II.

Hay en la madre tal abnegacion, tanta ternura, tan natural inclinacion

al sacrificio, que nada le cuesta exponer y áun dar la vida por sus

hijos.

En mi concepto, el sacrificio moral de la madre es más meritorio y más

sublime que el material que hizo Agripina; la influencia de aquélla en

la familia es hoy de la más alta importancia, y crecerá aún, cuando se

eduque á la mujer con más esmero y cuidado del que se ha empleado hasta

el dia.

Una madre puede hacer de su hijo lo que quiera; y este axioma, que

puede afirmarse como una verdad, le vemos comprobado en dos hombres

eminentes, contemporáneo el uno, y el otro nacido en época no remota.

Alfonso de Lamartine debe á su madre, si no su talento, el rápido

desarrollo del mismo, y el carácter noble y elevado que este mismo

talento tomó: aquella madre bella, poética, entusiasta, tierna y

melancólica, modeló á su imágen el alma de su hijo, ó más bien el alma

del poeta, era en las manos de su madre un instrumento sonoro del que

sacaba celestiales melodías.

Ya en la ancianidad, el poeta se acuerda todavía con ternura de aquella

madre, que, vástago de una de las más ilustres familias de Francia, se

encerró con su esposo, sus hijos y su libro de oraciones en una pobre

casa, antigua y desmantelada, donde todo su recreo consistia en mirar

el cielo á traves de los viejos árboles y enseñar á su Alfonso á pensar

y á sentir.

Bien se conoce en los escritos del poeta que el talento de una mujer

hizo brotar y dirigió sus primeras impresiones: de ahí proceden esa

melancolía que resalta en ellos, esa dulzura en los giros, esa belleza

en las imágenes, esa inquebrantable fe religiosa, esa exquisita

elegancia, esa poesía inagotable, que se advierten en todas las obras

de Lamartine: sus detractores dicen que su pluma es _un tanto

femenina_, y tienen razon: ése es el más alto elogio que se puede hacer

de su madre.

Cuando el poeta, hombre ya, deja para ir en busca de la fortuna el

dulce abrigo del ala maternal, aquel cariño tierno é inteligente le

sigue por todas partes, excusa sus errores, le socorre secretamente en

sus locos gastos; y cuando llega la hora del amor para Alfonso de

Lamartine, la dulce madre comparte con el corazon de su hijo, no sólo

todas las penas, sino todas las punzantes emociones de una pasion,

acaso culpable, pero verdadera y profunda.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 225 / 399 题