III.

La vida de la Marquesa no tenía otro método que la de tantas otras

señoras de su clase: se levantaba á la una, la recogian sus doncellas

el cabello y la ponian una bata elegante, para almorzar, sin gana, á

las dos; hacía algunas visitas ó recorria algunos almacenes de modas,

hasta las cuatro en invierno, hora en que iba á dar algunas vueltas á

la Castellana; se vestia para comer, á las siete; iba á su platea del

teatro Real á las nueve; volvia á su casa á las doce; se vestia de

nuevo y se iba á uno ú otro salon, hasta las tres de la mañana: á esa

hora la desnudaban sus doncellas y se dormia, ya bien entrado el dia.

Jamas leia, porque aunque en la mesa del centro de su salon habia

algunos libros nuevos, ella no les hacía el honor de consagrarles una

mirada: dejó olvidar la música, que sabía bien; el dibujo, en el que

sobresalia cuando niña, y perdió el raciocinio que, aunque no en gran

dósis, algun dia habia poseido.

No miraba jamas los cuadros ni los bronces que decoraban su suntuoso

palacio, y llegó, en fin, á no saber hablar más que de modas, de

trajes, de brillantes y de chismes de salon.

Así aquella pagana se convirtió en fanática adoradora de la tontería,

de la venalidad, de lo que hay de más frívolo en el mundo, y el culto

del lujo y de la ostentacion fué el solo que sobrevivió á todos los

cultos, á todas las adoraciones de las almas nobles y escogidas.

¡Pobre Blanca! ¡Tan bonita, dotada de tan dulce carácter, tan simpática

á todos por sus gracias, y haber caido en tal frivolidad, que bien

merece el nombre de idiotismo!

¡Rebajar su espíritu en vez de elevarlo! ¡Ocuparse sólo de lo material

sin pensar en lo moral, en lo intelectual, en lo bello, en lo grande!

¡Mirar siempre á la tierra y jamas al cielo! ¡Qué inmensa, qué terrible

desgracia!

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 140 / 399 题