La historia guarda en sus páginas la memoria de dos mujeres, que toda
su vida estuvieron unidas por la amistad más tierna y más pura: Isabel
Wolf y Agata Deken, fundadoras de la novela en Holanda, cultivaron
juntas las letras, juntas escribieron, y vivieron juntas desde que la
viudez de la primera la dejó sola en el mundo: esta union fué tanto más
admirable, cuanto que á las rivalidades femeniles podrian unirse las
literarias, y la emulacion que éstas llevan siempre consigo; pero léjos
de ser así, vivieron siempre unidas con la más cariñosa amistad, y la
vida arreglada, piadosa, ejemplar que llevaban, les conquistaron el
afecto universal, á la vez que una admiracion verdadera por las obras
de su ingenio.
El dia 5 de Noviembre de 1804 murió Isabel, y Agata no pudo
sobrevivirla más que nueve dias: anciana y aislada en la tierra, pues
habia perdido á su esposo y á sus hijos, Agata miró la muerte como el
último de los beneficios que Dios podia enviarle, y dió, muriendo, á su
amiga la postrera y tierna prueba del dulce y profundo afecto que las
habia unido, tan raro entre dos mujeres, y quizá único entre dos
mujeres escritoras.
Algun tiempo despues la sociedad de Ciencias y Artes de Amsterdam,
queriendo tributar un homenaje público á sus virtudes y talentos, honró
la memoria de las dos amigas, celebrando unos magníficos funerales, á
los cuales asistieron cuantas personas distinguidas en todo género
residian en aquella gran ciudad.
Es de suponer que entre estas dos señoras habria algunas desigualdades
de carácter, algunas disidencias de gustos é inclinaciones; pero es de
suponer tambien que una á otra se dispensarian, tolerándose mútuamente
sus defectos, en gracia de sus buenas cualidades.