II.

La casa sin hija es como huerto sin sol. Cuando en una familia se ha

pasado ya del descontento á una guerra sorda y cruel; cuando han

surgido entre el padre y la madre diferencias imposibles de vencer;

cuando, en fin, arde en la casa la tea de la discordia, sólo la rosada

é inocente boca de una hija la puede apagar.

Los hijos, por mucho talento que tengan, no lo conseguirán jamas,

porque es preciso el delicado instinto, el fino tacto y toda la gracia

y poesía de _la jóven_, para apagar la sangre humeante que brota de las

llagas del corazon y del amor propio, cuando se creen ultrajados.

¡Feliz el matrimonio donde hay una hija, una hija dulce, sensible,

afectuosa; una hija que piense, y sobre todo _que sienta_! ¡Jamas

llegarán á envenenarse las querellas! ¡Jamas dividirá á los consortes

el abismo!

Si la madre es la firme base y la fuerte columna en que descansa la

familia, la hija es el ángel custodio que la cubre con sus alas.

Coronemos á la madre de mirto y de laurel, y á la hija de rosas y

azucenas.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 248 / 399 题