DIEGO HURTADO DE MENDOZA

(Hacia 1503-1575)

El último tercio del siglo XVI (incluyendo los primeros decenios

del XVII) señala el punto más alto de gloria a que llegó nunca la

prosa castellana, tanto en hermosura como en difusión por todo el

mundo civilizado. Se presenta originalísima y genial en dos géneros,

por cierto bien opuestos: el más sublime lenguaje místico, capaz de

encerrar todos los secretos de la filosofía del amor divino, y la más

descarada lengua picaresca, implacable en la pintura satírica de la

numerosa casta de amigos de la holganza y del hambre. Pero, además,

el castellano aparece ya diestro en tratar toda clase de asuntos

científicos y artísticos, y cumplidos los votos que en 1588 hacía el

padre Malón de Chaide, se encuentran ahora «todas las cosas curiosas

y graves escritas en nuestro vulgar, y la lengua española subida en

su perfección, sin que tenga envidia a alguna de las del mundo, y tan

extendida cuanto lo están las banderas de España, que llegan del uno

al otro polo».

El estilo medio de esta época es, por su buen gusto y condiciones

artísticas, muy superior al de todas las otras; en el siglo XVII

comenzará ya la decadencia con los abusos increíbles del culteranismo

y del conceptismo. Respecto al vocabulario, en el siglo XVI hallamos

el mayor uso literario de voces castizas, o sea del fondo más antiguo

de la lengua, y por lo tanto más conformes con la índole y genio

propio de la misma; luego el caudal léxico se acrecentó tanto como se

enturbió, en el siglo XVII con multitud de neologismos y cultismos, y

en el XVIII con extranjerismos.

* * * * *

Dúdase de que don Diego Hurtado de Mendoza sea el autor de la

_Guerra de Granada_; pero las razones presentadas están lejos de

ser decisivas[252], y por ahora podemos continuar respetando la

atribución tradicional de la obra, tanto más cuanto que el estilo

de ésta y el de la correspondencia diplomática de don Diego que se

conserva, ofrece notables puntos de semejanza[253].

Con la _Guerra de Granada_, la prosa histórica española deja

definitivamente de producir meras crónicas o sencillas relaciones

cronológicas, al uso de la Edad Media, para emplearse en narraciones

más artísticas al uso de la historia clásica, adornadas con

discursos, retratos, descripciones, episodios y digresiones sobre

antigüedades y usos. Mendoza tomó por modelos a Salustio y a Tácito,

y les imita en su estilo conciso y cortado, al cual da realce con

frecuentes sentencias y reflexiones morales.

La concisión de Mendoza, como dice bien Capmany, es algunas veces

extremada, en lo que sin duda afectó el autor particular estudio,

de tal manera que deja a veces el sentido obscuro u ambiguo. Este

defecto nace principalmente de la construcción de las frases; algunas

parecen mutiladas, digámoslo así, y otras mal enlazadas, por

faltarles las voces copulativas que ligan los miembros del período o

señalan las secciones o tránsitos de uno a otro: modos de hablar que

sólo admite la lengua latina, muy opuestos a la índole y claridad de

la castellana[254].

Este defecto lo veremos colmado después con peor exceso por los

prosistas místicos.

Alguno atribuyó también a la pluma de Mendoza el _Lazarillo de

Tormes_; pero hoy nadie sostiene tal atribución. Nada absolutamente

tienen de común la corriente y familiar manera de contar que se

observa en la novela, con la estudiada y llena de ambición literaria

que nos ofrece la _Guerra_.

GUERRA DE GRANADA

PRÓLOGO

Mi propósito es escribir la guerra que el Rey Católico de España Don

Felipe II, hijo del nunca vencido Emperador Don Carlos, tuvo en el

reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos[255],

parte de la cual yo vi[256] y parte entendí[257] de personas que

en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas

cosas de las que escribiere parecerán a algunos livianas y menudas

para historia, comparadas a las grandes que de España se hallan

escritas[258]: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones

de ciudades populosas; reyes vencidos y presos, desposeídos,

restituídos y otra vez desposeídos, muertos a hierro[259]; discordias

entre padres e hijos, hermanos y hermanos, suegros y yernos;

acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos; libre y extendido

campo y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino más

estrecho, trabajoso, estéril y sin gloria[260], pero provechoso y de

fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelión de

salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias,

odios, ambiciones y pretensiones; dilación de provisiones, falta de

dinero, inconvenientes o no creídos, o tenidos en poco, remisión y

flojedad en ánimos acostumbrados a entender, proveer y disimular

mayores cosas; y así no será cuidado perdido considerar de cuán

livianos principios y causas particulares se viene a colmo de grandes

trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio;

veráse una guerra al parecer tenida en poco y liviana dentro en

casa[261], mas fuera estimada y de gran coyuntura, que en cuanto

duró tuvo atentos y no sin esperanza los ánimos de príncipes amigos

y enemigos, lejos y cerca; primero encubierta y sobresanada[262], y

al fin descubierta, parte con el miedo y la industria y parte criada

con el arte y ambición; la gente, que dije pocos a pocos junta,

representada en forma de ejércitos; necesitada España a mover sus

fuerzas para atajar el fuego; el rey salir de su reposo y acercarse a

ella; encomendar la empresa a Don Juan de Austria, su hermano, hijo

del Emperador Don Carlos, a quien la obligación de las victorias del

padre moviese a dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso; en

fin, pelearse cada día con enemigos, frío, calor, hambre, falta de

municiones, de aparejos en todas partes, daños nuevos, muertes a la

contínua: hasta que vimos a los enemigos, nación belicosa, entera,

armada y confiada en el sitio, en[263] el favor de los berberíes

y turcos[264], vencida, rendida, sacada de su tierra y desposeída

de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños

cautivados, vendidos en almoneda o llevados a habitar a tierras lejos

de la suya: cautiverio y transmigración no menor que las que de

otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa y de sucesos

tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros o

los enemigos los[265] a quien Dios quería castigar, hasta que el

fin della descubrió que nosotros éramos los amenazados y ellos los

castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre y lejos

de todas las cosas de odio o de amor[266] los que quisieren tomar

ejemplo o escarmiento, que esto sólo pretendo por remuneración de mi

trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria.

Antología de prosistas castellanos · 第 29 / 79 题