, se nos ofrece la

práctica de ciertas profesiones y oficios, que alcanzaron gran boga

entre nuestros antepasados.

Espectáculo, bien curioso, por cierto, sería para los que hoy vivimos,

el que diariamente ofrecían las Gradas de la Catedral y la plaza del

Salvador, sin contar otras calles y sitios concurridos de la ciudad,

donde se pregonaban las subastas y almonedas judiciales, como las

voluntarias, las cuales tenían lugar ante numeroso y abigarrado conjunto

de personas de todas clases sociales, que allí confundidas esperaban la

llegada del alguacil y del escribano, encargados de la venta de

infinitos heterogéneos objetos, dignos algunos del Jueves ó del Boquete,

y otros aplicables al atavio de las personas ó de las casas más

calificadas.

Voceaba el pregonero, lo mismo las prendas de uso más íntimo y personal,

como eran las camisas, calzas, jubones, sombreros y zapatos viejos, como

las más preciadas telas, las tapicerías ó «paños de rás,» guadameciles,

encajes, armas, vidrios, esmaltes y cuantos objetos de arte suntuario

empleaban nuestros magnates en sus personas ó viviendas, juntamente con

los utensilios y más insignificantes trebejos del menaje de una casa,

cuya enumeración es bastante para formar juicio exacto de la vida

privada y de la pública, de todas las clases sociales.

Todo era subastable entonces; baste decir, que, hasta los peines, bien

es verdad que aquellos sacados á pregón, no eran como los que

corrientemente usamos hoy, de despreciable pasta, caucho ó celuloide,

sino de marfil ó de plata artísticamente tallados, con finos y

elegantísimos adornos de renacimiento, ó con asuntos religiosos ó

profanos, por lo cual, no era extraño que tales verdaderas joyas, fuesen

adquiridas por sujetos muy calificados, así como las prendas de vestir,

tabardos y gregüescos, capas y manteos, calzas y jubones ricamente

bordados de oro, con pasamanos y encajes de subidísimo precio, sin

contar aquellos jaeces de caballos, cuya simple enumeración por boca del

pregonero, nos da á conocer su singular riqueza, tan singular, que hoy

no se concibe.

Pues, si estos actos atraían la atención ó interés de todas las clases,

volvamos la vista hacia el Arenal: allí presenciaríamos entre otros

animados y vistosos cuadros que tan frecuentemente se sucedían, los de

las públicas lecciones de esgrima, que ante numeroso concurso de la

soldadesca de mar y de tierra, de rufianes y bravos de profesión, de

moriscos y de indios, mulatos y negros, daba algún maestro de los muchos

que entonces bullían por la ciudad, demostrando las excelencias de la

espada blanca ó de la prieta, así como la bondad de las escuelas, de los

maestros Francisco Roman, Bernal de Heredia ó de los sucesores de éstos,

los famosos Carranza ó Pacheco de Narváez.

Tendía el maestro la amplia capa en el suelo, para que sobre ella

cayesen las blancas y maravedises con que el público lo socorría; y

trazada una gran circunferencia en la tierra con la punta de la espada,

y empuñándola arrogante, describía círculos rectos, tajos adelante y

atrás, revolvíase como energúmeno, saltaba agilísimo de un lado á otro,

acometía ó bien retrocediendo, simulaba parar los golpes de su imaginado

contrario, todo tal y tan verdaderamente, como nos lo pintó al vivo el

gran Quevedo, en su saladísima crítica de los que elevaban la esgrima á

la altura de la ciencia matemática, tan á maravilla ridiculizados en el

Buscon Don Pablos ...

Pero, no prosigamos por este camino, que habría materia para llenar un

volumen; y vengamos al tema de este articulejo, en el cual vamos á dar

á conocer algunas profesiones, que en los siglos pasados tuvieron gran

auge, y cuya existencia no nos explicamos ni acertamos á comprender hoy.

Creíase entonces por altos y bajos, chicos y grandes, como verdad

inconcusa, que habia sujetos dotados por la Divina Providencia de la

virtud de curar enfermedades, por medios sencillísimos: llamábanlos

«saludadores» y he aquí lo que de ellos nos dice el docto Covarrubias:

«Saludar en otra significación, vale curar con gracia «gratis data» y á

los que esta tienen llaman Saludadores, y, particularmente saludan el

ganado; pero, yo mas cierto tengo auerse dicho de saliua, saliuador, por

tener en ella la virtud de sanar, y assí los saludadores dan vnos

bocaditos de pan al ganado, catados por su boca, y mojados en su saliua

y de que esta tenga virtud para algunas enfermedades rabiosas ay lugar

de Plauto ... Escribe Plinio, libro 10, capit. 23. Al fin del auer

costumbre de escupir en la cara al que le toma el mal de gota coral por

remedio. Quienes tengan esta virtud ó no, aueriguenlo los ordinarios,

porque muchos de los que se dizen ser saludadores, son embaydores y

gente perdida».

Era profesión, que públicamente la practicaban no pocos embusteros, á

ciencia y paciencia de los médicos de entonces, que no se quejaron, que

sepamos, de sus trapacerías y engaños, las cuales pueden ponerse al

nivel de la buena ventura de nuestras gitanas. Pero, entonces no había

quien dudase ni por asomo, de la eficacia de aquellos privilegiados

seres, que vivían y holgaban á costa de los crédulos con su lucrativo

oficio, entre los cuales contábase nada menos, que con el Cabildo y

Regimiento sevillanos, como prueba el siguiente documento:

«Por carta de la çibdad firmada de juan fernández alcalde e de mendoça e

alonso fernández e alonso lopez escribano fecha 22 noviembre de 1441

años por la qual mando al dho. mayordomo que de ende luego a pero alonso

saludador o al que les oviere de aver por el quinientos mrs. que la

deha. çibdad le mandó dar por el afan e trauajo que a pasado e pasa en

curar de las personas que estauan dotadas de rauía en la dha. çibdad e

en su tierra los quales con la ayuda de dios todos guarecían de que se

sigue mucho prouecho e bien al comun de la dha. çibdad e que tome del su

carta de pago ... etc.[82].

¿Qué extraño es, pues, que si la Corporación municipal nada menos,

confiaba en la virtud de los saludadores, fuese ésta arraigada creencia

en las clases todas de la sociedad?

Pedro Martínez, saludador, dirigió una petición á la Ciudad, como consta

en una hoja suelta de Actas capitulares, que comprende el comienzo del

Cabildo de viernes 19 de Agosto de 1491.

Cómo esta preocupación permaneció viva en el siglo XVI, pruébanlo las

siguientes notas:

Bartolomé Porras, saludador, era vecino á la Puerta de Triana en 1534 y

se le halla citado en el Padrón vecinal de dho año lo mismo que á Anton

Sánchez, saludador, vecino de Alcala del Río, el cual obligóse á pagar á

Hernando Navarro, ropero, 48 rs. resto del importe de un manto que le

había comprado, 4 Marzo, 1560[83].

* * * * *

De saludador á curandero ó viceversa, no había más que un paso, y entre

los segundos también los hubo que gozaban de crédito en la república

hispalense, no siendo agenas á la profesión las mismas mujeres como p.

e. Antonia Martínez de Cervantes «física y cirujana,» la cual por

escritura pública ante Juan García á 11 de Diciembre de 1450, obligóse á

curar en doce días á Pedro de Ortuño de la finchazón que tiene en su

cuerpo e piernas e del figado e bazo e estómago ... etc.[84]

Asi, con esta seguridad nada menos, y por ante escribano, en público

documento, comprometíase la «física y cirujana,» á curar al desdichado

Pedro de Ortuño, cuyo cuerpo, bien podría compararse con la famosa caja

de Pandora, según los males que le aquejaban.

Igual reputación contaría en la villa de Lebrija Antonia Sánchez, mujer

de Juan Gutiérrez Hidalgo, la cual durante mucho tiempo dedicábase á la

especialidad de curar las quebraduras de brazos y de piernas con permiso

del Licenciado Loaysa, y no obstante aquel el Licenciado Roxas, Teniente

de Asistente, le prohibió que lo hiciese, por lo cual acudió al Cabildo,

á fin de que le ratificara el permiso obtenido. (Siglo XVI).

No es de extrañar que si las mujeres se obligaban á curar enfermos en

plazo fijo y por escritura, los hombres fuesen á la zaga y así veremos

que el curandero Antonio de Vargas obligóse en 1495, por carta ante

Francisco Segura, á curar de un lobanillo que tenía en el pescuezo á la

mujer del librero García Fernández, y en términos de tres meses (ni uno

más ni uno menos) por lo cual recibiría 5000 maravedises[85].

Maestros de curar lamparones y quebraduras fueron Carlos de Villafranca

y Pedro Rodríguez, los cuales obligáronse á curar á Francisca, criada de

Nicolás Durango, por escritura de Miércoles 12 de Agosto de 1489[86].

Ya que tratamos de la ciencia de curar, aunque practicada por

saludadores y curanderos, dedicaremos algunas líneas á la profesión de

la «flebotomia» que es ni más ni menos que la de los sangradores, y á la

cual, los poco escrupulosos amanuenses del siglo XVI, llamaban

flonotomia y de aqui flonotomianos. Estos, además, solían ser dentistas

y fabricantes de medicinas. Véase al propósito el siguiente documento:

«Sepan quantos esta carta vieren como yo maestre juan de peralta

cirujano vecino que so desta çibdad de seuilla en la collación de santa

maría digo que por quanto vos guillermo frances natural de badad tierra

de francia ha syete años que entraste conmigo a me servir para aprender

el oficio de sacar dientes e muelas que dizen notomia e a curas de

quebrados e potras e fazer bragueros e fazer poluos para lombrizes e

fazer aguardiente e otras ¿diversas? medecinas ... etc. dice: que en

virtud de haberle servido los dichos siete años y ser ya habil y

suficiente suplica á los protomedicos de Sus Majestades que lo

examinaran y diesen licencia para ejercer su oficio dándole carta de

exámen». 13 de Enero de 1524[87]. y que la profesión tenia ya de

antiguo, arraigo, pruébalo la petición que los flonotomianos (sic)

elevaron al Cabildo de la ciudad para que les guardasen sus privilegios,

en 11 de Septiembre de 1507[88]. Andaban, pues, entonces unidas las

profesiones, y así las hemos conocido todavia en nuestra juventud, de

barberos, sangradores y sacamuelas, aunque con respecto á los últimos

los hallamos citados como especialistas desde los albores del siglo XVI

(p. e.) Maestre Agostín que vivía en la «ysleta de calle de las

Sierpes» en 1500 y á Maestre Juan de Peralta vecino en la collación de

Sta María en 1541.

Citaremos por último á título de curiosidad, como médicos

«especialistas» para que se vea que no es nueva la distinción que

hacemos hoy de ellos, á Maestre Fernando cirujano de la Ciudad que

reclamaba en 1459 que le pagasen su salario por los servicios que

prestaba á la misma, entre ellos, el de ir á la guerra[89].

Maestre Sancho Vizcaino maestro de curar ojos, vecino de Bilbao,

hallándose en Sevilla apoderó á Pedro Ruiz para recibir ciertas cosas

contenidas en una caja que le remitian desde Lisboa, 26 Febrero

1504[90].

Bartolomé de Mesa, maestro de curar bubas, cobraba sueldo anual de la

ciudad en 11 de Octubre de 1511[91].

A Felipe Tovara «cirujano de la orina» le pagaba también salario el

Concejo, por mandato real en 8 de Julio de 1597 y en 10 de Mayo de

1602[92] y por último consta que Maestre Antonio Purga ó Parga cobraba

24 ducados por curar de quebraduras; en 21 de Agosto de 1602[93].

* * * * *

Don Diego Hurtado de Mendoza en su Lazarillo de Tormes, dice entre cosas

al hablar del pícaro ciego. «En su oficio era un aguila. Ciento y tantas

oraciones sabía de coro, un tono bajo, reposado, y muy sonable que hacía

resonar la Iglesia donde rezaba, un rostro humilde y devoto que con muy

buen continente ponía cuando rezaba sin hacer gestos ni visages con boca

ni ojos, como otros suelen hacer. Allende de esto tenía otras mil formas

y maneras para sacar el dinero. Decía saber oraciones para muchos y

diversos efectos ... pues en caso de medicina decía que Galeno no supo

la mitad qué él para muelas, desmayos y males de madre. Finalmente nadie

le decía padecer alguna pasión que luego no le decía, haced esto, haced

estotro, coced tal yerba, tomad tal raíz. Con esto andábase todo el

mundo tras él, especialmente las mujeres que cuanto les decía creían ...

También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa porque

me tenia mandado que en yéndose el que la mandaba rezar le tirase por

el cabo del capuz. Yo así lo hacía y luego él tornaba á dar voces

diciendo: ¿mandan rezar tal y tal oración? como suelen decir ...

Por esta acabada pintura viénese en conocimiento que los ciegos de

antaño serían en su mayoría redomados pícaros y avisados truhanes, que

vivían de la piedad de las gentes, lucrándose de su buena fe y

estimulando su devoción con el recitado de oraciones que tenían para

todos gustos; así se comprende que el «oficio de ciego» tuviese su

aprendizaje como los practicados por menestrales, y probablemente,

también, como acontecía con estes, serían sometidos á exámen, pues, como

adelante veremos, los desdichados ciegos parece que constituyeron

hermandad, ya que no gremio, como todos los oficios mecánicos.

En tal virtud creemos curioso el siguiente documento:

«Pone por aprentis leonor rodríguez, mujer de juan sobrino ollero,

vecino de triana guarda e collación de seuilla a lope su hijo ciego moço

de edad de doze años poco más ó menos que esta so su poderío e

administración con juan de villalobos ciego vezino desta dha. çibdad en

la collación de santa Maria magdalena questa presente desde oy día

fasta quatro años primeros para que en este dho. tiempo el dicho su fijo

le sirua en el dho. su oficio de rezar e le acompañar en todas las otras

cosas que le dixere e mandase fazer ... etc. El maestro le daria al

aprendiz de comer, beber, vestir, casa y lecho, enseñándole á rezar y á

decir oraciones bien y cumplidamente. Lunes 14 Septbre. 1495[94].

El formulario natural empleado en este contrato es exactamente igual al

de cualquier carta de aprendizaje celebrada entre pintores, escultores,

plateros ú otro oficio, por tanto, no cabe duda, que entonces se

consideraba como verdadera profesión la de los ciegos rezadores.

Y que estos estaban también agremiados, parece probarlo el siguiente

documento que extractamos: Juan de la Redondela ciego ...» otorgo e

conozco a vos luis fernández cabron ciego vecino de la dha cibdad en la

collación de señor sant viceynte «depositario de los privilegios de los

ciegos» desta dha cibdad e de su arçobispado questades presente que por

quanto vos ... me days los preuilegios de los dhos ciegos porque goce

dellos segúnd que los otros ciegos gozan «e me recibis por hermano en

la hermandad de los dhos. ciegos,» por ende otorgo de dar e pagar á los

dhos. ciegos e a vos el dicho luis fernandez en su nombre 24 mrs. de

cada un año que será la primera paga para el día de casimodo de cada año

... etc. 5 Abril 1526[95].

Todavía entrado el siglo XVII, además de los particulares, el mismo

Concejo sevillano costeaba «oficialmente» un rezador, el cual no consta

que fuese ciego, más para el caso no es esencial la diferencia.

Por acuerdo capitular de 20 de Febrero de 1636, fue nombrado el hermano

Pedro Diaz de Villamayor «para que encomiende las benditas ánimas del

purgatorio todas las noches á las horas acostumbradas repartiéndose por

todo el lugar desde la oración del ave maria hasta que hayan tocado

conforme á la costumbre y gane lo que han llevado «sus antecesores» y

este nombramiento hace la ciudad por el tiempo que sea «su

voluntad»[96]. La frase subrayada indica que era vieja la costumbre de

que la ciudad pagase rezadores.

Vamos á pasar ahora «de lo religioso á lo profano.»

* * * * *

Durante el siglo XV fué también oficio socorrido el de juglar, los

cuales ocupábanse en divertir á magnates y pecheros, recitando poesías y

cantando al par que tañían sus instrumentos, todo esto mediante

remuneración.

La casualidad ha hecho llegar hasta nosotros la noticia de la existencia

de algunos juglares sevillanos, entre los cuales debió de gozar de gran

prestigio, un tal Guillen, que fué vecino de la collación de San

Esteban, y como tal se le cita en el Libro del Mayordomazgo mayor de

esta ciudad del año 1407, consignando que era «franco por privilegio del

Rey.»

Este privilegio nos inclina á creer que acaso sirvió al mismo Enrique

III, al cual debería la exención de todo pecho y tributo, más bien que

al niño Don Juan II proclamado en 1406.

Posible es que este juglar fuera uno de aquéllos á quienes se refiere el

siguiente título que va á la cabeza de unas cantigas citadas en el

Cancionero de Baena.

«Esta cantiga fizo el dicho Alfonso Aluarez por alabança e loores de la

rredundable cibdat de seuilla e presentola en el cabildo e fizogela

cantar con juglares delante los offiçiales e ellos mandáronle dar en

aginaldo cient doblas de oro por esta cantiga e dende enadelante de cada

año por cada cantiga otros ciento» y cuya primera estrofa dice:

ffuente de grand marauilla

jardyn de dulce olor

morada de Enperador

ríca fermosa baxilla

digan esto por seuilla

trobadores e poetas

pues que synos e planetas

lo sostienen sin mansilla

Síguen otras tres cantigas que de igual modo que esta, cantaron juglares

ante el Concejo en los días de Navidad de tres años siguientes, por las

cuales recibió el poeta sendas cien doblas.

En 1442 moraba en la collación de San Miguel el juglar pedro Rodríguez,

según consta del Padrón de Contias de los vecinos de dho. barrio del año

1442 y por último en otro Padrón, también del siglo XV, de la collación

de Santiago se cita á Pedro Alonso, juglar pobre y por último no

olvidaremos á Juan Canario, que con un compañero suyo fué en la

procesión del Corpus del año 1454, imitando ó entonando coplas

probablemente el canto de los pájaros[97].

* * * * *

Siendo el ejercicio de las armas en los pasados siglos el más noble, la

profesión de casi todos los españoles, por decirlo así, dominando en las

clases sociales el espíritu caballeresco, no es extraño que á la

enseñanza del manejo de las armas se hubieran dedicado muchas personas.

De los esgrimidores que vivieron en los siglos XV y XVI apenas si se nos

han transmitido noticias, y de estos, precisamente, hemos reunido una

porción de curiosos documentos, que nos proponemos dar en breve, á la

estampa en libro aparte. Sin embargo, para demostrar el auge en que

estuvo esta afición, hoy tan en desuso, nos concretamos á consignar

ahora los nombres de los Maestros esgrimidores sevillanos de que tenemos

noticia:

Maestre Rodrigo 1498

Maestre Anton Zapata 1500

Alonso de Vargas 1515

Maestre Andrés Carbonero }

Maestre Francisco Román } 1523

Cristóbal Martínez }

Diego Bernal de Heredia 1526

Maestre Fernando de Algarbe }

Gabriel de Contreras }

Maestre Juan de Milla } 1528

Maestre Pedro Sigüenza }

Maestre Tomás }

Maestre Fernando }

Juan de Pérez } 1529

Juan de Triana }

Juan de la Cámara 1533

Juan de Carmona }

Maestre Cristóbal[98] } 1534

Romanes }

Antón Ruiz Zapata[99] }

Benito de Zafra 1548

Maese Andrés de Espinosa 1553

Maestre Alonso 1555

Maese Vella 1556

Cristóbal Hernández 1563

Martin de Castro 1569

Juan Dominguez 1639

Diego Raio 1669

Baltasar de los Reyes 1675

Juan de Roxas } 1677

Blas de Navarrete }

D. Manuel Sánchez de Morante} 1683

Juan Caro de Montenegro }

* * * * *

Ya impresas las noticias referentes á curanderas, hemos hallado el

memorial que en 1550 dirigió á la Ciudad la curandera Antonia Sánchez

de que hacemos cuenta en la página 135, que dice así:

«muy illustre señores: Antonia Sánchez mujer de Juan Gutiérrez Hidalgo

vecina de la villa de Lebrixa beso las manos de vra. señoría y digo que

a mucho tiempo que en la dicha villa e curado y curo de quebraduras de

braço y piernas y el ldo. lvayza ynformado desto me mandó que curase y

abrá mes y medio que el ldo. Rojas teniente del señor asistente en la

tierra de vra. señoría me mandó que no curase diciendo que no estaba

desaminada y sobre ello me prendió y á ruego de ciertas personas me

soltó a vra. señoría suplico me haga merced de ¿mandar? que de aquí

adelante ningunas ¿justiçias? pueda pedirme cosa alguna y me dexe

libremente hazer mi ofiçio porque sí de otra manera ¿pasa? no lo vzar

mas.[100]

LA CASA SEVILLANA

EN LOS SIGLOS XIV, XV Y XVI

Conjunto tan bello como genuino de elementos artísticos, que á pesar de

sus diversos orígenes, fueron peregrina y hábilmente combinados por el

talento de nuestros obreros mudéjares y cristianos de pasadas

centurias, elocuente expresión del refinado gusto de peritísimos

artífices, fehacientes testimonios de la cultura general alcanzada que

llegó á resplandecer en todas las esferas, produciendo originales

construcciones ataviadas con el más depurado gusto decorativo, tales

fueron las suntuosas moradas que edificaron los magnates y favoritos de

la fortuna, en aquellos dias gloriosos, en que pudieron decir algunos de

nuestros monarcas, que en sus dominios no se ponía el sol.

Imposible es, atendidas las formas mezquinas y vulgares que desde hace

más de un siglo se emplean en las casas sevillanas por los constructores

contemporáneos (con rarísimas excepciones) formar concepto aproximado de

lo que fueron aquellas grandiosas viviendas, que ya en los puntos más

céntricos, como en los más apartados de la ciudad, alzábanse para

atestiguar la esplendidez de sus dueños, los cuales hicieron de Sevilla

una de las mas famosas ciudades del mundo; y apenas, si juzgando, en

vista de los pocos testimonios que al presente se conservan, podemos

formar acabado concepto del carácter artístico que en ellas dominaba, de

los diversos ornatos que las embellecían, de los mil objetos que

atesoraban, constituyendo cada una de ellas inapreciable Museo, en que

lo mismo las Bellas Artes, que las obras artístico-industriales lucían

en toda su plenitud.

Curiosidades antiguas sevillanas (serie segunda) · 第 5 / 14 段