En cuanto á Ghanem ben-Ayub El-Motim El-Masslub, al salir de Bagdad con

el corazón hecho trizas, fué caminando sin comer y sin beber. Y al

terminarse el día estaba muerto de cansancio. Así llegó á una aldea, y

entró en la mezquita, cayendo extenuado sobre una esterilla, apoyado

contra la pared. Y allí permaneció sin sentido, palpitándole

desordenadamente el corazón y sin fuerzas para hacer un movimiento ni

pedir nada. Los vecinos del pueblo que fueron á orar á la mezquita por

la mañana lo vieron tendido y exánime. Y comprendiendo que tendría

hambre y sed, le llevaron un tarro de miel y dos panes, y le obligaron á

comer y beber. Después le dieron para que se vistiera una camisa sin

mangas, muy remendada y llena de piojos. Y le preguntaron: «¿Quién eres,

¡oh forastero! y de dónde vienes?» Y Ghanem abrió los ojos, pero no pudo

articular palabra, no haciendo más que llorar. Y los otros estuvieron

allí algún tiempo, pero acabaron por irse cada cual á sus quehaceres.

Las privaciones y el dolor hicieron que Ghanem cayera enfermo, y siguió

echado sobre la esterilla de la mezquita durante un mes, y se debilitó

su cuerpo, y cambió de color, y le devoraban las pulgas. Al verle

reducido á tan mísero estado, los fieles de la mezquita se concertaron

un día para llevarlo al hospital de Bagdad, que era el más próximo. Y

fueron á buscar á un camellero, y le hablaron así: «Colocarás á este

joven en tu camello, lo llevarás á Bagdad y lo dejarás á la puerta del

hospital. Y seguramente el cambio de aires y los cuidados del hospital

acabarán por curarle del todo. Y vendrás después á que te paguemos lo

que se te deba por el viaje y por el camello.» Y el camellero dijo:

«Escucho y obedezco.» Y ayudándole los demás, cogió á Ghanem y la

esterilla en que estaba echado y lo colocó sobre el camello, sujetándole

bien para que no se cayese.

Y cuando iban á marchar, lloraba Ghanem sus desdichas, y entonces se

aproximaron dos mujeres miserablemente vestidas que estaban entre la

muchedumbre. Y al ver al enfermo, exclamaron: «¡Cuánto se parece á

nuestro hijo Ghanem! Pero no es posible que sea este joven reducido á

su sombra.» Y aquellas dos mujeres, que estaban cubiertas de polvo y

acababan de llegar al pueblo, se pusieron á llorar pensando en Ghanem,

pues eran su madre y su hermana Fetnah, que habían huído de Damasco y

seguían ahora su camino hacia Bagdad.

En cuanto al camellero, no tardó en montar en el burro, y cogiendo al

camello del ronzal, se encaminó hacia Bagdad. Y en cuanto llegó, se fué

al hospital, bajó á Ghanem del camello, y como era muy temprano y el

hospital no estaba abierto todavía, lo dejó en la escalera y se volvió

al pueblo.

Y allí permaneció Ghanem hasta que los vecinos salieron de sus casas. Y

al verle echado en la esterilla y reducido al estado de sombra,

empezaron á hacer mil suposiciones. Y mientras tanto, pasó uno de los

jeiques entre los principales jeiques del zoco. Apartó la muchedumbre,

se acercó al enfermo, y dijo: «¡Por Alah! Si este joven entra en el

hospital, lo veo perdido por falta de cuidados. Lo voy á llevar á mi

casa, y Alah me premiará en su Jardín de las Delicias.» Mandó, pues, á

sus esclavos que cogieran al joven y lo llevasen á su casa, y él los

acompañó. Y apenas llegaron, le preparó una buena cama, con magníficos

colchones y una almohada muy limpia. Y luego llamó á su esposa, y le

dijo: «He aquí un huésped que nos envía Alah. Lo vas á asistir con mucho

cuidado.» Y ella respondió: «Le pondré sobre mi cabeza y mis ojos.» Y se

arremangó, mandó calentar agua en el caldero grande, le lavó los pies,

las manos y todo el cuerpo. Le vistió con ropas de su esposo, le llevó

un vaso de sorbete y le roció la cara con agua de rosas. Entonces Ghanem

empezó á respirar mejor y á recuperar las fuerzas poco á poco. Y con las

fuerzas le acudió el recuerdo de su pasado y de su amiga Kuat Al-Kulub.

Esto en cuanto á Ghanem ben-Ayub El-Motim El-Masslub.

En cuanto á Kuat Al-Kulub, el califa se encolerizó tanto contra ella...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, é interrumpió discretamente su relato.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 42.ª NOCHE_

Ella dijo:

He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que cuando el califa se

encolerizó tanto contra Kuat Al-Kulub y la mandó encerrar en un cuarto

oscuro bajo la vigilancia de una vieja, la favorita permaneció allí

ochenta días, sin comunicarse con nadie. Y el califa la había olvidado

por completo, cuando un día entre los días, al pasar cerca de donde

estaba Kuat Al-Kulub, le oyó cantar tristemente algunos versos. Y oyó

también que decía lo siguiente: «¡Qué alma tan hermosa la tuya, ¡oh

Ghanem ben-Ayub! y qué corazón tan generoso! Fuiste noble para aquel que

te oprimió. Respetaste la mujer de aquel que había de arrebatar las

mujeres de tu casa. Salvaste del oprobio á la mujer de aquel que derramó

la vergüenza sobre los tuyos y sobre ti. Pero ya llegará el día en que

tú y el califa os veáis ante el Único Juez, el Único Justo, y saldrás

victorioso de tu opresor, con la ayuda de Alah y con los ángeles por

testigos.»

Al oir el califa estas palabras, comprendió lo que significaban estas

quejas, sobre todo cuando nadie podía oirlas. Y se convenció de cuán

injusto había sido con ella y con Ghanem. Se apresuró, pues, á volver á

palacio, y encargó al jefe de los eunucos que fuese á buscar á Kuat

Al-Kulub. Y Kuat Al-Kulub se presentó entre sus manos, y permaneció con

la cabeza inclinada, arrasados los ojos en lágrimas y el corazón muy

triste. Y el califa dijo: «¡Oh Kuat Al-Kulub! he oído que te dolías de

mi injusticia. Has afirmado que obré mal con quien obró bien conmigo.

¿Quién ha respetado á mis mujeres mientras que yo perseguía á las suyas?

¿Quién ha protegido á mis mujeres mientras que yo deshonraba á las

suyas?» Y Kuat Al-Kulub contestó: «Es Ghanem ben-Ayub El-Motim

El-Masslub. Te juro, ¡oh mi señor! por tus mercedes y tus beneficios,

que nunca intentó forzarme Ghanem, ni cometió conmigo nada que merezca

censura. No hallarías en él ni el impudor ni la brutalidad.» Y

convencido el califa, disipadas todas sus sospechas, dijo: «¡Qué

desventura la de este error, oh Kuat Al-Kulub! ¡Verdaderamente, no hay

sabiduría ni poder más que en Alah el Altísimo y el Omnisciente! Pídeme

lo que quieras y satisfaré todos tus deseos.» Y Kuat Al-Kulub dijo: «¡Oh

Emir de los Creyentes! si me lo permites, te pediré á Ghanem ben-Ayub.»

Y el califa, á pesar de todo el amor que aún le inspiraba su favorita,

le dijo: «Así se hará, si Alah lo quiere. Te lo prometo con toda la

generosidad de un corazón que nunca se vuelve atrás de lo que ha

ofrecido. Será colmado de honores.» Y Kuat Al-Kulub prosiguió: «¡Oh Emir

de los Creyentes! te pido que cuando vuelva Ghanem le hagas don de mi

persona, para ser su esposa.» Y el califa dijo: «Cuando vuelva Ghanem te

concederé lo que pides, y serás su esposa y propiedad suya.» Y contestó

Kuat Al-Kulub: «¡Oh Emir de los Creyentes! nadie sabe lo que ha sido de

Ghanem, pues el mismo sultán de Damasco te ha dicho que ignoraba su

paradero. Concédeme que lo pueda buscar yo, con la esperanza de que Alah

me permitirá encontrarle.» Y el califa dijo: «Te autorizo para que hagas

lo que te parezca.»

Y Kuat Al-Kulub, con el pecho dilatado de alegría y regocijado el

corazón, se apresuró á salir de palacio, habiéndose provisto de mil

dinares de oro.

Y recorrió aquel primer día toda la ciudad, visitando á los jeiques de

los barrios y á los jefes de las calles. Pero les interrogó sin

conseguir ningún resultado.

El segundo día fué al zoco de los mercaderes, y recorrió las tiendas, y

fué á ver al jeique, á quien entregó una gran cantidad de dinares para

que los repartiese entre los forasteros pobres.

El tercer día se proveyó de otros mil dinares, y visitó el zoco de los

orífices y de los joyeros. Y se encontró con el jeique entre los

principales jeiques, á quien entregó otra cantidad de oro para que lo

repartiese entre los forasteros pobres. Y el jeique le dijo: «¡Oh mi

señora! precisamente tengo recogido en mi casa á un joven forastero y

enfermo, cuyo nombre ignoro, pero debe ser hijo de algún mercader muy

rico y de noble prosapia. Porque aunque está como una sombra, es un

joven de hermoso rostro, dotado de todas las cualidades y de todas las

perfecciones. Indudablemente debe estar en tal situación por grandes

deudas ó por algún amor desgraciado.» Al oirlo Kuat Al-Kulub, sintió que

el corazón le palpitaba violentamente y que las entrañas se le

estremecían. Y dijo al jeique: «¡Oh jeique! Ya que no puedes abandonar

el zoco, haz que alguien me acompañe á tu casa.» Y el jeique dijo:

«Sobre mi cabeza y sobre mis ojos.» Y llamó á un niño y le dijo: «¡Oh

Felfel! lleva á esta señora á casa.» Y Felfel echó á andar delante de

Kuat Al-Kulub, y la llevó á casa del jeique, donde estaba el forastero

enfermo.

Cuando Kuat Al-Kulub entró en la casa, saludó á la esposa del jeique. Y

la esposa del jeique la conoció, pues conocía á todas las damas nobles

de Bagdad, á quienes solía visitar. Y se levantó y besó la tierra entre

sus manos. Entonces Kuat Al-Kulub, después de los saludos, le dijo:

«Buena madre, ¿puedes decirme dónde se encuentra el joven forastero que

habéis recogido en vuestra casa?» Y la esposa del jeique se echó á

llorar y señaló una cama que allí había. Y dijo: «Ahí le tienes. Debe

ser un hombre de noble estirpe, según indica su aspecto.» Pero Kuat

Al-Kulub ya estaba junto al forastero, y le miró con atención. Y vió un

mancebo débil y enflaquecido, semejante á una sombra, y no se le figuró

ni por un instante que fuese Ghanem, pero de todos modos le inspiró una

gran compasión. Y se echó á llorar, y dijo: «¡Oh, qué desgraciados son

los forasteros, aunque sean emires en su tierra!» Y entregó mil dinares

de oro á la mujer del jeique, encargándole que no escatimase nada para

cuidar del enfermo. En seguida, con sus propias manos, le dió los

medicamentos, y cuando hubo pasado más de una hora á su cabecera, deseó

la paz á la esposa del jeique, montó de nuevo en su mula y regresó á

palacio.

Y todos los días iba á distintos zocos, en continuas investigaciones,

hasta que un día la fué á buscar el jeique, y le dijo: «¡Oh mi señora!

como me has encargado que te presente todos los extranjeros de paso por

Bagdad, vengo á poner en tus manos generosas á dos mujeres, casada la

una y soltera la otra. Y ambas son de categoría, pues así lo dan á

entender su cara y su continente, pero van muy mal vestidas, y cada una

lleva una alforja á cuestas, como los mendigos. Sus ojos están llenos de

lágrimas. Y he aquí que te las traigo, porque sólo tú, ¡oh soberana de

los beneficios! sabrás consolarlas y fortalecerlas, evitándoles el

oprobio de las preguntas impertinentes, pues no deben ser sometidas á

tales indiscreciones. Y espero que, gracias al bien que les hagamos,

Alah nos reservará un puesto en el Jardín de las Delicias el día de la

Recompensa.» Kuat Al-Kulub contestó: «¡Por Alah! que me inspiras un

ardiente deseo de verlas. ¿Dónde están?» Entonces el jeique salió á

buscarlas, y las puso en presencia de Kuat Al-Kulub.

Al ver la hermosura de Fetnah y la nobleza que se adornaba en su madre,

y ambas cubiertas de harapos, Kuat Al-Kulub se puso á llorar, y dijo:

«¡Por Alah! Son mujeres de noble cuna. Veo en su rostro que han nacido

entre honores y riqueza.» Y el jeique exclamó: «¡Verdad dices, oh mi

señora! La desgracia debe de haber caído sobre su casa. Les habrá

perseguido la tiranía, arrebatándoles sus bienes. Ayudémoslas, para

merecer las gracias de Alah el Misericordioso.» Y la madre y la hija

prorrumpieron en llanto, y se acordaron de Ghanem ben-Ayub. Y al verlas

llorar, Kuat Al-Kulub lloró con ellas. Y entonces la madre de Ghanem

dijo: «¡Oh mi señora, llena de generosidad! ¡Plegue á Alah que podamos

encontrar á quien buscamos con el corazón dolorido! ¡El que buscamos es

el hijo de nuestras entrañas, la llama de nuestro corazón, á nuestro

hijo Ghanem ben-Ayub El-Motim El-Masslub!»

Al oír este nombre, lanzó un gran grito Kuat Al-Kulub, pues acababa de

comprender que tenía delante á la madre y á la hermana de Ghanem. Y cayó

sin sentido. Cuando volvió en sí se echó llorando en sus brazos, y les

dijo: «¡Tened esperanza en Alah y en mí, ¡oh mis hermanas! pues este día

será el primero de vuestra dicha y el último de vuestras desventuras!

¡Salid de vuestra aflicción!»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 43.ª NOCHE_

Ella dijo:

He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que después que Kuat Al-Kulub

dijo á la madre y á la hermana de Ghanem: «¡Salid de vuestra

aflicción!», se dirigió al jeique, le dió mil dinares de oro y le dijo:

«¡Oh jeique! Ahora irás con ellas á tu casa y dirás á tu esposa que las

lleve al hammam, y les dé hermosos trajes, y las trate con toda

consideración, sin escatimar nada para su bienestar.»

Al día siguiente, Kuat Al-Kulub fué á casa del jeique á cerciorarse por

sí misma de que todo se había ejecutado según sus instrucciones. Y

apenas hubo entrado, salió á su encuentro la esposa del jeique, y le

besó las manos y le dió las gracias por su generosidad. Después llamó á

la madre y á la hermana de Ghanem, que habían ido al hammam y habían

salido de él completamente transformadas, con los rostros radiantes de

hermosura y nobleza. Y Kuat Al-Kulub estuvo hablando con ellas durante

una hora, y después pidió á la mujer del jeique noticias del enfermo. Y

la esposa del jeique respondió: «Sigue en el mismo estado.» Entonces

dijo Kuat Al-Kulub: «Vamos todas á verle y á tratar de animarle.» Y

acompañada de las dos mujeres, que aún no lo habían visto, entró en la

sala donde estaba el enfermo. Y todas le miraron con ternura y lástima,

y se sentaron en torno de él. Pero durante la conversación se pronunció

el nombre de Kuat Al-Kulub. Y apenas lo oyó el joven, se le coloreó el

rostro y le pareció que recobraba el alma. Levantó la cabeza con los

ojos llenos de vida, y exclamó: «¿Dónde estás, ¡oh Kuat Al-Kulub!?»

Y cuando Kuat oyó que la llamaban por su nombre, conoció la voz de

Ghanem, é inclinándose hacia él, le dijo: «¿Eres tú, querido mío?» Y él

contestó: «¡Sí, soy Ghanem!» Y al oirlo, la joven cayó desmayada. Y la

madre y la hermana de Ghanem dieron un grito y cayeron desmayadas

también. Al cabo de un rato acabaron por volver en sí, y se arrojaron

en brazos de Ghanem. Y sólo se oyeron besos, llantos y exclamaciones de

alegría.

Y Kuat Al-Kulub dijo: «¡Gloria á Alah por haber permitido que nos

reunamos todos!» Y les contó cuanto le había pasado, y añadió: «El

califa, además de protegerte, te regala mi persona.» Estas palabras

llevaron al límite de la felicidad á Ghanem, que no cesaba de besar las

manos de Kuat Al-Kulub, mientras ella le besaba los ojos. Y Kuat les

dijo: «Aguardadme.» Y marchó á palacio, abrió el cajón donde tenía sus

cosas, sacó de él muchos dinares, y se fué al zoco para entregárselos al

jeique, encargándole que comprase cuatro trajes completos para cada uno,

y veinte pañuelos, y diez cinturones. Y volvió á la casa, y los llevó á

todos al hammam. Y les preparó pollos, carne asada y buen vino. Y

durante tres días les dió de comer y beber en su presencia. Y notaron

que recuperaban la vida y les volvía el alma al cuerpo. Los llevó otra

vez al hammam, les hizo mudarse de ropa, y los dejó en casa del jeique.

Entonces se presentó al califa, se inclinó hasta el suelo, y le enteró

del regreso de Ghanem, así como el de su madre y su hermana. Y el califa

llamó á Giafar, y le dijo: «¡Ve en busca de Ghanem ben-Ayub!» Y Giafar

marchó á casa del jeique; pero ya le había precedido Kuat Al-Kulub, que

dijo á Ghanem: «¡Oh querido mío! Va á llegar Giafar para llevarte á

presencia del califa. Ahora hay que demostrar la elocuencia de tu

lenguaje, la firmeza de tu corazón y la pureza de tus palabras.»

Después le vistió con el mejor de los trajes que habían comprado en el

zoco, le dió muchos dinares, y le dijo: «No dejes de tirar puñados de

oro al llegar á palacio, cuando pases por entre las filas de los eunucos

y servidores.»

Y cuando llegó Giafar montado en su mula, Ghanem se apresuró á salir á

su encuentro, le deseó la paz y besó la tierra entre sus manos. Y ya era

otra vez el gallardo mozo de otros tiempos, de rostro glorioso y

atractivo continente. Entonces Giafar le rogó que lo acompañase, y lo

presentó al califa. Y Ghanem vió al Emir de los Creyentes rodeado de sus

visires, chambelanes, vicarios y jefes de sus ejércitos. Y Ghanem se

detuvo ante el califa, miró un momento al suelo, levantó en seguida la

frente, é improvisó estas estrofas:

_¡Oh rey del tiempo! ¡Una mirada bondadosa se ha dirigido á la

tierra y la ha fecundado! ¡Nosotros somos los hijos de su

fecundidad feliz en tu reinado de gloria!_

_¡Los sultanes y los emires se te prosternan, arrastrando las

barbas por el polvo, y como homenaje á tu grandeza, te ofrecen sus

coronas de pedrería!_

_¡La tierra no es bastante vasta ni el planeta bastante ancho para

la formidable masa de tus ejércitos! ¡Oh rey del tiempo! ¡Clava tus

tiendas en las tierras planetarias del espacio que gira!_

_¡Y que las estrellas dóciles y los astros numerosos se sumen á tu

triunfo y acompañen á tu séquito!_

_¡Que el día de tu justicia ilumine al mundo! ¡Que acabe con las

fechorías de los malhechores y recompense las acciones puras de tus

fieles!_

El califa quedó encantado con la elocuencia y hermosura de los versos,

su buen ritmo y la pureza de su lenguaje.

En este momento de su narración, Schahrazada vió que aparecía la

mañana, y discreta como siempre, interrumpió su relato.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ LA 44.ª NOCHE_

Ella dijo:

He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que el califa Harún Al-Rachid,

encantado por la elocuencia de Ghanem, le hizo acercarse á su trono. Y

Ghanem se acercó al trono, y el califa le dijo: «Refiéreme toda tu

historia, sin ocultarme nada de la verdad.» Entonces Ghanem se sentó, y

contó al califa toda su historia, desdo el principio hasta el fin; pero

nada se adelantaría con repetirla. Y el califa quedó completamente

convencido de la inocencia de Ghanem y de la pureza de sus intenciones,

sobre todo al saber cómo había respetado las palabras bordadas en el

calzón de la favorita, y le dijo: «Te ruego que libres á mi conciencia

de la injusticia cometida contigo.» Y Ghanem le contestó: «¡Estás libre

de ella, ¡oh Emir de los Creyentes! pues cuanto pertenece al esclavo es

propiedad del señor!»

Y el califa, complacidísimo, elevó á Ghanem á los más altos cargos del

reino, le dió un palacio, y muchas riquezas, y muchos esclavos. Ghanem

se apresuró á instalar en su nuevo palacio á su madre, y á su hermana

Fetnah, y á su amiga Kuat Al-Kulub. Y el califa, al saber que Ghanem

tenía una hermana maravillosa y virgen todavía, se la pidió á Ghanem. Y

Ghanem contestó: «Es tu servidora, y yo soy tu esclavo.» Entonces el

califa le expresó su agradecimiento, y le dió cien mil dinares de oro. Y

después llamó al kadí y á los testigos para redactar su contrato con

Fetnah. Y el mismo día y á la misma hora entraron el califa y Ghanem en

los aposentos de sus respectivas mujeres. Y Fetnah fué para el califa, y

Kuat Al-Kulub para Ghanem ben-Ayub El-Motim El-Masslub.

El califa, al despertarse por la mañana, se halló tan satisfecho de la

noche que acababa de pasar en brazos de la virgen Fetnah, que mandó

llamar á los escribas de mejor letra para que escribiesen la historia de

Ghanem desde el principio hasta el fin, y la encerró en el armario de

los papeles, á fin de que pudiera servir de lección á las generaciones

futuras, y fuera asombro y delicia de los sabios que se dedicasen á

leerla con respeto y admirar la obra de Aquel que creó el día y la

noche.

«Pero no creas, ¡oh rey de los siglos!--prosiguió Schahrazada

dirigiéndose al rey Schahriar--que esta historia sea más agradable ni

más sorprendente que la historia guerrera y heroica de Omar Al-Nemán y

sus hijos Scharkán y El-Makán.» Y el rey Schariar dijo: «Ciertamente,

puedes contar esa historia que no conozco.»

[Illustration]

[Illustration]

ÍNDICE

_Páginas_

HISTORIA DEL JOROBADO... (CONTINUACIÓN) 7-59

_Historia de Bacbac_ 7-13

_Historia de El-Kuz_ 14-21

_Historia de El-Aschar_ 22-38

_Historia de Schakalik_ 39-59

HISTORIA DE DULCE-AMIGA 61-154

Empieza á mediados de la 32.ª noche y termina á fines de

la 36.ª

HISTORIA DE GHANEM BEN-AYUB Y DE SU HERMANA FETNAH 155-219

Empieza á fines de la 36.ª noche y termina durante la 41.ª

Tiene tres cuentos intercalados:

HISTORIA DEL NEGRO SAUAB, PRIMER EUNUCO SUDANÉS. 163-166

HISTORIA DEL NEGRO KAFUR, SEGUNDO EUNUCO SUDANÉS. 167-176

HISTORIA DEL NEGRO BAKHITA, TERCER EUNUCO SUDANÉS. 177-181

[Illustration]

* * * * *

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El libro de las mil noches y una noche; t. 3 · 第 11 / 12 段