IV.

No son sólo los ricos los que pueden practicar el bien.

El que consuela al afligido con palabras dulces y afectuosas hace

igualmente un inestimable beneficio, y su recuerdo, á pesar de la

ingratitud con que pueda ser recibido, basta para hacer dichoso á quien

lo ha practicado.

Hay tambien recuerdos que matan.

Los remordimientos, los crueles é implacables remordimientos no son

otra cosa que los recuerdos del daño que se ha hecho, á los cuales va

unida la memoria de las bellas cualidades que poseian las personas á

quienes se ha ofendido ó lastimado.

Al hombre le acompañan ménos los recuerdos; su vida está llena de

realidades más ó ménos penosas, más ó ménos agradables.

Los negocios absorben todo su tiempo y absorben tambien su imaginacion.

La mujer, por el contrario, relegada al hogar doméstico, retirada en

él, tiene muchas veces que acogerse á sus recuerdos para ser dichosa.

Á la mujer le está vedada toda ocupacion, toda actividad fuera del

círculo de su familia, y los recuerdos son para ella un mundo mejor, un

oásis en el cual descansa de todos esos dolores vulgares, silenciosos y

desconocidos que combaten y envenenan su existencia.

La pradera donde corria cuando niña; los primeros libros que leyó; las

oraciones que le enseñaba su madre; los cuentos de la vieja nodriza;

los juegos con sus hermanos; la imágen ante la cual rezaba; las

memorias de su primer amor; aquellas emociones tan puras, tan castas,

tan indecisas, que ni áun despues de mucho tiempo sabe definir; la rama

que el viento mecia en el bosque; el pájaro, que en las alboradas del

estío se posaba á cantar en las macetas de su ventana; el primer

ramillete que le regalaron y que conserva, seco ya, en el fondo de una

caja; todas estas cosas forman para la mujer un mundo de poesía y de

amor, al cual se retira para buscar la calma.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 150 / 399 题