Como última pincelada del cuadro que vamos bosquejando, merece ser

copiado otro documento de los mismos curas de la mencionada iglesia de

San Andrés en el cual decían: «que la dicha iglesia tiene vn cementerio

en el qual se entierran cada vn año assí de la collación como del

hospital del amor de dios, más de ochocientas personas y están

sepultados de mucho tiempo más de cien mil christianos, en medio de

dicho cementerio está puesta vna cruz grande de mucha veneración como

lugar dedicado para lo sobre dicho por todo lo qual es lugar de piedad,

emos hallado y visto muchas veces perros sacando parte de los cuerpos de

los sepulcros y comiéndolos y los vecinos comarcanos no teniendo

respecto á la decencia del lugar echan de noche mucha suciedad y

inmundicia de sus casas en el dicho cementerio, lo cual parece muy mal y

todo lo sobredicho nasce de estar el dicho cementerio descubierto y sin

cerca ...» Pedían que la Ciudad lo mandase cercar. Firmaban los

Bachilleres, Hernando de Luque y Fuentes de Carvajal[22].

En cuanto á los «vestiglos» por acta capitular de 7 de Julio de 1597

mandóse que se hiciera un repostero para cubrir la acémila en que eran

transportados al campo los que se encontraban en las calles; y de los

comienzos del siglo XVII hay un asiento en el Libro de Propios (19 de

Octubre de 1605) en que constan los particulares siguientes: «Diego

López vecino de Sevilla deue por Gabriel de Barahona Receptor general de

la cuenta de los Propios deste año ... diez ducados en Reales que se

libraron balor 12 ducados en que se concertó Por vn Repostero quel

susodicho a de hacer de estambre con vn perro y va ¿garaban? de colores

para encima de la cabalgadura con que a de andar la persona en quien

están «Rematados» los vestiglos desta ciudad echandolos fuera della los

cuales dies ducados se le libraron como dicho es avnque se conçertó en

doce el hazer el dicho Repostero en virtud de dos acuerdos de Sevilla de

29 de Agosto y cinco de Octubre de 1605 años, por los quales se acordó

que porque el lugar está lleno de vestiglos en mucha cantidad que los

hay muy podridos en todas las calles el veintiquatro Alonso de Porras

hiziese arrendarlos la limpieza dellos la executasse luego en el más

moderado precio que pudiesse sacándolo á Remate y poniendo en él dos

condiciones que la persona en quien se Rematasse anduiese todo el año

tarde y mañana todos los dias por todo el lugar y que la bestia que

traxese fuese mular macho, cubierta con vn Repostero el qual mandasse

hazer el dicho veintiquatro, lo más aprouecho que pudiesse y que no

costase más de diez ducados....»

Dejamos á nuestros lectores la libertad de hacer los comentarios que se

les ocurran acerca de los documentos consignados. Por nuestra parte

diremos solo que si esto ocurría en la más importante rica y floreciente

ciudad de España como á la sazón lo era Sevilla y durante las más

gloriosas de nuestras monarquias; ¿á qué estado de abandono y de

suciedad habrían llegado otras ciudades de segundo y aun de tercer

orden? Y sin embargo, aquellos hombres de antaño apenas si paraban

mientes en estas «pequeñeces,» para dedicar toda su poderosa

inteligencia, toda su voluntad de hierro, todos sus nobles estímulos al

fomento de las ciencias, de las letras y de las artes, al

engrandecimiento de nuestros dominios, á la realización de épicas

empresas con las cuales asombraron al mundo, pudiendo decir

enfáticamente que: «en sus dominios no se ponía el sol.» Hoy por el

contrario, pobres, descaecídos, faltos de ideales y de energías,

habiendo dejado perder el inmenso patrimonio que nos dejaron nuestros

abuelos, «armamos un dos de Mayo.» al encontrar á nuestro paso un

montoncillo de basura.

LOS LEONES

DE LOS REYES DE CASTILLA

A juzgar por algunos antecedentes que hemos reunido, parece que nuestros

antiguos monarcas miraron con gran predilección á tan hermosos animales,

no sabemos si porque de antiguo han representado la fiereza y el valor ó

por su significación heráldica conque aquellos los consideraran. Cierto

que en los últimos años de la Edad Media, no eran, solamente nuestros

reyes los encariñados con tan bravas bestias, pues, otros monarcas

también lo estuvieron. Según los historiadores, cuando regresó el rey

René de Anjou de su desventurada expedición de Nápoles en 1442 entre

los obsequios que recibió al detenerse en Florencia, fué el de una leona

que estimó mucho, porque era, aficionado á las bestias raras[23].

En el «Memorial de diversas hazañas» que escribió Mosén Diego de Valera

referentes al reinado de Don Enrique IV, dice el autor: «en el mesmo año

se mostró otra muy grand llama en el cielo y lo que mayor turbación dió

en todos los deste Reyno, fué que teniendo el Rey en Segovia en su

palacio «muchos» leones y leonas e habiendo ende uno muy grande á quien

todos los otros obedecían se comenzó entre ellos tan grand pelea que

todos se juntaron contra el mayor león y le mataron e comieron parte de

él: de ende todos pronosticaron ser cercana la muerte del Rey ó gran

caida[24].»

Fieles á esta tradición, de sus predeceores, mostráronse les Reyes

Católicos, que á lo menos en Sevilla, complacíanse en poseer leoneras,

no solamente en el régio Alcázar, sino también en el castillo de Triana.

De la existencia de las primeras atestigua el maestro Juan de Malara, el

cual describiendo las bellezas del mudejar palacio, dice entre otras

cosas: «La talla de las puertas, las labores moriscas, los jardínes que

están entre la huerta de el Alcoba y los aposentos nuevos con grandes y

espaciosos miradores, «las leoneras que solía auer en tiempo de los

Reyes Católicos etc ...» Y que no fué solamente en el Alcázar donde

aquellos monarcas tuvieron sus predilectas fieras, compruébase por el

siguiente documento, curioso por más de un concepto:

Muy honorables señores:

Juan de Merlo alcayde del castillo de triana me encomiendo en vuestra

merçed a la qual plega saber: quiero que sepan que El aljama e judios

desta çibdad «acostumbraron siempre» dar para mantenimiento de los

leones que los Reyes nuestros señores en esta çibdad tenían cinco mill

maravedises de cada año. Y porque agora el Rey e Reyna nuestros señores

tienen e dexaron en el dicho castillo de Triana dos leones que han

menester los dichos çinco mill maravedises e mucho más para de que sean

mantenidos á vuestra merced suplico mande que los dichos judíos me den e

paguen los dichos cinco mil maravedises de cada año para ayuda al

mantenimiento de los dichos leones en lo cual al Rey e Reyna nuestros

señores fareys seruiçio e á mi fareys merced[25].

Dada cuenta al Cabildo de esta peticion, «los dichos asystente y

oficiales fablaron sobrello. Et finalmente encomendaron y mandaron al

jurado alfon garcía, escribano del dicho cabillo quel se informe y sepa

si los dichos judíos solían pagar y pagauan los dichos cinco mil

maravedises y ello por él sabido faga relaçión para el primero día de

cabillo.»

Faltan algunas hojas del cabildo celebrado dos dias después de la

petición, en las cuales, acaso, constaría el resultado de la

averiguación practicada por Alfon García.

Parece también que en aquella época atributase á tan temibles animales

virtudes curativas, pues el docto caballero Pedro Mexia, hablando del

insigne arzobispo Don Fr. Diego Deza, consigna, que, no fué bastante á

curarlo de la enfermedad de gota que lo aquejaba el colocar sus pies

sobre los lomos de un león que sus deudos hicieron traer de Africa, lo

cual vió por sus propios ojos el ilustre historiador sevillano. La

predilección de nuestros monarcas, especialmente de los Reyes Católicos,

por los leones, cayó en desuso en los reinados posteriores; pero en

cambio alguno de aquellos gustaron de poseer colección de fieras como

Don Felipe IV que ordenó en 1632 se escribiese al Virrey del Perú y á

aquellas Audiencias para que se le enviasen los animales feroces de

dichas regiones, pues S. M. deseaba tener un circo donde encerrar

leones, tigres, osos y demás bestias salvajes[26].

LA COMPRAVENTA

de los esclavos en Sevilla

SIGLOS XV-XVI

Como una triste consecuencia de la guerra, como costumbre aceptada y

reconocida por todos los reinos de Europa, en los que podríamos llamar

código ó convenciones militares, es sabido que los prisioneros

constituían parte del botin del vencedor, y por lo que respecta á

España, de igual modo que nosotros imponíamos la esclavitud á los

enemigos que aprisionábamos, así también aquellos nos sometían á

durísimos cautiverios, extremando sus rigores hasta el más bárbaro

refinamiento.

Sólo procedentes de la toma de Málaga, llegaron á esta ciudad 2.300

moros enviados por los Reyes Católicos, para que el Concejo los pusiese

en guarda, por cuanto estaban rescatados por 30 doblas moriscas cada

uno, y en Cabildo de 27 de Septiembre de 1487, se dispuso cumplir lo

mandado por el Rey de que se diesen 3 maravedices diarios á cada uno,

mientras llegase el rescate.[27] Aquellos prisioneros tenían quienes los

rescatasen; pero ¡cuántos más se vieron obligados á sufrir el yugo de la

esclavitud!

La esclavitud fué siempre consecuencia del derecho de la fuerza,

entonces mostrábase en su más salvaje vigor, sin atenuaciones; sin

hipócritas convencionalismos. El señor disponía de su esclavo, como de

sus muebles ó de sus animales, y así vemos corrientemente en los

antiguos inventarios de bienes que se hacían por fallecimiento de

cualquier persona, que, á seguida de la enumeración de los asnos, bueyes

etc. hacíase el aprecio de los esclavos, hombres, mujeres ó niños,

siendo de notar que de igual modo que se determinaban los defectos

físicos de los brutos, marcábanse tambièn los de aquellos infelices

seres; consignando por ejemplo, si era viejo, tuerto, ó manco, si

padecía de bubas ó de enfermedad contagiosa. Verdad también, que, raro

era el testador de regular posición social, que no recompensaba los

servicios que sus esclavos le habían prestado «ahorrándolos;» esto es,

concediéndoles plena libertad y hasta otorgándoles mandas ó legados para

atender á su sustento.

Promulgada en 1502 la Pragmática de los Reyes Católicos contra los

moriscos, dispúsose en ella que los que optasen por permanecer en el

Reyno habían de convertirse á la religión cristiana, prohibiendo á los

que no lo hicieran dentro del plazo que se les fijaba, que saliesen de

él, para lo cual facultóse á los gobernadores de las fronteras para que

los hiciesen prisioneros. A este propósito, dijo en un curioso artículo

nuestro amigo Don Nicolás Tenorio. «En el mes de Abril de 1504 varios

«cristianos nuevos» vecinos de Hornachos intentaron pasar la frontera y

entrar en Portugal por tierra de Extremadura. El Comendador de Badajoz,

Gonzalo Mendez supo su intento y trató de impedirlo ... para lo cual

envió en su persecución á Pedro Muñiz Alguacil de Mérida, quien al

frente de algunos hombres de armas fué tras ellos y les dió alcance

haciéndoles prisioneros. Los moriscos fueron llevados á presencia de

Gonzalo Mendez, éste les hizo esclavos de los Reyes y como por una

cédula de Sus Altezas estaba obligado á entregar 35 esclavos á los

oficiales de la Contratación de Sevilla, dispuso que siguiesen el camino

para esta ciudad ...» Ya en Sevilla fueron aposentados en las

Atarazanas, mientras los Oficiales daban cuenta al Rey y se resolvía la

proposición hecha por algunos «cristianos nuevos» que solicitaron de

aquéllos que antes de subastarlos, se escribiese á sus parientes vecinos

de Hornachos para que los rescatasen. La Cédula Real dispuso que fuesen

subastados públicamente y adjudicados al mejor postor, como así tuvo

lugar en las Gradas, donde puestos en fila los 35 fueron examinados por

los licitadores procediéndose desde luego á la subasta, que duró cinco

días, importando la venta 671 502 maravedises.

Era natural, por tanto, diremos nosotros, que la compraventa de esclavos

fuese «un negocio» tan importante como lo era la de los productos que

venían de las Indias ó los de la tierra, que hubiese mercaderes,

tratantes y corredores que en ella se ocupasen. Máxime si se atiende á

que el contingente de esclavos tuvo que aumentar de manera considerable

con los pobres indios que venían del Nuevo Mundo.

Con el «honroso» título de mercader de esclavos se nombra á Martín

Sánchez, marido de Luisa Fernández, que vivía en la plaza de San

Francisco casa propia del Cabildo eclesiástico en 1548[28].

Con el de tratante en esclavos, hallamos á un Francisco Diaz, que vivía

en la collación de la Magdalena en 1564[29] y con el de corredor, á un

Francisco Barja, vecino en la calle de San Roque, según consta del

Padrón de 1691[30].

Muchos de aquellos desdichados, bien porque fuesen de levantisca ó

viciosa condición, bien porque se le hiciese la esclavitud intolerable,

huían de sus dueños y escapaban á lugares donde pudiesen vivir

libremente, y para dificultarles su evasión impusiéronseles marcas en el

rostro como comprueban los siguientes documentos.

En una escritura de 5 de Septiembre de 1500 se habla de un esclavo que

llevaba en una mejilla una flor de lis, y una estrella en la otra[31].

En el testamento de Pedro Garcia de Quesada, otorgado á 9 de Marzo de

1520, en la enumeración de sus bienes se lee: «yten vu esclabo moro del

cabo de hedad de quince á diez y seys años, herrado en la cara en vn

carrillo con una S. y enotro vn clavo que se dice abrahem el cual compre

de Gonzalo de Toledo mercader ...»[32]

Beatriz de Miranda otorgó carta de ahorramiento en favor de su esclava

Catalina, morisca, herrada en la barba y en un carrillo, 20 de Enero de

1539[33].

Jerónimo Delcia, colchero, vendió un esclavo indio á Diego Hernández

Farfán, llamado Hernando de 24 años con vn letrero en la cara con unas

letras que dizen esclavo de Juan Romero ... 7 de Diciembre de 1554[34].

Catalina de Villafranca compró un esclavo mulato marcado en ambos

carrillos con una S. y un clavo, 14 de Diciembre del mismo año[35].

Juan Sánchez, maestro mayor de las obras de Sevilla, que dírigia las de

nuestras famosas Casas Capitulares, vecino en la Magdalena, vendió á

Alonso Martín tratante en esclavos una esclava morisca herrada en la

cara con vnos letreros en que dizen «Juan Sánchez, cantero,» 24

Noviembre de 1555[36].

Francisco de Aranda vendió á Miguel de Escobar un esclavo mulato llamado

Fernando, de 20 años, herrado en la cara con unas letras que dicen:

«Francisco de Aranda en Sevilla» 29 de Mayo de 1539[37].

Diego de Cáceres clérigo, vendió á Diego Mendoza un esclavo morisco de

28 años herrado en la cara «con vnas letras que disen diego de cáceres»,

28 Enero de 1547[38].

Bastan las anteriores citas para que nuestros lectores juzguen de la

consideración que tuvieron nuestros antepasados á los infelíces á

quienes la fuerza bruta de las armas sumió en las desventuras de la

esclavitud.

La lectura de los infinitos documentos referentes á aquella, que han

pasado por nuestras manos, ofrece como marcas generales las de la S y el

clavo que colocaban en el centro de dicha letra verticalmente y las de

los nombres y apellidos de los dueños seguidos á veces hasta de la

profesión de aquel como se ha visto en la morisca que perteneció al que

hoy llamaríamos arquitecto municipal.

Por último diremos que en ocasiones, fueron también objeto de regalo los

desdichados moros, hechos prisioneros por nuestros soldados, según

consta en un libramiento de la Ciudad hecho á 1.º de Diciembre de 1488

en favor de Gonzalo Gómez de Cervantes y del comendador Juan de la

Parra, «de 50000 maravedises por ciertos moros y moras del Rey y de la

Reyna» que la Ciudad regaló al Maestre de Santiago y además 30 doblas de

oro castellanas, que se pagaron á Luís Diaz de Toledo por un halcón que

se envió también como obsequio al mencionado Maestre.

Muy posible es que entonces el magnate agasajado hubiese visto con más

agrado el halcón de 30 doblas que sus míseros esclavos.

La fiesta del Corpus Christi en Sevilla

EN LOS SIGLOS XV Y XVI

I

No pretendemos en estos ligeros apuntes trazar la historia de tan gran

festividad religiosa de la Iglesia Católica en nuestra ciudad. Redúcese

nuestro objeto tan solo á consignar algunos curiosos pormenores por los

cuales verá el lector de qué distinta manera fué solemnizada en Sevilla

en aquellos siglos de fe y de entusiasmo, durante las centurias XV.ª y

XVI.ª con datos inéditos en su mayor parte por cuyo concepto estimamos

que serán vistos con gusto por los aficionados.

Instituida esta solemnidad por el Pontífice Urbano IV en 1264 para toda

la cristiandad, no fué acogida en sus principios, con todo el amor que

era de esperar á causa de la gran división que perturbaba la Italia de

güelfos y gibelinos, pero en el Concilio general de Viena celebrado en

1311 bajo Clemente V, fué confirmada la Bula de Urbano IV en presencia

de los reyes de Francia, Inglaterra y Aragón, mandándose ponerla en

vigor en toda la Iglesia. En 1316 el Pontífice Juan XXII añadió á esta

fiesta una octava con el mandato de llevar públicamente en procesión el

Santísimo Sacramento.

Ni en los archivos capitular eclesiástico ni en el municipal, hemos

logrado ver documentos relativos á esta solemnidad en el siglo XIV,[39]

mas parece razonable suponer, que entonces, los pueblos, que no eran muy

dados á novedades porque tampoco las circunstancias político-sociales

permitían andar variando á cada paso sus usos, costumbres y ceremonias

se celebraria la fiesta del Cuerpo de Dios entrado el siglo XV con poca

diferencia de como se efectuaba en la precedente centuria.

Los documentos más antiguos consultados por nosotros en el archivo de la

Santa Iglesia son de 1454 y los asientos de gastos de esta fecha juntos

con los que contienen los libros del Mayordomazgo Mayor de Sevilla,

permiten reconstituir el ceremonial que se empleaba y dan cuenta de los

dispendios que ocasionaba á ambos Cabildos eclesiástico y secular

interesados en el mayor esplendor de la Fiesta.

Anticipadamente al día en que habia de celebrarse cuidábanse de allanar

los «foyos et barrancas de las calles,» así como limpiarlas del

estiércol. Colocábanse toldos en el Corral de los Olmos, los tapices del

Sr. Arzobispo en las Gradas y cubríase el suelo del templo y el de las

calles, de juncias, alcacel y hierbas olorosas.

Salían en la procesión doce mozos del coro con sendas hachas de cera que

pesaban una arroba cada una, con ángeles pintados ó con flores

naturales, otros llevaban pértigas de plata ó incensarios.

Al acordado son de dos órganos portátiles, entonaban himnos 27 cantores

entre ellos ocho con jubones y guirnaldas en las cabezas y además seis

ángeles tañendo instrumentos y cuatro profetas con sendas filactérias

de oropel[40], siguiendo luego la «roca,» que como los «pasos» de

nuestras procesiones era transportada ó empujada por hombres. En ella

veíanse, también representados por hombres, á Jesús, la Virgen, Santo

Domingo y San Francisco,[41] con dos juglares que aquel año fueron Juan

Canario y «su compañero» y otro que se ocupaba en lanzar truenos desde

la «roca,» cobijados por un cielo de algodón en rama, azul,[42], con sus

estrellas el sol y la luna, el cual por medio de un mecanismo abríase y

cerrábase de cuya operación se encargaban angeles. También iban en la

«roca» los cuatro Evangelistas, por cierto que al que representaba á San

Juan pagábasele 50 mrs. doble que á sus compañeros, «porque llevaba el

aguila» y 25 «al hombre que adiestra á este del aguila» cuyo dato nos

hace suponer que la simbólica ave sería de movimiento. Bajo las andas

cerradas por paños (frontales), iban otros imitando el canto de canoras

avecillas. Las cuentas de gastos de los trajes, atributos, barbas, etc.

así como lo que se pagó al platero Anton Ruiz «por el trabajo que toma

en coger esta gente e aliñallos e vestillos» con otras curiosas partidas

nos dan cabal idea de lo que era la procesión, la cual terminaba con la

rica arca destinada al Cuerpo de Dios, acompañada por la nobleza que el

año de 1496, la constituían el Duque de Medina, el Conde de Cabra, los

hijos del Conde de Cifuentes y otros caballeros, cerrando la brillante

comitiva, el Preste para cuyo descanso transportaban una silla. Por

último después de la procesión el Cabildo eclesiástico obsequiaba á sus

convidados con cerezas, brevas, ciruelas y vino blanco; merienda harto

frugal y que andando el tiempo en 1530 hízose ya más suculenta pues

además de las frutas y vinos hubo ternera, pollos, palominos, perniles

de tocino, pasteles, limones para la ternera y azucar á cuyos sabrosos

comestibles añadieron el conocido manjar blanco, agraz y vino aloque.

De 21 de Enero de 1499 es el auto capitular más antiguo que hemos

encontrado en que se manifiesta el deseo del Cabildo de sustituir la

antigua arca en que se transportaba el Santísimo por una Custodia,

estimulado por el ofrecimiento del Patriarca B. Juan de Rivera de

contribuir para ella con cien marcos de plata, dando otros ciento la

Fábrica y con igual suma brindaron otros señores canónigos, racioneros y

compañeros.

Las grandes lagunas que hay en los Libros de Fábrica de estos años,

impiden saber cuando y por qué orfebre se comenzó la obra; siendo de

miércoles 8 de Mayo de 1504 el primer auto capitular que encontramos

referente á ella por el cual parece que no se había comenzado aun pues

en él se dispuso que «pedro pinelo faga vna custodia muy buena de plata

e su aparejo de brocado» y sin embargo en 10 de Diciembre del citado año

encargaron al Maestrescuela y al Arcediano de Carmona «que vean con

algunos plateros cierta obra que se desfizo de la que los plateros que

fazen la custodia tenían labrado.» El auto anterior por consiguiente,

tuvo por objeto recomendar al Canónigo Pinelo que cuidase de que la obra

de la alhaja fuese excelente y por no considerar así lo que hasta

entonces llevaban hecho sus autores, se acordó que desbaratasen lo

labrado.

En miércoles 13 de Diciembre del referido año de 1504 «se platicó sobre

lo de la custodia de la forma que se a de acabar ... e determinóse quel

señor arcediano de sevilla e los otros señores beneficiados que se

fallaron presentes quando se platicó sobre esto con el Rmo. Sr.

Arçobispo vayan a su señoría e le digan como su señoría fué contento que

se fiziese de la manera que estaua al principio traçado y que desta

manera ayan así a por bien que se acabe.» Por último en 10 de Julio de

1506 se ordenó al Canónigo Pinelo «que venda el arca de madera en que

antiguamente se lleuaua el corpus xpi.»

Parece que después de esto, poseyendo ya la Iglesia su rica y nueva

Custodia, no había ya que pensar en más, y, sin embargo no tardó mucho

tiempo sin que el Cabildo proyectase una nueva alhaja. En su virtud, en

10 de Enero de 1509 encargó la Corporación al entallador Gomez de Orozco

que hiciese un diseño, por el cual recibió 1500 mrs. y en 23 de Mayo del

citado año dicho Cabildo comisionó al platero de Fábrica Juan de Oñate

para que marchase á Portugal por el maestro que había de ejecutarla, que

fué el orfebre Juan Aleman[43]. Esta nueva custodia no parece que

satisfizo tampoco al Cabildo, caso de que llegara á hacerse, puesto que

otros dos alemanes, los maestros Nicolás y Marcos fabricaron una nueva

que se terminó en 1525.

Ya hemos dicho de paso, que al esplendor de la fiesta del Corpus en el

siglo XV contribuía muy eficazmente la Ciudad, y por sus

interesantísimos cuanto poco conocidos Libros del Mayordomazgo, sabemos

lo que se gastaba en arrayan, «ramos» y juncia, en el barrer de las

calles en las 106 candelas que llevaban los señores capitulares é

invitados, algunas de ellas, las que se daban á las personas de calidad,

tenían reyes pintados por los mejores artistas de la época, ó bien las

armas reales[44] y en la «colación» que se servía después de la

procesión, compuesta de los mismos frugales comestibles que la del

Cabildo eclesiástico, escanciábase en «jarras bermejas» y jarrillas el

vino que se traía de Lepe y de Madrigal.

En 1426, para aumentar el público regocijo, comisionó la Ciudad á su

Alguacil Mayor Don Juan Pérez de Guzman para que se concertase con un

hombre que ofrecía «fazer vnos juegos para el día de la fiesta del

cuerpo de Dios por 50 florines de oro ... por donde serían excusados

«muchos de los otros juegos» que se fazían con gran costa.»

También la nobleza tomaba parte en las fiestas contribuyendo á su

esplendor con lucidas justas y al propósito transcribimos el siguiente

curioso acuerdo capitular de la Ciudad. «En este cabildo (sábado 30 de

Abril de 1474) vinieron don gaspar y tello y dixeron á los dichos

oficiales de como ellos y otros caualleros entendían justar el día de la

fiesta del Cuerpo de Ntro. Señor. Et que á su merced pluguiese de les

mandar dar tela y lanças «segund la costumbre en semejante caso» sobre

lo qual fablaron y finalmente mandaron que les fuesen dadas la dicha

tela y lanças y para ver donde y como se podía complir, encomendaron y

mandaron a don Pedro nuñez de guzman y a iohan de pineda y rodrigo de

ribera regidores de la dicha cibdad y que como lo ellos ordenaren que

asy se faga e cumpla[45].»

Curiosidades antiguas sevillanas (serie segunda) · 第 3 / 14 段