Hay otra clase de coquetas muy inocente, y á ella pertenecen las niñas
que entran en el camino de la vida por la puerta de flores de la
adolescencia; ésta es la que se prolonga hasta una edad muy avanzada si
no se cuida mucho de elevar y de despertar un corazon que se presenta
tan superficial, y con una ausencia tan completa de sentimiento; estas
mujeres son las que ejercen de una manera despiadada el coquetismo,
cuando llegan al estío de la vida, ya por la ausencia de ternura en el
alma, ya porque acaso ignoran el daño que causan, ya tambien por la
absoluta carencia de una educacion íntima y tierna, que sólo una madre
inteligente é ilustrada puede dar.
La coquetería es una dulce amiga que embellece nuestra vida y la de
todos los seres que nos rodean, y á la que, léjos de rechazar ó
desconocer, debemos amar, haciéndola nuestra compañera inseparable;
ella da encanto á nuestra casa, elegancia á nuestro traje y hasta
belleza á nuestra fisonomía; ella es una hada bienhechora que nos
enseña á complacer á las personas que amamos, y nos sonrie siempre.
El coquetismo es un monstruo detestable que se traga nuestros buenos
instintos, y que nos hace aborrecibles á todos, porque endurece el
corazon al invadirlo.
La coquetería es amiga de la virtud; el coquetismo es su enemigo más
implacable; en una palabra, la coquetería es la base de la dicha y el
sosten de todas las bellas cualidades de la mujer; el coquetismo es el
prólogo de su perdicion, y tiene por epílogo el desprecio y el abandono
de todos.
No se deben ahogar en una jóven el amor á lo bello, el constante deseo
de agradar, la gracia nativa que la inclina á complacer, las
expansiones del alma, que demuestran su temple apasionado y amante. Lo
que debe corregirse, lo que debe extirparse, como las malas hierbas de
un jardin, en una alma jóven, es el afan de homenajes, el empeño de
llamar la atencion, el desden soberbio, la vanidad y el orgullo del
carácter; porque todos estos defectos fatales van creciendo con la
edad, y constituyen el sér odioso y aborrecible que se llama _coqueta_,
y que, si llega al deplorable perfeccionamiento de la especie, es uno
de los borrones de la sociedad actual, es uno de los baldones de
nuestro sexo.