LUCRECIA.--Sube, tia.[147]

CELESTINA.--Señora buena, la gracia de Dios sea contigo y con la

noble hija. Mis passiones y enfermedades han impedido mi visitar

tu casa, como era razón; mas Dios conoce mis limpias entrañas, mi

verdadero amor, que la distancia de las moradas no despega el querer

de los coraçones; assí que lo que mucho desseé, la necessidad me

lo ha hecho complir. Con mis fortunas adversas otras, me sobrevino

mengua de dinero; no supe mejor remedio que vender un poco de hilado,

que para unas toquillas tenía allegado; supe de tu criada que tenías

dello necessidad; aunque pobre, y no de la merced de Dios, veslo

aquí, si dello y de mí te quieres servir.

ALISA.--Vezina honrrada, tu razón y ofrecimiento me mueven a

compassión, y tanto, que quisiera cierto más hallarme en tiempo de

poder complir tu falta, que menguar tu tela. Lo dicho te agradezco;

si el hilado es tal, serte ha bien pagado.

CELESTINA.--¿Tal, señora? Tal sea mi vida y mi vejez, y la de quien

parte quisiere de mi jura.[148] Delgado como el pelo de la cabeça,

igual, rezio como cuerdas de vihuela, blanco como el copo de la

nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y adreçado. Veslo aquí

en madexitas; tres monedas me davan ayer por la onça, assí goze desta

alma pecadora.

ALISA.--Hija, Melibea, quédesse esta muger honrrada contigo, que ya

me parece que es tarde para ir a visitar a mi hermana, su muger de

Cremes, que desde ayer no la he visto, y tambien que viene su paje a

llamarme, que se le arrezió desde un rato acá el mal...

CELESTINA.--¿Y qué mal es el suyo?

ALISA.--Dolor de costado, y tal, que según del moço supe que

quedava, temo no sea mortal. Ruega tú, vezina, por amor mío, en tus

devociones, por su salud a Dios.

CELESTINA.--Yo te prometo, señora, en yendo de aquí, me vaya por

essos monesterios, donde tengo frailes devotos míos, y les dé el

mismo cargo que tú me das; y demás desto, ante que me desayune, dé

quatro bueltas a mis cuentas.[149]

ALISA.--Pues, Melibea, contenta a la vezina en todo lo que razón

fuere darle por el hilado; y tú, madre, perdóname, que otro dia se

verná en que más nos veamos.

CELESTINA.--Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta; de Dios

seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la dexe gozar

su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que mas

plazeres y mayores deleites se alcançarán, que a la mi fe, la vejez

no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de

renzillas, congoxa continua, llaga incurable, manzilla de lo pasado,

pena de lo presente, cuydado triste de lo por venir, vezina de la

muerte, choça sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre

que con poca carga se doblega.

MELIBEA.--¿Por qué dizes, madre, tanto mal de lo que todo el mundo

con tanta eficacia gozar y ver dessean?

CELESTINA.--Dessean harto mal para sí, dessean harto trabajo; dessean

llegar allá, porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo

envegescen. Assí que el niño dessea ser moço, y el moço viejo, y

el viejo más, aunque con dolor; todo por vivir, porque como dizen:

viva la gallina con su pepita.[150] ¿Pero quien te podría contar,

señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus

enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su renzilla,

su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su

primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos

los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de

dientes, aquel carecer de fuerça, aquel flaco andar, aquel espacioso

comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de

pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos quando sobra la

gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahito que de hambre.

MELIBEA.--Bien conozco que dize cada uno de la feria segund le va en

ella,[151] assí que otra canción cantarán los ricos.[152]

CELESTINA.--Señora, hija, a cada cabo ay tres leguas de mal

quebranto;[153] a los ricos se les va la bienaventurança, la gloria

y descanso por otros alvañares de asechanças que no se parescen,

ladrillados por encima con lisonjas. Cada rico tiene una dozena de

hijos y nietos que no rezan otra oración, no otra petición, sino

rogar a Dios que le saque d’en medio; no veen la hora que[154] tener

a él so la tierra y lo suyo entre sus manos y darle a poca costa su

casa para siempre.

MELIBEA.--Madre, pues que assí es, gran pena ternás por la edad que

perdiste. ¿Querrías bolver a la primera?

CELESTINA.--Loco es, señora, el caminante que enojado del trabajo

del día quissiese bolver de comienço la jornada para tornar otra

vez aquel lugar, que todas aquellas cosas cuya possesión no es

agradable, más vale poseellas que esperallas, porque más cerca está

el fin dellas quanto más andado del comienço; no ay cosa más dulce

ni graciosa al muy cansado que el mesón, assí que aunque la mocedad

sea alegre, el verdadero viejo no la dessea, porque el que de razón y

seso carece, quasi otra cosa no ama sino lo que perdió.

MELIBEA.--Siquiera por vivir más, es bueno dessear lo que digo.

CELESTINA.--Tan presto, señora, se va el cordero como el

carnero;[155] ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan

moço que oy no pudiesse morir; assi que en esto poca avantaja nos

levais.

MELIBEA.--Espantada me tienes con lo que has hablado; indicio me

dan tus razones que te aya visto otro tiempo. Díme, madre, ¿eres tú

Celestina, la que solía morar a las tenerías, cabe el río?

CELESTINA.--Señora, hasta que Dios quiera.

MELIBEA.--Vieja te has parado; bien dizen que los dias no se van en

balde[156]; assí goze de mí, no te conosciera sino por esa señaleja

de la cara. Figúraseme que eras hermosa; otra pareces, muy mudada

estás.

LUCRECIA.--¡Hi, hi, hi! Mudada está el diablo. ¿Hermosa era con aquel

su Dios-os-salve[156] que traviessa la media cara?

MELIBEA.--¿Qué hablas, loca? ¿Qué es lo que dizes? ¿De qué te ríes?

LUCRECIA.--De como no conoscías a la madre en tan poco tiempo en la

filosomía[157] de la cara.

MELIBEA.--No es tan poco tiempo dos años, y más que la tiene arrugada.

CELESTINA.--Señora, ten tú el tiempo que no ande, terné yo mi forma

que no se mude. ¿No has leido que dizen: Verná el día que en el

espejo no te conozcas?[158] Pero también yo encanecí temprano, y

parezco de doblada edad, que assí goze desta alma pecadora y tú desse

cuerpo gracioso, que de quatro hijas que parió mi madre yo fui la

menor. Mira como no so vieja como me juzgan.

MELIBEA.--Celestina amiga, yo he holgado mucho en verte y conoscerte;

también hasme dado plazer con tus razones. Toma tu dinero y vete con

Dios, que me parece que no deves haver comido.

Antología de prosistas castellanos · 第 24 / 79 题