II.

El _usted_ ha sido desterrado del seno de la amistad, porque coarta la

confianza, y contiene, ántes de que suban á los labios, las más dulces

expansiones del corazon; ¿por qué, pues, se ha de condenar el que se

vaya desterrando poco á poco tambien entre padres é hijos? ¿Hay acaso

un amigo mejor y más sincero para un jóven, que su propio padre? ¿Hay

alguno que más se desvele por su bien? ¿Hay alguno á quien deba amar

con más tierno exclusivismo?

Gentes hay cuyo tipo ha descrito con inimitable maestría el ilustre

Fernan Caballero, en su bella _Gaviota_. El general Santa María,

colocado allí á propósito para formar contraste con una dama romántica

y sujeta á todos los caprichos de la moda, es un hombre enemigo

acérrimo de esta inconstante deidad, que asienta como principio

infalible que nada de lo que de ella proviene es bueno: en nuestros

dias existen aún algunas gentes así, sin querer comprender que hay

algunas innovaciones útiles y saludables, y yo creo que de esta clase

es el tratamiento de _tú_ entre los padres y los hijos.

Jóvenes de ambos sexos he visto, de esos cuyos padres hacen alarde de

ser _chapeados á la antigua_, que escudados con el _usted_ contestan á

los autores de sus dias una desvergüenza de más volúmen que las que

algunos de los que les hablan de _tú_, se atreverian á decir á sus

criados: y esto no es extraño, esos padres no educan á sus hijos ni

para el cariño ni para el respeto; los educan para el miedo, y el dia

que su carácter pierde algo de la fuerza que les prestaba la edad, sus

hijos sacuden el yugo que les era tan pesado y abrumador.

Todo respeto, toda consideracion en el mundo están basados en el valor

del que los inspira: amamos á Dios porque tenemos su imágen enclavada

en una cruz y espirando entre tormentos sin ejemplo para redimirnos: le

amamos porque sabemos que á su bondad debemos la vida, el alimento y

todos cuantos goces y placeres disfrutamos; le respetamos porque nada

reconocemos más grande, más poderoso que él; sean, pues, los padres,

que son su imágen en la tierra, una imágen viva de su proteccion y de

su amor: sean grandes, nobles, apasionados para sus hijos, mostrándoles

en cuantas ocasiones les sea posible, su nobleza y su amor, y estos

hijos les pagarán su cariño con usura, porque la juventud es tierna; se

confiarán á ellos porque los reconocerán superiores; buscarán su

consejo y les contarán sus dolores, seguros de que los han de

comprender, consolar y guiar por la senda del bien.

Estos padres justos no son nunca débiles; sus castigos aplicados con

oportunidad y energía, son más temibles que por su rigor, porque privan

de la amistad del que los impone por algun tiempo; un padre bueno,

recto y cariñoso hace igualmente buenos á sus hijos, y éstos besan

sumisos la mano fuerte y protectora que sujeta las riendas de su vida y

les evita el hundirse en la sima sin fondo del mal.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 185 / 399 题