Haciendo amplios comentarios al texto de la Vida de Bruto,
escrita por Plutarco, supone que el matador de César pronuncia
ante el pueblo esta oración:
«Ciudadanos de Roma: Las guerras civiles, de compañeros de Julio
César os hicieron vasallos; y esta mano, de vasallos os vuelve a
compañeros. La libertad que os dió mi antecesor Junio Bruto contra
Tarquino, os da Marco Bruto contra Julio César. De este beneficio
no aguardo vuestro agradecimiento, sino vuestra aprobación. Yo
nunca fuí enemigo de César, sino de sus designios; antes tan
favorecido[585], que en haberle muerto fuera el peor de los ingratos,
si no hubiera sido el mejor de los leales. No han sido sabidoras de
mi intención la envidia ni la venganza. Confieso que César, por su
valentía y por su sangre, y su eminencia en la arte militar y en
las letras, mereció que le diese vuestra liberalidad los mayores
puestos; mas también afirmo que mereció la muerte, porque quiso
antes tomároslos con el poder de darlos, que merecerlos: por esto
no lo he muerto sin lágrimas. Yo lloré lo que él mató en sí, que
fué la lealtad a vosotros, la obediencia a los Padres; no lloré su
vida, porque supe llorar su alma. Pompeyo dió la muerte a mi padre;
y aborreciéndole[586] como a homicida suyo, luego que contra Julio
en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí
sus órdenes, milité en sus ejércitos, y en Farsalia me perdí con
él[587]. Llamóme con suma benignidad César, prefiriéndome en las
honras y beneficios a todos. He querido traeros estos dos sucesos a
la memoria, para que veáis que ni en Pompeyo me apartó de vuestro
servicio mi agravio, ni en César me granjearon contra vosotros
las caricias y favores. Murió Pompeyo por vuestra desdicha: vivió
César por vuestra ruina: matéle yo por vuestra libertad. Si esto
juzgáis por delito[588], con vanidad le confieso; si por beneficio,
con humildad os le propongo. No temo el morir por mi patria; que
primero decreté mi muerte que la de César. Juntos estáis, y yo
en vuestro poder; quien se juzgare indigno de la libertad que le
doy, arrójeme su puñal, que a mí me será doblada gloria morir por
haber muerto al tirano. Y si os provocan a compasión las heridas
de César, recorred todas vuestras parentelas, y veréis cómo por él
habéis degollado vuestros linajes, y los padres con la sangre de
los hijos, y los hijos con la de sus padres, habéis[589] manchado
las campañas y calentado los puñales. Esto, que no pude estorbar y
procuré defender[590], he castigado. Si me hacéis cargo de la vida de
un hombre, yo os le hago de la muerte de un tirano. Ciudadanos: si
merezco pena, no me la perdonéis; si premio, yo os le perdono.»