Con verdadero placer voy á tratar de describir este tipo, el más bello,
el más poético, el más risueño, el más inocente. En la madre todo me
parece grande, casi augusto, hasta sus mismos errores: en la hija todo
lo veo dulce, suave, tierno y simpático.
_Madre_ es, á mi entender, sinónimo de sacrificio, de abnegacion, de
virtud y de nobleza.
_Hija_ es emblema de tierno afecto, de alegría, de encanto y de gracias.
Verdad es que para la que esto escribe la infancia y la juventud tienen
tal atraccion y tanta poesía, que los niños le parecen siempre
adorables, y las jóvenes le son siempre queridas.
Lo duro de la condicion varonil choca acaso con su delicado y
susceptible orgullo de mujer; pero las mujeres y los niños han obtenido
siempre su más tierno afecto; las primeras, porque comprende las
desdichas de su condicion; los segundos, por su inocencia y su
debilidad.
Muchas veces en el interior de una familia dividida por discordias he
admirado el poder y el prestigio de la hija de la casa; ella era la que
mediaba entre su padre y un hermano inaplicado ó rebelde; ella la que
consolaba á su madre, afligida por las diferencias entre el hijo y el
esposo; ella la que hablaba y reia cuando guardaban todos un sombrío
silencio; ella la que animaba, la que hacía olvidar, á lo ménos, por el
momento. La hija era el rayo de blanca luna que corria el negro nublado
del cielo doméstico.
Uno de los hermanos le pedia su intercesion para que le dejasen ir al
teatro; otro la ponia de mediadora para que su madre le diese una corta
cantidad de dinero; una hermanita pequeña le suplicaba le alcanzase la
concesion de un sombrero de moda nueva, y hasta el que estaba en
mantillas queria ir á sus brazos para que lo llevase á ver la luz del
quinqué, hácia la que tendia sus manecitas con esa aficion á todo lo
que brilla, que ya se demuestra desde la cuna.
La hermana lograba todo para todos, y luégo cada uno le pagaba su dulce
intercesion con muchas caricias y besos.