II.

La miseria, y no la pobreza, es la que produce los crímenes, y de esos

hombres que no tienen pan ni abrigo para su familia, salen generalmente

los infelices que llenan los presidios y que sirven de escarmiento,

cuando se aplican en todo su rigor, las leyes de la justicia humana.

Sin tener las ideas socialistas del ilustre escritor Eugenio Sué, que

en su exageracion pretendia que todos los ricos eran malos y

degradados, y todos los pobres ejemplares y virtuosos, creo que todos

debemos, segun nuestras fuerzas, aplicarnos á socorrer la miseria, y

que una parte á lo ménos de lo que gastamos en lo supérfluo, debemos

dedicarlo á dar lo necesario á los que no lo tienen. La miseria tiene

varios aspectos: no es la que se ostenta la más digna de lástima y de

socorro; es la que se oculta en las heladas buhardillas; la que

cubierta con un espeso velo pide limosna por la noche; la que no se

queja y viste aún con restos de decencia, para disimular el mayor

tiempo posible la desgracia y el dolor.

Esa miseria vergonzante es la más dolorosa y la más digna de auxilio,

porque casi siempre procede de desgracias inmensas, de pérdidas del

corazon, tan ligadas á los intereses, que han arruinado para siempre la

felicidad y la fortuna.

Se han visto familias caer de repente, desde una posicion decorosa y

desahogada, en la más profunda miseria, á causa de algun fraude de que

han sido víctimas: una, sobre todo, á quien he conocido, cayó en tan

completa desgracia, que el padre no pudo resistirla, y buscó en la

muerte el descanso de un dolor que su fortaleza no alcanzó á

sobrellevar: su esposa y sus dos hijas hubieron de dedicarse, primero á

labores de su sexo, que les pagaban muy escasamente; y despues, visto

que el producto de su trabajo no les alcanzaba para vivir, al servicio

doméstico.

La inteligencia y buena educacion de la madre llamó la atencion de la

familia á quien servia; y enterada ésta de sus desgracias, hizo venir

tambien á sus dos hijas, dándoles una habitacion en su casa, mesa, una

criada y algunas labores delicadas y productivas que desempeñaba una de

las jóvenes, miéntras la otra con su madre iba á dar lecciones de

música.

Las tres pobres mujeres llegaron á encontrarse tan dichosas en su

modesta situacion, que la preferian á su opulencia pasada, y sólo

tenian en el alma el dolor de la muerte de aquel esposo, de aquel padre

que tanto amaban, y que las habia amado tanto.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 154 / 399 题