I.

Con tanto asombro como pena he oido á algunas mujeres quejarse de que

no existe la amistad, y de que han sufrido ya muchas decepciones, lo

que dicho por bocas jóvenes y sonrosadas me ha parecido increible, ó

por lo ménos muy dudoso; creo más bien que estas mujeres comprenden mal

la amistad, y la exigen más de lo que puede dar, queriendo que se eleve

á la categoría del más sublime heroismo.

Y es por cierto un error bien lamentable que, así en amistad como en

amor, queramos siempre recibir y no dar; deseemos abnegacion constante

y no demos en cambio tolerancia y prudencia.

Si para conceder nuestra amistad esperamos encontrar una persona

perfecta, jamas tendrémos amigos. Ningun mortal está exento de

defectos; sólo se debe, pues, procurar que los seres á quienes amemos

tengan los ménos posibles, y que sean de tal naturaleza que podamos

soportarlos sin menoscabo de nuestra dignidad.

Una señora me dió no hace muchos dias, al oirme hablar así, la

siguiente lógica contestacion:

--No hay necesidad de soportar las faltas ajenas por amistad solamente:

amigos que hagan padecer no son convenientes, y mejor se está uno solo

en su casa, que sufriendo las impertinencias de los más.

--Mas ¿qué nos queda, repuse, si despreciamos las simpatías del alma,

si desairamos las bellas prendas que posee una persona, sólo porque se

le reconoce algun defecto?

--Nos queda el estar tranquilos, y el pasar la vida con las menores

penas posibles.

--¡Ah, señora! exclamé; nos queda sólo el egoismo, y el egoismo no ha

hecho jamas la dicha de nadie; ¡no se queje V. de que no hay amistad en

la tierra, puesto que nada quiere hacer por ella!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 189 / 399 题