El coquetismo no tiene la abnegacion y la generosidad de la coquetería;
no imprime en la que lo ejerce el sello del talento, sino el de la
astucia y falsedad; el coquetismo es fastuoso y deslumbrador, pero
carece de ese atractivo inherente á todo aquello en que toma parte el
corazon; anhela que se le rinda tributo, no amor; es vano, pero no
sensible; arrogante, pero no digno: como ya he dicho, el coquetismo y
no la coquetería es lo que da á la mujer el odioso nombre de coqueta.
El coquetismo es intolerante, mordaz y despiadado hasta con las mismas
que le dan abrigo, pues no bien los años empiezan á escribirse en su
frente con amargos y helados caractéres, las abandona, sin dejarlas
otra cosa que vacío y soledad; porque el coquetismo espanta al
matrimonio, en vez de atraerlo como la coquetería. La pobre mujer de
quien hace presa adquiere por él patente de malos sentimientos y de no
buena moral.
Por eso muy pocos quieren á la coqueta para depositaria de su honor y
para madre de sus hijos.
El coquetismo es dispendioso, y le gustan las galas vistosas;
compañeras del coquetismo son la vanidad y la ambicion; y es de tal
modo cruel, que se complace en conquistar corazones para desgarrarlos
despues con crueles desengaños.
Si la coqueta puede elegir esposo, se ve generalmente que escoge á una
persona rica, aunque le doble la edad ó sea deforme y ridícula; porque
para la coqueta no hay otra dicha que los goces de la vanidad y del
lujo; su corazon es mudo y helado; una vez casada, es cosa muy comun
verla abandonarse á una existencia de comodidades, y enteramente
egoista, para indemnizarse de los cuidados que le costó alcanzar la
posicion social que ambicionaba.