Es una cosa innegable que el lujo enfria el alma y la deja como murada
para todo sentimiento elevado y generoso.
Semejante á la pasion del juego, la pasion del lujo absorbe por
completo la existencia; como la hidra de la fábula, que siempre tenía
siete cabezas, porque renacian cuantas se le cortaban, el lujo tiene
siempre hambrientas sus siete fauces, y próximas á devorar, no sólo el
dinero, sino el sosiego: una mujer dedicada por completo á los cuidados
que el lujo proporciona, no piensa en nada serio, útil y elevado; el
cuidado de sobresalir y de hacerse envidiar ocupa todas las horas de su
vida; y si es verdad que le causa algunas satisfacciones, es tambien
cierto que le proporciona muchos dolores.
Poco á poco, insensiblemente, el ánimo de esas pobres mujeres se va
empequeñeciendo, y su alma se llena de tinieblas; cuando la juventud ha
pasado, y con ella las ilusiones y la belleza; cuando se ven aisladas,
solas y tristes, el tedio las consume, y no saben qué hacer de sus
eternos dias, de sus solitarias noches.
Es, pues, preciso acostumbrar á las niñas á que amen la sencillez, y
vestirlas de una manera esmerada y elegante, pero todo lo modesta
posible; si la suerte les ha favorecido con los dones de la fortuna,
podrán aumentar sus gastos cuando, en la plenitud de su razon, puedan
calcular aquéllos y sus ingresos, con la saludable valla de las
costumbres modestas; si esta misma fortuna sufre reveses, no padecerán
las crueles privaciones de los goces de la vanidad, tan punzantes, y á
la vez tan áridos.