edificios religiosos erigidos en esta ciudad por los musulmanes, las
debemos al analista Zúñiga, el cual consigna en sus «Anales» las
mezquitas que fueron convertidas, en templos cristianos á partir del año
1248. Según el mismo escritor, nuestras iglesias parroquiales se
establecieron primitivamente en las fábricas musulmanas, escepción hecha
de las tres sinagogas, en cuyos emplazamientos levantáronse las iglesias
de Santa Cruz, Santa María de las Nieves y San Bartolomé. Empero: por lo
que se refiere á las mezquitas ¿no hubo otras más en la ciudad que las
citadas por Zúñiga? Creemos que sí y á pensarlo así nos induce la muy
curiosa relación de ellas consignada en el «Libro Blanco», inapreciable
tesoro de memorias antiguas que se custodia en el Archivo de nuestra
Catedral. Sabido es que el volumen n.º 3, á que nos referimos, se acabó
de escribir por el Racionero Diego Martínez, en sábado 21 de Febrero de
1411 y en él constan separadamente todas las mezquitas que tocaron en el
«Repartimiento» á la Iglesia Catedral; comprendiendo entre estas, tal
vez, las «zahuias» ó lugares de enterramiento de Santones, pues, de otro
modo estimamos demasiado el número de aquellas. Fueron algunas trocadas
antes del citado año de 1411 por casas y propiedades, atento á lo cual
no se las menciona en el «Libro Blanco» pues no pertenecían ya al
Cabildo Eclesiástico, como aconteció, precisamente, con la «Mezquita de
los Osos», acerca de la cual hemos hallado algunas noticias.
Fronteras á la parte oriental del Templo metropolitano, hallábanse en el
siglo XIV las casas en que moraba el Arcediano de Ecija, Fernan Martínez
«varón de exemplar vida, pero de zelo menos templado que conviniera» el
cual predicando al pueblo contra los males que acarreaban los judíos que
vivian en el reino, dió lugar á que la plebe se concítase contra ellos,
produciéndose sangrientas escenas en la judería sevillana, que no
pudieron evitar Don Alvar Pérez de Guzmán, Alguacil Mayor de Sevilla y
el Conde de Niebla acaecidas en el año de 1391, según Zúñiga.
Seis años antes de esta fecha, el referido Arcediano había llevado á
efecto el loable propósito de fundar un hospital bajo la advocación de
Santa Marta, cediendo para ello, no solo las casas de su morada, sino
que para ampliarlo hizo una permuta con el Cabildo de la Santa Iglesia,
cuyo instrumento original escrito en pergamino se conserva en su Archivo
y comienza de esta suerte:
«Sepan quantos esta carta vieren como nos el dean e el cabildo de la
santa iglesia de la muy noble çibdat de Sevilla estando ayuntados en
nuestro cabildo llamados especialmente para esto que se sigue: Por
quanto vos don fernan martínez arçediano de ecija e canónigo en la dicha
eglesia por faser seruicio a dios e a la virgen santa martha fesiste vn
ospital para pobres a onrra de la dicha virgen ques en la collacion de
la dicha iglesia viendo que la dicha obra es santa e buena e gran
seruiçio de dios a lo cual todos nosotros somos tenudos Otorgamos e
conosçemos que vos damos agora e para siempre en troque e en cambio que
conusco facemos para el dicho ospital las casas que se siguen conuiene a
saber: «la mezquita que disen de los osos» iten las casas que dexo
domingo perez ... etc. Fecho veynte días de mayo año del nasçimiento de
nro. saluador ihuxpo. de miletresientos e ochenta e cinco años.» (Falta
al documento el sello que pendia de las sedas de colores que conserva).
Tal vez esta mezquita fué la misma á que se refirió Zúñiga al consignar
el hecho siguiente: «pidió el Rey Don Alonso X al Arzobispo y Cabildo
unas mezquitas de las cuales había dado para morada de los físicos que
vinieron de allende e para tenerlos de más cerca, porque eran cercanas
al Alcázar.»
Sea de esto lo que quiera, creemos que en las partes existentes de la
Sacristía del actual convento de la Encarnación, que caen á la calleja
llamada de Santa Marta, y en la casa conocida con el nombre de la misma
Santa, frontera á la Puerta de la Campanilla, pueden reconocerse todavía
restos de la antigua Mezquita de los Osos, en unos fustes de mármoles
con capiteles que estimamos árabe-bizantinos, existentes en los sitios
mencionados, los cuales, antes de tener noticia de la mezquita, habían
llamado nuestra atención y que ya creemos explicarnos satisfactoriamente,
como restos de la misma.
En el deseo de esclarecer nuestras dudas hemos visitado el interior del
convento, y aunque á primera vista, se observan considerables restos de
construcciones antiguas, estimamos que no alcanzan á más remota fecha
que á la del siglo XIV, y son por tanto obras de mudéjares, efectuadas
por el racionero Martínez, haciendo extensivo este parecer, aun á las
considerables partes de un gran torreón, que puede observarse desde la
calle, y á los hermosos arcos ultrasemicirculares del pozo. En el
transcurso de cinco siglos ha sufrido el antiguo edificio tantas y tan
importantes transformaciones, que no nos atrevemos á distinguir los
restos de la mezquita de las obras efectuadas por el fundador del
hospital. La cúpula octogonal de la iglesia, conpechinas de arista viva,
relacionadas con el cañón de la nave, cuyas bovedas están formadas por
nervaduras ojivales, comprueba cómo permanecían vivas las tradiciones
mauritanas en los albañiles del siglo XIV.
Diremos, por último, que efectuada la permuta de dicha mezquita por
otras casas, bodegas y 3000 ms. que dió el Arcediano, otorgó este su
testamento en Carmona á 7 de Junio de 1403. Consta en el mismo
pergamino la fundación del Hospital nombrándose entre sus
administradores al Cabildo de la Ciudad, cuya designación dejó sin
efecto el Arcediano por su codicilo, que sigue al mismo testamento,
otorgado en 14 de Julio de 1404, en el que instituyó como único
administrador al mencionado Cabildo Eclesiástico, que desde el siglo XIV
ha venido cumpliendo con la voluntad del testador; si bien las
necesidades de los tiempos han obligado á alterar la forma de los
socorros que se dispensan á los acogidos.
RECIBIMIENTO EN SEVILLA
de un Embajador de Inglaterra
Al Sr. Doctor Thebussem.
Prometí á V. no ha muchos días, mi excelente amigo, darle cuenta de los
curiosos pormenores contenidos en la «Quenta del gasto que se hizo en el
hospedaxe del embajador de yngalaterra en estos Reales Alcázares de la
Ciudad de Sevilla por mandado del Conde Duque de Olivares,» según reza
un curioso m-s. que tuve la suerte de encontrar en la tarea que me
impuse, años hace, de ordenar los involucrados papeles de aquel
Palacio. Hoy, que puedo disponer de tiempo, se lo dedico gustoso, aun
cuando temo que no encuentre en este texto muchas noticias aprovechables
para sus aficiones. Usted dirá si me equivoco.
Llegó á Sevilla el embajador Baronet Francis Cottington[18] jueves 20 de
febrero de 1631 saliendo á recibirle hasta Ecija, donde le encontró, don
Juan de Mendieta «por no auer auisado cuando auia de entrar» pagándose á
dicho señor 100 reales por el gesto que hizo.
Hospedóse en el Alcázar desde el mencionado día á las cinco de la tarde,
hasta el lunes 24 del mismo mes, acudiendo á todos los gastos el Sr.
Juan Assiayn Ugalde, Tesorero de los Alcázares, con intervención de
Agustín Bolaños, Veedor, Contador del Rey y así mismo contador del Conde
Duque, por cuyo mandato se dispuso todo.
Comenzóse por sacar la basura, tierra y hierba del Patio de la Montería
y de los demás del Alcázar en que se ocuparon Bartolomé González, Juan
Rodríguez y otros compañeros, abonándose 76 reales á Francisco
Rodríguez, por lo que se ocupó en limpiar desde la Puerta de Xeres á la
puerta del Alcoba la basura y estiercol que auia por auer de entrar por
allí el embajador.»
Preparósele el alojamiento colgando en las paredes tapices y cuadros;
estos últimos consta que fueron alquilados. Representaban unos á los
Reyes de España, y otros eran de asuntos de devoción; pusiéronse faroles
encerados y canceles ricos claveteados de tachuelas de latón doradas,
colgaduras de terciopelo y tapicerias, invirtiéndose en el adorno de los
aposentos siete bufetes, un escritorio, doce sillas de terciopelo
bordadas, veinticuatro que no lo estaban, seis taburetes, «quatro
payses» un sahumador y dos alfombras grandes. La cama era colgada y
bordada y con flecos de oro cubriendo un paño que servía de cubierta á
las almohadas con cinco varas de tafetán verde orlado de puntilla de oro
fino, sin que faltase el indispensable vaso de noche, encerrado en una
caja revestida por fuera de cordobán, con cordón de hiladillo verde
orlado de puntilla de oro fino, y por dentro de bayeta colorada «con la
frisadura.» Pagáronse á un maestro guadamecilero 176 reales por dos
sobremesas grandes para la mesa del Embajador, y dos chicas para dos
bufetes; y se compró por 68 mrs. una baraja de naipes para su
entretenimiento.
En su tocador abundaron los perfumes; entre ellos dos azumbres de agua
de olor muy rica á 14 rs. la azumbre, contenida en un pomo de vidrio
cuyo precio fué 24 mrs, que estaba dentro de un canastillo con cintas y
en su boca una flor.
Gastáronse además á este intento, ocho docenas de pastillas finas de
olor, almizcle estoraque y benjui contenidas, en pomos de vidrio,
algunos de ellos de los celebrados de Venecia.
Hay entre todas las partidas de la «Quenta» algunas que se refieren á
cierta piedra que vino de Cartagena, y cuya aplicación no acierto á
comprender. Las copiaré sin embargo, por si algún sujeto curioso puede
ilustrar el particular.
_Maravedises_
Mas 5 rs. á los hombres que trajeron
la piedra que vino de Cartagena
que estaua en el mesón
de los Carros. 186
Item 6 rejones de hierro para la caxa
donde fué metida la piedra. 24
Item para adereçar la piedra vna
libra de cera blanca á 6 y
medio. 220
Vn real de trementina. 34
Media libra de albayalde fino. 48
Mas vna libra de almaciga blanca
escoxida para el dicho efecto,
20 rs. 680
Item vn anafe. 24
De vna caçuela medio real. 24
De carbon 8 libras á 6 mrs. 48
Mas de pez medio real. 16
Item. 6 rs. de dos bisagras de fierro
para la dicha piedra. 204
A Martín Cardeno el maestro que
adereço esta piedra 60 rs.
concertado en este precio por
el maestro mayor destos
Alcázares 2.060
Diré á usted por último que para el inmediato servicio del ilustre
huésped se destinaron cuatro alabarderos que asistían de dia y noche á
las puertas de su aposento, acompañándole á todas partes, con sombreros
y zapatos nuevos que estrenaron para dicho fin.
Diósele de cenar la noche del jueves, á cuyo efecto se aderezaron:
_Maravedises_
24 gallinas á 5 rs. 4.080
30 conejos á 2 rs. 3.060
6 patos 60 rs. 3.060
13 pichones 26 rs. 884
3 jamones 8 ducados. 2.999
2 cabritos 20 rs. 680
1 carnero 40 rs. 1.360
4 libras de lengua, orejas y codillos. 850
12 libras de vaca 18 rs. 612
De salchichones 12 rs. 408
De libras de diacitron 6 rs y medio. 226
De 12 Azumbres de miel 9 rs. 306
De una libra de piñones 2 rs. 66
De una libra de azucar 2 rs. y
medio. 85
Termina esta cuenta expresando los limones, vinagre, huevos, grajea,
aceite y tocino que se consumieron en dicha cena.
Veamos ahora la «Relación del gasto que se hizo con el embajador de
ynglaterra en su ospedaje en estos Reales Alcázares, por mandato del
Conde Duque mi señor que llegó á ellos á 20 de Febrero de este año de
1631, hasta lunes 23 del dicho que se fueron en su compañía de
caualleros y criados más de 130 personas.»
La forma en que se halla redactado este papel me priva del gusto que
hubiese tenido en consignar todas la viandas con que fué obsequiado,
pues en sus diversas partidas cállanse frecuentemente las cantidades de
piezas que se consumieron, diciendo solo por ejemplo «de perdices tantos
reales» sin citar el número de ellas, por esta razón unas veces
mencionaré el costo y otras el número y cantidad de los manjares.
_Reales_
Lengua de vaca y codillo. 35
Tocino para las ollas. 125
Queso de Alentejo. 1.608
Azucar. 38
Arina. 112
Grajea. 210
Leche. 58
Bizcochos. 4
Manteca de Flandes para almorzar
los ingleses. 180
Naranjas y limones. 46
Avellanas y almendras. 264
Atun. 14
Miel. 96
Anis preparado. 14
Melones. 2.380
Arenques. 614
24 sábalos
75 lenguados
12 libras de asedías
32 manojos de espárragos
80 docenas de ostiones
284 huevos de gallinas
4 arrobas de aceite
8 botijas de alcaparras
60 conejos
64 perdices
58 gallinas
6 docenas de pájaros
3 carneros
6 libras de pasas
9 piernas de cabrito y carnero
4 cabritos
42 arrobas y media con 2 azumbre de vino
10 libras de gibia
20 de raya
70 besugos
60 libras de corbina
332 hogazas de pan
40 libras de peros
1.000 nueces
30 barriles de aceitunas y alcaparras
10 melones sanos que pesaron 17 libras
4 libras de azucar de pilon
15 libras de velas
16 de bujías de cera blanca para los candelabros
de noche
12 arrobas de velas de sebo
«Item 17 achas de cera blanca pesaron 107 libras y diez onças truxeronse
18 y boluiose vna y quedó liquida las dichas 107 libras y diez onças
serbían y se gastaron en esta manera quatro en el salon para las
comedias cada noche y dos en las dos antesalas del quarto del embajador
y dos que seruian para ir por la cena á la cosina á 6 reales cada
libra==21.964.»
Dichas hachas ardían en blandones de bronce que se llevaron del famoso
Colegio de Santo Tomás.
«Item 12 achas amarillas, pesaron 84 libras y media á 5 reales y medio
de los quales se davan dos cada noche á las comediantes y vna ardía en
la escalera principal destos Alcázares y otra de noche donde estaua el
aparador.» A propósito de este mueble, dedúcese que estuvo enriquecido
con piezas de plata según se desprende de las siguientes frases. «A seys
personas que acudieron á colgar las salas y armar las camas y otras
cosas necesarias ... y guardar de noche las dichas ropa y plata ...
etc.»
Para los postres se sirvieron en cajas y vidrios limón, batata y
«alfajor de Carmona» (vea usted mi querido Doctor que no era solo famoso
el de Medina) una libra de diacitrón, otra de calabacete y 4 de
confitura fina de Portugal. Abonóse además á Gonzalo Diaz por los
vidrios de dulces y caxas que dió para los postres de las comidas y
cenas y almuerzos y caxas que mandó el embajador dar á las
representantas 554 rs» pagándose á Don Melchor de Solorzano 832 rs. por
42 platos de regalo que por su orden se hicieron en los conventos de
Madre de Dios y San Leandro para principio y postre de las comidas,
almuerzos y cenas de estos cinco días 28.288 mrs.» y á Gabriel de Pamies
625 rs. de la niebe que dió para el gasto del embajador en esta ciudad y
vna carga que pidió para llevar en la falua la qual se truxo desde la
ciudad de Ronda solo para este efecto en que entran los portes della
21.250 mrs.»
Consta también lo que se invirtió en platos, lebrillos, tinajas,
cubiertos, manteleria, palillos, que supongo serían para los dientes,
camas, «pichones para los halcones» y otros particulares que omito en
gracia á la brevedad: diré á usted que fueron cuatro los cocineros cuyos
nombres no figuran á quienes se pagaron 6.800 mrs. asi como á Juan de
Vega ministril se le dieron 50 rs.» por lo que se ocupó en tocar á las
oras de la comida y salidas del enuajador.» Para hacer al ilustre
huesped más agradable su estancia, hiciéronse fiestas de torneos y
representaciones teatrales, como aparece de las siguientes partidas:
«A Luis de Estrada, Representante de comedias, 200 reales en que con él
se consertó los gastos que hizo para las ynbenciones y adereços
necesarios para las fiestas del Torneo.»
«A Joseph de Salazar autor de comedias, 36 rs. para pagar á los
ministriles que tocaron en la fiesta del torneo y de «las dos comedias»
juntas, 1.324.»
«A Pedro de Ortegón autor de comedias 700 rs. en que se concertaron tres
particulares vno de entremeses y dos de comedias que hiço 23.800.»
«Al dicho Joseph de Salazar 440 rs. de dos particulares que hiço.»
Cumplidos los cinco días de su estancia en Sevilla, determinó su partida
el Embajador, á cuyo efecto embarcáronse antes sus criados que fueron en
una falua hasta Sanlúcar, y consta que á Pedro Bernal, patrón de la
falua de la casa de Contratación le dieron 858 rs. por el flete de dicho
barco y jornales de los que fueron llevando al embajador á San Lúcar, en
que entran 62 rs. que se le debían de lampreas y sabalos que tomó dicho
personaje en las vandurrias y en esta falua iba dicho señor solo con los
caballeros ingleses que le acompañaban y en la otra los criados y el
regalo.
Su propósito debió ser el de embarcarse en Cádiz, por cuanto á Don Juan
Mendieta se le dieron 500 rs. por el gasto que hizo de su persona desde
esta ciudad á la de Cádiz, guiando por tierra dos caballos del
Embajador.
Montaron todos los gastos del hospedaje quinientos veintisiete mil once
mrs.
No satisfecho aun el Conde Duque, llevó su esplendidez hasta ordenar que
se le hiciese un regalo que consistió en lo siguiente:
4 arrobas de higos de Córdoba.
24 barriles de conservas á 4 libras cada uno.
1 docena de barrilillos de agua de ángeles
de á 3 cuartillos y medio cada uno.
Otro idem, de agua de azahar con 16 azumbres.
2 docenas de jamones que pesaron 196 libras.
13 arrobas de aceite de Ecija.
60 almudes de aceitunas negras.
16 barriles de alcaparras.
12 idem, de alcaparrón.
7 docenas de chorizos.
5 cajas de conservas á 7 libras cada vna.
12 barriles de aceitunas açofayrada.
12 idem. de aceituna gordal.
12 quesos de Lantejo.
500 limones grandes.
1.000 naranjas dulces muy grandes.
1.500 limones Poncies agrios y dulces.
1 carga de vino de regalo para el viaje.
6 capones fiambres.
4 piernas de carnero.
2 jamones.
Con los demás gastos que originó este regalo gastáronse trece mil
cuatrocientos catorce mrs.
Bien verá usted señor Doctor que no llegan estas comilonas de Sevilla al
punto que otras famosísimas, por usted y otros ilustres ingenios dadas á
luz. Sin embargo considero que la presente no es para desdeñada, por los
sujetos curiosos; y como á usted le tengo en el número de ellos,
diputándole la Fama por capitan de la hueste, á usted la dirijo desde
este lugar de Aguas Buenas á 25 de Julio de 1888.
La policía urbana de Sevilla
EN LOS SIGLOS XV, XVI Y XVII
Para los felices mortales que vivimos en el presente siglo, á los que
tan natural y legítimo nos parece el uso de todas las comodidades y
ventajas de que disfrutamos, pues que á toda hora y sin el menor empacho
ponemos el grito en el cielo á la menor falta que advertimos en el
cumplimiento de las ordenanzas municipales, no podemos comprender la
desidia y abandono de nuestros abuelos, en cuanto al régimen y gobierno
de esta ciudad en las pasadas centurias. Indudablemente, nosotros somos
más exigentes, y sentimos un cúmulo de necesidades, desconocidas de
aquellos, y así es que nos alborotamos y hasta los pelos se nos ponen de
punta, al encontrar en las calles un montoncillo de basura ó unos
despojos de hortalizas ó de frutas, por ser espectáculo que ofende á
nuestra delicada vista.
¿Qué dirían nuestros intolerantes convecinos si por arte sobrenatural al
despertarse una mañanita se hallasen viviendo en aquella gran Sevilla
del siglo XVI?
Pues si se situaban en el centro de la misma plaza de San Francisco,
repararían los grandes hoyos que á cada paso se formaban en el
empedrado, en los cuales, si era tiempo de invierno, podían cantar las
ranas, y si de verano, eran depósito de infecto y sutil polvo, que el
más ligero vientecillo transportaba sobre casas y personas. Que aquellos
baches eran numerosos y grandes, pruébalo el tiempo que invertían los
trabajadores municipales en su compostura, pues, no era insignificante
el gasto que se hacía anualmente «por allanar los foyos et barrancas de
las calles,» en los días que precedían al de la fiesta del «Corpus
Christi,» segun consta de las cuentas de la Ciudad.
Pero esto de los hoyos, con ser muchos y grandes era lo de menos, pues
con el constante tráfago de las recuas de los arrieros, de los caballos
de los soldados y de los vehículos tirados por bestias, ó con las
paradas que tantos animales hacían en aquel lugar, el más céntrico de la
población, por tal escogido como sitio en que sus dueños hacían sus
tratos ó ventilaban sus asuntos; ya los espectadores de tan animado
cuadro podrían recrear su olfato con el olor de ámbar y algalía que
exhalaban los perennes montículos de estiercol, repartido por todos los
puntos de la plaza. Este gran basurero continuaba embalsamando el aire y
recreando la vista hasta el día en que habían de celebrarse fiestas de
toros ó cañas ó con motivo del paso de alguna procesión, por manera que
meses enteros gozaban los vecinos del lugar ó los transeuntes, de tan
recreativo y limpio espectáculo[19].
Bien es verdad que en ocasiones el paternal municipio velando por la
comodidad de los vecinos trató de extirpar tan graves males para lo cual
y en vista de que la plaza estaba «tan llena de inmundicias» que no se
la puede andar á pie ni á caballo» se pregonó que los vecinos la
limpiasen y barriesen è hicieran llevar la basura al campo so pena de
una multa de 1.000 maravedises(!!).
Había pues que salir huyendo de aquel tan concurrido paraje, por las
molestias del piso y por el hedor, y, dejando á un lado los sucios
paredones de las huertas de los conventos de San Francisco y de San
Buenaventura, cuya irregular traza formaba estrechos, tortuosos y
terrizos callejones, para entrar por la famosa calle de las Sierpes,
pero ya en ella tampoco sería extraño el hallar á cada paso montones de
basura á las puertas de menestrales ó posaderos, ó bien en forma de
artísticas pirámides, arrimados á los rincones que formaban los
entrantes y salientes de las casas y conventos de las Mínimas y de
Pasión, muy apropiados para que los vecinos vertiesen las inmundicias y
«vestiglos» que así llamaban entonces á los animales muertos, no
obstante que habia persona á cuyo cargo estaba el recogerlos.
Pero llegado aquí, suspendamos nuestro relato para dar cabida á algunos
curiosos documentos de la época, cuyo sencillo texto es mucho más
elocuente que podrían serlo nuestras palabras.
En una petición que los Jurados de Sevilla dirigieron al Concejo, en 14
de Septiembre de 1461,[20] después de exponer los graves males que
resultaban del excesivo número de rufianes y mujeres de mal vivir, de
cuyo trato se seguían todo género de delitos y cuyo mal ejemplo
propagábase á los buenos, decían aquéllos, que eran aquéllos tan
excesivos «que las gentes que en sosiego desean beuir andan espantadas e
dizen asy que les conuiene vna de dos o ser como aquellos por se
defender de los malos o despoblar la tierra e yr buscar donde biuan en
sosiego.»
Y en cuanto al descuido de los servicios públicos expresábanse de esta
suerte: ...«y que mandedes limpiar esta çibdad de tanta grande suçiedad
como en ella esta por tanto e tan altos muladares así en el cuerpo de la
dicha çibdad como en el derredor de ella así dentro como de fuera que ya
las baruacanas ha muchos logares tienen los muladares mas altos que las
almenas e así por el derredor, dentro de la çibdad están los muladares
tanto altos como los lienços de los adarbes et sy caso acaesçiese de
lluuias como en nuestro tiempo avemos visto esta çibdad peresçeria pues
guarde nos dios de lo más peligroso sy viere sobre sy las gentes que
otras veces de pocos tiempos aca se vieron bien es de creer que sin
mucho trabajo que la quisiesen conquistar avería muy.. enseñorearse
della.»
En un Memorial que los vecinos de la Ballestilla dirigieron á la Ciudad
se dice: «que en la dicha calle está vna callejuela la qual
hordinariamente en todos tiempos está llena de inmundicias y vestiglos
muertos y jamás pasa nadie por ella porque no se puede pasar por causa
de la inmundicia qué ay que allega hasta los tejados y aunque algunas
veces la hemos limpiado á nuestras costas desde á dos días está peor que
de antes por lo qual no es bastante remedio limpialla y el hedor que
allí ay es insufrible y muchos veçinos dexan sus casas por no podello
sufrir y podría congelar pestilencia» ...pedían que se cerrase la dicha
calleja[21].
De igual modo que aquellos vecinos quejábanse en 1556 el Beneficiado
Curas y Mayordomo de la iglesia parroquial de San Andrés, en otro
memorial, suplicando al Concejo que mandase empedrar una callejica muy
angosta que daba á las espaldas del Sagrario en que se depositaban
muchas basuras por lo cual los exponentes habían acordado «encalalla y
debuxar cruces y santos» como remedio á tales abusos.