V.

Jamas he podido comprender que una mujer tenga gusto en cambiar con

frecuencia de habitacion.

Dice Alejandro Dumas que los que rehusan cambiar de domicilio son, por

lo regular, personas avaras.

Yo, con permiso del fecundo narrador, diré que no soy avara, y que, sin

embargo, siento un gran dolor cada vez que he de trocar mi vivienda por

otra, aunque gane mucho en el cambio.

¿Cómo no amar las paredes que nos han visto llorar, reir, y que han

presenciado nuestras venturas y nuestros dolores?

¿Cómo no amar el primer rayo de sol que la primavera nos envia como una

bella sonrisa, y el rayo de luna que viene á quebrarse en los cristales

de nuestra ventana?

Paréceme que el apego de la mujer á su casa y á los objetos que la

adornan, es inseparable de su condicion, suave, blanda y amorosa; que

la constancia en sus afectos debe serle tan propia como el culto de los

recuerdos, y que un corazon frio, egoista é indiferente es como una

anomalía en nuestro sexo, á quien Dios encomendó el cuidado de

embellecer el hogar, derramando en él la suave luz de la poesía y del

amor.

Haga la mujer todo el bien que le sea posible; ame y socorra á los

menesterosos; y por desgraciada que sea su vida, siempre tendrá en sus

recuerdos un pedazo de cielo azul, un horizonte sereno, adonde volver

sus fatigados ojos.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 151 / 399 题