las noches, durante un mes. Y su amor aumentaba. Pero cierta noche entre
las noches, estando tendido Ghanem al lado de la joven, ebrios de vino y
de excitación, Ghanem aventuró la mano por debajo de la fina camisa, y
pasándola suavemente por el vientre de la joven, le acariciaba la piel,
que se estremecía á cada contacto. Luego deslizó la mano lentamente
hasta el ombligo, que se abría como una copa de cristal, y con los dedos
le hizo cosquillas en los armoniosos pliegues. Y la joven se estremeció
toda, y se incorporó bruscamente, repuesta de su embriaguez, y
llevándose la mano al calzón, vió que estaba bien sujeto con la cinta de
borlas de oro. Ya tranquilizada, se quedó otra vez medio dormida. Y
Ghanem paseó de nuevo su mano á lo largo de aquel vientre juvenil,
aquella maravilla de carne, y llegó á la cinta del calzón, y tiró de
ella rápidamente para libertar de su prisión al jardín de delicias. Pero
la joven se despertó entonces, se sentó en la cama, y dijo á Ghanem:
«¿Qué intentas, ¡oh luz de mis entrañas!?» Y él respondió: «Poseerte,
amor mío, tenerte por completo, ver cómo compartes mis delicias.» Y ella
contestó: «Escúchame, ¡oh Ghanem! Voy á explicarte al fin mi situación,
revelándote mi secreto. Ahora comprenderás por qué me he resistido á que
me atravesaras deliciosamente con tu virilidad.» Y Ghanem dijo: «Te
escucho.» Y la joven, recogiéndose un poco la camisa, sacó la cinta del
calzón, y dijo: «¡Oh mi señor! lee lo que ahí está escrito.» Y Ghanem
cogió el extremo de la cinta, y en la trama vió bordadas unas letras de
oro que decían: ¡SOY TUYA Y TÚ ERES MÍO, DESCENDIENTE DEL TÍO DEL
PROFETA!
Y al leer estas palabras bordadas con letras de oro en el extremo de la
cinta, retiró en seguida la mano, y dijo: «Explícame qué significa todo
esto.»
Y la joven dijo:
«Sabe, ¡oh mi señor! que soy la favorita del califa Harún
Al-Rachid. Las palabras escritas en la cinta de mi calzón prueban
que pertenezco al Emir de los Creyentes, al cual debo reservar el
sabor de mis labios y el misterio de mi carne. Me llamo Kuat
Al-Kulub[6], y desde mi infancia me criaron en el palacio del
califa. Llegué á ser tan hermosa, que el califa se fijó en mí y
comprobó mis perfecciones, debidas á la generosidad del Señor. Y le
impresionó tanto mi belleza, que sintió un gran amor hacia mí, y me
destinó un aposento en palacio para mí sola, poniendo á mis órdenes
diez esclavas muy simpáticas y serviciales. Y me regaló todas las
alhajas y joyas con que me encontraste en el cajón. Y me prefirió á
todas las mujeres de palacio, y hasta olvidó á su esposa El
Sett-Zobeida. Así es que Sett-Zobeida me tomó un odio inmenso.
Habiéndose ausentado un día el califa para luchar con uno de sus
lugartenientes que se había rebelado, se aprovechó de ello Zobeida
para combinar un plan contra mí. Sobornó á una de mis doncellas, y
llamándola un día á sus habitaciones, le dijo: «Cuando tu señora
Kuat Al-Kulub esté durmiendo, le pondrás en la boca este pedazo de
banj, después de haberle echado otra dosis en la bebida. Si lo
haces te recompensaré, y te daré la libertad y muchas riquezas.» Y
la esclava, que antes lo había sido de Zobeida, contestó: «Lo haré,
porque la adhesión que te tengo es tan grande como mi cariño.» Y
muy alegre por la recompensa que la aguardaba, vino á mi aposento y
me dió una bebida compuesta con banj. Y apenas la hube probado, caí
en tierra, y me dieron convulsiones, y me sentí transportada á otro
mundo. Y al verme dormida, fué la esclava á buscar á Sett-Zobeida,
que me metió en ese cajón y mandó llamar á los tres eunucos. Y los
gratificó espléndidamente, lo mismo que á los porteros del palacio.
Y así me sacaron de noche para llevarme á la _tourbeh_, adonde Alah
te había conducido. Porque á ti, ¡oh amor de mis ojos! debo el
haberme salvado de la muerte. Y también gracias á ti me encuentro
en esta casa tan generosa.
Pero lo que más me preocupa es lo que el califa haya pensado al
volver y no encontrarme. Y también me atormenta no poder entregarme
á ti completamente, á pesar de sentirte palpitar en mis entrañas. Y
todo por estar sujeta por lo que dice esta cinta de oro. Tal es mi
historia. Ahora sólo te pido discreción y que nadie conozca mi
secreto.»
Cuando Ghanem hubo oído la historia de Kuat Al-Kulub, y supo que era
favorita y propiedad del Emir de los Creyentes, retrocedió hasta el
fondo de la sala y ya no se atrevió á levantar sus miradas hacia la
joven, pues se había convertido para él en cosa sagrada. Y así, fué á
sentarse en un rincón y comenzó á reconvenirse, pensando cuán poco le
había faltado para ser un criminal y lo audaz que había sido sólo con
tocar la piel de Kuat. Y comprendió lo imposible de su amor y cuán
desgraciado era. Y acusó al Destino por los golpes tan injustos que le
reservaba. Pero no dejó de someterse á los designios de Alah, y dijo:
«¡Glorificado sea Aquel que tiene razones para herir con el dolor el
corazón de los buenos y apartar la aflicción del corazón de los viles!»
Y después recitó estos versos del poeta:
_¡El corazón enamorado no disfrutará la alegría del reposo mientras
lo posea el amor!_
_¡El enamorado no tendrá segura su razón mientras viva la belleza
en la mujer!_
_Me han preguntado: «¿Qué es el amor?» Y yo he dicho: «¡El amor es
un dulce de sabroso jugo, pero de pasta amarga!»_
Entonces la joven se acercó á Ghanem, le estrechó contra su seno, le
besó, y por todos los medios, menos uno, procuró consolarle. Pero Ghanem
ya no se atrevía á corresponder á las caricias de la favorita del Emir.
Se sometía á lo que ella le hiciese, pero sin devolver beso por beso ni
abrazo por abrazo. Y la favorita, que no esperaba este cambio tan
rápido, al ver á Ghanem tan excitado antes y ahora tan respetuoso y tan
frío, multiplicó sus caricias. Y con la mano quiso incitarle á que
compartiese su pasión, que se encendía más cada vez con aquel
apartamiento. Y así les sorprendió la mañana. Ghanem se apresuró á
marchar al zoco, para comprar las provisiones del día. Y permaneció allí
una hora comprando mejores cosas que los demás días, por haberse
enterado del rango de su invitada. Compró todas las flores del mercado,
los mejores carneros, los pasteles más frescos, los dulces más finos,
los panes más dorados, las cremas más exquisitas y las frutas más
sabrosas, y todo lo llevó á la casa y se lo presentó á Kuat Al-Kulub.
Pero apenas le vió, corrió á él la joven, y llena de deseos, restregó su
cuerpo contra el suyo, le miró con ojos negros de pasión y húmedos de
ansiedad, y le sonrió insinuante, diciéndole: «¡Cuánto has tardado,
querido mío, deseado de mi corazón! ¡Por Alah! La hora de tu ausencia me
ha parecido un año. Comprendo que ya no me puedo reprimir. Mi pasión ha
llegado á su límite y me consume toda. ¡Oh Ghanem! ¡Cógeme! ¡Poséeme!
¡Me muero!» Pero Ghanem se resistió, y le dijo: «¡Alah me libre, mi
buena señora! ¿Cómo el perro ha de usurpar el sitio del león? ¡Lo que es
del amo no puede pertenecer al esclavo!» Y se escapó de entre las manos
de la joven, y se acurrucó en un rincón, muy triste y preocupado. Pero
ella fué á cogerle de la mano, y le llevó á la alfombra, obligándole á
sentarse á su lado y á comer y beber con ella. Y tanto le dió de beber,
que le embriagó, y entonces ella se echó encima de él, y se pegó á su
cuerpo, y ¡quién sabe lo que haría con Ghanem sin que él se enterase!
Luego cogió el laúd y cantó estas estrofas:
_¡Mi corazón está destrozado, hecho trizas! ¡Rechazada en mi amor,
¿podré vivir así mucho tiempo!?_
_¡Oh tú, amigo mío, que huyes como la gacela, sin que yo sepa la
causa ni haya cometido delito! ¿Ignoras que la gacela se vuelve
algunas veces para mirar?_
_¡Ausencia! ¡Separación! ¡Todo se ha juntado contra mí! ¿Podrá
soportar mucho tiempo mi corazón la pesadumbre de tanto
infortunio?_
Al oir estos versos, se despertó Ghanem y lloró muy conmovido, y ella
también lloró al verle llorar, pero no tardaron en ponerse á beber de
nuevo, y estuvieron recitando poesías hasta la noche.
Y Ghanem fué á sacar los colchones de las alacenas de la pared, y se
dispuso á hacer la cama. Pero en vez de hacer una, como las demás
noches, cuidó de hacer dos, distante una de otra. Y Kuat Al-Kulub, muy
contrariada, le dijo: «¿Para quién es ese segundo lecho?» Y él contestó:
«Uno es para mí, y otro para ti; y desde esta noche hemos de dormir de
esta manera, pues lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo, ¡oh
Kuat Al-Kulub!» Pero ella replicó: «Amor mío, desprecia esa moral
atrasada. Disfrutemos del placer que pasa junto á nosotros y que mañana
estará ya lejos. Todo lo que ha de suceder sucederá, pues cuanto
escribió el Destino tiene que cumplirse.» Pero Ghanem no quiso
someterse, y Kuat Al-Kulub sintió que aumentaba su pasión, más ardiente.
Y dijo: «¡Por Alah! No acabará esta noche sin que nos hayamos acostado
juntos.» Pero Ghanem contestó: «¡Líbreme Alah de ello!» Y ella suplicó:
«¡Ven, Ghanem; toda mi carne se abre para ti; mi deseo te llama á
gritos! ¡Ghanem de mis entrañas! ¡Toma esta boca florida, toma este
cuerpo que maduraste con tu deseo!» Y Ghanem decía: «¡Alah me libre!» Y
ella gritaba: «¡Oh Ghanem! ¡Toda mi piel está bañada del deseo, y mi
desnudez se ofrece á tus caricias! ¡Oh Ghanem! ¡El olor de mi piel es
más dulce que el del jazmín! ¡Toca y huele, huele y te embriagarás!»
Pero Ghanem insistía: «Lo que es del amo no puede pertenecer al
esclavo.»
Entonces lloró la joven, cogió el laúd y se puso á cantar:
_¡Soy hermosa y esbelta! ¿Por qué huyes de mí? ¡Nada falta á mi
hermosura, pues estoy llena de maravillas! ¿Por qué me abandonas?_
_¡He incendiado todos los corazones y he quitado el sueño á todos
los párpados! ¡Soy flor de fuego, y nadie me ha cogido!_
_¡Soy una rama, y las ramas han nacido para que las cojan, las
ramas flexibles y floridas! ¡Soy la rama florida y flexible! ¿No
quieres cogerme?_
_¡Soy la gacela, y las gacelas nacieron para la caza, las gacelas
finas y amorosas! ¡Soy la gacela fina y amorosa, oh cazador! ¡Nací
para tus redes! ¿Por qué no me coges en ellas?_
_¡Soy la flor, y las flores nacieron para ser aspiradas, las flores
delicadas y olorosas! ¡Soy la flor delicada y olorosa! ¿Por qué no
quieres aspirarme?_
Pero Ghanem, aunque más enamorado que nunca, no quiso faltar al respeto
debido al califa, y á pesar de los grandes deseos de la joven, todo
siguió lo mismo durante un mes. Esto en cuanto á Ghanem y á Kuat
Al-Kulub, favorita del Emir de los Creyentes.
Pero en cuanto á Zobeida, he aquí que cuando el califa se ausentó hizo
con su rival lo que ya se ha referido, pero después reflexionó, y se
dijo: «¿Qué contestaré al califa cuando al regresar me pida noticias de
Kuat Al-Kulub?» Entonces se decidió á llamar á una vieja cuyos buenos
consejos le inspiraban gran confianza desde muy niña. Y le reveló su
secreto, y le dijo: «¿Qué haremos ahora después de haberle pasado á Kuat
Al-Kulub lo que le habrá pasado?» La vieja contestó: «Me hago cargo de
todo, ¡oh mi señora! pero el tiempo apremia, porque el califa va á
volver en seguida. Hay muchos medios de ocultárselo todo, pero te voy á
indicar el más rápido y seguro. Encarga que te hagan un maniquí de
madera que simule el cadáver. Lo depositaremos en la tumba con gran
ceremonial; se le encenderán candelabros y cirios á su alrededor, y
mandarás á todos los de palacio, á todas tus esclavas y á las esclavas
de Kuat Al-Kulub, que se vistan de luto y que pongan colgaduras negras.
Y cuando venga el califa y pregunte la causa de todo esto, se le dice:
«¡Oh mi señor, tu favorita Kuat Al-Kulub ha muerto en la misericordia de
Alah! ¡Ojalá vivas los largos días que ella no ha vivido! Nuestra ama
Zobeida le ha tributado todos los honores fúnebres, y la ha mandado
enterrar en el mismo palacio, debajo de una cúpula construída
expresamente.» Entonces el califa, conmovido por tus bondades, te las
agradecerá mucho. Y llamará á los lectores del Corán para que velen
junto á la tumba, recitando los versículos de los funerales. Y si el
califa, que sabe tu poco afecto hacia Kuat Al-Kulub, sospechase y dijera
para sí: «¿Quién sabe si Zobeida, la hija de mi tío, habrá hecho algo
contra Kuat Al-Kulub?», y llevado de estas sospechas mandase abrir la
tumba para averiguar de qué murió la favorita, tampoco debes
preocuparte. Porque cuando hayan abierto la fosa y saquen el maniquí
hecho á semejanza de un hijo de Adán y cubierto con un suntuoso sudario,
si quisiera el califa levantar el sudario, no dejarás de impedírselo, y
todo el mundo se lo impedirá, diciendo: «¡Oh Emir de los Creyentes! no
es lícito ver á una mujer muerta con todo el cuerpo desnudo.» Y el
califa acabará por convencerse de la muerte de su favorita, y la mandará
enterrar de nuevo, y agradecerá tu acción. Y así, ¡como Alah lo quiera!
te verás libre de este cuidado.»
La sultana comprendió que acababa de oir un excelente consejo, y
obsequió á la vieja regalándole un magnífico vestido de honor y mucho
dinero, encomendándole que se encargase personalmente de la ejecución
del plan. Y la vieja logró que un artífice fabricara el maniquí, y se lo
llevó á Zobeida, y ambas lo vistieron con las mejores ropas de Kuat
Al-Kulub. Le pusieron un sudario riquísimo, le hicieron grandes
funerales, lo colocaron en la tumba, encendieron candelabros y
blandones, y tendieron alfombras alrededor para las oraciones y
ceremonias acostumbradas. Y Zobeida mandó poner colgaduras negras en
todo el palacio y que las esclavas vistieran de luto. Y la noticia de la
muerte de Kuat Al-Kulub se extendió por todo el palacio, y todo el
mundo, sin excluir á Massrur y los eunucos, lo dieron por cierto.
No tardó en regresar de su viaje el califa, y al entrar en palacio se
dirigió apresuradamente á las habitaciones de Kuat Al-Kulub, que llenaba
todo su pensamiento. Pero al ver á la servidumbre y á las esclavas de la
favorita vestidas de luto, comenzó á temblar. Y salió á recibirle
Zobeida, también de luto. Y cuando le dijo que aquello era porque había
fallecido Kuat Al-Kulub, el califa cayó desmayado. Pero al volver en sí,
preguntó dónde estaba la tumba, para ir á visitarla. Y Zobeida dijo:
«Sabe, ¡oh Emir de los Creyentes! que por consideración á Kuat Al-Kulub
he querido enterrarla en este mismo palacio.» Y el califa, sin quitarse
la ropa del viaje, se dirigió hacia el sepulcro de Kuat Al-Kulub. Y vió
los blandones y los cirios encendidos, y las alfombras tendidas
alrededor. Y al ver todo esto, dió las gracias á Zobeida, encomiando su
buena acción, y después regresó á palacio.
Pero como era receloso por naturaleza, empezó á dudar y á alarmarse, y
para acabar con las sospechas que le atormentaban, mandó que se abriera
la tumba, y así se hizo. Pero el califa, gracias á la estratagema de
Zobeida, vió el maniquí cubierto con el sudario, y creyendo que era su
favorita, lo mandó enterrar de nuevo, y llamó á los sacerdotes y á los
lectores del Corán, que recitaron los versículos de los funerales. Y él,
mientras tanto, permanecía sentado en la alfombra llorando á lágrima
viva, hasta que acabó por caer desmayado.
Y así acudieron todos durante un mes, los ministros de la religión y los
lectores del Corán, mientras que él, sentándose junto á la tumba,
lloraba amargamente.
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, é interrumpió discretamente su relato.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ LA 41.ª NOCHE_
Ella dijo:
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que el califa acudió todos los
días á la tumba de su favorita durante un mes. Y el último día duraron
las oraciones y la lectura del Corán desde la aurora hasta la aurora
siguiente. Y entonces cada cual pudo regresar á su casa. Y el califa,
rendido por la fatiga y el dolor, regresó á palacio, y no quiso ver á
nadie, ni siquiera á su visir Giafar, ni á su esposa Zobeida. Y de
pronto cayó en un sueño profundo, velándole dos esclavas. Una de ellas
estaba junto á la cabeza del califa y la otra á sus pies. Pasada una
hora, cuando el sueño del califa ya no fué tan profundo, oyó á la
esclava que estaba junto á su cabeza decir á la que estaba á sus pies:
«¡Qué desdicha, amiga Subhia!» Y Subhia contestó: «Pero ¿qué ocurre, ¡oh
hermana Nozha!?» Y Nozha dijo: «Nuestro amo debe ignorar todo lo
ocurrido, cuando pasa las noches junto á una tumba donde sólo hay un
pedazo de madera, un maniquí fabricado por un artífice.» Y Subhia dijo:
«Pues entonces, ¿qué ha sido de Kuat Al-Kulub? ¿Qué desgracia cayó sobre
ella?» Nozha respondió: «Sabe, ¡oh Subhia! que me lo ha contado todo la
esclava preferida de nuestra ama Zobeida. Por su encargo le dió banj á
Kuat Al-Kulub, que se durmió inmediatamente, y entonces nuestra ama
Zobeida la metió en un cajón y lo entregó á los eunucos Sauab, Kafur y
Bakhita para que lo enterrasen en un hoyo.» Y Subhia, llenos de lágrimas
los ojos, exclamó: «¡Oh Nozha! ¿Y nuestra dulce ama Kuat Al-Kulub habrá
muerto de manera tan horrible?» Nozha contestó: «¡Alah preserve de la
muerte á su juventud! Pero no ha muerto, pues Zobeida ha dicho á su
esclava: «He averiguado que Kuat Al-Kulub ha logrado escaparse, y está
en casa de un joven mercader de Damasco, llamado Ghanem ben-Ayub, hace
ya cuatro meses.» Comprenderás, ¡oh Subhia! cuán desgraciado es nuestro
señor al ignorar que vive su favorita, mientras sigue velando todas las
noches junto á una tumba que no hay ningún cadáver.» Y las dos esclavas
continuaron hablando durante algún tiempo, y el califa oía sus palabras.
Y cuando acabaron de hablar ya no le quedaba nada que saber al califa. Y
se incorporó súbitamente dando tal grito, que las esclavas huyeron
aterradas. Y sentía una ira espantosa al pensar que su favorita llevaba
cuatro meses en casa del joven llamado Ghanem ben-Ayub. Y se levantó, y
mandó llamar á los emires y notables, así como á su visir Giafar
Al-Barmakí, que llegó apresuradamente y besó la tierra entre sus manos.
Y el califa le dijo: «¡Oh Giafar! averigua dónde vive un joven mercader
llamado Ghanem ben-Ayub. Asalta su casa con mis guardias y tráeme á mi
favorita Kuat Al-Kulub, y también á ese insolente mancebo, para
castigarle.» Y Giafar contestó: «Escucho y obedezco.» Y salió con una
compañía de guardias, acompañándole el walí con sus dependientes, y
todos juntos no dejaron de hacer pesquisas, hasta descubrir la casa de
Ghanem ben-Ayub.
En aquel momento, Ghanem acababa de regresar del zoco, y estaba sentado
junto á Kuat Al-Kulub, teniendo delante un hermoso carnero asado y
relleno de manjares. Y lo estaban comiendo con mucho apetito. Pero al
oir el ruido que armaban los de fuera, Kuat Al-Kulub miró por la
ventana, y comprendió la desdicha que se cernía sobre ellos, pues la
casa estaba cercada por los guardias, el portaalfanje, los mamalik y los
jefes de la tropa, y vió á su cabeza al visir Giafar y al walí de la
ciudad. Y todos daban vueltas alrededor de la casa, como lo negro de los
ojos da vueltas alrededor de los párpados. Y adivinó que el califa lo
había averiguado todo, y que estaría celosísimo de Ghanem, que desde
hacía cuatro meses la tenía en su casa. Y al pensar estas cosas, se
contrajeron sus hermosas facciones, palideció de terror, y dijo á
Ghanem: «¡Oh querido mío! Ante todo piensa en tu salvación. Levántate y
escapa.» Y Ghanem contestó: «¡Alma mía! ¿Cómo voy á salir si está la
casa cercada de enemigos?» Pero ella le vistió con un ropón viejo y roto
que le llegaba á las rodillas, cogió una marmita de las de llevar carne,
y se la puso en la cabeza. Colocó en la marmita pedazos de pan y unos
tazones con las sobras de la comida, y le dijo: «Sal sin ningún temor,
pues creerán que eres el criado del fondista, y nadie te hará daño. Y en
cuanto á mí, ya me las sabré arreglar, pues conozco el poder que ejerzo
sobre el califa.» Entonces Ghanem se apresuró á salir, y atravesó las
filas de guardias y mamalik, con la marmita en la cabeza. Y no le
ocurrió nada malo, porque le protegía el Único Protector que sabe
guardar á los hombres bien intencionados, librándoles de los peligros y
de la mala suerte.
Entonces el visir Giafar echó pie á tierra, entró en la casa y llegó
hasta la sala, llena de fardos y sederías. Mientras tanto, Kuat Al-Kulub
había tenido tiempo para hermosearse y vestirse la ropa más rica con
todas sus alhajas. Y se había puesto un brillante como los más
brillantes. Y había reunido en un cajón los efectos más preciosos, las
joyas y pedrerías y todas las cosas de valor. Y apenas penetró Giafar en
la habitación, se puso de pie, se inclinó, besó la tierra entre sus
manos, y dijo: «¡Oh mi señor! he aquí que la pluma ha escrito lo que
había de escribirse por orden de Alah. En tus manos me entrego.» Y
Giafar contestó: «¡Oh mi señora! El califa me ha dado orden de prender
únicamente á Ghanem ben-Ayub. Dime dónde está.» Y ella dijo: «Ghanem
ben-Ayub, después de empaquetar sus mejores mercancías, marchó hace
algunos días á Damasco, su ciudad natal, para ver á su madre y á su
hermana Fetnah. Y no sé más, ni puedo decirte otra cosa. Y este cajón
que aquí ves es el mío, y en él he colocado lo mejor que poseo. Y espero
que me lo guardes bien y lo mandes transportar al palacio del Emir de
los Creyentes.» Giafar contestó: «Escucho y obedezco.» Y cogió el cajón
y mandó á sus hombres que lo llevaran; y después de haber colmado de
honores á Kuat Al-Kulub, le rogó que le acompañase al palacio del Emir
de los Creyentes; y todos se alejaron, no sin haber saqueado antes la
casa de Ghanem, según había ordenado el califa.
Cuando Giafar se presentó entre las manos de Harún Al-Rachid, le contó
todo lo ocurrido, enterándole de que Ghanem se había marchado á Damasco
y que la favorita se hallaba en palacio. Pero el califa estaba
convencido de que Ghanem había hecho con Kuat Al-Kulub todo cuanto se
puede hacer con una mujer hermosa que pertenece á otro, y ni siquiera
quiso ver á Kuat Al-Kulub, y mandó á Massrur que la encerrase en un
cuarto oscuro, vigilada por una vieja encargada de estas funciones.
Y envió jinetes para que buscasen por todo el mundo á Ghanem. También se
lo encomendó al sultán de Damasco, su vicario Mohammad ben-Soleimán
El-Zeiní, para lo cual cogió el cálamo, el tintero y un pliego de papel,
y escribió la carta siguiente:
«A SU SEÑORÍA EL SULTÁN MOHAMMAD BEN-SOLEIMÁN EL-ZEINÍ, VICARIO DE
DAMASCO, DE PARTE DEL EMIR DE LOS CREYENTES HARÚN AL-RACHID,
QUINTO CALIFA DE LA GLORIOSA DESCENDENCIA DE LOS BENI-ABBAS.
»EN NOMBRE DE ALAH, EL CLEMENTE SIN LÍMITES Y MISERICORDIOSO.
»Después de pedir noticias de tu salud, que nos es querida, y de rogar á
Alah que te conserve largos días en la dilatación y el florecimiento,
»Sabe, ¡oh nuestro vicario! que un joven mercader de tu ciudad, llamado
Ghanem ben-Ayub, ha venido á Bagdad, y ha seducido y forzado á una de
mis esclavas, y ha hecho con ella lo que ha hecho. Y ha huido de mi
venganza y de mis iras, y se ha refugiado en tu ciudad, donde debe estar
en estos momentos con su madre y su hermana.
»Te apoderarás de él y le mandarás dar quinientos latigazos. Y luego le
pasearás por todas las calles montado en un camello. Y delante irá un
pregonero, gritando: «¡Este es el castigo del esclavo que roba los
bienes de su señor!» Y después me le enviarás, para darle el tormento
que se merece y hacer de él lo que haya de hacerse.
»Y saquearás su casa, destrozándola desde los cimientos hasta la
techumbre, y harás desaparecer el rastro de su existencia.
»Y te apoderarás de la madre y la hermana de Ghanem, y durante tres días
las expondrás desnudas á la vista de todos los habitantes, y luego de
esto las arrojarás de la ciudad.
»Pon gran diligencia y celo en ejecutar estas órdenes.
»¡Uassalam!»
Un correo fué el portador de esta carta, y viajó con tal celeridad, que
llegó á Damasco á los ocho días, en vez de tardar veinte cuando menos.
Y cuando el sultán Mohammad tuvo en sus manos la carta del califa, se la
llevó á los labios y á la frente. Y luego de leerla, ejecutó sin ninguna
dilación las órdenes. Y los pregoneros anunciaron por todas partes:
«¡Los que quieran saquear la casa de Ghanem ben-Ayub, vayan á saquearla
á su gusto!»
Inmediatamente el sultán se dirigió en persona á la casa de Ghanem,
acompañado de los guardias. Llamó á la puerta, y Fetnah, hermana de
Ghanem, salió á abrir. Y preguntó: «¿Quién llama?» Y el sultán
respondió: «Yo soy.» Entonces Fetnah abrió la puerta, y como nunca había
visto al sultán Mohammad, se tapó la cara con una punta del velo y
corrió á avisar á su madre.
Y la madre de Ghanem estaba sentada bajo la cúpula del sepulcro que
había mandado construir en recuerdo de su hijo, al cual creía muerto,
pues desde un año que no sabía nada de él. Y no hacía más que llorar, y
apenas comía ni bebía. Y ordenó á su hija Fetnah que dejase entrar al
sultán. Y el sultán entró en la casa, llegó hasta la tumba, y vió á la
madre de Ghanem que lloraba. Y le dijo: «Vengo á buscar á Ghanem, pues
lo reclama el califa.» Y ella respondió: «¡Desdichada de mí! Mi hijo
Ghanem, fruto de mis entrañas, nos abandonó hace más de un año, y no
sabemos lo que ha sido de él.»
Pero el sultán Mohammad, á pesar de su generosidad, tuvo que ejecutar lo
ordenado por el califa. Y mandó que se apoderaran de las alfombras,
jarrones, cristalería y demás objetos preciosos, y después echó abajo
toda la casa, y arrastraron los escombros fuera de la ciudad. Y aunque
le repugnara mucho hacerlo, mandó desnudar á la madre de Ghanem y á su
hermana la hermosa Fetnah, y las expuso tres días en la ciudad,
prohibiendo que se las cubriera ni con una camisa sin mangas. Y después
las expulsó de Damasco. Así fueron tratadas la madre y la hermana de
Ghanem, por el odio del califa.