De Santa Teresa a su confesor Fray Jerónimo Gracián, llorando la
muerte del General de los Carmelitas Fray Juan Bautista Rubeo.
Fecha en Ávila a 15 de octubre de 1578.
Jesús.
Sea con vuestra paternidad el Espíritu Santo, mi padre[330]. Como
le veo quitado[331] de esas baraúndas, háseme quitado la pena de lo
demás, venga lo que viniere. Harto grande me la ha dado[332] las
nuevas, que me escriben de nuestro padre general. Ternísima estoy; y
el primer día llorar que llorarás[333], sin poder hacer otra cosa,
y con gran pena de los trabajos que le hemos dado, que cierto no
los merecía; y si hubiéramos ido a él, estuviera todo llano. Dios
perdone a quien siempre lo ha estorbado, que con vuestra paternidad
yo me aviniera, anque, en esto, poco me ha creído. El Señor lo trairá
todo a bien; mas siento lo que digo, y lo que vuestra paternidad ha
padecido; que cierto son tragos de la muerte lo que me escribió en la
carta primera, que dos he recibido después que habló al nuncio.
Sepa, mi padre, que yo me estaba deshaciendo, porque no daba luego
aquellos papeles, sino que debe ser aconsejado de quien le duele poco
lo que vuestra paternidad padece[334]. Huélgome, que quedará bien
experimentado, para llevar los negocios por el camino que han de ir,
y no agua arriba, como yo siempre decía: y a la verdad ha habido
cosas por donde lo impedían todo, y ansí no hay que tratar de esto,
porque ordena Dios cosas para que padezcan sus siervos.
Ya quisiera escribir más largo, y han de llevar esta noche las
cartas, y casi lo es ya, que lo he sido[335] con el obispo de
Osma[336], para que trate con el presidente y con el padre Mariano lo
que le escribí, y dije enviase a vuestra paternidad. Ahora he estado
con mi hermano[337], y se le encomienda mucho.