III.

El orgullo, sin embargo, puede degenerar en un sentimiento culpable y

hasta odioso, si no va acompañado de mucha dulzura de carácter.

El orgullo inspira tambien un desmedido deseo de brillar. Pero entónces

merece el nombre de orgullo mal entendido; es decir, destituido de

dignidad y de generosa altivez.

Muchas personas confunden el orgullo con la vanidad. Nada hay, sin

embargo, más opuesto. El orgullo, como ya he dicho, es conveniente y

hasta preciso, cuando va acompañado de buenos sentimientos y de buen

carácter. Es culpable y odioso si invade el alma completamente,

engrosado por las lisonjas del mundo, y ahoga en ella todos los

sentimientos dulces y tiernos.

Pero la vanidad es demasiado raquítica para ser mala, y sobrado

menguada para ser buena. Es ménos que buena y que mala, es ridícula.

La vanidad no se replega como el orgullo digno, ni obra con energía

como el orgullo ambicioso. Su afan está reducido á brillar, ó, mejor

dicho, á llamar la atencion en todas partes: las mujeres vanas eligen

lo más _vistoso_ con preferencia á lo más bonito, y se contentan con

los triunfos más mezquinos, como es el despertar la envidia de las

demas mujeres.

No hay cosa que más hiera que el ridículo. El mundo compadece quizá á

un ser culpable, pero se encarniza con el que está marcado por aquél.

Así, pues, creedme, lectoras mias, huid de él y precaveos de sus tiros.

Para conseguirlo, no existe otro medio que arrojar léjos á la vanidad

cuando se acerque á vosotras. No cometais jamas el craso y lamentable

error de confundir la vanidad con el orgullo digno y altivo, que es una

de las más bellas dotes de la mujer, y la defensa más eficaz de su

virtud, cuando está secundada por la sublime y hermosa religion.

Y para preservaros de la vanidad, huid siempre de deseos y caprichos

dispendiosos. Cuando anheleis una cosa, un traje, una joya superior á

vuestros haberes, desechad ese deseo como culpable é hijo de la

vanidad, y como preludio de otros desordenados. La vanidad no cesa

jamas en sus perversas sugestiones, y cada dia os hará desear cosas

nuevas y más árduas. La vanidad enajena el cariño de los padres, del

esposo y de los hijos, los cuales, por su parte, no pueden amar mucho

al sér que les priva de su decencia y bienestar por satisfacer sus

caprichos é inagotables exigencias. La vanidad os robará la

consideracion y el aprecio de la sociedad, que todo lo escudriña; y la

envidia, que tanto dominio tiene en el mundo, buscará todos vuestros

defectos, y áun os los prestará imaginarios, para vengarse de vuestra

vanidad.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 213 / 399 题