La miseria, y no la pobreza, es la que produce los crímenes, y de esos
hombres que no tienen pan ni abrigo para su familia, salen generalmente
los infelices que llenan los presidios y que sirven de escarmiento,
cuando se aplican en todo su rigor, las leyes de la justicia humana.
Sin tener las ideas socialistas del ilustre escritor Eugenio Sué, que
en su exageracion pretendia que todos los ricos eran malos y
degradados, y todos los pobres ejemplares y virtuosos, creo que todos
debemos, segun nuestras fuerzas, aplicarnos á socorrer la miseria, y
que una parte á lo ménos de lo que gastamos en lo supérfluo, debemos
dedicarlo á dar lo necesario á los que no lo tienen. La miseria tiene
varios aspectos: no es la que se ostenta la más digna de lástima y de
socorro; es la que se oculta en las heladas buhardillas; la que
cubierta con un espeso velo pide limosna por la noche; la que no se
queja y viste aún con restos de decencia, para disimular el mayor
tiempo posible la desgracia y el dolor.
Esa miseria vergonzante es la más dolorosa y la más digna de auxilio,
porque casi siempre procede de desgracias inmensas, de pérdidas del
corazon, tan ligadas á los intereses, que han arruinado para siempre la
felicidad y la fortuna.
Se han visto familias caer de repente, desde una posicion decorosa y
desahogada, en la más profunda miseria, á causa de algun fraude de que
han sido víctimas: una, sobre todo, á quien he conocido, cayó en tan
completa desgracia, que el padre no pudo resistirla, y buscó en la
muerte el descanso de un dolor que su fortaleza no alcanzó á
sobrellevar: su esposa y sus dos hijas hubieron de dedicarse, primero á
labores de su sexo, que les pagaban muy escasamente; y despues, visto
que el producto de su trabajo no les alcanzaba para vivir, al servicio
doméstico.
La inteligencia y buena educacion de la madre llamó la atencion de la
familia á quien servia; y enterada ésta de sus desgracias, hizo venir
tambien á sus dos hijas, dándoles una habitacion en su casa, mesa, una
criada y algunas labores delicadas y productivas que desempeñaba una de
las jóvenes, miéntras la otra con su madre iba á dar lecciones de
música.
Las tres pobres mujeres llegaron á encontrarse tan dichosas en su
modesta situacion, que la preferian á su opulencia pasada, y sólo
tenian en el alma el dolor de la muerte de aquel esposo, de aquel padre
que tanto amaban, y que las habia amado tanto.