Dolores volvió á tomar su labor; las últimas flores que le habia dado
Mauricio se marchitaron en su ventana, y ella recogió cuidadosamente
sus hojas secas, como recogió en su corazon los recuerdos de su
desgraciado amor: despues, inclinándose sobre su bordado, dijo con
honda tristeza:
--Así pasaré ya el resto de mi vida.
Dos dias despues, y á la caida de una bella tarde de otoño, oyó los
ecos de una música militar. Era el regimiento de Mauricio que salia de
la ciudad, segun él mismo habia dicho.
Dolores sintió que alguna cosa se rompia en el fondo de su corazon.
Levantóse, y se fué á arrodillar delante del lecho de su madre, que se
habia acostado ya.
--¡Madre mia! exclamó la desgraciada: ¿es verdad que me amas? ¿Es
verdad que te soy necesaria? ¡Dímelo, por Dios!
--Déjame dormir, respondió ásperamente la anciana, volviéndose del lado
de la pared.
Dolores alzó al cielo sus ojos: nadie en la tierra agradecia su inmenso
sacrificio... la música se fué perdiendo lentamente á lo largo, y se
apagó al fin en el vacío...
Algunos años despues murieron los padres de Dolores; el anciano siguió
de cerca á su esposa; la pobre huérfana quedó sola sobre la tierra.