III.

El coquetismo no tiene la abnegacion y la generosidad de la coquetería;

no imprime en la que lo ejerce el sello del talento, sino el de la

astucia y falsedad; el coquetismo es fastuoso y deslumbrador, pero

carece de ese atractivo inherente á todo aquello en que toma parte el

corazon; anhela que se le rinda tributo, no amor; es vano, pero no

sensible; arrogante, pero no digno: como ya he dicho, el coquetismo y

no la coquetería es lo que da á la mujer el odioso nombre de coqueta.

El coquetismo es intolerante, mordaz y despiadado hasta con las mismas

que le dan abrigo, pues no bien los años empiezan á escribirse en su

frente con amargos y helados caractéres, las abandona, sin dejarlas

otra cosa que vacío y soledad; porque el coquetismo espanta al

matrimonio, en vez de atraerlo como la coquetería. La pobre mujer de

quien hace presa adquiere por él patente de malos sentimientos y de no

buena moral.

Por eso muy pocos quieren á la coqueta para depositaria de su honor y

para madre de sus hijos.

El coquetismo es dispendioso, y le gustan las galas vistosas;

compañeras del coquetismo son la vanidad y la ambicion; y es de tal

modo cruel, que se complace en conquistar corazones para desgarrarlos

despues con crueles desengaños.

Si la coqueta puede elegir esposo, se ve generalmente que escoge á una

persona rica, aunque le doble la edad ó sea deforme y ridícula; porque

para la coqueta no hay otra dicha que los goces de la vanidad y del

lujo; su corazon es mudo y helado; una vez casada, es cosa muy comun

verla abandonarse á una existencia de comodidades, y enteramente

egoista, para indemnizarse de los cuidados que le costó alcanzar la

posicion social que ambicionaba.

Un libro para las damas: Estudios acerca de la educación de la mujer · 第 135 / 399 题