III.

Sin vacilar un instante, encaminó sus pasos á casa de la mujer á quien

habia tratado, con sus consejos, de excluir del convite; porque hay

personas en la sociedad que se nutren de chismes y miserias, como otras

se nutren de obras buenas y elevadas.

Halló á la bella señora de Z. sola en su gabinete y leyendo; sentóse, y

despues de algunas lisonjas vulgares, entró de lleno en la cuestion.

--He tenido un mal rato, dijo con aire triste.

--¿Un mal rato? preguntó la jóven; ¿por qué, amigo mio?

--Porque he oido hablar de V. con mucha injusticia.

--¿De mí?

--De V., sí, señora.

El buen amigo se calló, esperando esta pregunta tan natural:

--¿Y quién habla mal de mí?

Pero se engañó: su interlocutora se encogió de hombros y cambió de

conversacion.

--¡Cómo! exclamó él; ¿no le importa á V. que la critiquen, que la

murmuren?

--No por cierto, amigo mio, porque lo hacen sin razon.

--¿Y eso qué importa, si lo hacen?

--Dejarlos; las calumnias caen siempre por su base.

--¡Pero V. tiene enemigos!

--No lo creo: no puedo creerlo.

--¿Ni porque se lo diga yo?

--Creo más bien que V. se engaña.

--¡Pero si estoy seguro de ello! exclamó el oficioso exasperado; ¡usted

verá cómo le hacen un desaire que no se espera!

--¡Un desaire! ¡A mí!

--¿Quiere V. que le diga cuál?

--No, amigo mio, respondió la señora de Z.; jamas me ha gustado sentir

males anticipados; ellos vienen sin que se puedan evitar: así, pues,

esperaré esa ofensa, que su extremado celo me anuncia, con calma, sin

impaciencia ninguna porque llegue.

Y aquí la jóven cambió de conversacion con una perfecta suavidad en la

apariencia, pero en realidad con una voluntad tan firme que su

visitante no pudo, por más esfuerzos que hizo, volverla á traer al

terreno que deseaba.

La ofensa, sin embargo, no se hizo esperar.

Ajena la señora de Z. á lo que pasaba en el corazon de su amiga y á los

pérfidos consejos que le daban los envidiosos, preparó un traje

conveniente para el dia del santo de aquélla y esperó, no sólo la

invitacion general, sino tambien la visita particular y amistosa de la

señora de T....; pero fué en vano; no recibió ni invitacion ni visita.

Este golpe la hirió profundamente, tanto por lo que tocaba á su

corazon, cuanto por lo que tocaba á su amor propio; lloró mucho aquel

dia: pero á las nueve de la noche se vistió con su buen gusto

acostumbrado, y se dirigió á casa de su amiga, á cuya tertulia iba

todas las noches.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 206 / 399 题